de las grandes producciones de la temporada

'Faraday': "Hay que traer de nuevo al teatro la acción y la aventura"

Fernando Ramírez reflexiona sobre cómo Google y las redes sociales nos han cambiado. El 10 de marzo llega al Teatro Cervantes de Málaga. En septiembre, en el Galileo de Madrid

Foto: Representación de Faraday.
Representación de Faraday.

Es una de las producciones teatrales más ambiciosas de la temporada: cuenta con un presupuesto de 100.000 euros, muy por encima de la media. El 'thriller' ‘Faraday’ ("El buscador") es una iniciativa privada con un 20% de ayudas de la Junta de Andalucía y la Comunidad de Madrid. Fernando Ramírez (Málaga, 1974) es el autor y productor de la obra, que el 10 de marzo se representa en Málaga. El estreno fue el pasado mes de septiembre en Valdepeñas (Ciudad Real). Del 13 de septiembre hasta el 14 de octubre estará en el Teatro Galileo (grupo Smedia).

Ramírez, que compatibiliza la escritura teatral con su trabajo como ejecutivo financiero, estrenó en 2012, con gran éxito de crítica y público, 'Subprime', una sorprendente puesta en escena audiovisual con la que insiste ahora en ‘Faraday’, reflexión sobre el control que ejercen sobre nosotros las redes sociales y el gigante Google.

“¿Qué hacemos exponiendo nuestra vida al público?”, se pregunta Ramírez. “Es un tema que a todo el mundo le resulta cercano y se explica por la inmediatez y la necesidad humana de expresarse; también hay un componente alto de vanidad”.

PREGUNTA. 'Faraday' empezó con un miedo.

RESPUESTA. Sí, y bastante grande. Me veía a mí mismo curioseando en perfiles de los demás, pasando y perdiendo el tiempo en cosas que no me aportaban nada y que solo saciaban curiosidad. Reflexioné también sobre las búsquedas en Google. Pensé en que había alguien al otro lado y que ese alguien está registrando permanentemente lo que yo pregunto. Para mí Google es un sitio donde la gente pregunta. La óptica del mundo ha cambiado en los últimos 15 años. La obra abunda en la parte mala, pero sin caer en el maniqueísmo. A mí me gusta que las cosas salgan de la contradicción, enfrentar a dos fuerzas poderosas, el sí o no, el ying y el yang, y ver luego cuál es el más poderoso.

P. El lenguaje que utiliza contiene una gran potencia audiovisual. Más bien es cine acercado al teatro.

R. Cuando escribo, no sé por qué, salen obras muy cinematográficas, adaptada a estos tiempos. Si te lees una obra de Lorca, hay persecuciones y peleas como en ‘Juego de Tronos’. Todo lo que hoy nos transporta al cine pasaba en el teatro y transcurría en cuatro paredes. Parece que el cine y el audiovisual 'comió' todo ese terreno al teatro. Cuando escribo, por el tema de meter pantallas dentro de escena, a mí se me abría la posibilidad de traer cosas de las que pasan fuera del escenario, que en definitiva es lo mismo que le pasaba con Lorca y Shakespeare. Ahí pasaban cosas que te remitían a la acción, y no solo a una pelea coloquial y diálogo. Internet y las nuevas tecnologías son pantallas, una coctelera y materia prima maravillosa.

P. ¿Cuál ha sido el proceso creativo que ha seguido en esta producción?

R. Es bastante similar al que seguí con ‘Subprime’. No tengo una técnica definida. Me viene una idea y la pienso mucho antes de ponerme a escribir. El acto físico siempre llega después de bastantes horas de pensamiento y reflexión, de tirar por aquí y por allá, si este personaje tiene este matiz y el motor que le impulsa. Desde este motor puede decir esto o no. ¿Cuál es el recorrido que todo eso lleva y cómo casa con la subtrama de un autor? Yo lo voy viendo y pintando mentalmente. Y ya cuando me siento a escribir suele estar bastante definido.

Una de las fuerzas que se me ocurrió es que si las agencias de inteligencia manejan Internet manejan también el mundo en la época actual

P. Tanto ‘Subprime’ como ‘Faraday’ son premonitorias.

R. En ‘Subprime’ hablaba de las consecuencias nefastas de la crisis económica, pero es una obra estrenada en 2012 y escrita en 2008. Está en los orígenes de cuando estallaron la hipotecas y a partir de ahí hubo unas consecuencias que después hemos vivido. Cuando estrenamos todavía muchas cosas no habían transcurrido, pasan en la obra y ocurrieron después.

En 'Faraday' hemos jugado con todo lo que es Internet y quién está detrás de Google. Una de las ideas que se me ocurrió es que si las agencias de inteligencia manejan Internet controlan también el mundo en la época actual. Uno de los personajes es un agente de la Agencia de Inteligencia Americana que va detrás de un invento que va a revolucionar Internet y que otorga un poder brutal al que lo posee. Y todo esto lo escribí antes de que apareciera el personaje de Edward Snowden. ¿Cómo puede ser que una cosa que está pintada en la ficción al final acabe pasando en la realidad?

P. Cuente los obstáculos para estrenar esta obra.

R. Ha sido una auténtica barbaridad; hacer teatro es una labor quijotesca. Cuando lo vives en primera persona es un palo permanente en la rueda, igual que en otras actividades profesionales y artísticas. El teatro es un camino de puertas cerradas a otras también cerradas... y milímetros aparece otra cerrada. Es un ejercicio que cansa al 99% del que lo intenta. Puedes tener una resistencia atroz, pero al 14 intento no merece la pena.

Han sido cinco años de lucha. Me he encontrado de todo. El desinterés de la administración pública por el arte es brutal. Es verdad lo que leemos en los periódicos de que nadie apuesta por la cultura. Y da igual el signo político. Esto es lo que conlleva cuando uno se siente solo y parece que está en un desierto para poder hacer algo que tenga un punto artístico. He tenido dificultades con el Ayuntamiento de Málaga, a pesar de ser un autor de aquí. También he tenido problemas con la Consejería de Cultura de la Junta.

Y a todo eso se le une que un artista se levanta hoy con un pie y al día siguiente lo hace con el pie contrario. Es una cosa que se dilata tanto en el tiempo... el director se enfada y el productor lo quiere dejar todo. A un actor le entra otro proyecto… Es un puzle tan complicado y alambicado, que para que se junte todo es muy difícil. Ahora se estrena y ya está, tampoco hay que lamentarse mucho.

Cartel de 'Faraday'.
Cartel de 'Faraday'.

P. Es la segunda producción que cuenta con el productor Salvador Collado.

R. Nos llevamos estupendamente. Salvador es un profesional de mucho renombre en España y, tras el estreno de ‘Subprime’, me pidió el siguiente texto. Él vio que en ‘Faraday’ había otra obra de teatro y yo no concebía que Collado no estuviera. En los momentos de debilidad que hemos tenido los dos hemos dicho que podríamos intentarlo con otro autor o productor, pero los dos tuvimos claro que no lo haríamos el uno sin el otro.

P. ¿Qué aporta el fichaje del director Paco Maciá?

R. El director de ‘Subprime’ hizo un trabajo excelente, pero con el productor empezó a llevar caminos separados en un determinado momento. En el momento de buscar otro director, y al ser una obra donde prima lo audiovisual y muy contemporánea, te salías un poco del estándar. En ese caladero encontramos al valenciano Paco Macià. En concreto su montaje Equus nos convencía estéticamente. Pensamos que si a Paco le gustaba el texto podrían salir buenas cosas. Esto no es una fórmula matemática. Juntas a un reparto, director, escenógrafo y realizador audiovisual que te parecen idóneos y son unos talentos. De ahí puede salir una maravilla o una porquería. Es imposible articularlo de otra forma. Mi labor como autor y productor es que se produzca el ecosistema más idóneo para que todo funcione, pero eso no es garantía para nada.

Obra 'Faraday'.
Obra 'Faraday'.

P. En el teatro el texto evoluciona mucho del que concibe el dramaturgo hasta el que se representa finalmente.

R. Eso ya lo aprendí en ‘Subprime’. La inocencia de no estar en el mundillo todos los días y el hecho de que fuese la primera obra que iba a estrenar me ofrecía un respeto muy grande a la hora de tratar con los profesionales del gremio. Al poco tiempo de empezar los ensayos me di cuenta que hacían maravillas con el texto y cosas que yo había concebido de una forma, ellos la llevaban a un terreno que era mejor de lo que yo escribía. Ahí aprendí que el teatro es una suma de oficios y dejé que cada oficio estimulara la creatividad. Ahora, en cuanto veo una puerta de creatividad, los animo a todos para que saquen lo mejor de cada uno. Desmitifico la figura del autor. El texto es un pretexto y pido que hagan con él lo que les dé la gana, siempre y cuando no se desvirtúe la esencia de la obra, claro, pero a partir de ahí que vuele a otro nivel.

P. ¿Le ayudó para su prestigio conseguir el premio Carlos Arniches?

R. Sí, pero bueno… En el cine dicen que no hay buena película sin buena historia y el guionista cinematográfico es el último eslabón. El dramaturgo es un poquito más, pero tampoco es el 'top'. Es más relevante que una obra te la dirija Miguel del Arco que te la escriba él. La figura del director y los actores tienen más presencia que el actor. ¿Cuántos dramaturgos conoce la gente, el público en general? Hay que ser muy del nicho, muy del gremio, para decir: “Este dramaturgo es bueno o malo”. Si eres consciente de ello, mucho mejor.

No digo que mis obras puedan funcionar en cine porque eso nunca se sabe, pero es verdad que son obras muy dinámicas

P. ¿Ve potencial en ‘Faraday’ y ‘Subprime’ para 'traducirse' al cine?

R. Yo creo que sí. Ahí hay una historia. En ‘Subprime’ hubo un guionista que escribió una adaptación cinematográfica y ahí se quedó. Ningún productor la quiso. Y en ‘Faraday’, ya veremos. Está creado para el lenguaje teatral, pero si alguien le ve otro ángulo… No digo que mis obras puedan funcionar en cine porque eso nunca se sabe, pero es verdad que son obras mucho más dinámicas y el guionista no tiene que estar “pariendo” la escena fuera de las cuatro paredes porque prácticamente le viene dada.

P. ¿Escribiría también el guion?

R. Igual me lo plantearía, pero no de ‘motu propio’. Dentro de las limitaciones que tengo de tiempo me volcaría más en escribir la siguiente función que en adaptar a cine la versión de 'Faraday'.

P. ¿Hacen falta obras como esta para captar al público joven?

R. Yo creo que sí. De ahí parte un poco mi escritura. El teatro que hoy se ve son musicales por un lado, y si es teatro de texto, el 90% son monólogos tipo “El club de la comedia”. El teatro de texto en el que pasan cosas en cuatro paredes es muy limitado en este país. Hay que traer de nuevo al teatro la acción, la aventura, el juego de las pantallas. Los tiempos de teatro de cámara ya han pasado, son de otra época. No es fácil traer público. Hoy en día ves una serie y a la vez estás en Facebook ‘posteando’ cosas y viendo Twitter. Somos multitarea y haces 27 cosas a la vez. El teatro, en cambio, te exige que se apaguen los móviles y se espera a que estés 90 minutos sin compartir nada y ahora hay una obsesión por compartir. La sociedad actual es la de la inmediatez, la del todo ya.

P. ¿Somos más idiotas?

R. No, más idiotas, no. Nos crea una forma de pensar que se abre más en horizontal y tú ahora en vez de profundizar algo puedes mirar siete cosas a la vez, pero eres incapaz de mirar una en toda su grado de profundidad. Lo veo en mis hijos a los que les cuesta escarbar y ver la esencia de las cosas. Ya juego con ellos al ajedrez, pero hasta sentarme con ellos he tenido que recurrir a todo tipo de tácticas. Me he metido primero en su mundo tecnológico y de ahí he podido pasar al ajedrez físico.

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