Chistes: La vida de Brian hoy sería delito: el pulso judicial contra la sátira toca fondo. Noticias de Cultura
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"La vida de Brian' hoy sería delito": el pulso judicial contra la sátira toca fondo

Las condenas por tuits satíricos y expresiones de odio se multiplican. Decenas de bromas e imágenes toleradas desde la llegada de la democracia se están convirtiendo ahora en delito

Foto: Montaje realizado por un joven de Jaén con el Cristo de una cofradía y su cara.
Montaje realizado por un joven de Jaén con el Cristo de una cofradía y su cara.

El pasado miércoles, un joven de Jaén fue condenado a pagar 480 euros de multa por subir a Instagram un montaje con el Cristo de una cofradía y su cara. Seguimos. El cantante de una banda punk (Rokavieja) tuvo que desembolsar 375 euros por gritar en un concierto “¡mucha policía, poca diversión!”. Hay más. El promotor de la pitada al himno nacional en la final de la Copa del Rey, 7.200 euros por injurias a la Corona y ultraje a España. No ha acabado. Una tuitera de apenas 20 años, Cassandra Vera, condenada a un año de cárcel por hacer chistes sobre la muerte de Carrero Blanco, asesinado por ETA en un atentado en 1973 y sobre el que hay miles de chistes en internet y en todas las hemerotecas desde la Transición.

La lista no para de crecer. El rapero César Strawberry, condenado por el Supremo a un año de prisión por tuits como este: "Street Fighter, edición post ETA: Ortega Lara versus Eduardo Madina". En marzo del año pasado, un tuitero anónimo tuvo que pagar 720 euros por otro delito de odio (catalanofobia en este caso) a raíz de un tuit ("Poca mierda veo en Twitter por haberse estrellado un avión lleno de catalanes") tras el accidente del avión de Germanwings.

Hay críticas groseras o trogloditas o sin piedad humana, pero que no son delitos de odio

Condenas a raperos —algunos con comentarios mucho más sangrantes que los anteriores—, chistes del Valle de los Caídos que llegan a juicio, jóvenes detenidos por pintar de rosa la estatua de un torero, condenas de conformidad por poner en una iglesia el himno del PP mezclado con el 'Cara al sol'... Según juristas consultados, la combinación de cambios legales, la menor tolerancia ante la sátira, la desorientación generada por internet y la mano dura de policía, fiscalía y jueces nos conduce a una situación que no admite comparaciones en democracia. Y a una certeza: hoy, 'La vida de Brian' podría ser considerada delito contra los sentimientos religiosos; las letras del 'rock radikal' vasco de los ochenta, enaltecimiento terrorista, y muchos chistes de 'El Papus' llevarían al secuestro de la revista. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Jacobo Dopico, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Carlos III, ha estudiado muchos de estos casos y vive con preocupación el hecho de que "la represión de la sátira ya sea parte del paisaje". "Vivimos una oleada de menor tolerancia y devaluación de la libertad de expresión de ideas odiosas o irritantes. La sátira política no vive sus mejores momentos, cuando es casi más importante que la libertad de prensa", se queja.

Dopico subraya que no se trata de casos sueltos en juzgados aislados, sino una tendencia. En su opinión, hay dos casos especialmente llamativos: el de la procesión del 'coño insumiso' y el del chiste de Wyoming y Dani Mateo sobre el Valle de los Caídos. "Aquí los jueces hicieron una instrucción razonable y lo archivaron porque ni en los peores momentos de la Transición a nadie se le habría ocurrido criminalizar eso. Después llegaron las audiencias provinciales en sedes tan importantes como Madrid y Sevilla y mandaron reabrirlos. Son magistrados con galones los que dicen que hay que continuar. El delito de odio se aplica hoy a términos inaceptables y odiosos pero no delictivos. Hay críticas groseras o trogloditas o sin piedad humana, pero que sin embargo no son delitos de odio".

No es solo la derecha, la izquierda ya pide delito de odio para muchos comentarios machistas

El caso de la cofradía y el chiste del Valle de los Caídos acabaron archivados, pero tras vivir un largo un periplo judicial. Igual que ocurrió con el caso del cartel de los Carnavales de A Coruña que representaba a una persona disfrazada de Papa y bebiendo. Para evitar ese penar por los juzgados y ante la dureza de la fiscalía, muchos de los acusados acaban aceptando una condena en conformidad. Pagan una multa y se aseguran de que no habrá pena de cárcel. Es lo que ha hecho, sin ir más lejos, el joven de Jaén, al que inicialmente le pedían más de 2.000 euros pero que se quitó el problema aceptando el delito pagando menos de 500. También aceptaron penas de seis meses de cárcel —que no conllevan ingreso en prisión— dos chavales que en 2013 en una iglesia en Quijorna (Madrid) hicieron sonar el himno del PP remezclado con el 'Cara al sol'.

Cassandra, la tuitera de Murcia que se mofó en Twitter del asesinato de Luis Carrero Blanco. (EFE)
Cassandra, la tuitera de Murcia que se mofó en Twitter del asesinato de Luis Carrero Blanco. (EFE)

Nada que decir

Ni el Ministerio de Justicia ni la Fiscalía General del Estado han querido hacer comentarios al respecto. El primero, que sí habla sobre la prisión permanente revisable y sus consecuencias, ha declarado a través de una portavoz que es un tema judicial fuera de sus competencias. La Fiscalía, por su parte, sostiene que solo aplica la ley y que va caso a caso, y que si los legisladores endurecen los delitos de odio, que haya más condenas es la consecuencia lógica.

El abogado penalista Juan Gonzalo Ospina opina que "no todo vale en democracia" y es partidario de defender el derecho a la dignidad humana igual que se defiende la libertad de expresión. "Hay que encontrar un equilibrio en ese núcleo fundamental", comenta. En el caso del enaltecimiento del terrorismo, "hay conductas que el Código Penal tiene que recoger, pero se debería acotar muy bien cuándo es punible, cuál es la responsabilidad en el Código Penal y cuándo la falta no debe pasar de la sanción administrativa". El problema, subraya, es que no queda claro qué es delito y qué no es delito. "Por ejemplo, si decidimos que es delito hacer fotos satíricas de Jesucristo, pues habrá que perseguirlo siempre y con todas las confesiones".

El Código Penal no está para educar a la sociedad a base de golpes en la cabeza. Ahora está a cada cual más Torquemada

En algunos casos, como ocurrió con muchos de los cerca de 80 acusados en las diferentes fases de la llamada operación Araña, se han llegado a desplegar fuerzas policiales para detener a personas sospechosas de instigar el odio en Twitter. Al abogado Arkaitz Terrón lo arrestaron a las nueve de la mañana del 13 de abril de 2016 cuando salía de su casa. Cinco policías lo esperaban en la puerta y se lo llevaron derecho al cuartel. Le explicaron que estaba acusado de enaltecimiento del terrorismo por una serie de tuits escogidos entre miles. "Me quitaron el teléfono para comprobar que los mensajes habían sido escritos desde mi terminal y después me lo devolvieron", recuerda. Le pedían dos años de cárcel y 10 de inhabilitación absoluta, además del pago de las costas.

De los más de 6.000 tuits escritos por Terrón entre 2010 y 2016, la fiscalía había elegido nueve. El primero, escrito en conmemoración del 40 aniversario de la última ejecución del franquismo, decía lo siguiente: “40 años sin Juan Paredes ‘Txiki’ y Ángel Otegi. Siempre os recordaremos con orgullo. #GUDARIEGUNA”. Del resto, la mayoría son chistes y menciones al asesinato de Carrero Blanco, como este: “Roma acoge este sábado una cumbre de la extrema derecha europea. Estando ahí juntitos… Un ‘Carrero’ no estaría mal”.

El viernes pasado fue absuelto por el Tribunal Supremo, al que había recurrido la Fiscalía tras la sentencia absolutoria de la Audiencia Nacional. “Esto es una inseguridad total, una falta de criterio absoluta, porque con el mismo tipo de tuits a unos nos absuelven y a otros los sentencian. ¿Dónde está la barrera? ¿Alguien me puede explicar qué se puede poner y qué no se puede poner? ¿Cuál es el criterio?”, se queja. E insiste: “Al ser abogado, siempre tuve mucho cuidado, rozando el doble sentido y la ironía. Es escandaloso que haya ideologías que tienen más libertad que otras. La extrema derecha tiene manga ancha. En la operación Araña casi todos somos comunistas, anarquistas…”.

Hoy día es difícil mantener compartimentos estancos para la sátira porque las cosas llegan a todo el mundo en las redes sociales


El ilustrador Mauro Entrialgo, autor de algunas de las viñetas más corrosivas de las últimas décadas, cree que es importante que no se utilice ese argumento. “En el momento en que uno de izquierdas señala a otro de derechas que ha hecho un chiste parecido, se está legitimando que se pueda perseguir la opinión. La idea es que no se condene por hacer chistes, ni de izquierdas ni de derechas”. Desde su punto de vista, uno de los problemas es que la irrupción de internet ha provocado que desaparezcan los compartimentos estancos.

“Con esto me refiero a que antes, cuando yo iba a hacer una barbaridad muy gorda, la hacía por ejemplo en TMEO, que era el lugar apropiado: una revista de distribución limitada y humor salvaje. Hoy en día es difícil mantener compartimentos separados porque las cosas llegan a todo el mundo en las redes sociales”. En definitiva, cualquier cosa que se publique hoy en un fanzine punk puede acabar en Twitter con copia a la cuenta de la Conferencia Episcopal y generar un conflicto que hace años se hubiese evitado porque esas dos realidades realidades existían en entornos totalmente separados. “Al margen de esto y de la descontextualización del humor”, concluye, “el problema gordo es que exista una persecución penal, que el Estado se meta por medio”.

Hay casos muy complejos, subrayan los juristas consultados. Uno de ellos es el de Andeka Jurado García, exrecluso que cumplió tres años de cárcel tras ser condenado por participar en acciones de kale borroka en 2005 y quien se convirtió a finales del año pasado en el primer tuitero condenado por el Supremo por enaltecimiento del terrorismo por hacer varios retuit. "Yo no fui el autor de las imágenes, ni el que las subió a Twitter, solo hice retuit de algo que se grabó durante un homenaje público [a un terrorista fallecido] en Arrasate [Mondragón] y de un vídeo de YouTube. Lo curioso es que no se abrió ninguna diligencia del acto en sí, que además era público. Y el vídeo sigue todavía en YouTube". Aunque finalmente no tendrá que pasar por prisión, Jurado ha sido condenado a año y medio de cárcel.

El músico César Strawberry, durante la presentación de un informe de Amnistía Internacional. (EFE)
El músico César Strawberry, durante la presentación de un informe de Amnistía Internacional. (EFE)

¿Excepción europea?

La aplicación que se está haciendo del delito contra los sentimientos religiosos choca -o como mínimo contrasta- con las recomendaciones del Consejo de Europa, que en 2007 pidió abolir los delitos de blasfemia salvo en casos en los que “contenga los elementos distintivos del delito de odio (la capacidad de incitar a la comisión de nuevos delitos)”, en palabras de Dopico. En caso contrario, como el de Jaén, estos delitos serían más propios de regímenes teocráticos que de una democracia europea. Para Tonchu Rodríguez, senador del PSOE, la clave es diferenciar entre el mal gusto y el ilícito penal. "Si no lo hacemos, no sabremos dónde poner el límite. Alguien se preguntaba: ¿los Monty Python tendrían que ir a la cárcel hoy? Porque La Vida de Brian sería hoy delito ¿O Madonna por aquel espectáculo con un Cristo? No. Tenemos que ser muy respetuosos con la libertad de expresión, incluso si hay cosas de mal gusto", dice.

Quique, uno de los cuatro cantantes de Rokavieja, recuerda aquel 16 de septiembre de 2016. “Era el concierto de feria de Yecla. Hubo un encendido de bengalas en el público y la policía 'jipó' a uno que había sido. Se metieron al público, lo engancharon y se lo llevaban entre cinco guardias. Parecía un chaval. Dijimos que no se pasaran, que no hacía falta tanto escándalo y de forma espontánea uno de la banda gritó por el micrófono: 'Mucha policía, poca diversión'. La policía dice que eso puso en riesgo su actuación". Lo suyo fue una multa de la policía local y recurrieron en un contencioso que acabaron perdiendo. "Se le ha dado una patada al derecho. Ahora meten una política de miedo para callarnos pero nosotros tenemos al pueblo de nuestra parte".

Inmediatamente después de la sentencia, del pasado 23 de diciembre, el grupo sacó la canción 'Nos persiguen' en cuyo vídeo parodia el procedimiento: "Siempre mucha policía, ¡poca diversión! / Nos persigue el perro del poder. / Le jode que la gente cante contra él...". Puede parecer una provocación, pero la canción está muy lejos de algunas letras de los años ochenta. Entonces no existía el delito de enaltecimiento y las canciones sobre la policía y otros temas conflictivos sonaban en la radio sin escándalo. "Hoy toca un político y mañana un militar", cantaba entonces Seguridad Social. Por no hablar de Fermín Muguruza, que ahora ve algunos de sus conciertos rodeados de escándalo.

Las ampollas que levantan estas situaciones ahora no tiene comparación con el pasado... ni con el extranjero. Porque tampoco es que España sea particularmente salvaje. En 1980, Iron Maiden hizo un 'single' con Margaret Thatcher muerta en su portada. Y canciones como 'Paper Planes', de la británica M.I.A., aderezan sus estrofas con disparos y suenan en cadenas de televisión en España sin problema, como señala Dopico. "Yo comparo y creo que no somos una democracia plena si perseguimos estas cosas. Aunque no pasaré por la cárcel, me han condenado a un año y me levanto todos los días con la idea de que tengo una condena por unos chistes. Además, estoy inhabilitada y me quedan antecedentes. Es muy grave", cuenta Cassandra.

Uno de los primeros casos conocidos fue el de los titiriteros, que llegaron a entrar en prisión preventiva después de que alguien dijera que una marioneta había sacado una pancarta "a favor de ETA" en un espectáculo pagado por el Ayuntamiento de Madrid. Al final fue archivado. La pancarta, minúscula, era parte de la ficción: una marioneta la usaba para colocarle una prueba falsa a otra y lo que podía leerse es ´Gora Alkaeta´. Jaime Montero fue el abogado que los defendió. "El enaltecimiento se introdujo en 2002, pero la vorágine es muy posterior. Ha habido un cambio de la percepción. Tenía sentido que si a alguien le mataba ETA no llegara un etarra a reírse ante su familia. Pero hay un salto con la doctrina Strawberry, en la que te pueden condenar aunque estés muy alejado", reflexiona.

En 2015 se subieron las penas por delitos de odio y ahora todo el mundo denuncia a todo el mundo


El cambio de sensbilidad es notable. "En 2015 se subieron las penas por delitos de odio y ahora todo el mundo denuncia a todo el mundo cuando escucha algo que no le gusta. Los cambios sociales generan cambios legislativos y estos a su vez generan cambios sociales. Se retroalimentan. En los ochenta no existía en enaltecimiento y 'La bola de cristal' era más punki que cosas por las que ahora la gente va al juzgado. No es solo la derecha, la izquierda ya pide delito de odio para muchos comentarios machistas. Yo me considero de izquierdas pero lo veo un error de la izquierda. El Código Penal no está para educar a la sociedad a base de golpes en la cabeza. Ahora está a cada cual más Torquemada". Podemos presentó un proyecto de ley en el Congreso en defensa de lesbianas, gays y transexuales que incluía el cierre de webs por decisión administrativa -sin un juez de por medio como manda la Constitución- por comentarios ofensivos, aunque acabó rectificando.

¿Hasta dónde puede llegar esto? Dopico cree que la Justicia ha tocado fondo en este asunto. "Hemos visto mandar a alguien a la cárcel por lo que dice una marioneta. Hay resoluciones tan absurdas y ridículas como debatir en medidas cautelares si unas marionetas ya han sido incautadas. Vivimos una deriva represiva terrible. Hay una deriva enloquecida del delito de incitación al odio. Hay que explicar que si no es delito disfrazarse de Papa y emborracharse, no puede serlo dibujar a alguien disfrazado de Papa y bebiendo".

Al menos el sistema parece haber dejado de cavar, que es el primer paso para salir del pozo. O eso considera Dopico: "En el Tribunal Supremo hay una pugna entre dos líneas. Está el ala de lo que podríamos llamar 'doctrina César Strawberry', que es tan insostenible que considera que para ofender a las víctimas no hace falta ofender o tener intención de hacerlo, sino repetir lo que alguien ha dicho. Luego ese fallo ha sido repudiado expresamente en otras cinco sentencias: en dos absoluciones y en tres condenas pero en las que se dice que tiene que haber intencionalidad y un riesgo". Así fue absuelto el abogado Arkaitz Terrón. En una de esas sentencias, del pasado 25 de julio, fue ponente Sánchez Melgar, actual fiscal general del Estado.

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