Más allá de la polémica viral

"Nunca estuve en una fábrica, me lo inventé todo"¿Es Bruce Springsteen un fraude?

Más allá de la polémica viral El viernes por la tarde ardían los wassups y Telegrams de los seguidores españoles de The Boss. El motivo era

Foto: Bruce Springsteen. (Reuters)
Bruce Springsteen. (Reuters)

El viernes por la tarde ardían los 'wassups' y 'Telegrams' de los seguidores españoles de The Boss. El motivo era un titular forzado por Icon, suplemento de moda masculina de El País. Bruce Springsteen estaba llevando a cabo un ciclo de conciertos acústicos en Broadway (Nueva York) y se le ocurrió decir esto: “Nunca en mi vida he trabajado cinco días por semana. Hasta ahora. ¡Y no me gusta! Nunca he visto el interior de una fábrica. He tenido un éxito salvaje y absurdo escribiendo sobre algo de lo que no tengo absolutamente ninguna experiencia personal. Me lo inventé todo”. El firmante de la noticia, Jorge Arenillas, tenía el detalle de precisar que se trataba de una autocrítica “con propósitos humorísticos”. La típica broma autodespectiva para mantener el ego bajo control.

Por supuesto, Springsteen nunca ha pisado una cadena de montaje, pero su pertenencia a un ambiente obrero (abuelos, padres, hermanos…) le legitima para escribir sobre ello en sus canciones. Pasado el zumbido viral, una cuestión seria sigue sobre la mesa: ¿ha representado The Boss de manera digna los sueños y aspiraciones de la clase trabajadora en sus canciones o más bien los ha caricaturizado? ¿Tiene derecho a seguir haciéndolo cuando lleva ya más de cuarenta años en una mansión? ¿Sigue conectado con los obreros estadounidenses de la era Trump? La opinión mayoritaria dice que sí, pero la opinión cualificada es algo distinta.

Mentalidad de millonario

La crítica mejor articulada contra el imaginario laboral de Springsteen la ha formulado Ben Hamper, un operario raso de General Motors, amigo íntimo de Michael Moore y autor del clásico ‘Historias desde la cadena de montaje’ (1992), publicado en España por Capitán Swing, donde explica su vida obrera y sus tronchantes técnicas de escaqueo laboral. Hamper disfruta las canciones del rockero de Nueva Jersey, pero tiene una objección seria a la imagen pública que se ha ido construyendo el músico a los largo de los años. “Mis críticas hacia él no nacen de la ira, más bien se trata de un grito de guerra destinado a que otros trabajadores se definan a sí mismos a través del arte.Siempre me he sentido muy incómodo cuando un multimillonario intentaba definir a la clase obrera”.

La visión de la clase trabajadora de The Boss es la de un triunfador que explica que aquello es un espanto del que hay que salir cuanto antes

De hecho, la visión de la clase trabajadora de las letras de The Boss es la típica de un triunfador, que consiste en explicar que aquello es un espanto de la que hay que salir cuanto antes. “Comprendí a Bruce Springsteen cuando visité Nueva Jersey . Allí solo hay fábricas vomitando humo y mansiones deslumbrantes, por eso sus canciones son relatos épicos que tratan sobre la ambición de moverse lo más rápidamente posible de un lugar hacia el otro”, me explicó en 2010 el músico country-rock Justin Townes Earle, cuando promocionaba su a ratos springstiniano ‘Harlem River Blues’. O sea, que Bruce no aspira a la emancipación o mejora de condiciones de vida colectivas, sino al escape individual. Toda la razón del mundo.

Patriotismo alternativo

Por supuesto, no estamos ante un asunto de blanco o negro, sino de infinitos grises. ¿Qué es lo más importante que ha hecho The Boss por la clase social de la que proviene? El historiador Bryan Garman lo resume así: “La aportación de Springsteen a la política consiste en incluir en sus canciones las geografías de clase trabajadora. Me refiero a las minas, las fábricas cerradas, las cadenas de montaje… Canta sobre la ciudad industrial, los rituales de la factoría y la vida de los bares de barrio. Estos lugares habían sido excluidos de la música popular, haciendo más complicada la construcción de una identidad para la clase trabajadora del país". Su gran acierto fue tener claro que la clase obrera era digna de ser protagonista de gran parte de su repertorio. Eric Alertan, profesor de la Universidad de Nueva York, explicaba en 2014, en un artículo de The Nation, que el principal logro del rockero consistía en profundizar en un "modelo de patriotismo alternativo al de Ronald Reagan". Que tampoco es algo sencillo, teniendo en cuenta la inmensa popularidad del presidente republicano que definió los años ochenta.

El problema de Springsteen ha sido siempre la práctica. Como aquel sonado incidente en 2009 cuando decidió distribuir uno de sus discos a través de Wal-Mart y luego tuvo que disculparse por no haber tenido en cuenta los continuos ataques de la cadena a los derechos laborales de sus empleados. Inevitablemente, demasiado pisar moqueta de mansión y hotel de cinco estrellas te hace olvidarte de lo importante.

¿Rojo o progre?

Un gesto reciente ha llamado la atención de los seguidores más politizados del músico. Springsteen se implicó a fondo en la campaña de John Kerry, mucho más en la de Obama, candidatos probélicos en sintonía con las élites de Wall Street. Contra lo que algunos esperaban, estuvo ausente en la del candidato Bernie Sanders, mucho más radical en la defensa de los trabajadores, hasta el punto de que no le avergüenza definirse como socialista. La excusa del músico es que Sanders no llegó a ser designado candidato, sino que se quedó en las primarias, donde él prefiere no apoyar a nadie. El caso es que Springsteen tampoco criticó a su amiga Hillary Clinton por manipular descaradamente para robarle la designación. De hecho, tocó para su campaña presidencial.

¿Por qué esta indiferencia respecto a la candidato más a la izquierda de la historia reciente de Estados Unidos? Al Boss le gusta presumir de defensor de los derechos humanos , por ejemplo versionando a Víctor Jara cuando visita Chile, pero nunca ha tenido el coraje de criticar a Hillary Clinton, amiga personal y valedora de Henry Kissinger, que apoyó con entusiasmo el golpe de Pinochet. ¿Estamos ante una prueba de la limitada cultura política del superventas o ante un indicio que le cuesta ir más allá de posiciones “progres”?

Mierda falsa y populista

Seguramente la reputación de Springsteen nunca se recuperará de las críticas que recibió el disco ‘Working on a Dream’ (2009), que algunos calificaron de propaganda electoral de Obama, que reducía al rockero a la condición de mascota del partido Demócrata. Esta fue la crítica más dura, firmada aquellos días por John Starkey III en el Philadelphia Weekly: “Como alguien que ha trabajado la mayoría de su vida en imprentas, fábricas de cristal y almacenes curtes, puedo decir que este tipo de trabajo no es divertido en absoluto. En realidad, apesta. Ponerle una capa de pintura romántica encima es insultante. (…) Springsteen siempre se ha esforzado por presentarse a sí mismo como un hombre corriente, pero en realidad publicó su primer disco a los veintitrés años. A no ser que empezara a trabajar en una mina de carbón a los siete, sabe muy poco acerca de ese trabajo duro-y-aburrido-que-te-deja-hecho-un-guiñapo sobre el que escribe con tanta sinceridad. (…) Todos necesitamos héroes y gente a la que idolatrar. Yo no soy diferente. También busco puntos de referencia en estos tiempos duros: necesitamos oxigenarnos con historias escapistas más grandes que la vida. No voy negar el poder de ‘Born To Run’. Simplemente me gustaría que existiera más gente dispuesta a admitir que un álbum como ‘Workin On a Dream’ es una mierda falsa y populista. Y mejor no empecemos a hablar de letras como “We Talke Care Of Your Own”. Springsteen no es tan malo como para demonizarlo, pero tampoco tan bueno como para convertirle en un santo". Escojan su gris preferido.

Working on a Dream

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