Es importante que las chirigotas no se pongan límites (aunque nos ofenda). Noticias de Cultura
"LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN ES LA GARANTÍA DE DEMOCRACIA"

Es importante que las chirigotas no se pongan límites (aunque nos ofenda)

Decapitar a Puigdemont o llamar "horrenda" a una adolescente. ¿Hasta dónde pueden llegar las chirigotas? Expertos nos hablan de su importancia social, su legalidad y los límites del humor

Foto: Las de Puigdemont o Andrea Janeiro han cuestionado los límites del humor en las chirigotas. (EFE)
Las de Puigdemont o Andrea Janeiro han cuestionado los límites del humor en las chirigotas. (EFE)

“Según el artículo 155 de la Constitución española de España y la humanidad, se condena por alta traición al gafas que está ahí atrás”, anunciaba el conductor de la que sería la ejecución de Puigdemont en la chirigota más comentada del Carnaval de Cádiz. Tras sus palabras, tres Puigdemonts se deslizaban grotescamente por el escenario enarbolando una estelada de papel, listos para ser decapitados al ritmo de Antonio Orozco.

Fue también en la fase de Preliminares del Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval de Cádiz cuando se representó otra de las chirigotas con más repercusión mediática. “La niña de Jesulín y Belén Esteban tiene toda la cara como una papa nueva. Ya no está pixelada y la niña es horrenda, si yo fuera su padre la dejo borrosa hasta los treinta”, canturreaba toda la agrupación en la ya explícitamente titulada ‘Una corrida en tu cara’. Y seguía, no sin aplacarse: “Y dice Belén Esteban que ella es muy responsable y muy buena, que la ayuda mucho en casa, que está todo el día haciendo faenas, que es muy buena muchacha, y muy limpia la chiquilla, habrá que verla doblando sábanas sin barbilla”.

Las chirigotas de Puigdemont y Andrea Janeiro han sido las más comentadas en redes sociales. Muchos las han aplaudido y han reído ante su ingenio. Otros no han tardado en señalarlas como delitos de odio y se quejan de que, si en lugar del expresident se decapitara, por ejemplo, a Rajoy, las consecuencias legales irían a mayores. A la propia Andreíta le hizo de todo menos gracia y envió un requerimiento legal a la agrupación responsable de su canción solicitando que se retractaran por las bromas sobre su físico, que se eliminara todo el material de su actuación en internet y que, incluso, sus autores abandonaran el concurso.

200 años de humor y parodia

El carnaval de Cádiz ha sufrido a lo largo de su historia numerosos episodios de censura, el último durante la dictadura franquista. Así lo explica a El Confidencial Ignacio Sacaluga, coordinador del libro ‘El Carnaval de Cádiz: de las coplas a la industria cultural’, sobre la conversión del carnaval en un fenómeno cultural. “Se ha enfrentado a todo”, asegura. Desde la monarquía o los presidentes de Gobierno, no hay nada que las mordaces letras de las chirigotas no hayan parodiado. "Y qué bien me va de jubileta, esta muleta se convierte en escopeta, como conmigo os riáis de mala gana me voy a poner aquí igual que en Botsuana", se cantaba en la dedicada a Juan Carlos I.

El también coordinador de la obra, Felipe Barbosa, del Servicio de Memoria Histórica de la Diputación de Cádiz, insiste en esta audacia que el carnaval lleva sacando adelante durante 200 años. “Ya se cantaban coplas contra Napoleón para resistir al asedio con humor”.

“Lo que se está haciendo ahora no es nuevo, lo nuevo es la repercusión provocada por el cambio en las vías de comunicación”. Sacaluga se refiere a las redes sociales, donde se han avivado las polémicas nacidas por las chirigotas más atrevidas. Miguel Villanueva, presidente de la Asociación de Autores del Carnaval de Cádiz, está de acuerdo en que la presencia de las redes sociales ha cambiado la forma en la que se perciben las chirigotas. “Estoy a favor de la libertad de expresión y de que el carnaval de Cádiz nunca pierda su carácter transgresor. Siempre se ha cuestionado todo, la única diferencia es que con las redes sociales la trascendencia es mucho más alta”.

El principal elemento de las chirigotas es el humor, la ironía, el doble sentido y la invitación a una reflexión. “Se intentan cuidar las groserías. Siempre se ha caracterizado por la doble intención, el insultar sin hacerlo de manera directa y haciendo reír”, explica Barbosa. Tanto es así, que la respuesta de los responsables de ‘Una corrida en tu cara’ al requerimiento de Andrea Janeiro no se ha servido de ninguna carta o comunicado, sino de lo que mejor saben hacer: una segunda chirigota cargada de la ironía que caracteriza al género: “Ya no te damos más caña, te animaremos en el certamen de Miss España”.

¿Por qué son importantes?

Conjugando la crítica, el humor y la musicalidad, las chirigotas realizan una interpretación de la realidad que va más allá de un mero divertimento. “Son agentes comunicacionales que comparten algunas funciones clásicas de los medios de comunicación”, asegura Sacaluga. No solo interpretan la actualidad, sino que también transmiten valores socioculturales y funcionan como vigilante de la sociedad para actuar como contrapoder. Y con todo ello, y por mucha acidez que le añadan a sus letras, la intención nunca es ofender “salvo que la crítica sea política”, señala Barbosa. Incide, eso sí, en que siempre “con sentido del humor”. Básicamente, las chirigotas nos ayudan a mirarnos en un espejo cargado de exageraciones.

Reconstruyen la historia, interpretan la actualidad y transmiten valores socioculturales a través del humor

Uno de los aspectos más importantes del Carnaval de Cádiz es poder reconstruir toda la historia de la ciudad y parte de lo ocurrido en España a través de sus letras: reflejan las modas, las costumbres, la crítica política o la situación económica, como asegura Barbosa. “Todo eso ha sido recopilado a lo largo de los años desde 1882 de una manera constante y con una visión humorística”.

Si las chirigotas se han alzado siempre como el último bastión de la libertad de expresión, el humor es la herramienta a través de la cual han canalizado sus mensajes, y esto es porque es la herramienta perfecta. “El humor sirve para cuestionar el poder, para reírnos de nosotros mismos y para hacer una radiografía de dónde estamos en el momento histórico”, explica la periodista Lucía Lijtmaer. Junto a la guionista Isa Calderón, Lijtmaer actúa en el show humorístico ‘Deforme semanal’ que agota entradas en el Teatro Arlequín de Madrid. “El humor permite decir las cosas de una manera mucho más fácil de lo que es decirlas en cualquier espacio público o de poder”.

¿Pero esto es legal?

La función social de las chirigotas está clara, pero ¿qué pasa si alguien se siente ofendido? ¿Pasa algo por cortarle la cabeza a un Puigdemont medievalesco? ¿Y por reírse del físico de una adolescente? ¿De verdad es delito de odio como sugirió el Círculo Catalán de Negocios? Sacaluga es tajante respecto a esto: “la libertad de expresión debe ser protegida enormemente porque es la garantía de la democracia”, opina. “Es verdad que alguien puede sentirse ofendido, pero que alguien se sienta ofendido no es delito hasta que lo considere la autoridad pertinente”.

¿Y qué consideraría la autoridad pertinente? El abogado Carlos Sánchez-Almeida explica que estas sátiras están amparadas en que su intención nunca es ofender ni incitar al odio o a la violencia. “Por definición, son algo que debe ser tomado en broma. Es una tradición de siglos y los límites de la ironía y de la sátira van mucho más allá de los límites de la libertad de expresión”. Insiste en que las chirigotas, históricamente, han tenido un privilegio que no han tenido otros medios de expresión o humoristas y esa tradición de que en Cádiz todo está permitido en carnaval lo hace muy difícil de criminalizar. “Ese derecho consuetudinario, basado en la costumbre, es el que prevalece”.

Los límites de la ironía y de la sátira van mucho más allá de los límites de la libertad de expresión

Así, en un principio, las chirigotas quedarían amparadas por su intencionalidad, su tono humorístico y su derecho basado en la costumbre. El escudo que ofrecen la ironía y la sátira, sin embargo, también puede darse en artículos de prensa, considerados admisibles por su tono satírico. Así lo explica Almeida, que remite al mediático caso del artículo de opinión del periodista Gregorio Morán sobre Farruquito publicado en 2004. En su momento, la Audiencia de Barcelona entendió que el periodista actuó en ejercicio de libertad de expresión y remitió “a la forma y el momento en que se vertieron los insultos”. En el caso de Puigdemont siendo decapitado, Almeida destaca el contexto: es una parodia ambientada en la época medieval, no una incitación al asesinato.

Respecto a qué pasará con el requerimiento legal que ha presentado la hija de Belén Esteban, Almeida comenta que tendría que haber un juez que le diese la razón y dictase medidas cautelares. “Lo veo complicado, dado que esas medidas afectarían a la libertad de expresión”, opina Almeida. “Tendrían que existir riesgos graves para el honor de una persona como para que se paralice una chirigota”. Eso sí: si Andrea Janeiro fuera menor de edad, el tema sería diferente. “Los menores tienen un nivel de protección mayor”, explica Almeida. Manuel Villanueva también destaca que Andreíta es mayor de edad e hija de una figura pública. Aun así, asegura que en las chirigotas se tiene en cuenta "hasta dónde llega lo ético”.

El "todo vale" y los límites del humor

La ética es uno de los temas a los que también remite Sacaluga preguntado por el tema clave: ¿tiene límites una chirigota? “Todo lo que no vulnere la ley y responda a una conciencia ética, vale. No hay temas tabú para el festival”, responde. Y aunque señala que los límites los marcan los tribunales, la línea que separa el humor de la ofensa hace tiempo que ha sido objeto de debate: los escurridizos límites del humor.

“Los límites del humor son algo complejo y peligroso y empobrecen una sociedad democrática”, opina Sacaluga. Villanueva se manifiesta de igual manera al preguntarle por el requerimiento impuesto por Andreíta o a las quejas por la decapitación satírica de un Puigdemont en bata: es humor y debe entenderse como tal. “Todo lo que no se ha podido decir a lo largo del año se dice ahora. Se trata de romper con lo políticamente correcto”.

Lucía Lijtmaer, por su parte, opina que herir sensibilidades depende mucho de cada caso. “No creo que la censura tenga que existir, no hay que ponerle límites al humor”, comenta. La periodista, que asegura que siempre va a haber alguien que pueda sentirse ofendido, explica que entiende el humor como ficción: “No prohibiría cuadros o novelas donde los personajes sean intolerantes, para mí el humor forma parte de ese espacio”.

Sin embargo, no mete en el mismo saco algunas interpretaciones que no considera humor. “A veces se intenta hacer pasar por humor cosas que forman parte de delitos de odio”. Y recuerda el famoso sketch de Martes y 13 en el que una mujer maltratada decía que su marido le pegaba. A eso le seguían risas, algo que ahora no sería comprensible. “Se ríe de la víctima, ni siquiera es una ironía o una crítica”.

Preguntamos a los dos coordinadores del libro que explica el carnaval de Cádiz como fenómeno global por la inquietud actual: el hecho de que alguien pueda sentirse ofendido por sus letras y si estas letras deberían convertirse en lo denominado como “políticamente correcto”. ¿Se podrían hacer unas chirigotas sin este humor satírico y estas letras descaradas? Desde luego que no. “El carnaval ha sufrido muchos intentos de censura y dudo mucho que ahora se aplaque por este tipo de presiones. Y es bueno que no lo haga”, sentencia Sacaluga.

Barbosa coincide por completo y explica que la esencia del carnaval de Cádiz es hacer humor con la propia existencia. “La ciudad de Cádiz ha pasado por momentos muy duros y el carnaval no se ha perdido, al contrario, se ha hecho más reivindicativo”. Así, siguiendo el curso de la historia, sus chirigotas y sus letras continuarán siendo “un grito de protesta”.

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