DE CHAMARTÍN A NASHVILLE

Álex Muñoz, el madrileño de 28 años que está revolucionando la música americana

Desde que llegó a Nashville hace cinco años, Álex Muñoz ha colaborado con los grandes del country y su último trabajo ha sido aplaudido como uno de los discos de 2018

Foto: Guitarrista, productor y compositor.
Guitarrista, productor y compositor.

Es agosto de 2012, y Alejandro Muñoz Guijarro, de 23 años y criado cerca del madrileño barrio de Chamartín, acaba de aterrizar en el que será su hogar durante el próximo lustro: Nashville, la capital de la música country. Cinco años después, Álex está en boca de todos los aficionados a la música de raíces. Por lo menos, de los melómanos americanos; nadie es profeta en su tierra. 'All American Made', el disco de Margo Price que ha producido, acaba de ser elegido como el mejor álbum de country de 2018 por la revista 'Rolling Stone' (figura en el puesto 16 en la lista total), ha colaborado con Wille Nelson y ha aparecido como guitarrista de Nikki Lane en los 'late shows' de mayor audiencia de la tele americana.

¿Qué hace un chico como él en un sitio como Nashville? “Es un cúmulo de coincidencias y aventuras”, desvela a El Confidencial desde el otro lado del charco. “Cuando acabé el instituto, quería dedicarme a esto pero no veía que hubiese oportunidades en España para tocar la música que de verdad me gustaba, la americana de raíces”. La primera parada en su periplo fue la Universidad de Berklee en Boston, donde pasó un par de años antes de aterrizar en la capital de la música vaquera. “Los Ángeles es muy cinematográfico y Nueva York es muy jazzero, pero esta es la ciudad de las canciones”, explica.

La trayectoria de Muñoz no es la del músico anónimo que de repente tiene un golpe de suerte, sino una carrera de fondo en la que se unen el talento y el esfuerzo diario, algo cada vez menos común en el panorama musical. Una en la que tocar cada noche y trabajar de día es la mejor carta de presentación. “Aquí hay que hacer de todo”, añade. “Trabajaba con Brad Jones en el estudio, de 10 de la mañana a siete de la tarde, y luego o me iba a ver conciertos y conocer a gente o más tarde, cuando me empezaron a llamar, a tocar. Había semanas que trabajaba en el estudio cinco o seis días y tocaba al salir otras cinco o seis noches con cinco o seis bandas distintas”. También hizo el conocido como 'honky tonkin', largos pases de cuatro horas con versiones de clásicos del country. El aprendizaje por excelencia del músico americano.

Brad Jones, productor de discos como 'Delantera mítica', de Quique González, o '1972', de Josh Rouse, fue su puerta de acceso a Nashville. Le dio su primer trabajo como ingeniero asistente, un conocimiento que le vendría de lujo a la hora de producir los dos últimos discos de la reina incipiente del nuevo country, Margo Price, a quien conoció nada más aterrizar en la ciudad. Lo que en principio era un apaño por cuestiones presupuestarias, terminó convirtiéndose en una entente que ha alumbrado lo que 'Pitchfork' define como “un wéstern moderno y realista que realiza un cruel examen a un país cuyos 'cowboys' son vampiros de la industria discográfica”. Un álbum publicado por la discográfica de Jack White, Third Man Records, y que suena, gracias a Muñoz, como un clásico a la altura de Loretta Lynn, Dolly Parton o Wanda Jackson.

No es una competición, es una aventura

La carrera de Muñoz no ha sido fácil, y no únicamente porque sin horas y horas invertidas en tocar, aprender y ayudar a compañeros lo suyo no habría sido posible. En 2016, mientras estaba de gira española como parte de la banda de Nikki Lane, fue diagnosticado de cáncer. “Era mi primera vez tocando aquí, y vendimos dos noches en acústico”, recuerda. “Tocamos ese domingo, y no pude ir a tomar ni una cerveza porque a las seis de la mañana estaba en el quirófano”. Las pruebas, además, mostraron que el tumor estaba extendido, así que en lugar de volver a Nashville, tuvo que quedarse en la capital para recibir el tratamiento de quimioterapia.

El cáncer fue un palo, estaba en lo mejor de mi carrera. Tuve que cancelar proyectos, pero aquí estamos, ¡sobreviviendo y luchando!


Gracias a su familia y sus médicos, consiguió salir adelante. También a sus amigos españoles y americanos, que pusieron en marcha una campaña de 'crowdfunding' que consiguió recaudar más de 8.000 dólares para ayudarle con las facturas durante el proceso de recuperación. “Fue un palo, porque estaba en lo mejor de mi carrera”, lamenta. “Había salido el primer disco de Margo, estábamos tocando mucho e iba a grabar aquí con M Clan 'Delta', y lo tuve que cancelar... ¡Pero lo sacamos adelante!”, afirma con entusiasmo. “Aquí estamos, sobreviviendo y luchando”.

El apoyo que ha recibido de sus compañeros resume bien el carácter de comunidad en la que todos se apoyan mutuamente que se encontró al aterrizar en la meca de la música vaquera. No solo es que por el sonido de su guitarra —una mezcla entre James Burton, Chet Atkins, Ry Cooder y Clarence White— es casi imposible saber que se trata de un español, sino que en realidad a nadie le importó lo más mínimo. “Nadie me juzgó, era después de los conciertos cuando se enteraban de que era español y les chocaba, pero nadie me dejó de contratar por eso”, explica. “Lo que me hacía ilusión era que me dijesen que tocaba como si fuese de aquí, es como si le dicen a alguien que toca flamenco y no es de España que no se nota”.

Took my old Oahu out of it's case this evening, El Rayo.

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Tampoco desde España nadie le juzgó por hacer música americana. Más bien, al contrario. Muchos de sus amigos son músicos profesionales, como Carlos Raya, de M Clan, o Quique González, que se lo llevó de gira después de quedarse anonadado con sus cualidades musicales. “Nos hicimos amigos en Nueva York”, explica. “El 'road manager' es amiguete mío y fuimos a tomar unas cervezas con Quique, que me preguntó cuántas canciones me conocía de lo que había tocado esa noche”. La respuesta de Álex fue “todas menos un par”. Dos días después estaba de camino a Canadá con el músico español para dar tres conciertos en Toronto. Fue el primer paso en una amistad duradera y fructífera.

El futuro de la música tradicional

Fue su familia, especialmente sus hermanos, la que contribuyó a despertar el gusanillo de la música en Álex. Con 10 años escuchaba los discos de su hermano, empezando por el rock: concretamente, los Beatles y los Rolling Stones. “Recuerdo comprar el 'Hot Rock' de los Stones muy joven”, rememora. Fue al concierto de Paul McCartney en La Peineta de 2004, y la suerte ya estaba echada. Bob Dylan, Neil Young, Tom Petty y más tarde el country se convirtieron en sus referencias musicales, las que le llevaron a agarrar la guitarra y perseguir su sueño de convertirse en profesional, aunque ello le obligase a mudarse a otro continente.

Álex Muñoz en concierto.(Fotos cedidas)
Álex Muñoz en concierto.(Fotos cedidas)

Basta con echar un vistazo a su cuenta de Instagram para comprobar que Álex se codea con la realeza de la música americana. No solo Willie Nelson, que lo recibió en su rancho (“fue un privilegio y un honor, es el abuelo del country y está apoyando a muchos músicos de aquí”), sino también Emmylou Harris, Spooner Oldham, Steve Earle, Lucinda Williams o Buddy Miller. También John Hiatt, cuya historia muestra la importancia de estar en el lugar preciso en el momento adecuado: el joven madrileño acabó en el estudio del autor de 'Bring the Family' después de toparse por casualidad con el guitarrista Doug Lancio en una cafetería. Charlaron durante 20 minutos, le dijo que estaba buscando algún bolo porque Brad Jones había sido padre y en apenas una semana estaba grabando 'Terms of My Surrender', el último disco de Hiatt.

Todos ellos son músicos que han redefinido el rock, soul y country desde años setenta, y cuyo legado está siendo recuperado por una nueva generación. Es una nueva ola cuyos ecos comienzan a llegar a España, y que cada año que pasa coge más fuerza como una alternativa al country comercial que se hace en EEUU y el 'bro-country' en auge, “con letras que solo hablan de coger la camioneta y beber cerveza”. “Aquí la gente llama 'country' a lo que es 'country-pop', y a la música de verdad la llaman 'americana”, explica. “Ni las letras ni el sonido son country, es chicle. Nosotros hacemos discos que creemos que son buenos, y en los últimos cinco años estamos ganando terreno en audiencia y atrayendo más público joven”.

Hangin' with my hero, Emmylou. I can't describe how happy I feel right now!

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Álex se siente cercano a músicos como Chris Stapleton, J.D. McPherson, Hiss Golden Messenger, Sturgill Simpson o Jason Isbell, que han conseguido escapar del mercado local y darse a conocer de forma internacional. Son ellos los que, junto a Nikki Lane, Margo Price o el propio Álex, van a devolver la música de raíces a una nueva generación. El madrileño, por su parte, está a punto de embarcarse en el Outlaw Country Cruise, un crucero en el que los grandes de la escena (de Williams a Earle pasando por Shooter Jennings o los Mavericks) se reúnen para disfrutar del country entre Nueva Orleáns y la Riviera Maya. Sus planes de futuro son “seguir colaborando con Nikki Lane, Margo y producir a otros artistas y, sobre todo, seguir escuchando mucha música y currando sin dar nada por hecho”.

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