Música: ¿Rosalía antigitana? Arrecia el debate sobre el presente y futuro del flamenco. Noticias de Cultura
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¿Rosalía antigitana? Arrecia el debate sobre el presente y futuro del flamenco

La disputa a propósito de la niña mimada de la prensa musical española crece y se convierte en una enmienda a a la totalidad del estatus del cante jondo actual

Foto: Rosalía actúa durante la gala Persona del Año 2017 en Las Vegas.  (EFE)
Rosalía actúa durante la gala Persona del Año 2017 en Las Vegas. (EFE)

Empezó como una escaramuza tuitera, pero ha ido creciendo hasta convertirse en el mayor debate sobre flamenco en años. Nos referimos a la disputa sobre el enfoque artístico de Rosalía, niña mimada de la prensa musical española. No hay duda de que es la favorita de medios hipster como la web Je Ne Sais Pop y la revista Rockdelux (ambos la escogen mejor disco español de 2017) . También reina en las listas del diario conservador ABC.

Contra el torrente de elogios, los cuestionamientos de Noelia Cortés, joven activista de Gitanas por la Diversidad, que acusa a Rosalía de “apropiacionismo cultural” y “antigitanismo”. La artista, de veinticinco años, no puede ser declarada culpable de tendencias históricas tan largas, aunque sí es señalada como parte de un problema más amplio. “¿Por qué Velázquez no tiene acento de Sevilla en ‘El ministerio del tiempo’, ni Picasso de Málaga? ¿Por qué en la película ‘La novia’ sacan ‘Bodas de sangre’ de su contexto esencial andaluz?”, se pregunta también Cortés.

La Junta de Andalucía contra los gitanos

Pongamos un poco de perspectiva. Lo primero es celebrar que vuelva a hablarse sobre flamenco. ¿Cuál fue el último debate que recuerdan sobre la mayor contribución española a la música popular? Posiblemente, tendría que ver con el prestigioso álbum ‘Omega’ (1996), de Enrique Morente y Lagartija Nick, cuya base rockera enfureció a algunos de los llamados ‘puristas’. O la aparición de los ‘nuevos flamencos’ de Mario Pacheco en los años ochenta. En cualquier caso, llevábamos al menos dos décadas sin preocuparnos por el estado de salud de un caudal creativo tan importante. Sin levantar tanto revuelo, el productor Ricardo Pachón (Camarón, Lose y Manuel, Veneno…) ya había detectado en 2011 un peligroso proceso de ‘desgitanización’ del flamenco’, orquestado por las propias instituciones. “Los artistas gitanos han iniciado su particular 15-M, indignados contra la Administración cultural andaluza que los viene marginando desde que se arrogó, en el Estatuto de Autonomía, ‘la competencia exclusiva en materia de conocimiento del flamenco como elemento singular del patrimonio cultural andaluz’ (artículo 68, punto número 1).

Los artistas gitanos han iniciado su particular 15-M, indignados contra la Administración cultural andaluza que los viene marginando

Y no se trata solo de reivindicaciones laborales o económicas, como han interpretado algunos medios de información. El problema es de más calado: la confusión entre el flamenco y el folclore andaluz que viene propiciando la Consejería de Cultura”, denunciaba. Poco después de la publicación de su texto, se celebraba el I Congreso Internacional de Flamenco, organizado por la Consejería de Cultura de Andalucía. El llamado Comité Científico del evento contaba con 81 miembros, ninguno de ellos gitano.

Giro al pop comercial

En esa misma línea, el periodista Alfredo Grimaldos señalaba el complicado momento que atraviesa el género en el libro ‘Historia social del flamenco’ (2010). ¿Tesis principal? El cante se estaba desintegrando por los mismos motivos que los vínculos sociales se fragilizan al imponerse las sociedades de consumo. El flamenco crece en entornos fuertemente comunitarios, desde pueblos de Andalucía occidental hasta corralas de vecinos de barrios populares, donde se hacía mucha vida en común. No es lo mismo un día con radio televisión y nevera, encerrado en tu apartamento, que cuando se compartía comida, penas y juerga con tus vecinos (de quienes conocías nombres y trayectoria vital). “La globalización es así: ahora un joven flamenco se parece más a un artista de pop o de rock que a un cantaor clásico. Un chavalito de Jerez al que le suena un poco la voz quiere pegar el pelotazo a los veinte años. Se fija más en Michael Jackson que en Manuel Torre”, explicaba Grimaldos. La propia Rosalía es un ejemplo de esta inmersión en el pop. Por ejemplo, el periodista Luis Troquel revelaba en un reportaje que la cantante empezó a conectar con sus productor Raül Fernández ‘Refree’ hablando de algo muy distinto del flamenco, concretamente de R&B, Kendrick Lamar, trap, James Blake y subgraves.

Parasitar el flamenco

El músico e investigador flamenco Pedro Lópeh opina que hay que mirar a ‘Refree’ para entender las carencias del disco de Rosalía, que dieron comienzo a la polémica. “Los discos de Raül Fernández están llenos de canciones cortadas por el mismo patrón, desde que empezó con Rocío Márquez. Lo que hace como productor es un batiburillo de ecos, contrapuntos y distorsiones, por ejemplo lo que hace con Silvia Pérez Cruz”, señala. Proveniente de la Barcelona más ‘moderna’, ‘Refree’ se ha convertido en uno de los productores más prestigiosos del país. “El problema, para mí, es que da más importancia al sonido que a la canción en sí. Eso cansa mucho, lo veo muy artificial. Usa demasiados efectos, suena muy recargado. Parece que el artista sea una excusa para dar rienda suelta a la creatividad de productor. Ahora va a producir lo nuevo de El Niño de Elche, un artista cuyo enfoque es parasitar el flamenco porque le sirve para vender, cagándose después en los flamencos”, lamenta.

No me parece una obra rompedora ni revolucionaria y si ha venido a salvar algo, es a la industria musical, no al flamenco

Coincide con la mayoría del diagnóstico otra experta en flamenco, Silvia Cruz, autora del sustancioso libro ‘Crónica Jonda’.“También yo insisto en hablar de ‘Refree’ porque siempre se cargan las tintas contra ella y poco o nada contra él, que es el productor y artífice primero de este disco. No creo que ‘Los Ángeles’ haga ningún daño al flamenco, pero sí que es un producto descontextualizado. Aparte de las letras, no escucho nada en él que apele a la historia del flamenco, a sus raíces o a sus referentes. Por eso, no me parece una obra rompedora ni revolucionaria y si ha venido a salvar algo, es a la industria musical, no al flamenco. Lo que veo es un aprovechamiento, muy acentuado por esa falta de contexto, algo que considero esencial para entender cualquier música. Y es algo que Rosalía no arregla cuando se le pregunta sobre el asunto: podría aprovechar para hablar del origen de esta música, que es el lumpen y la gitanería, pero no lo hace”, explica.

El papel de los gitanos

Más allá de polémicas actuales, Lópeh nos recuerda el poder de la industria. “El flamenco es ha convertido en un producto de consumo y de entretenimiento. En los tiempos de la ópera flamenca, con Pepe Marchena y Juanito Valderrama, el público también prefería ese tipo de espectáculos antes que un flamenco más profundo. La mayoría de oyentes siempre han disfrutado más los fandaguitos, colombianas y guajiritas que las siguiriyas y soleares. En realidad, lo que hace Rosalía es canción folclórica flamencoide. No lo digo para ofender, sino por quitarles responsabilidad. Hace mucho que el flamenco no es lo que era”, recuerda. Estos días, Rosalía compartía una playlist que confirma su conexión con la escuela de artistas que menciona el investigador, entre ellos Manuel Vallejo, Marchena y Valderrama. “Los gitanos no empezaron a ganar dinero hasta que llegó Camarón”, recuerda.

Terminamos con unas reflexiones sobre el presunto antigitanismo de los artistas más cool. “En la sociedad española hay racismo, pero creo que a la industria le encantaría tener un gitano flamenco que viviera en Malasaña y comiera muffins. El problema es que no lo encuentran, nadie se presta de momento”, señala. En todo caso, Lópeh no es partidario de exonerar alegremente a los gitanos de la comercialización del género. “Ellos fueron quienes inventaron el flamenquito, que es la versión más despolitizada y descontextualizada posible. Conecto y simpatizo con los cuestionamientos de Noelia Cortés a Rosalía, pero creo que se pueden afinar los argumentos. Quizá lo que falta decir es que los gitanos han dejado de ser una comunidad cerrada. La noción del pueblo gitano ya no existe. Conozco muchos gitanos, pero ninguno que siga obedeciendo la ley gitana.”, concluye.

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