'el ferrocarril subterráneo'

Colson Whithead: "Las banderas nazis han vuelto a las calles de Estados Unidos"

Llega a España la novela que arrasó en la temporada de premios americana del año pasado (incluyendo el Pulitzer y el National Book Award). Una fábula inesperada sobre la esclavitud y la libertad

Foto: Supremacistas del Ku Klus Klan en Temple, Estados Unidos, en marzo de 2016 (EFE)
Supremacistas del Ku Klus Klan en Temple, Estados Unidos, en marzo de 2016 (EFE)

Escritor y profesor de Nueva York, Colson Whitehead (Nueva York, 1969) llega a Barcelona para presentar 'El ferrocarril subterráneo' (Literatura Random House), novela con la que ha conseguido el Premio Pulitzer y el National Book Award. A través de la imagen metafórica del ferrocarril, Whitehead narra la historia de la agrupación abolicionista clandestina que, en el siglo XIX, ayudaba a escapar a los esclavos de los estados sureños llevándolos hasta los estados del norte.

El viaje de la protagonista, Cora, una joven de 15 años que huye de una plantación en Georgia, se convierte en un viaje en torno a la historia de la esclavitud en Estados Unidos y, al mismo tiempo, en una indagación en torno a las diferentes formas de opresión por cuestiones raciales.

PREGUNTA. En unas declaraciones en The Guardian afirmaba que en el colegio se dedicaban tan solo diez minutos a la historia de la esclavitud y otros diez a la historia de la lucha de los derechos civiles. ¿En cierta manera, 'El ferrocarril subterráneo' es una respuesta a ese silencio o despreocupación histórica?

RESPUESTA. El libro es, ante todo, una obra de arte y mi intención no es la de enseñar a los lectores la historia de Estados Unidos, pero sí es cierto que en 'El ferrocarril subterráneo' tomo distintos elementos de la historia americana y los modifico, incluso cronológicamente, para construir un nuevo relato sobre cómo se construyó América. Todo esto lo hago o, al menos, espero haberlo hecho, de una forma artística. Para mí, lo más importante de la novela es la historia y si esta historia lleva a los lectores a investigar sobre lo qué paso durante los años de esclavitud o qué significaron los procesos de esterilización estaré encantado de ello, aunque, repito, no es mi principal objetivo.

GRAF1163. BARCELONA, 18 10 2017.- El escritor norteamericano Colson Whitehead posa para los medios de comunicación antes de presentar 'El ferrocarril subterráneo', la novela con la que ha ganado el National Book Award 2016 y el premio Pulitzer de obras de ficción 2017, en la que narra la historia de una joven que huye de los horrores de la esclavitud. EFE Quique García
GRAF1163. BARCELONA, 18 10 2017.- El escritor norteamericano Colson Whitehead posa para los medios de comunicación antes de presentar 'El ferrocarril subterráneo', la novela con la que ha ganado el National Book Award 2016 y el premio Pulitzer de obras de ficción 2017, en la que narra la historia de una joven que huye de los horrores de la esclavitud. EFE Quique García

P. La intención literaria se hace evidente en la manera en que usted se apropia del realismo mágico para crear escenas o realidades ficticias que funcionan como metáforas de una realidad histórica que usted no describe.

R. La idea de convertir la realidad en una metáfora fue la génesis del libro. El realismo mágico me dio una herramienta para aunar la historia que quería contar y dar así unidad al libro: yo empecé a pensar el libro desde la ciencia ficción, es decir, pensando en los diferentes estados en los que se detiene Cora como diferentes etapas de la historia de América. Leí 'Cien años de soledad' de adolescente y la volvía leer antes de empezar a escribir el libro y me pareció que la manera que tiene García Márquez de fusionar realismo y fantasía me podía servir a mí. Además, me inspiró una entrevista en la que García Márquez comentaba que había llegado al realismo mágico gracias a su abuela, que le explicaba historias, algunas reales y otras inventadas, siempre con la misma mirada de póker de tal manera que para él era imposible diferenciar lo inventado de lo real. Cuando narro cómo se elimina a la gente negra en Carolina del Norte es una hipérbole del linchamiento que sufrían los negros, pero lo narro con esa misma cara de póker que tenía la abuela de García Márquez para que el lector no sepa hasta qué punto estoy fabulando.

'El ferrocarril subterráneo'
'El ferrocarril subterráneo'

P. Y, sin embargo, aquellos cuerpos muertos colgando en medio de la nada no parecen, en absoluto, hipérboles de nada.

R. Normal, porque lo que verdaderamente sucedía es que a la gente negra la alineaban a lo largo de la carretera para luego lincharles y maltratarles. En cierta manera, yo reinterpreto esta imagen, sustituyendo los cuerpos vivos por cadáveres y lo hago dejando que se la propia imagen que hable por sí misma.

P. Cuando la protagonista, Cora, llega a Carolina del Norte se describen los procesos de esterilización que se llevaban a cabo para contener la población negra y que, posteriormente, derivan en matanzas masivas. En cierta manera, ¿quiere mostrar como la esclavitud es solo una expresión del racismo que se manifestaba de otras muchas formas, incluso en estados donde la esclavitud estaba prohibida?

R. Ciertamente, es así. Cuando la protagonista comienza su viaje en el ferrocarril, el lector entra en una descripción de Norte América que no es históricamente precisa, puesto que, como decía antes, altero y modifico datos históricos, porque mi objetivo no era ceñirme a la realidad histórica, sino a la verdad histórica. Yo quería indagar en torno a la relación de los blancos con los cuerpos negros desde una perspectiva médica; es decir, quería ver como la experimentación científica, en la que incluyo las prácticas de esterilización, era una manera para relacionarse con el cuerpo del Otro, en este caso el de los negros. De ahí que decida coger elementos de la historia nazi e, incluso, la terminología asociada al exterminio de los judíos: hablo, por ejemplo, de la “solución final” para referirme al proceso de esterilización y masacre que se llevaba a cabo en contra de los negros. No hay que olvidar que los nazis cogieron sus ideas sobre la pureza racial de los científicos norte-americanos del siglo XIX. De esta manera, en 'El ferrocarril subterráneo' utilizo la opresión de los judíos para hablar de la opresión de los negros en los Estados Unidos de 1850 y, a partir de ahí, exploro de qué manera el racismo es siempre la misma manifestación, independientemente del tiempo y del lugar en el que se enmarque.

P. ¿Huir, a través de la ficción, de la verdad histórica y comprobable le permite pensar 'El ferrocarril subterráneo' como una novela no sólo sobre la esclavitud, sino sobre la opresión?

R. Sí. Al observar la recepción del libro fuera de Estados Unidos, me he dado cuenta que la relación entre opresor y oprimido o dominante y dominado es percibida siempre de la misma manera y no es exclusiva de Norte América, en cuanto es una lógica que se repite.

Cuando las niñas esclavas se convertían en mujeres, tenían que empezar a dar a luz porque así más dinero lograría el dueño

P. Siguiendo la dinámica opresor-oprimida, ¿la elección de Cora, una joven mujer esclava, responde, en parte, a la voluntad de dar voz a alguien que podríamos definir como una minoría dentro de una minoría?

R. En parte, aunque no lo diría así. Cuando escoges un narrador, lo haces en base a los objetivos que quieres alcanzar con tu novela. Yo escogía Cora por muchas razones, pero principalmente por el hecho de que el infierno al que se enfrentaron los esclavos hombres no es comparable al infierno que vivieron las mujeres esclavas. Cuando las niñas esclavas se convertían en mujeres, tenían que empezar a dar a luz criaturas porque cuantos más hijos tuvieran más esclavos y, sobre todo, más dinero tendría el dueño. Además, las mujeres esclavas estaban sometidas a los deseos sexuales de sus dueños. Creo que todo esto era importante explicarlo, tenía que contar también la historia de ellas. Asimismo, me interesaba explorar la relación entre madre e hija, en concreto la relación de una hija, Cora, con su madre, que huye y la abandona en la plantación. Por último, elegí una protagonista femenina porque, en mis anteriores trabajos, siempre había optado por narradores masculinos y quería cambiar.

P. Se observa ahí una lógica mercantilista: los cuerpos de los esclavos son mercancías, que usted llega a definir como la base económica de gran parte de los estados sureños en 1850.

R. Seguro, es así. No puedes eliminar el capitalismo del debate sobre la esclavitud en Estados Unidos. De hecho, en las primeras páginas del libro señalo como la abuela de Cora, en el momento de ser comprada y vendida, es solamente una cifra, aquella que indica su precio. Y su precio es el resultado de sus potenciales: ella es una mujer joven que puede trabajar y que, sobre todo, puede tener hijos. En esta misma lógica, los hombres jóvenes eran vendidos con precios más elevados a los hombres mayores, cuya capacidad de trabajo era menor. Por tanto, esta lógica capitalista es fundamental para comprender lo que era el esclavismo. Cuando la esclavitud se convierte en la principal fuerza económica de América, incorpora a todo el mundo, no sólo a los dueños, sino un gran número de trabajadores de sectores aparentemente ajenos y que, sin embargo, ganan dinero gracias a los esclavos: ahí está el carpintero, que hace los zuecos de madera para trabajar en la plantación; ahí está el redactor de periódico, que escribe y publica los anuncios sobre la huida de un esclavo y también está el herrero, que hace las cadenas con las que se pueden llegar a sujetar a los esclavos. Es decir, todo el mundo formaba parte de ese engranaje llamado esclavitud y nadie podía escapar de ese sistema que no era otro que un sistema clásicamente capitalista.

Tanto la literatura como el cine que presta atención a la historia de los esclavos es una porción muy pequeña

P. La publicación de su libro coincide con la publicación de la novela de Paul Beatty, que también gira en torno al tema de la esclavitud. ¿Hay una necesidad actualmente de rescatar esa historia de racismo que, como usted afirmaba, a la que no suele prestarse atención?

R. Hay todavía muchas historias distintas sobre la historia de la América negra que no se han contado y, precisamente por ello, se siguen escribiendo libros sobre ello, rodando películas y series que abordan el tema. Piensa que todavía hoy hay mucho material relacionado con la esclavitud que está esperando que alguien le presente atención. No creo, sin embargo, que ahora sea un momento particularmente adecuado para abordar la esclavitud; puede que haya la impresión de que actualmente se esté trabajando mucho sobre el tema, pero tanto la literatura como el cine que presta atención a la historia de los esclavos es una porción muy pequeña si la comparamos con todo lo que se ha escrito y se ha rodado en torno a la Segunda Guerra Mundial.

P. Dice que no cree que sea un momento particularmente importante, sin embargo, las manifestaciones por la primacía racial blanca o el apoyo explícito del Ku Klux Klan a Trump hacen pensar precisamente lo contrario.

R. En este sentido, siempre es un buen momento para hablar de la historia de la esclavitud y denunciar el racismo. Ante lo que está pasando, tenemos que resistir, pero resistimos hoy de la misma manera que lo hicimos ayer, porque hay una cosa clara: no se explica el papel de los estados del sur en la historia de la esclavitud y, sin embargo, en todo el país tenemos estatuas de los líderes de la supremacía blanca que no hicieron nada para evitar ni la esclavitud ni el racismo. Es muy chocante ver todavía hoy cómo gente se manifiesta en las calles con banderas de los Estados Confederados o con banderas nazis. Pero esta gente siempre estuvo ahí; es decir: el 51% de la gente votó a Obama, pero el 49% no lo hizo. Ahora se han invertido las tornas y el 51% ha terminado votando a Trump. Lo que quiero decir con esto es que esta gente que se manifiesta por la supremacía blanca no ha aparecido de la noche de la mañana, lo que pasa es que, desde la elección de Trump, tienen el “permiso” para manifestarse en las calles de una manera que, hace unos años, hubiera sido impensable.

Desde la elección de Trump, los supremacistas tienen “permiso” para manifestarse en las calles de una manera impensable hace años

P. Dice que esa gente siempre ha estado ahí, pero, las imágenes de en Charlottesville o, como le decía, las manifestaciones del Ku Klux Klan llevan a pensar que lejos de progresar en cuestiones de derechos sociales, Estados Unidos ha dado un paso hacia atrás.

R. Yo creo que hemos progresado y mucho. No puedo comparar mi mundo con el de mis abuelos o el de mis padres. Yo ahora escribo un libro sobre la esclavitud y el libro, no sólo se convierte en un best seller, sino que gana premios y a mí me llevan por todo el mundo para promocionarlo. Además, no hay que olvidar que finalmente hemos tenido a Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos. Sin embargo, entiendo lo que dice, porque la historia, en cierta manera, es siempre dar un paso hacia adelante y, luego, un paso hacia atrás.

P. ¿La actual situación política en Estados Unidos ha politizado el mundo de las letras? O, en otras palabras, ¿hay en los escritores una mayor voluntad de implicación política?

R. Yo nunca me he sentido obligado a escribir sobre un determinado tema, además, con mis amigos escritores muy pocas veces hablamos de trabajo. Eso sí, lo que puedo decir es que la mayor parte de nuestras conversaciones giran en torno a Trump y cuando nos encontramos nos lamentamos de la situación y decimos cuán deprimidos estamos. Aunque, sí es cierto que tengo amigos escritores que me confiesan no poder escribir, pues están demasiado preocupados por lo que pueda decir o hacer Trump.

P. ¿Cree que Trump terminará su legislatura?

R. ¿Se refiere a si él se irá o si el mundo lo echará?

P. Yo no tengo muchas esperanzas en que Trump se vaya por su propio pie…

R. Bueno, mírelo, su cara refleja que es un hombre con muy poca salud y, además, es alguien que no soporta el estrés. Espero que, ya sea por causas médicas o por sus crímenes de corrupción, no termine su legislatura. ¡Nadie puede soportar cuatro años más de Trump!

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