Casi todo lo que sabes del flamenco está equivocado

Tres libros ahondan en la realidad desconocida de lo jondo en el siglo XXI

Foto: Detalle de la portada del disco 'Por bulerías', de Camarón de la Isla
Detalle de la portada del disco 'Por bulerías', de Camarón de la Isla

El flamenco es una de las pocas expresiones culturales íntimamente ligadas a España. Por eso, todos deberíamos tener algunas nociones de en qué consiste. De hecho, las manejamos, aunque muchas veces no sean fiables. ¿Estamos ante un género exclusivamente gitano? ¿Es más más machista que otras músicas?¿Refleja el clasismo del sur de España o lo denuncia? Por suerte, tres excelentes ensayos nos ayudan a responder esta y otras cuestiones. Podemos empezar por el brillante 'Crónica jonda' (Libros del KO), de la periodista Silvia Cruz Lapeña. La autora no mira al flamenco como algo que ocurre sobre un escenario o en una torre de marfil, sino como un arte vivo atravesado por conflictos económicos, sociales y existenciales.

En el capítulo 'La náusea' retrata el nacionalismo catalán a partir de la noche de 1999 en que Jordi Pujol se acercó a Nou Barris para seducir a los charnegos. “Acabaron abucheándole cuando intentó elogiar la figura de Camarón de la Isla y su intervención en el acto prácticamente acabó ahí”, recuerda. Pujol, Artur Más y Durán i Lleida, representantes “de la burguesía y del nacionalismo” fueron a pedir el voto a “un barrio obrero, cuajado de yonquis, aprovechando un concierto de Los Chunguitos”. Resumiendo: la cultura como recurso para crear cercanía artificial. “Catalunya es una sociedad muy clasista y, a diferencia de Andalucía, no lo reconoce”, afirma en el mismo texto Luis Cabrera, del Taller de Músics de Barcelona.

Desinterés en España

Silvia Cruz también usa el género jondo para describir el desamparo de las personas dependientes, la dureza del paro en Murcia y los motivos por los que el palmero El Bobote sigue viviendo en el modesto barrio sevillano de las Tres Mil Viviendas, a pesar de su éxito profesional. A pesar de su eco antiguo, el flamenco trata sobre conflictos humanos que nunca van a caducar. “Lo primero que me atrajo fue no comprenderlo”, reconoce Cruz. Ahora ya forma parte de su manera de estar en el mundo: Pericón de Cádiz le ayuda a procesar el atentado yihadista a Charlie Hebdo y Luis de La Pica le acerca a desconocido destrozado por el desamor.

También se aborda la escasa conexión del flamenco con la cultura española actual. “En el extranjero hay más interés por lo jondo que aquí”, le explica Simón Montero, promotor de Casa Camarón de la Isla, en Barcelona. Montero aspira a abrir sucursales y le escuchan más en Francia, Inglaterra y Catar que en España. Haciendo balance, Cruz retrata un panorama triste, pero muy vivo. Cada uno de sus artículos contagia intensidad. ¿Qué puede atraer tanto de este arte a una chica que aún no ha cumplido los cuarenta? “Esa capacidad de convertir en música un dolor o una injusticia”, apunta. Aunque el flamenco tiene un lado hedonista, le irrita quien lo equipara a “estar todo el día de juerga”. Y no, no es solo eso, sino algo tan sustancial como los textos de Shakespeare, por poner un ejemplo de reconocimiento universal.

Flamenco y viajero

Otro lanzamiento estimulante es 'La raíz eléctrica' (Altafonte), un disco-libro del músico y antropólogo Raúl Rodríguez. Cuenta con un prólogo de Santiago Auserón, colaboración con el cantautor Jackson Browne y el respaldo de 'Razón de son' (2014), el premiado anterior disco de Rodríguez, donde exploraba las conexiones entre el flamenco y Cuba. Esta vez, salta a la isla vecina de Haití, donde fantasea con híbridos como la “vodoulería”, mezcla de vudú y bulería. El artista recuerda la honda impronta de los africanos en Cádiz, por ejemplo en la canción 'Yo voy vendiendo candela', inspirada en un grabado de Tomás de Sisto (1778-1826). Allí aparece un negro pobre que se busca la vida vendiendo fuego con una yesca. Su obligación de ser simpático y seducir a los paseantes le recuerda al oficio de cantar.

También hay una reivindicación de la música como bálsamo que permite a los haitianos mantener la humanidad entre huracanes, desastres políticos y miseria extrema. “La creación es posible en medio de la destrucción”, celebra. “Haití es un trozo de África en el Caribe. Allí se produjo la única rebelión triunfante de esclavos de la Historia”, apunta. De hecho, les dieron una lección moral a los colonizadores franceses, que descubrieron que los afrocaribeños habían entendido mejor que ellos el lema “Libertad, igualdad y fraternidad”. Imprevisible y elegante, 'La raíz eléctrica' es un cruce de referencia políticas, sonoras y culturales. No faltan alusiones a Jimi Hendrix, rockero que también estaba fascinado por el vudú.

Agonía de un arte

El tercer y último libro es 'Ramo de coplas y caminos' (autoeditado), un texto breve y contundente de Pedro Lópeh, estudioso extremeño de treinta años. Dudo que exista una mejor introducción al flamenco. Además viene salpicado de recomendaciones musicales fácilmente encontrables en redes. La calidad del texto radica en que te ahorra horas de sufrimiento con un sólo párrafo: “Uno de los deseos que más pasión despierta en los aficionados es el de saber distinguir los diferentes cantes. Que si esto es una soleá, que si esto es una farruca, aquello un fandango... Sueltas una de esas en una reunión de amigos y quedas como un rey”, señala. En realidad, incluso los expertos académicos tienen problemas para hacer estas distinciones. Por eso hay enfoques más sensatos: “Mi consejo es que lo mejor es escuchar, escuchar y escuchar. Cuando hayan pasado por te alma docena y media de soleares, habrás desarrollado tus propios mecanismos -trucos- para detectarlas”. Si al final no eres capaz de distinguir cantes, por lo menos te queda el placer estético y que “que te quiten lo bailao”.

Lópeh no teme romper lugares comunes de la crítica, por ejemplo cuando señala que la etapa más rompedora de Morente es la primera. “Se puede revolucionar el flamenco sin necesidad de guitarras eléctricas”, afirma. También cuestiona el tópico de que estamos ante un arte exclusivamente gitano: “En el flamenco hay posos de cultura gitana, hebrea y musulmana, del folclore español y no es desdeñable la aportación de los africanos (esclavos en España durante siglos), ni del de los americanos (tanto criollos como indios)”, explica.

El flamenco da voz a los angustiados, para lamentarse de un despido es mejor el rap y para quejarse de que no hay wifi, el indie

La entrada sobre las tarantas, cante minero, refleja la íntima relación entre el flamenco y la penuria laboral. El autor, por último, se posiciona ante la delicada situación que atraviesa el género. “Aunque los hay optimistas, yo soy pesimista, para qué lo voy a negar. Despojado de su anclaje social y del sustrato vital que lo parió, me es difícil ver en el presente y futuro algo que no sea un producto, una mercancía, entretenimiento. La despoblación del mundo rural y la destrucción de las comunidades sentimentales tampoco ayudan. Claro que el flamenco va a dar voz siempre a los angustiados, pero igual para lamentarse del despido de una fábrica es mejor el rap y para quejarse de que no hay wifi en el hotel rural es mejor el indie”, señala.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios