estreno de la película

Cobeaga sobre 'Fe de etarras': "Reducir un terrorista a un chiste es una victoria"

El director defiende la campaña de Netflix. "A lo mejor Diego y yo logramos que dejemos de ser los autores de 'Ocho apellidos vascos'. Ahora seremos los de la lona"

Foto: Cobeaga durante el estreno de 'Fe de etarras' en San Sebastián. (Cordon)
Cobeaga durante el estreno de 'Fe de etarras' en San Sebastián. (Cordon)

Han pasado seis años desde que ETA decretó el fin de su actividad armada, cada vez son más los proyectos cinematográficos que han abordado el terrorismo desde los diferentes géneros y el debate sigue estando en torno al 'momento'. A la idoneidad del momento. Al ahora. ¿Se puede hacer una tragicomedia sobre un comando de ETA que ridiculiza a los etarras y con los que al mismo tiempo se empatiza con casi un millar de muertos en su currículum? ¿Sigue la sociedad vasca y española sin estar preparada para una película como 'Fe de etarras' con todo el ruido previo que la ha acompañado?

Conocida la polémica y vista la película sigue habiendo voces que defienden el 'no momento', tal y como se puede comprobar en los corrillos de periodistas que esperan su turno para hablar con los responsables del filme. “Es increíble, alucinante”, clama Borja Cobeaga. Para zanjar la cuestión de la idoneidad del ‘momento’, el director alude a la catarata de memes y de chistes que surgieron de forma instantánea a raíz del vídeo del yihadista español llamado ‘El Cordobés’ (y de madre La Tomasa) que amenazaba a España con nuevos atentados como el de Barcelona. Seis años después del fin de ETA se sigue diciendo en algunos sectores de que no es el tiempo adecuado, de que hay que dejar pasar más tiempo para sanar las heridas, pero “toda España se rio al instante” del terrorista del ISIS, con los cuerpos de las víctimas aún calientes. “Me parece una de las cosas más sanas que han podido pasar en este país jamás. Reducir un terrorista al chiste es algo que tiene que escocer y es una victoria de la sociedad”, argumenta.

Poco (o mucho según se mire) ha cambiado en el tándem que conforman Borja Cobeaga (director) y Diego San José (guionista) desde que en 2003 transgredieran con el programa televisivo de ETB ‘Vaya Semanita’, donde no dejaban títere con cabeza fuera el espectro ideológico que fuera (terroristas, víctimas, políticos, jueces…) y con ETA empuñando las armas. Poco porque siguen con su actitud transgresora a partir de la comedia y mucho porque su actitud ya no responde a esa “inconsciencia” de unos veinteañeros.

Nacionalismos y redes sociales

Por aquel entonces dominaba una época en la que “la equidistancia no estaba mal vista” pero ahora, 14 años después, Cobeaga lamenta que impera la “época de la crispación” en la que “hay que ponerse de un lado u otro” de forma irremediable. La neutralidad está prohibida. “Vivimos en la dictadura de los sentimientos y de las opiniones”, censura el director guipuzcoano. Por ello, y entrando a la esencia de ‘Fe de etarras’, del terrorismo de ETA o del soberanismo vasco o catalán, la cuestión va mucho más allá de los meros nacionalismos, de las banderas, sino del “frentismo” en el que se vive hoy en día. “Se dice que los nacionalismos son un horror, ¿pero cuál? El nacionalismo español, catalán o vasco no tiene nada que ver y decir que todos son iguales no es ajustado a la verdad”, defiende.

La culpa de todo, viene a decir, la tiene Twitter. Ya lo dijo Cobeaga, precisamente a través de esta red social, cuando saltó la polémica por la gigantesca lona que ha instalado la plataforma Netflix en San Sebastián para promocionar la película y que ha suscitado la crítica de muchas asociaciones de víctimas de ETA y la intervención en un primer momento de la Fiscalía: “Sólo veo dos diferencias importantes entre ‘Vaya Semanita’ y ‘Fe de etarras’: que en 2003 ETA seguía en activo y que no existía Twitter”. El terrorismo etarra ha desaparecido (es “la gran noticia”), pero el terrorismo de las redes sociales cada vez es más sangriento. “Las redes sociales están permitiendo dogmatizar mucho y ser muy sectarios. Todos los días hay una capacidad descomunal para rasgarse las vestiduras por algo”, señala.

Cobeaga lo tiene muy claro. Hoy en día, con la amenaza de Twitter, sería “inviable” que un programa como ‘Vaya Semanita’ permaneciera en antena más de dos telediarios. “Fue fundamental que ‘Vaya Semanita’ naciera en la época donde no hubiera Twitter porque alguien se indignaría, montaría un pollo y el programa desaparecería”, expone. “¿Dónde estaríamos entonces (si hubiera habido Twiter)”, le interpela Cobeaga a San José. “En la cárcel”, responde sin dudarlo el guionista.

La polémica lona

‘Fe de etarras’ se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián en la gigantesca sala del Velódromo con capacidad para 3.000 personas como preludio al estreno de este 12 de octubre en Netflix (curiosamente la fecha elegida corresponde con el Día de la Fiesta Nacional de España). El filme es posterior en el tiempo a ‘El negociador’ y ‘Aupa Josu’, pero es anterior en la concepción a las otras dos películas que integran la trilogía de ETA de Cobeaga-San José. Ya en 2004, con la banda terrorista operativa, la idea de encerrar en un piso franco a un comando terrorista convivía en unas páginas si bien mantenía en las trincheras a los que ponen la pasta. Hasta que llegó Netflix. Desde entonces, el proyecto ha “cambiado mucho” hasta llegar a esta tragicomedia sobre el fin de ETA desde el patetismo de unos etarras que quieren montar un gran atentado para revertir la decadencia de la banda terrorista. “Siempre hemos tenido ganas de hacer esta historia pero me alegra más que la hayamos hecho ahora porque me parece más interesante contar el fin de ETA que contar la experiencia de un comando cuando estaba en activo”, señala su director. El guion ha ido evolucionando a la par que la realidad iba transformándose.

Secuencia de la película 'Fe de etarras' (Netflix)
Secuencia de la película 'Fe de etarras' (Netflix)

Resulta “evidente” que no es posible separar ‘Fe de etarras’ de Netflix, de su campaña promocional. “Es muy curioso porque los directores nos quejamos de que no se promocionan las películas y ahora no ha sido así”, afirma Cobeaga para defender esa gigantesca lona que se ha convertido en lugar de peregrinación de muchos espectadores durante el Festival de Cine de San Sebastián. “A lo mejor Diego y yo logramos que dejemos de ser los autores de ‘Ocho apellidos vascos’. Ahora seremos los de la lona”, ironiza. Descartado que el mensaje pueda ofender a las víctimas de ETA (critican que se hayan dado “lecturas imposibles o muy difíciles de llegar”), San José defiende la estrategia de Netflix. El cartel, según expone, cumple con “su función de dar a conocer una película” y ahora le toca a hablar a la pantalla. “Prefiero una lona como esa que provoque y que mucha gente hable de la película a una lona coherente con la película y que no hable nadie de ella. Había que hacer que la película estuviera en el mapa para que luego llegáramos nosotros con la película. Cada uno hace su trabajo”, sostiene.

Cobeaga y el resto del equipo de 'Fe de etarras' durante el estreno en el Festival  de San Sebastián. EFE
Cobeaga y el resto del equipo de 'Fe de etarras' durante el estreno en el Festival de San Sebastián. EFE

Inspiración en lo cercano

En el piso se retrata la vida de un comando de ETA pero en la calle, por contraste, se recrea el “mayor ataque de españolidad que ha habido en el último siglo” con el mundial de fútbol de Sudáfrica que ganó España en 2010 (la escena de la celebración del gol de Iniesta en la final ante Holanda se grabó pero no se ha incluido en el metraje final). En el sentido iconográfico hay elementos en la película que no eran intencionados y que hoy dejan de tener su sentido banal para cobrar una dimensión relevante por la estricta actualidad. Es el caso, por ejemplo, del grito “a por ellos, oe, oe, oe” o “yo soy español”, antes asociado a los ánimos a la selección española y ahora vinculado al apoyo a la Guardia Civil en su salida hacia Cataluña para ganar el partido soberanista que tiene al Govern como adversario.

La realidad exige la pregunta. ¿Para cuándo una tragicomedia sobre el ‘procés’? De hecho, no sería nada nuevo para ellos. Ya llevaron al terreno catalán los ocho apellidos vascos. “Para mí lo difícil es no hacerla”, expone Cobeaga. Aunque la historia, de surgir, no va a tener la firma de esta dupla guipuzcoana. “No es algo que nos propongamos. Estoy seguro de que un guionista catalán, no sé si ahora o dentro de unos años, la tendrá que hacer. De hecho, sería bueno para todos nosotros que hubiera una comedia con todo lo que está pasando en Cataluña y lo que falta. Alguien tiene que hacer estas comedias pero nosotros no podemos hacer todos los nacionalismos en el cine. Como espectador si me encantaría que alguien haga una comedia con todo esto de Cataluña porque hay elementos en el caldero para hacer un comedión del tema serio”, subraya San José.

Secuencia de la película de Netflix 'Fe de etarras'.
Secuencia de la película de Netflix 'Fe de etarras'.

‘Fe de etarras’ no va a llegar a las salas comerciales. A buen seguro que la polémica previa dará paso a la polémica por el contenido, por el tratamiento que da a los etarras, por la supuesta frivolización en torno a unos personajes que en la vida real acumulan una sangrienta trayectoria de casi un millar de víctimas. Habrá censura de algunos sectores pero la que no ha aparecido (ni aparecerá) será la autocensura de sus responsables. “Si nos impusiésemos autocensura no haríamos comedia de este tipo”, señala Cobeaga, quien se quita la etiqueta de “transgresores”. “No tenemos un instinto transgresor, lo que nos inspira es hacer comedias de lo cercano que hemos vivido en este país y contar nuestra historia. Nos interesa contar qué ha pasado en los últimos años en el País Vasco y levantar una sátira sobre lo que ha estado presente”, enfatiza.

Y de nuevo se vuelve a Twitter. En este partido de las redes sociales, la autocensura sigue estando en el banquillo de Cobeaga y San José por mucho que vayan perdiendo por goleada. “Es muy importante que quienes hagamos comedia jamás cambiemos nuestra manera de trabajar por mucho que Twitter pueda pronunciarse. Más allá de polémicas, la gran derrota sería que perdiésemos la comedia. Podemos perder Twitter pero no la comedia”, zanja San José.

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