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De mujeres guerrilleras, cerveza y música: así es el festival más exclusivo de España

El grupo franco-cubano La dame blanche ha sido la gran sensación de la primera edición del Son Estrella Galicia Posidonia, celebrado este fin de semana en Formentera

Foto: Yaite Ramos, vocalista de La dame blanche
Yaite Ramos, vocalista de La dame blanche

Y entonces llegó ella. Fue el segundo día. Más bien la segunda noche. Yaite Ramos Rodríguez pisaba el escenario sabatino del Son Estrella Galicia Posidonia con sus tacones altos de charol blanco, puro en mano. De fondo, el Mediterráneo se abre desde la Playa de Mogjorn, en la cara sur de Formentera. De frente, las gradas -llenas- del mítico Blue Bar, reliquia viva del sueño hippie reconvertido en exclusividad chic. Tacones y habanos. Una paradoja visual que condensa la esencia de Ramos y su grupo, La Dame Blanche, un cóctel explosivo y posmoderno de electrónica, hip hop, cumbia, clásica, una fusión milagrosa que ahora suena a M.I.A. -si M.I.A., aparte de un gran sentido del espectáculo, tuviera formación musical clásica-, ahora a La Pantoja, una Pantoja feminista, rebelde y cubana, una Pantoja que rima el impago de facturas, los cuernos, la violencia sexual y el empoderamiento femenino con una lengua afilada, unas caderas desatadas y un arte nato para las mezclas —a priori— imposibles. Lo mismo se santigua que señala la entrepierna. Y el público se vuelve loco.

"Mi padre es músico, es director de la orquesta Buena Vista Social Club, excelente músico, él y mucha gente de mi familia son grandes músicos cubanos", explicaba Ramos caña mediante. "Soy flautista clásica. Soy madre. Soltera. Fui esposa. He pasado todas las calamidades posibles. Y llegó un momento en mi carrera como músico profesional en el que me di cuenta de que tenía que liberarme de ser la idea de ser la mejor cantante de latin jazz o la mejor flautista clásica. Me di cuenta de que sólo tenía que ser yo. El rap me gusta. Me encanta. Me gustaría ser una gran emce". Una músico de conservatorio que defiende sin rubor el valor del hip hop contemporáneo. Fuera etiquetas. Fuera prejuicios. Fuera clasismo en fondo y forma. "El hip hop está poco considerado, pero tiene una fuerza y un poder, tienes muchas palabras y puedes decir muchas cosas que no podrían estar en un simple tema de latin jazz".

La dame blanche en el Son Estrella Galicia Posidonia. (Estrella Galicia)
La dame blanche en el Son Estrella Galicia Posidonia. (Estrella Galicia)

"Hay mucha tripa en mi música: estoy hablando de mi hermano, de mis propios vecinos, de mi propia vida. Cuando se trata de esas cosas, tú lo defiendes con otro nervio". La Dame Blanche apabulló sobre el escenario, que acabó lleno de mujeres bailando frente a un público extasiado. Si el éxito de un festival se mide por el número de comentarios, los corrillos post-concierto fueron todos suyos.

La Dame Blanche: "El hip hop está poco considerado, pero tiene mucha fuerza y poder"

Sus letras vienen de la calle, de su barrio, de su gente. Que, aunque ella lleve años viviendo en París y girando por todo el mundo, todavía está en La Habana. "No hablo mucho de política porque soy cubana, y es un tema complicado. Mi fuerte es dar voz a los que no la tienen. Y yo la escribo, la canto y la lloro a veces en el escenario".

Con un tutú blanco virginal, pero acompañando sus bailes con movimientos de 'twerking' y perreo. "Me dejo la libertad de ser sexy cuando quiero ser extremadamente sexy. Pero yo tengo mucho más que vender. Yo tengo un mensaje, que es el de que puedes ser como quieras. Ese es mi mensaje. Las mujeres se identifican mucho con La Dame Blanche. Las mujeres somos todas unas guerrilleras".

La revolución de las mujeres

Y de una guerrillera explosiva a una guerrillera lánguida. Christina Rosenvinge partía como la gran estrella del festival y fue ella, junto a la cantautora barcelonesa María Rodés y al proyecto Partisan Seed del portugués Filipo Miranda, quienes abrieron las actuaciones del festival. A principios de este año, la página web Mujeres y Música publicaba un estudio sobre el papel de las artistas femeninas en los festivales de música patrios. Y el dato era desolador: el Sónar, el más paritario, contaba con una presencia femenina del 22%, es decir, 40 de las 179 artistas del cartel eran mujeres. El que peor parado salió fue el Viñarock con un 3,13%: 15 de los 479 artistas eran mujeres. En ese sentido, el Son Estrella Galicia Posidonia ha ido más allá y de los nueve grupos y artistas en solitario del cartel, cinco giran alrededor de una artista femenina.

Christina Rosenvinge en un momento de su actuación. (Estrella Galicia)
Christina Rosenvinge en un momento de su actuación. (Estrella Galicia)

Rosenvinge eligió en su repertorio una de las canciones de su disco 'La joven dolores' —que precisamente nació en 2011 de un retiro espiritual en la isla Pitiusa—, 'Tu sombra', en la que se atreve a dar un vuelco al género de las 'murder ballads' —balladas de asesinatos, vendría a ser en español, en las que el hilo conductor es un crimen pasional de mano de un hombre—. Manteniendo a Nick Cave en el altar, una se plantea cosas. "Era mi dulce cazador/ (al anochecer)/ Me protegía su calor/(al anochecer)/ Me partió el labio/ con desdén/ Me dijo: esto es amor también", canta Rosenvinge en 'Tu sombra', antes de que la protagonista tenga que huir en la noche después de la siniestra —y criminal— aparición de un arma blanca.

Christina Rosenvinge escribió su disco 'La joven Dolores' tras un retiro espiritual en Formentera

Entre las bandas internacionales, ha sido otra mujer quien ha liderado uno de los conciertos más esperados del festival. La nigeriana-londinense Eno Williams, cantante de la banda Ibibio Sound Machine, demostró en su concierto que, además de un chorro de voz, tiene una habilidad mágica para conjurar música africana con el disco-funk ochentero y atreverse con el ibibo —lengua nigeriana— envuelto en un sonido retrofuturista.

¿Pagarías por un festival sin cartel?

Al BBK por Depeche Mode. Al Resurrection por Rammstein. Al FIB por los Red Hot. ¿Quién es el cabeza de cartel? Festivales con cabezas de cartel que arrastren a los miles de fans necesarios para amortizar un presupuesto millonario. Una lucha de pirañas por el imán más potente para sobrevivir un verano más a una geografía en la que los festivales proliferan como esporas. Sobrevivir fidelizando a un nicho cada vez más específico. A la caza del 'millennial'. Del cuarentón urbanita desacomplejado. Del guri de bolsillo generoso. Por eso llama la atención que el Son Estrella Galicia Posidonia guarde su cartel como un secreto de Estado, siguiendo la tradición que inauguró hace siete años el festival Sinsal en la Isla de San Simón, que ganó el reconocimiento al Mejor Festival de Pequeño Formato en los Premios Fest 2016. Tírate de espaldas, festivalero, que yo te recojo. Porque ¿quién se gasta 150 euros —mínimo— en una entrada de tres días, a lo que hay que sumar alojamiento más vuelos para acudir a la primera edición de un festival de música sin saber el tipo de música que va a escuchar?

Asistentes al festival. (Estrella Galicia)
Asistentes al festival. (Estrella Galicia)

Marcos, 40 años. Vigués. Soltero. Ingeniero. Melómano. Calendario laboral de muchas horas extra y pocos festivos. Fan de Tool. "¿A mí que me atrajo de este festival? El misterio siempre es atractivo. No sabes a qué tipo de gente vas a ver, pero siendo 300 personas máximo, se va a establecer cierto tipo de comunicación en un concierto o en una excursión y normalmente vas a hablar de cosas que de otra manera a lo mejor no hablarías. Yo tengo amigos que cuando les conté que iba a un festival cuyas bandas no conozco, cuyas actividades no conozco, me llaman paleto". Lo que luego cuenta es que además de un cartel fantasma, la entrada trae consigo tres días de comidas cocinadas por chefs con Estrella Michelín y cerveza como para regar un estadio de fútbol.

Y baños en calas paradisíacas con macro yates de lujo fondeados en la lejanía. Además de actividades para conocer la fauna, flora y peculiaridades de la isla y de donar el 33% de la recaudación a la protección de la Posidonia oceánica, la planta acuática responsable de la calidad de las aguas de la isla —conocidas por su transparencia y su vibrante color turquesa—: junto a la isla se encuentra la pradera de Posidonia oceánica más grande del Mar Mediterráneo, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 y que un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cataloga como "el ser vivo más longevo" del planeta, con 100.000 años de edad.

Una cita en las antípodas del modelo "yonkilata" y tienda de campaña. Rutas a pie por las playas más espectaculares de Europa, por parque naturales. Un paseo por la vía romana de Sa Pujada y encontrarse dentro de la cueva de Sa Ma Peluda al británico Sam Lee descalzo, tocando canciones tradicionales gitanas e irlandesas con una caja shruti india en un entorno de mística y leyenda. Escuchar al inclasificable Vinicio Capossela en un concierto nocturno en el centro de la plaza del pueblo con barra libre de cerveza. Encontrarse con el folk lírico de Raoul Vignal frente a un acantilado, sentados en pequeños grupos en comunión la naturaleza agreste. Y llegar después a una cala de pescadores, escondida y de difícil acceso, con el agua turquesa de fondo, mientras la cantautora española Sole Parody, con sólo una silla y un ukelele, interpreta con una voz desgarrada canciones de desamor, de relaciones tóxicas, del amargor de la vida. Nunca un ukelele sonó tan triste. Nunca un festival fue tan exclusivo.

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