Memorias

Bruce Springsteen: radiografía íntima del poeta del proletariado

El documental 'Bruce Springsteen. Memorias' traza un retrato íntimo del artista de Nueva Jersey

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El poeta costumbrista cantó al proletariado, aunque nunca pisó una obra, ni unos altos hornos. La empatía que no nace la experiencia es siempre más desprendida. Su padre confundió su pelo largo con un síntoma de holgazanería, pero no puede ser un holgazán quien lleva medio siglo pateándose el mundo con la guitarra a cuestas, porque los callos en las manos y la conciencia de clase no sólo nacen de trabajar en las fundiciones del Ironbound de New Jersey, a veces —no muchas—, también ocurren al abrirse en canal y apretar con la víscera las cuerdas de acero de una Fender. "Creí que Bob Dylan y James Brown habían tenido un hijo", han dicho de él. Pero la realidad es que Bruce Springsteen es hijo de su padre, Douglas, y de su madre, Adele, y de la inmigración italiana e irlandesa y de un barrio proletario y una iglesia católica y de Elvis y de The Animals y The Yardbirds y The Kings y Woody Guthrie y de su tiempo y de la rebeldía juvenil y el desencanto frente al sueño americano.

"Tu música condensa lo principal de ti en lo que a valores se refiere, en cómo ves el mundo y cómo quieres cambiarlo y de qué manera has crecido y qué has necesitado para alcanzar tu madurez y tu edad adulta”, comienza 'Bruce Springsteen. Memorias', el documental dirigido por el británico Nigel Cole —'El jardín de la alegría' (2000)— que acaba de estrenar en España Movistar+ y que es la traslación audiovisual del libro autobiográfico 'Born to Run', publicado en 2016. Poco más puede abrirse alguien que ha convertido la música en su radiografía más íntima; acaso descubrir las caras, los nombres propios y los paisajes urbanos de unos vídeos caseros grabados en Super 8, o unas fotos en blanco y negro sacadas del álbum familiar.

Una imagen de 'Bruce Springsteen. Memorias'. (Movistar )
Una imagen de 'Bruce Springsteen. Memorias'. (Movistar )

Familia. Raíces. Origen. Un concepto único y trino en su pluma de cantautor, la obsesión indispensable de un Springsteen rendido al sustrato y, a la vez, temeroso de él. "Mucha aflicción llego en la sangre de nuestra gente procedente de la 'isla esmeralda'; una grave cepa de demencia que afecta a nuestra familia aquí y que, al parecer, elige al azar a un primo, una tía, un hijo, una abuela y, por desgracia, a mi padre". Una frase que revela un miedo aterrador a verse abocado a seguir la tradición de la estirpe —la losa de la esquizofrenia paranoide— y que explica, quizás, la rima catártica de sus canciones.

Si quería tener éxito, tendría que destacar con la composición de mis cancionesUna rima con la que, además, ha conseguido conectar con un público entregado a él gracias a que él, primero, se ha entregado. "En algún momento, después de una década dedicándome a esto y ganándome la vida con ello, me di cuenta de que no era bueno, pero que había otra gente que tocaba la guitarra igual de bien o mejor que yo; eran artistas que cantaban y que tenían mejor voz que yo. Si quería tener éxito, tendría que destacar con la composición de mis canciones".

Foto familiar de Springsteen
Foto familiar de Springsteen

"La primera vez que cogí una guitarra tenía 6 ó 7 años, después de haber visto a Elvis en el programa de Ed Sullivan" y "mi primer contacto con un tipo de pop con conciencia de clase vino de The Animals". Así podría condersarse el germen de una carrera de más de 50 años y de 120 millones de discos vendidos en todo el mundo. De un artista que ha ido ascendiendo poco a poco, rodeado siempre de su gente, del "compinche" Steve Van Zandt —"una de las amistades más importantes" de su vida— y de Clarence Clemons, el 'Big Man' de la Décima Avenida, de la E-Street Band que se convirtió en su pandilla y que le convirtió a él en su 'Jefe': la imagen más nítida no es la que se compone uno mismo, sino la que reflejan los ojos de quienes nos rodean.

Desde su infancia rebelde a cargo de su abuela, hasta su difícil relación con su padre y la profunda admiración por su madre, el documental se centra especialmente en los vínculos emocionales de Springsteen, que se abre a la visita del espectador como un museo de 'memorabilia'. La relación con su progenitor la describe como más compleja que la de 'Al este del Edén'. De su madre dice que "Su confianza en el trabajo duro, su fe en que la vida le va bien a los mejores, su inagotable energía, su espíritu indomable, siempre riendo con mucho sentido del humor y sin dejar que la tristeza la poseyera durante mucho tiempo. Es algo que siempre ha estado conmigo y que siempre ha encontrado su camino entre la cantidad de alegría que nuestro grupo es capaz de proyectar cada noche". Y, de nuevo, el miedo al legado de la sangre: "Como ya he dicho antes, tengo que tener cuidado".

Una imagen de Patti y Bruce Springsteen
Una imagen de Patti y Bruce Springsteen

Un miedo que —cuenta— desapareció cuando supo que su esposa Patti —una mujer fuerte, inteligente, una artista— le dijo que estaba embarazada de Evan, su primer hijo. Poco antes de que naciera su nieto, Douglas Springsteen viajó 800 kilómetros en coche para ver a su hijo y, a su manera —parca y críptica— pedirle perdón y decirle que, a pesar de la biografía paternofilial, le quería. Y entonces el cantante entendió que, después de separarse de sus padres en la adolescencia —vivió en lo que él llama un "nido para chicos perdidos"—, después de décadas de giras por teatros, salas de conciertos y estadios de todo el mundo, por fin había encontrado lo que hasta entonces había estado buscando a través de sus letras, de su música, de su banda, de su público, de su vida de nómada pegado al estuche de una guitarra. Por fin había encontrado "un hogar al que volver".

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