El dilema 'Titanic': ¿derribar Corea del Norte con misiles o comedias románticas?

¿Cuál es la mejor solución que encontró para democratizar el país asiático? No la militar, ni la diplomática, sino la estrictamente cultural

Foto: Varios viandantes ante una pantalla que muestra al líder norcoreano Kim Jong-un mientras se informa del lanzamiento de un misil. (EFE)
Varios viandantes ante una pantalla que muestra al líder norcoreano Kim Jong-un mientras se informa del lanzamiento de un misil. (EFE)

Thomas Malinovsky fue asesor de la Secretaría de Estado durante la administración Obama. Su misión consistía en contribuir a la emancipación de Corea del Norte, víctima de un régimen neoestalinista. “Cuando acepté el reto, lo primero que pensé es que no había ninguna buena opción de salida para el país, pero luego me forcé a encontrar una aceptable, ya que para eso me pagan”, explica en la prestigiosa web Político. ¿Cuál fue la mejor solución que encontró para democratizar el país asiático? No la militar, ni la diplomática, sino la estrictamente cultural.

Daniel ArjonaDaniel Arjona

Parece un disparate, pero hay que recordar que el llamado “poder blando” ya funcionó durante la Guerra Fría para seducir a la población del bloque soviético y atraer a muchos latinoamericanos al estilo de vida de EE.UU, justo cuando el subcontinente viraba hacia el socialismo. Malinovsky cita un estudio reciente que revela que el 87 por ciento de los desertores del régimen de Kim Jong-un han tenido acceso a reproductores de contenidos difíciles de controlar. “Los mercados negros son ubicuos en Corea del Norte”, explica. La receta del político estadounidense consiste en facilitar al máximo el acceso de los ciudadanos a series juveniles, comedias románticas y contenidos de moda capitalistas, sin olvidar los artículos de prensa que contribuyan a concienciar sobre su situación social.

¿Morir por el régimen o morir de amor?

No es ninguna paranoia incubada en los salones de Washington. La desertora Park Yeon-mi, una millennial que logró escapar del país en 2007, realizó hace tres años estas brutales declaraciones al diario británico The Guardian: “La escena final de 'Titanic' me hizo comprender que algo iba mal en mi país. Toda la cultura en Corea del Norte trata sobre nuestro líder, desde los libros hasta la música, pasando por la televisión. Lo más revelador de 'Titanic' fue el hecho de que el protagonista diera su vida por una mujer, en vez de por su país. Al principio, no era capaz de entender esa mentalidad”, confiesa.

"La escena final de 'Titanic' me hizo comprender que algo iba mal en mi país", declaró la desertora norcoreana Park Yeon-mi

Cuando tenía tan solo nueve años, Park fue forzada a ser testigo de la ejecución de la madre de una compañera de clase. El crimen de la mujer fue prestar una película surcoreana a una amiga. Los vecinos de su localidad fueron congregados en un estadio para ser testigos de la condena estatal. “La mataron ante nuestros ojos. Yo estaba junto a su hija. Todo el colegio fue obligado a asisitir”, recuerda. Park reside ahora en Seúl, donde trabaja para el laboratorio de ideas Freedon Factory Co, al que aporta su visión sobre la dureza de la vida cotidiana en el país de Kim Jong-un. “Todas las películas románticas nos afectaron profundamente, tanto a mí como a mi generación. De repente, ya no queríamos morir por el régimen, preferíamos morir de amor”, afirma.

Morir por ‘Pretty Woman’

“Existen diferentes niveles de castigo”, señala Park. “Si te pillaban con una película rusa o de Bollywood te solían caer tres años de cárcel. Si el filme era de Estados Unidos o de Corea del Sur la pena era ejecución”, señala. A pesar de la traumática experiencia, Park y su familia siguieron compartiendo contenidos, ya que “nos ofrecían una ventana al mundo exterior”. Guiones considerados inofensivos en Occidente adquirían un elevado voltaje subversivo. “Mis favoritas eran 'Titanic', 'Pretty Woman' y la saga de James Bond.

"Si te pillan con una película rusa o de Bollywood te caían tres años de cárcel. Si el filme es de EE.UU o Corea del Sur la pena es la ejecución

La gente traía las copias piratas de China. El precio de uno de estos DVDs supone el equivalente a dos kilos de arroz. Por tanto, son considerados bienes de lujo. “Si yo tenía ‘Blancanieves’ y mi amigo una de James Bond las intercambiábamos”, recuerda. Desde un país occidental, puede parecer que el acceso a un taquillazo de Hollywood nunca compensa el riesgo de ejecución pública, pero Park responde con un argumento imbatible. “No hay diversión en Corea del Norte, todo era muy vulgar, así que estas ficciones nos hacían sentir esperanza, por eso el miedo no nos impedía compartirlas”. ¿Otra frase crucial? “Al régimen no le interesan los deseos humanos. Por eso se prohibían las historias de amor”.

El fracaso del ‘Titanic’ norcoreano

Malinovsky confirma que la subversión simbólica es una de las grandes grietas del estalinismo coreano. “Ahora la información circula en memorias USB y tarjetas de memoria que contienen enormes cantidades de datos. Son formatos fácilmente ocultables entre los bienes que se intercambian con China”. Pocos norcoreanos pueden acceder a la red, pero tres millones disponen de teléfonos móviles, la mayoría de producción estatal. Otros disfrutan de reproductores de DVD de fabricación China. Un número indeterminado acceden a emisoras de radio extranjera -incluso cadenas de televisión- que se sintonizan en distintas partes del país. Además de los contenidos de ficción, muchos norcoreanos han sido testigos de que en China existe mayor libertad para escoger profesión, viaje o ser propietarios de bienes. El contacto con las condiciones de vida de sus vecinos han modificado sus expectativas.

El régimen norcoreano sabe que las ficciones son poderosas, hasta el punto de haber financiado ‘Soul’s Protest’ (2000), considerada su respuesta a ’Titanic’. La cinta se hundió en taquilla a pesar de utilizar tecnología punta, reclutar a diez mil extras y recrear uno de las grandes episodios nacionales, que incluye un desastre naval. Se ha denunciado que Kim Jong-il, obsesionado por el cine, secuestró a un director y una actriz surcoreanos para reforzar la filmografía del país. La historia del suceso se recreó en ‘Los amantes y el déspota’ (2016), un documental británico sobre esta delirante historia. Corea del Norte no escapó a la tendencia de los regímenes totalitarios de querer controlar la industria de los sueños. Fracasar en ese objetivo puede minar el futuro dominio sobre sus habitantes, según los desertores y expertos estadounidenses.

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