pincha la burbuja

Del "no hay entradas" a las cancelaciones: ¿Hay festivalero para tanto festival?

En nuestro país hay 851 festivales de música. En lo que llevamos de año ya se han cancelado 19, los más conocidos el SOS 4.8 y AlRumbo

Foto: Público durante el concierto de Red Hot Chili Peppers en el FIB, celebrado la semana pasada (Efe)
Público durante el concierto de Red Hot Chili Peppers en el FIB, celebrado la semana pasada (Efe)

El Neox Sound ha sido la última víctima de la lista de festivales de música cancelados este verano. Iba a celebrarse el 16 de septiembre en Getafe con Axwell ^ Ingrosso, La Habitación Roja o Second en el cartel, pero la organización comunicó el lunes en las redes sociales que se aplaza hasta nuevo aviso y devolverá el dinero de las entradas. Se suma a otras citas estivales como el SOS 4.8, el Alrumbo de Chiclana, el Ewan Festival, el Festival Tesla Sinfónico de Gijón, el Elrow de Salou, el SunShine Suances o el sevillano Tendencias. Según el Sindicato de Músicos, la nómina de cancelaciones asciende a 19 en un país que mueve su verano a golpe de macrofestivales. De hecho, este fin de semana la cita es en el Low de Benidorm.

En 217 en España hay 851 festivales, según los datos del Anuario de la Asociación de Promotores Musicales, a una media de unos 18 a la semana. En 2014 eran 885. Los diez mayores (Arenal Sound, con 300.000 espectadores; Rototom Sunsplash, 250.000; Primavera Sound, 207.500; Viña Rock, 200.000; FIB, 170.000; AlRumbo, 150.000; Sónar, 115.500; Mad Cool, 102.500; BBK Live, 102.000; Resurrection Fest, 80.500) suman más de 1,6 millones de espectadores y un retorno económico astronómico. Por ejemplo, la primera edición del año pasado del Mad Cool tuvo un impacto de 23,2 millones de euros en la región y se crearon, afirmaron los organizadores, cerca de 2.000 empleos.

Pero mientras la música en directo sigue tirando —el año pasado facturó 223,2 millones de euros rubricando un tercer ejercicio consecutivo de crecimiento— de una industria que ha sufrido el rodillo del IVA y la crisis con caídas de ingresos desde 2011, el año pasado echaron el cierre, al menos, nueve festivales (las cancelaciones más sonadas fueron las de Monegros y el Marenostrum) y este ya roza las dos docenas. Una cifra que se espera aumente durante agosto (puede consultar la relación en #FestivalesCancelados) aunque para la APM es "muy elevada y engordada".

Actuación de Liam Gallagher en el FIB (Efe)
Actuación de Liam Gallagher en el FIB (Efe)

Los hay para todos los gustos: indies, rock, heavy, jazz, flamenco, electrónica, clásicos, nocturnos, diurnos, masificados, íntimos... Los macrofestivales colgaron el 'sold out' meses antes de su celebración, pero el espectro intermedio sufre cada verano las cancelaciones ya sea por desacuerdos con las administraciones, problemas de los promotores, de financiación o climáticos. Dos orillas de un fenómeno que se ha adueñado del concepto de música en directo español y cuyo modelo, aseguran desde el sector, es necesario reordear y regular. ¿Hay una burbuja? ¿Se está pinchando? ¿Hay tanto festivalero como festivales?

"Ahora mismo es el único modelo del que puede sacar provecho la industria musical porque se cree que son viables y pueden dar beneficios para mantenerse todo el año o conseguir buenas colaboraciones con marcas. Es el formato a seguir y casi el único que ha quedado después del nacimiento de internet y la caída de las discográficas. Es normal que se agote la fórmula porque se programan los mismos grupos y no todo el mundo tiene las condiciones profesionales para montarlo porque no es algo que se haga de un día para otro. Es una idea ya caduca. En estos años lo único que se ha hecho ha sido repetir el modelo: un escenario plano, uno o dos grupos famosos, un DJ al final y gente de fiesta. Lo de siempre", analiza Adriano Galante, portavoz del Sindicato de Músicos Activistas de Cataluña.

No es solo eso, añade, sino que el festival se ha convertido en la gallina de los huevos de oro para cualquier localidad y festejo. Apenas hay fiesta patronal sin festival. "Estamos llamando festival a todo. Se montan tres o cuatro conciertos en una sala y ya se le llama festival. Hay público, por supuesto, pero con los festivales se está provocando el efecto fiesta mayor que es ver conciertos solo en festivales y lo que más se resiente es la escena local y diaria". "Hablar de una burbuja hace que el tema se polarice rápidamente: la hay o no. El tema de los festivales es mucho más complejo. Hay muchísimos y de todo tipo. Tantos que empieza a existir una cierta saturación porque bandas nacionales no hay tantas", agrega David García Aristegui, portavoz de la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras, a la par que cita la célebre 'noticia' de 'El Mundo Today' del Sin Love of Lesbian Festival.

!!! en esta edición del BBK Live (Efe)
!!! en esta edición del BBK Live (Efe)

Para Albert Salmerón, presidente de la APM, aunque en España "la oferta ha ido por delante de la demanda", el debate sobre la burbuja es "aburrido y cansino". "Mientras haya promotores y organizadores que tengan ganas de hacer cosas y haya público que lo recoja lo de la burbuja no será cierto. No sé si existe o no, lo que sé es que los festivales funcionan —hay fracasos obviamente como en todos los ámbitos—, la gente sigue yendo y los grandes festivales están teniendo cada vez cifras mejores, lo cual explica que es un modelo de ocio que se ha extendido".

"La salud de los festivales es, en general, buena. Es un panorama muy amplio, que nada tiene que ver con hace unos años, y bueno porque hay muchos que han crecido, se han consolidado y son referencia de sus estilos y tendencias sonoras no solo en España sino en todo el mundo, lo cual no es nada fácil", subraya Salmerón. Eso no quita para que "haya experiencias que fracasan como en cualquier ámbito por causas que van desde la mala organización al amateurismo o problemas en las relaciones con las instituciones".

Precariedad y trato desigual

¿Es razonable el actual modelo de festivales? Por un lado, afirma García Aristegui, "no son una plataforma óptima para las bandas que empiezan. De hecho, los festivales está dejando muy tocada a la cultura de salas. El problema es que no hay bandas que vivan de los festivales, solo benefician a las consagradas". A esto hay que sumar, a pesar de que proliferan y se habla de retorno y turismo, que "las condiciones laborales son manifiestamente mejorables. Las instituciones deberían hacer mucho más con la regulación y exigir unas condiciones más dignas para músicos, técnicos y trabajadores de barras".

Jacques en esta edición del Sónar (Efe)
Jacques en esta edición del Sónar (Efe)

Lo primero, explica, es que no hay una regulación específica. Además, "se debe hacer mucho más en prevención de riesgos y salud laboral para que no ocurran cosas como la que desgracidamente pudimos ver en el Mad Cool". La tercera pata es la de las condiciones laborales de las bandas, especialmente nacionales y emergentes. "Se debe remunerar en condiciones y no maltratar a las bandas nacionales como denunciamos que pasó en el Fasse Rueda. Las que empiezan tocan a las cuatro de la tarde en unas condiciones deplorables, no se les paga o se les paga poco y en negro u obligándoles a hacerse falsos autónomos".

En este sentido, Galante reclama una tercera vía para la gran cantidad de festivales de clase media que pueblan la geografía española que no es otra que un contrato laboral con alta en la Seguridad Social, dietas y gastos de desplazamiento y estancia. "En realidad, debería ser la primera vía porque empiezas y lo que te ofrecen es un contrato mercantil con un punto donde se eximen de toda responsabilidad laboral, que seas un empresa o cobrar en negro. Esta tercera vía la reclamamos, sobre todo, para los grupos más necesitados y precarios que no pueden costearse ni un alta y a los grandes festivales que dependen incluso del dinero público. Deberían estar obligados a contratarlas al menos en esos primeros años". El problema, añade, es que "hablar de ello en este sector es como hablar de revolución. Provoca muchos enfados, pero en realidad conseguiría generar una escena mucho más solida y estable. Provocaría grandes cambios. Estamos seguros".

La radiografía, insisten ambos, no debe quedarse solo aquí. También hay que mirar a técnicos y otros trabajadores de los festivales como los camareros. "Hay que ver la fotografía completa. Hay cosas inaceptables seas amateur o profesional, si te subes a un escenario hay que hacerlo en unas condiciones dignas. Una banda no puede cobrar 200 o 300 euros por tocar en un escenario con una marca gigante de cervezas detrás y que no perciba nada por esa presencia de la marca o que no le paguen gastos de transporte y comidas. Un técnico no puede trabajar 15 horas seguidas", señala Galante. En este sentido, los técnicos están empezando a organizarse en el colectivo Ya no te Crew y han denunciado casos de explotación y turnos de hasta 20 horas seguidas como grabó (en el vídeo de abajo) el técnico de sonido Ramón Sendra en el festival de Jazz de Barcelona.

Ante esto, Salmerón explica que lo habitual es que los festivales contraten todos sus servicios con terceras empresas tanto en el caso de los músicos como en la parte técnica y de hostelería. "Lo normal en los festivales que pertenencen a la APM es contratar a las bandas a través de sus agencias de contratación y management firmando un contrato entre dos empresas. Es un contrato de servicio con las empresas que representan a los artistas". ¿Y las bandas pequeñas que no tienen agencia? "Normalmente todas las bandas están acostumbradas a tener una agencia de management", responde.

Lo mismo pasa en la parte técnica o las barras. "Un festival es un evento en el que tienes que contratar una serie de tareas en las que no eres un experto y para ello contratas a empresas de servicios especializadas", garantiza. Salmerón afirma que a la asociación que representa "no nos han llegado denuncias de ese estilo" sobre técnicos o trabajadores que se quejan de jornadas maratonianas y condiciones laborales abusivas. García Aristegui y Galante, por su parte, reclaman que se abra una negociación colectiva. "Urge una patronal de festivales que interaccione con las instituciones para que todo sea más fluido y con los sindicatos para tener una regulación", zanjan.

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