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La gran frustración: Olmedo resucita al Cervantes dramaturgo

La sombra del Quijote es tan alargada que festival vallisoletano hace brillar a su padre encima de las tablas con la recuperación de 'El rufián dichoso' y la cómica 'Barataria'

Foto: 'El rufián dichoso', de Cervantes (Turismo Olmedo)
'El rufián dichoso', de Cervantes (Turismo Olmedo)

El Cervantes dramaturgo pasa tan desapercibido hoy como entonces. El teatro fue una de sus grandes pasiones y frustraciones porque mientras Lope de Vega triunfaba en las tablas del Siglo de Oro con sus comedias populares, la producción dramatúrgica de Cervantes ha sido injustamente poco apreciada y representada. Más allá de sus 'Entremeses' y con la alargada sombra del Quijote, apenas se han visto sus obras de teatro. Pocos conocen las ocho comedias que escribió y mucho menos la única de santos, una picaresca llamada 'El rufián dichoso' que ahora ha recuperado la Fundación Siglo de Oro en coproducción con la UNIR y que este fin de semana se ha podido ver en el festival Olmedo Clásico (hasta el 23 de julio).

"Cervantes va mucho más allá", asegura Rodrigo Arribas, codirector del montaje junto a Verónica Clausich. "Creo que es nuestra mayor responsabilidad no tanto revisitar de forma continua los mismos textos de los mismos autores por entes que tienen la capacidad de emplear todo su tiempo y sus recursos sino revalorizar una forma de repertorio que sigue escondido y tratar de desencriptar y descubrir a los autores que tenemos porque creo que, de alguna manera, como representa 'El rufián dichoso', hay todavía mucho diamante en bruto que pulir". Benjamín Sevilla, director de Olmedo Clásico, por su parte, pone el acento en la importancia para la recuperación del patrimonio clásico español de estas propuestas. "No es un patrimonio tan conocido pero hay que sacarlo y ponerlo en valor, y las compañías que se atreven a hacer este tipo de textos deben estar presentes en los festivales porque son textos que se deben recuperar y exhibir. Son textos no tan conocidos, pero no por ello tienen menos calidad", zanja.

'El rufián dichoso' no es una comedia fácil. Escrita entre 1605 y 1615 en la última etapa de Cervantes, el verso, las expresiones antiguas y el hecho de estar ante una comedia de santos cuya intención en la época era moralizante y de trascendencia hoy resultan, por momentos, lejanos. La Fundación Siglo de Oro sigue recuperando con tino esos textos desconocidos, como ya hiciera hace dos años por ejemplo con 'Mujeres y Criadas', el texto inédito hasta la fecha de Lope de Vega, y haciéndolos atractivos y accesibles al público del siglo XXI. "Es una narrativa al que no estamos acostumbrados nosotros como trabajadores del teatro del Siglo de Oro y tampoco el público. Tiene una forma más ecléptica de construcción de una narrativa que ha sido trabajada profundamente por José Padilla [adaptador], pero estamos satisfechos porque creemos entender cuál era el principio y motor de Cervantes a la hora de contar esta historia", afirma Arribas.

La Fundación Siglo de Oro representa 'El rufián dichoso' (Turismo Olmedo)
La Fundación Siglo de Oro representa 'El rufián dichoso' (Turismo Olmedo)

El pique Cervantes-Lope

La obra cuenta la historia de la conversión de este pícaro sevillano llamado Cristóbal de Lugo, criado por el inquisidor don Tello de Sandoval, que tras una vida de mujeres y duelos, terminará en México convertido en fraile y santo. En el fondo, explica Arribas, en esta obra tanto su protagonista como el propio Cervantes buscan el reconocimiento porque en 'El rufián dichoso' el manco de Lepanto también reflexiona acerca de la evolución del teatro ante el éxito de la nueva forma creada por Lope de Vega.

De hecho, en la obra se alude, por ejemplo, a cómo ese nuevo teatro "ha reducido a tres de los cinco actos" pretendiendo afear la fórmula popular de un Lope que también se salta las entonces convenciones de acción, tiempo y lugar. "Cervantes transigió a la propuesta. Lo que hace, no estando muy a gusto, es, al servicio de la comedia geográfica y de su absoluta necesidad de ser representado, justificar el hecho de hacer algo que no le podía terminar de convencer", analiza Arribas.

"¿Por qué no representar a Cervantes sería la pregunta?", dice Arribas a este periódico sobre el escaso reconocimiento del Cervantes dramaturgo. "Creo que en los textos dramatúrgicos de Cervantes se debería haber empleado mucho más tiempo y recursos. Sí es cierto que el desbordante talento de esa forma de narrativa que terminó por imponerse, en el que mayor representante fue Lope y coetáneos como Calderón que se adscribieron a esa forma de evolución basada en la negación de los principios aristotélicos de la comedia y que viene representada en nuestra puesta en escena con este texto que habla del teatro desde la metateatralidad, es bastante complicado y sigue siendo un arduo trabajo", responde.

Cervantes, el hombre de teatro

'El rufián dichoso', que viajará por España, México, Colombia y Estados Unidos, no es la única presencia cervantina de esta edición número 12 de Olmedo Clásico. A ella se ha sumado el divertido familiar 'Sancho en Barataria', de Azar Teatro', y 'Barataria', de Teatro Corsario, que se pudo ver anoche en la preciosa Corrala Palacio del Caballero. Una comedia que fusiona el episodio de la ínsula mandada gobernar por Sancho Panza con los momentos de soledad de los protagonistas de la novela.

'Barataria', de Teatro Corsario basado en Cervantes
'Barataria', de Teatro Corsario basado en Cervantes

Su director, Luis Miguel García, ha creado de una puesta en escena profundamente quijotesca basada en el juego entre la razón y la locura. "Cervantes era un hombre de teatro. 'El Quijote' contiene diálogos enjundiosos, situaciones conflictivas y una ironía desatada para poner en solfa la sociedad en la que vivía. Nuestra humilde aportación indaga sobre el hombre en sí: el que se sostiene en la realidad y el que puede alumbrar otra realidad", afirma sobre este montaje que enfatiza la necesidad del otro posando la mirada en esos episodios menos famosos en los que tanto el hidalgo manchego como su escudero estuvieron solos convirtiéndose, sin pretenderlo, en el espejo del otro.

Arribas, por su parte, ahonda en esta necesidad de recuperación teatral del escritor. "Es un autor en el que se debería invertir más tiempo y más recursos a la hora de tratar de desencriptar cuál era la propuesta teatral cervantina" y subraya "esos rasgos de atemporalidad y absoluta contemporaneidad que nosotros identificamos en el texto y que son transversales en el resto de sus textos". Porque, como escribió el propio Cervantes, "en algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia". Y Olmedo Clásico mira este mes a los de Cervantes para seguir buscando un sentido a este mundo de gigantes y molinos, cautivos, celosos y rufianes.

Olmedo y el patrimonio de la lengua

Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, pero también Shakespeare o San Juan de la Cruz pasarán por la preciosa Corrala Palacio del Caballero. Olmedo Clásico vuelve un año más (hasta el 23 de julio) con un compromiso claro con los textos menos conocidos de los autores del Siglo de Oro que sabe conjugar con gusto con los clásicos aúreos en una apuesta clara por exhibir el patrimonio teatral español.

"Los clásicos son nuestro patrimonio. Es como el que ve un cuadro y considera que es una pieza de arte. El patrimonio de la lengua también es una obra de arte que debe permanecer en el tiempo y el festival es un modo de exhibir ese patrimonio que debe permancer", afirma Benjamín Sevilla, director de la cita ulmentense.

Fiel a ese espíritu, Olmedo Clásico arrancó este fin de semana con 'Fuente Ovejuna', de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, y contará con títulos como 'Hamlet', del Teatro Clásico de Sevilla, o 'La luz oscura de la fe', de El Brujo. En el otro extremo, a 'El rufián dichoso', de Cervantes, se suman otros dos títulos apenas vistos de Calderón como son "Eco y Narciso', dirigido por David Martínez, y 'La hija del aire', a cargo de la Compañía Nacional de Teatro de México. "Son textos poco conocidos, pero no por ellos tienen menos calidad", asegura Sevilla consciente de la responsabilidad de seguir formando al público en el teatro del Siglo de Oro.

"El público es el destinatario y el principal protagonista. Gracias a él podemos hacer cada edición una nueva edición. Hay 200 abonados que garantizan ese público constante y que año tras año renuevan su confianza en el festival, que es lo más importante porque sin público no hay un festival", añade el responsable de una cita que cada año tiene más fieles dentro y fuera de esta pequeña villa de poco más de 3.700 habitantes. 

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