de la inauguración de bombas gens a las cabezas de valdés

Por qué Valencia ha vuelto a ser referencia del arte contemporáneo (y no es por el IVAM)

La ciudad recupera el dinamismo y la atracción como foco de arte moderno 28 años después de inaugurarse el icónico museo, aún en horas bajas, gracias a propuestas de la iniciativa privada

Foto: 'La mariposa', una de las seis cabezas gigantes de Manuel Valdés expuestas en los lagos de la Ciudad de las Ciencias de Valencia.
'La mariposa', una de las seis cabezas gigantes de Manuel Valdés expuestas en los lagos de la Ciudad de las Ciencias de Valencia.

La inauguración del centro artístico Bombas Gens, las grandes esculturas de cabezas femeninas de Manuel Valdés patrocinadas por la Fundación Hortensia Herrero, o la revitalizada Fundación Bancaja vuelven a despertar el interés por el arte contemporáneo en la ciudad de Valencia, la misma que hace casi tres décadas fue la primera del país en apostar por un museo moderno dedicado en exclusiva al arte contemporáneo, el IVAM, un sueño que en su época ya pidió sin éxito Joaquín Sorolla, quien finalmente donaría su legado a Madrid y no a su ciudad natal, donde es popularmente venerado.

Desde que se inaugurara, en 1989, el Instituto Valenciano de Arte Moderno, se convirtió en un icono cultural. Impulsado por Tomàs Llorens y fundado sobre una extraordinaria compra del fondo familiar del escultor Julio González –el Picasso de la escultura de las vanguardias– y el legado de los descendientes de Ignacio Pinazo, el IVAM pronto se convertiría en referencia internacional y ejemplo a seguir para la museística contemporánea española. El museo valenciano, bajo el mando técnico de su conservador jefe, Vicent Todolí, se convirtió en una maquinaria cultural de primer orden. Sus exposiciones atraían a artistas y curators de todo el mundo, y su colección fue aumentando con auténticos tesoros adquiridos mediante inteligentes estrategias que solían incluir muy buenas donaciones.

Una de las salas de Bombas Gens Centre d'Art en Valencia. (EFE)
Una de las salas de Bombas Gens Centre d'Art en Valencia. (EFE)

El IVAM apostó por las vanguardias de los años 30 y 40, por el neoplasticismo y el constructivismo, la abstracción, el arte pop y la fotografía histórica, siempre buscando artistas de calidad pero accesibles y siempre bajo una óptica internacional. Su colección es, sin duda, una de las mejores de arte contemporáneo del país –y de Europa– a pesar de no poder contar con grandes obras de las figuras cenitales del siglo XX. El prestigio del museo ha sido tal que de sus sucesivos equipos se han nutrido muchos museos del mundo: el mismo Todolí recaló en el Serralves de Oporto y desde ahí saltó como conservador jefe a la Tate Modern de Londres; Juan Manuel Bonet pasó del IVAM al Reina Sofía y recientemente al Instituto Cervantes; Bertomeu Marí se fue al Witte de With de Rotterdam y luego a dirigir el Macba; Nuria Enguita dirigiría la Fundación Tàpies; Emmanuel Guigon es el actual director del Museo Picasso de Barcelona; Enrique Juncosa aterrizó desde Valencia en el museo de Dublín, el IMMA…

El nuevo empuje creativo no lo lidera el museo contemporáneo sino que llega avalado por capital privado con vocación de dinamizar la vida cultural

Pero el IVAM necesitaba un tratamiento de choque antiedad. Sus colecciones se han revalorizado pero su presupuesto no ha hecho más que menguar. Apenas si dispone de recursos para adquirir nuevas obras y apenas puede mejorar sus instalaciones. Mientras las escalinatas de acceso al museo muestran señales inequívocas de deterioro y tras unas últimas direcciones artísticas no exentas de polémicas y hasta de denuncias en los juzgados, el proyecto de ampliación que se impulsó en la época expansiva bajo el gobierno del PP, ha quedado definitivamente arrumbado. El IVAM ya no tendrá una cubierta gigantesca, tan espectacular como apabullante, diseñada por los arquitectos de Sanaa, el equipo japonés que años después ganaría el Pritzker. El museo valenciano se tendrá que conformar con inaugurar un jardín de esculturas al aire libre en las parcelas que en su día se expropiaron para hacer el proyecto de Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa. Un pequeño jardín en su trasera que se inaugurará en breve con un proyecto del artista callejero Escif y obras de Lüpertz, Tony Smith, Kirkeby, Palazuelo y los valencianos Miquel Navarro o Andreu Alfaro.

Nadie resta valor a lo que representa y representó el IVAM y sus fondos artísticos, pero es evidente que sus apreturas presupuestarias le han ido restando protagonismo. En los 28 años que han transcurrido desde su inauguración, además, el país se ha llenado de museos de arte contemporáneo, en una primera oleada en casi todas las grandes ciudades sedes de las autonomías, y en un ulterior periodo en la práctica totalidad de las capitales provinciales de España. Pero ahora Valencia parece desperezarse con nuevas iniciativas creativas desplegadas recientemente. Lo hace, sin embargo, con un nuevo empuje que no lo lidera el museo contemporáneo u otros recintos tutelados desde las administraciones públicas, sino que llega avalado por capital privado con vocación de dinamizar la vida cultural local, nacional y también internacional.

Galeristas históricas como Juana de Aizpuru y Oliva Arauna o de la nueva ola como Elba Benítez o Inés López-Quesada han dado el plácet a Bombas Gens

Y así fue como volvieron a aparecer por Valencia algunos representantes de ese selectivo club que representa el arte contemporáneo durante la inauguración el pasado viernes del centro llamado Bombas Gens. Galeristas históricas como Juana de Aizpuru y Oliva Arauna, o de la nueva ola como Elba Benítez o Inés López-Quesada, se dieron cita en el nuevo espacio artístico junto a artistas como Juan Uslé o Cristina Iglesias, un nuevo centro de arte ubicado en el interior rehabilitado de un espacio industrial con una fábrica art-decó obra de Cayetano Borso di Carminati, cuyo nombre respeta el de la primitiva metalurgia dedicada a las bombas hidráulicas. El edificio, restaurado fundamentalmente por Ramón Esteve, se extiende sobre 6.000 metros cuadrados de los cuales 2.600 son expositivos, con una gran sala central de cerca de 600 y una altísima cenitalidad, producto de la iniciativa del matrimonio que componen José Luis Soler y Susana Lloret.

El escultor Manolo Valdés, con una de sus cabezas en la Ciudad de las Artes de Santiago Calatrava. (EFE)
El escultor Manolo Valdés, con una de sus cabezas en la Ciudad de las Artes de Santiago Calatrava. (EFE)

Ambos han creado una colección propia que catalizan a través de la denominada Fundació per Amor a l’Art (Fundación por Amor al Arte) y que incluye desde esculturas de Ángela de la Cruz y Juan Muñoz, óleos de David Reed o Hemo Zoberning, pinturas de gran formato de Miguel Ángel Campano o José María Sicilia y Dukupil, así como diversas piezas del expresionista segoviano Esteban Vicente o instalaciones de los portugueses Joao Gusmao y Pedro Paiva. No obstante, el hilo conductor de su colección de más de 1.300 piezas son las series completas de fotografías o foto-libros completos de artistas contemporáneos sobre las que fundamentar exposiciones, desde clásicos como Walker Evans, Renger-Patzsch o los desnudos de Irving Penn, a otros más actuales pero no menos conocidos como Robert Mapplethorpe, Richard Hamilton, Thomas Ruff, Hamish Fulton y diversos de los mejores fotógrafos japoneses, como Nobuyoshi Araki, de quien se ha adquirido una serie sobre flores.

Víctor Romero. ValenciaVíctor Romero. Valencia

Tras la composición de la colección está la mano del citado Vicent Todolí, una de las figuras clave del universo del arte contemporáneo internacional, exdirector de la Tate Modern Gallery y conservador-jefe del IVAM en su etapa originaria. Desde que dejó sus responsabilidades en Londres, Todolí ejerce de asesor de arte para diversas fundaciones privadas –como la de Inelcom en Madrid, del también valenciano Vicente Quilis–, y sus ideas y artistas favoritos se dejan ver en el Hangar Bicocca que patrocina Pirelli en Milán o en la reciente fundación Botín de Santander. El curator valenciano es el cerebro de Bombas Gens, pero la gestión diaria se ha encomendado a Nuria Enguita, otra ex conservadora del IVAM. El sustento lo proporciona la fortuna de un matrimonio que se ha hecho rico vendiendo productos de limpieza y cosmética en los supermercados de Mercadona bajo la marca Bosque Verde. Su compañía factura del orden de 200 millones de euros al año a la cadena de distribución de Juan Roig y su esposa Hortensia Herrero.

Los impulsores de Bombas Gens han hecho una fortuna millonaria vendiendo productos de limpieza a Mercadona. Ese es el origen de su colección.

Esta última está detrás de otra de las iniciativas que a finales del pasado mes marcaron la agenda artística en la Comunidad Valenciana. Gran aficionada y coleccionista de arte, Herrero, a través de la fundación que lleva su nombre, ha desplegado en los lagos de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava seis enormes cabezas femeninas –alguna de ellas con cerca de 4 metros de alto por 7 y pico de ancho– del escultor valenciano Manuel Valdés, ex Equipo Crónica. Las piezas, más espectaculares si cabe con el reflejo del agua y el contraste con la arquitectura grandilocuente de Calatrava, llegan directamente desde la plaza Vendome de París, y el matrimonio Roig-Herrero se ha comprometido a adquirir una de ellas –la que elija una consulta popular– para ubicarla en la Marina Real de Valencia, junto a la escuela de empresarios que impulsa también la familia Roig.

Nuria Enguita, Susana Lloret y Vicente Todolí. (EFE)
Nuria Enguita, Susana Lloret y Vicente Todolí. (EFE)

Hortensia Herrero cuenta también con una importante colección de arte, que combina obras del escultor Alexander Calder, el neoexpresionista alemán Anselm Kiefer o el indojudío Anish Kapoor en su vertiente contemporánea. Asesorada por, entre otros, el periodista Javier Molins (comisario de la muestra de las cabezas de Valdés y exdirector de la galería Marlborough en Madrid), Herrero todavía no ha tomado una decisión sobre qué hacer con sus fondos. En febrero del año pasado compró a través de su patrimonial Herrecha Inversiones un palacete del siglo XVII semiderruido y muy deteriorado con la intención de reconstruirlo. Sin embargo, al margen de las complicaciones que la rehabilitación está generando, todavía no hay una determinación clara sobre si el inmueble albergará sus obras de arte, la sede de la Fundación Hortensia Herrero u otro proyecto.

"Todolí aporta una visión del arte como un gran espectáculo visual, un golpe de sensaciones mucho más que un discurso intelectual", dice Lagardera

El tercer protagonista de la dinamización de la vida artística de la ciudad es la Fundación Bancaja. La entidad, superviviente de la fusión de la caja de ahorros valenciana con Caja Madrid y la posterior creación de Bankia, lleva meses programando muestras muy interesantes de artistas reconocidos mundialmente como Julian Opie, el matrimonio Sean Scully y Liliane Tomasko, la amplia retrospectiva sobre el Equipo Crónica comisariada por Tomàs Llorens o, actualmente, Francis Bacon, con la muestra de dibujos que ya pasó por el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Estas piezas se han combinado con exposiciones de los fondos que la fundación posee y que están infraexpuestos por las limitaciones de espacio de su sede de la Plaza de Tetuán. Sin embargo hay muchos tesoros por descubrir, como refleja la selección realizada para su exposición sobre arte contemporáneo del período que comprende entre 1984 y 2010. Bancaja, que también ha participado junto al IVAM y el museo San Pío V en las grandes exposiciones del centenario de Pinazo, se posiciona así ante la inminencia del proyecto de un Caixaforum para Valencia en el Ágora, uno de los edificios del mencionado Calatrava en el jardín del Turia.

Entre la Capilla Sixtina y el Bicocca

“Hubo un momento increíble en Valencia, en los 90, cuando por el IVAM aparecían con frecuencia artistas como Claes Oldenburg, los hermanos Oehlen, Richard Hamilton, Sigmar Polke, Allan McCollum o la mismísima viuda de Roy Lichstenstein… de los que yo me acuerde ahora…”. Lo dice es Juan Lagardera, editor y gestor cultural, actual responsable del suplemento de cultura del diario Levante-EMV y testigo presencial de los últimos treinta años de la deriva del arte contemporáneo en Valencia, una ciudad que “históricamente siempre ha tenido un peso muy importante en el arte español como lo demuestra el prestigio de su facultad de Bellas Artes, el museo San Pío V o la repercusión que en su momento tuvo el propio IVAM”, explica Lagardera.

El IVAM se gestó por Tomás Llorens, Andreu Alfaro y Eduardo Arroyo, pero fue “la formidable visión de Todolí lo que le confirió un inesperado prestigio internacional”. Todolí no solo empatizaba con los artistas, publicaba cuidados catálogos y adquiría obras para el museo, sino que “rescataba artistas del segundo escalón pero de gran calidad –declara Juan Lagardera–, compraba algún Warhol o Jasper Johns dentro de sus posibilidades, pero apostaba mucho más por Oldenburg, Rosenquist u otros pintores pop menos conocidos como los británicos del Independent Group, Erró, Martial Raysse o Falstrom, hasta conseguir, por ejemplo, la mejor colección internacional de arte europeo pop”.

A juicio del editor valenciano, lo que caracteriza a Todolí “es su visión del arte como un gran espectáculo visual, un golpe de sensaciones mucho más que un discurso intelectual o filosófico como los que tanto han inundado el arte contemporáneo en los últimos tiempos”. El monumental montaje de la exposición de un matrimonio de jóvenes fotógrafos, Bleda y Rosa –premio nacional de fotografía– en la sala central del recién inaugurado centro de Bombas Gens, así lo certifica. “Bombas Gens –dice el experto–, no es el Bicocca de Milán pero se nutre de las mismas ideas de Todolí y ha buscado también la recuperación de un viejo espacio arquitectónico como aquel”.

Tampoco es la Capilla Sixtina pero es lo que más se le puede parecer hasta el momento. Juan Lagardera considera necesario poner en valor el impulso del mecenazgo de la Fundación Hortensia Herrero en la restauración de los frescos barrocos de la iglesia de San Nicolás en Valencia. “La gente se queda con la boca abierta, de repente unos techos ennegrecidos por siglos de hollín reaparecen con un colorido exuberante, es la obra culminante de Palomino, el Tiépolo español”. Herrero también financia el Colegio Mayor del Arte de la Seda, muestras de arte joven de la facultad de San Carlos o su propia colección, en fase todavía de orientación y composición definitiva.

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