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Teatro con orgullo (gay), una historia de silencios y visibilidad

La homosexualidad no subió explícitamente a los escenarios hasta las últimas décadas del siglo XX. Y las primeras en salir del armario fueron ellas

Foto: 'El público', de Lorca, dirigida por Àlex Rigola
'El público', de Lorca, dirigida por Àlex Rigola

'Briefs', el espectáculo oficial que abrió la programación cultural del World Pride Madrid en el Teatro Calderón. 'Los amores ocultos' sobre la relación de Federico García Lorca y su última pareja, Juan Ramírez de Lucas, en el Español. 'El gol de Álex' o 'Grinder, el musical' en los Luchana o '5 mujeres que comen tortilla' en La Latina. Esta semana la cartelera teatral está plagada por obras LGTBQI. No es ninguna novedad, afortunadamente, encontrar sobre los escenarios funciones de temática o con personajes homosexuales, pero no siempre ha sido así.

La primera obra de temática lésbica se representó en España en 1929. Fue 'La prisionera', de Èdouard Boudet, y se estrenó en el Teatro del Centro (hoy Calderón). Le siguió en 1934 'Muchachas de uniforme'. En 1931 Jacinto Benavente, el autor favorito de la burguersía española, escribió y subió a escena 'De muy buena familia', con un protagonista de tendencias homosexuales que aunque, sin citarlas explícitamente, quedaban claras. En estos casos los personajes homosexuales eran los malos y desviados, los seductores e incitadores de sacar del redil de la buena conducta a los demás. "La acción se desenvuelve en torno a un pobre muchacho abúlico, indefenso contra la maldad ajena que, como otros tienen la desgraciado de haber nacido jorobados o ciegos, padece en la vida las consecuencias de haber nacido con el instinto sexual desviado. De este inversión de la naturaleza unos hacen comercio y otros mofa, escarneciendo entre todos al desventurado protagonista, que es una verdadero irresponsable: el único irresponsable de tanta infamia como le rodea", decía Benavente en 'El heraldo de Madrid'.

En el lado opuesto, un año antes Federico García Lorca escribió 'El público', una de las obras gay más famosas y pioneras del teatro español, que nunca pudo ver sobre un escenario. Se estrenó en 1987 con un célebre montaje de Lluis Pasqual porque, como bien vaticinó el poeta, "ahora no está preparado el público, pero seguro que en 10 o 20 años será un éxito". La obra, incompleta o inacabada, se salvó gracias a su amigo Rafael Martínez Nadal, al que pidió que la destruyera si le pasaba algo (promesa que nunca cumplió) y sigue siendo una de las cumbres poéticas del teatro del genio granadino.

'Los amores ocultos' sube a escena a Lorca y al rubio de Albacete, su último amor
'Los amores ocultos' sube a escena a Lorca y al rubio de Albacete, su último amor

Estas fueron las primeras obras con referencias, ambiguas, a la homosexualidad que se vieron en España. Como recoge Antonio Castro en 'Homosexualidad y teatro en España', un ensayo publicado por la Academia de las Artes Escénicas de España, "la homosexualidad no existió claramente en los escenarios, con textos nacionales o extranjeros, hasta las últimas décadas del siglo XX (...) Si alguno tuvo esa osadía, debía, forzosamente, castigar ejemplarmente a los pecadores, que no tenían ninguna opción de redención literaria y artística". Tuvieron que pasar 50 años de silencio y censura para que en España se empezaran a ver obras de otros países con alusiones homosexuales. En plena dictadura llegaron 'La gata sobre el tejado de zinc caliente', de Tennesse Williams, 'Té y simpatía', de Robert Anderson, o 'Ejercicio para cinco dedos', de Peter Shaffer, obra en la que fue censurada la palabra 'maricón'.

El punto de inflexión llegó en 1975 con 'Los chicos de la banda', una obra de Mart Crowley abiertamente gay que dirigió Jaime Azpilicueta y se estrenó antes de que muriera Franco en el Teatro Barceló de la capital. "El estreno estuvo protegido por la Policía Nacional pero no hubo ningún altercado", recuerda Castro, que añade que, eso sí, "el reparto era absolutamente hetero para que la censura no pusiera pegas". "La noche del estreno la ovación final fue interminable. Solo ocurrió que aquello fue un éxito clamoroso para todos. Los llenos fueron continuados. Así como más tarde, cuando estrenamos 'Jesucristo Superstar', recibimos todo tipo de amenazas y anónimos, con esta comedia no tuvimos ninguna. Sin embargo ocurrió un fenómeno muy elocuente. Tres meses después murió Franco y la comedia dejó de interesar", recuerda el director en el libro. Muerto el perro, se perdió el morbo y la rabia.

La realidad es que está obra fue determinante para la normalización del colectivo LGTBQI y para que el espectador heterosexual conociera su realidad sin tópicos ni clichés. "Vinieron muchos homosexuales que nos esperaban en la salida para darnos las gracias por hacer visible su existencia. Yo creo que es uno de los montajes más importantes de mi vida", asegura el actor Manuel Galiana, protagonista de esta obra que hablaba de la celebración de un cumpleaños homosexual, con chapero incluido como regalo para el homenajeado, y que abordaba conflictos como la marginación social, la aceptación o la autoaceptación con un tono más existencial que exhibicionista. No obstante, el éxito de público fue más unánime que el de la crítica. Medios como 'ABC' se despecharon con perlas como "entre las plagas de nuestro tiempo figura el homosexualismo". Paradójicamente en el 'Arriba', el periódico del régimen, se pudo leer una excelente crítica de esta "dura, descarnada e interesantísima obra" que "es cualquier cosa menos un pasatiempo burlesco. La Dirección General de Teatro puede apuntarse un tanto al permitir la verticalización de su texto".

Versión teatral de 'Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mí'
Versión teatral de 'Perdona, bonita, pero Lucas me quería a mí'

Ya en la Transición empieza a florecer este teatro con tres dramaturgos españoles a la cabeza, explica Castro: Antonio Gala, Francisco Ors y Rafael Mendizábal. Le seguirían obras como 'Capullito de alhelí', de Juan José Alonso Millán ambientada en el 23F, o 'Mariposas negras', de Jaime Salom. También en los ochenta el sida sube al escenario, especialmente con 'La última luna menguante', de William M. Hoffman y dirigida por Manuel Collado, a la que seguirán '¡Grita!', de José Luis Raymond, o 'Testamento', de Josep María Benet i Jornet. Sin embargo, como cuenta Castro a este periódico, fueron pocas todavía hasta "la auténtica explosión de obras de pequeño y gran formato que se produce entre 2000 y 2005".

Lesbianas e invisibles

Aunque el primer referente de teatro homosexual sea una obra lésbica, las relaciones entre mujeres siguen siendo mucho más invisibles que las gays en la sociedad y encima de los escenarios. De las alrededor de 300 obras que documenta Castro en el libro, apenas un 10% son de temática lésbica. Una de las obras más significativas fue 'La Calumnia', de Lillian Hellman, que se estrenó en 1961 en el Teatro Beatriz con Amparo Baró en el reparto. De nuevo, la mujer homosexual es la viciosa que pervierte a su semejante. Tal es el juicio a la protagonista lesbiana que acaba suicidándose.

'La noche de las tríbadas', dirigida por Miguel del Arco (Vanessa Rabade)
'La noche de las tríbadas', dirigida por Miguel del Arco (Vanessa Rabade)

No fue hasta 1985 con 'Las amargas lágrimas de Petra von Jant', de Fassibinder, con Lola Herrera y Victoria Vega a la cabeza, cuando las lesbianas salen del armario escénico. 'Las noches de las tríbadas', de Per Olov Enquist, que se estrenó en 1995 en el Alfil y esta temporada la ha dirigido Miguel del Arco en el Teatro Kamikaze, también es otro de los escasos títulos determinantes del teatro protagonizado por lesbianas, junto a 'El matrimonio de Boston', de David Mamet, que se estrenó en 2002 en el Lara con Blanca Portillo, Kiti Manver y Nuria Mencia en el reparto, o la más reciente 'Verano en diciembre', de Carolina África.

El travestismo es otro de los temas que, a pesar de ser tocado con profusión en el Siglo de Oro, históricamente ha pasado de puntillas por los escenarios. Castro destaca en su ensayo la figura de Lindsay Kemp, que ha representado hasta 11 de sus obras en España desde que en 1978 estrenase 'Flowers'. Los musicales como 'The Rocky Horror Show', 'Sugar' (una versión escénica de 1976 de 'Con faldas y a lo loco', de Wilder), 'La jaula de las locas', 'Cabaret' o los más recientes 'Priscilla' y 'Miguel Molina al desnudo' son otros de los títulos que han ahondado en esta temática.

Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura' (MarcosGpunto)
Pablo Messiez dirige 'La piedra oscura' (MarcosGpunto)

Castro también destaca a otros de los pioneros del teatro homosexual en este país: Manuel Berástegui y José Luis Mosquera de la compañía Airón, creada en 1994 y dedicada durante más de una década exclusivamente a producir montajes teatrales de contenido homosexual. "Era un momento bisagra. Ya había Orgullo y no había miedo a hacer un personaje gay. Queríamos hacer denuncia y crítica y hablábamos por ejemplo del matrimonio homosexual y la adopción, que eran temas candentes entonces", asegura el primero. Empezaron con 'El adonis total', la primera parte de la 'Trilogía de Nueva York', de Harvey Fierstein, en el Teatro Estudio Madrid. "Era increíble ver la empatía del público", recuerda Mosquera. "Gran parte era heterosexual y sentían que apoyaban la causa", añade su compañero.

Sin necesidad de la World Pride Madrid, las obras de contenido o con personajes homosexuales pueblan con absoluta normalidad los teatros de todo el país. La dramaturgia española cada es más prolífica y mira y representa con absoluta normalidad al colectivo LGTBQ. Éxitos recientes como 'Cliff' y 'La piedra oscura', de Alberto Conejero, 'El pequeño poni', de Paco Becerra y Luis Luque, 'Los Gondra', de Borja Ortiz de Gondra, son la prueba incontestable de que el teatro es el fiel reflejo de una sociedad inclusiva para todos. ¿Qué queda por hacer? Para Castro lo ideal es que el teatro LGTBQ sea un elemento más de la dramaturgia y no lo central de la obra. Aun así, queda por subir a los escenarios problemáticas y temas actuales y menos visibles del colectivo como la homofobia, las familias monoparentales o la bisexualidad. "Necesitamos que la presencia de homosexuales no se vea como algo excepcional sino como un elemento más de cualquier dramatugia", zanja.

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