Ray Loriga, la metamorfosis del escritor más moderno: "Sí, me he vuelto un antiguo"

El autor que sobrevivió en los 90 a su propia fama presenta 'Rendición', su mejor novela en años, ganadora del premio Alfaguara y deudora de Juan Rulfo

Foto: Ray Loriga publica 'Rendición'. (EFE)
Ray Loriga publica 'Rendición'. (EFE)

Durante algunos momentos se me ha pasado por la cabeza que Ray Loriga (Madrid, 1967) no acuda a esta entrevista y me toque inventármela. Nuestro autor arrastra cierta leyenda de perdulario y olvidadizo. Como me he leído su obra de arriba abajo, ponerme en la piel de Loriga durante unos instantes empieza a gustarme. En algún sitio le leí que salir a la calle sintiéndote Bob Dylan no te convierte en Bob Dylan, pero te convierte en algo; y algo siempre es mejor que la tristeza.

Ray Loriga ha sido siempre pródigo en frases subrayables (“la memoria es el perro más estúpido, le tiras un palo y te trae cualquier cosa”), amén de en peinados y tatuajes. Fue moderno hasta que decidió ser un clásico. Que haya conseguido esto último no es seguro que vayamos a estar aquí para saberlo.

El que ya está aquí es Ray Loriga.

PREGUNTA. Llevas toda la tarde de entrevistas, y supongo que te han preguntado por tu libro. ¿Tú crees que a alguien le interesa tu libro?

RESPUESTA. Por ahora me ha sorprendido que las preguntas se refieren mucho al libro, lo cual no quiere decir que les interese porque quizá mienten como bellacos.

'Rendición'
'Rendición'

P. Pienso que eres uno de esos escritores tan interesantes por lo que han vivido que un nuevo libro, salvo que se salga de lo normal, interesa mucho menos que preguntarte por cualquier otra cosa. Digamos que me siento como en esos conciertos de Red Hot Chili Peppers u Oasis en los que presentan nuevo disco pero sólo quieres que toquen las canciones famosas, de hace veinte años.

R. Entiendo perfectamente lo que dices. Y recuerdo que una vez fui a hacerle una entrevista a Keith Richards para el periódico y empezamos a hablar y me dijo, bueno, pregúntame lo que quieras, y yo: empecemos por el disco; no, el disco lo hacemos solamente para ir de gira, en realidad no me interesa. Y empezamos a hablar de su infancia...

P. En los últimos años me ha sorprendido descubrir que buena parte de los escritores de tu edad o de la mía que han surgido en Madrid formaban parte, uno diría que en secreto, de una cierta clase social, pongamos que liberal o burguesa, a pesar de que muchos de ellos (tú mismo, por la rabia de tus primeras novelas, por ejemplo) podíais parecer hijos de obreros... Y además he pensado que os conocéis desde siempre.

R. Algo de eso hay. No somos del mismo colegio, pero quizá sí de un mismo ámbito social, por no usar la palabra clase, que suena como a casta. Conozco a Javier Marías desde hace muchos años, a Enrique Vila-Matas... Pero también soy muy amigo de muchos escritores de fuera de Madrid. Algunas son afinidades estrictamente literarias. Pero hay un cierto mundo en Madrid que sí puede venir de familias que a lo mejor han tenido algo que ver. Yo soy hijo de un dibujante que trabajaba en prensa, lo cual tampoco es...; pero sí es verdad que yo ya iba de niño a la redacción del periódico, que era Informaciones...

Fui el escritor 'más moderno de España' sin teléfono móvil, para empezar. Con máquina de escribir

P. Publicaste tu primer libro con 25 años y además en un sello entonces acreditado. Enrique Vila-Matas ha afirmado que quiso conocerte porque eras el escritor más moderno de España. ¿Cómo hiciste para ser el escritor más moderno de España? Sin internet, sin vuelos baratos...

R. Sin teléfono móvil, para empezar. Con máquina de escribir.

P. Conseguiste introducir en España determinados parámetros estéticos novedosos. Recuerdo tu afirmación: “En España se escribe como si no existiera la televisión”. ¿Leías en inglés?

R. Quizá fue eso, tuve la suerte de que mis padres me llevaran a un colegio inglés y el inglés lo manejaba perfectamente. Leía mucho en inglés y no sólo libros. Me hojeaba las revistas en los Vips, las revistas modernas en inglés, The Face, i-D... Ahora han desaparecido porque todo eso ha sido sustituido por la red. No tenía dinero para comprarlas todas, pero podía hojearlas.

P.¿Cómo seleccionabas un libro en inglés y cómo lo conseguías?

R. Leía a Johnson, a Cooper, a la Kathy Acker; algunos porque venían en las páginas de estas revistas de tendencias y yo los solía pedir en la librería Internacional, la que ahora es Pasajes, y a lo mejor tardaban cuatro meses, pero te llegaban. Algunos los estaba publicando ya Anagrama. Sam Sheppard lo leí por las traducciones de Enrique Murillo.

P. Sin embargo, puede decirse que en el siglo XXI tú escribes como si no existiera internet... Date cuenta de la ironía.

R. Sí, soy consciente.

P. ¿Te has vuelto antiguo, te has vuelto anti-moderno?

R. Soy perfectamente consciente de que me he vuelto antiguo y esperaba alguien de tu inteligencia y mala hostia para que lo sacara a colación.

Me ha pillado Internet en una etapa de mi vida en la que pensé: esta ola me la salto

P. No tienes ni Twitter, que lo usa hasta Pérez-Reverte.

R. Y me invento fábulas en las que no hay internet. Pero eso no quiere decir que vaya a ser así para siempre. Me ha pillado Internet en una etapa de mi vida en la que pensé: esta ola me la salto. De alguna manera. Si piensas en 'Tokio ya no nos quiere', que sí habla de realidades virtulales, hay un suicidio de una estrella virtual de Japón que arrastra al suicidio colectivo a adolescentes de todo el mundo... , algo que luego se hizo realidad. Pero, de pronto, pues no sé, decidí saltarme una ola, una ola grande...

P. ¿No te interesa Internet?

R. No vivo ajeno a Internet. Como banco de información lo utilizo constantemente.

P. Lo que no parece haber cambiado en todos los años que llevas escribiendo es tu buena relación con la mayoría del mundo editorial. Parece que tu premio Alfaguara fue muy celebrado.

R. Lo leí en alguna crónica que se hizo... y sí, yo tuve la sensación de que la gente se alegraba, sensación que uno siempre puede pensar que es sospechosa, porque no te acabas nunca de fiar, pero sí puedo decir que no he tenido enemigos en los veinticinco años que llevo en esta profesión.

P. Tiene mérito.

R. Bueno, no me los he creado, no los he buscado... Tampoco me he enfadado cuando un escritor ha dicho algo no demasiado halagador de mi trabajo. Y yo sé por qué no tengo enemigos: porque nunca he pensado que lo bien que le fuera a otro me lo quitase a mí. Si le dan un premio a un colega, pues bueno, le habrá gustado ese tipo de novela que se aleja completamente de lo que yo hago, así que ni siquiera jugamos a lo mismo.

Si alguien dijo hace veinte años "estoy hasta los huevos de Ray Loriga", y me lo encuentro 25 años después, tampoco me voy a pelear

P. Con todo, recuerdo que en los 90 había cierta tendencia en los suplementos a enfrentar tu estilo y el de José Ángel Mañas, lo cual no sé si provocó roces entre vosotros. Lo que sí es seguro es que César Strawberry y tú os cruzabais pullas bastante sonadas.

R. Con Mañas siempre me he llevado bien, aunque hemos coincidido muy poco. Le he visto dos o tres veces en mi vida. A César Strawberry lo conocí por casualidad hace poco, y no hubo ningún rencor. [En los 90, Loriga fue preguntado si escuchaba a Def Con Dos y afirmó que no escuchaba música para niños; más adelante, Strawberry desancosejó la película 'El séptimo día porque nada bueno podía esperarse de un guión escrito por Ray Loriga.] Hablamos. Son cosas un poco de patio de colegio, de alguien que dijo hace veinte años: estoy hasta los huevos de la cultura de los 'Ray Lorigas', y luego me lo encuentro veinticinco años después y tampoco me voy a pelear. De hecho, me ha dado mucha rabia lo que ha pasado con Strawberry en Twitter.

P. Algo digno de estudio en la evolución de tu carrera es cómo sobreviviste a tu propio mito noventero. No sé si fue potra o te planteaste minuciosamente reinventarte.

R. Al empezar a publicar muy joven, y tener un éxito disparatado para lo que era normal, para lo que sigue siendo normal en la literatura en este país y en muchos países, fui muy consciente enseguida de que no podía estar toda la vida cantando la misma canción y tampoco quería ser Culture Club, ¿sabes?, el grupo que siempre que te ven suena la misma canción. Quería seguir escribiendo, y no sé si con madurez o con arrojo o con ambas cosas a la vez me propuse cambiar. Es lo que intentaba hacer. Entre otras cosas porque he seguido leyendo, y cosas muy dispares, y enriqueciendo mis intereses literarios...

P. ¿No tenías miedo a perder todo ese público que te seguía?

R. Tenía mucho miedo a perderlo, eso sí es verdad.

P. Vila-Matas dijo en una charla que él ya no podía escribir la novela que quería. Vamos, que por poder podría escribir una novela histórica a la manera de Walter Scott; pero, en realidad, no podía. Ese no poder que se desprende del éxito de una determinada fórmula o marca fue el que te saltaste tú...

R. Quizá no estaba tan arriba, quizá era muy joven, también es verdad, con lo cual pensé que tenía sitio para caerme un par de veces. Pero sí que consideré muy claramente que no quería repetir lo mismo. Siempre he sido consciente de que tú puedes vender una cosa una vez en la vida, pero es muy difícil vender tres o cuatro distintas.

Siempre he sido consciente de que tú puedes vender una cosa una vez en la vida, pero es muy difícil vender tres o cuatro distintas

P. Es lo que decíamos ante sobre los conciertos...

R. Sí, la gente dice: este es Loquillo, y cuando van a un concierto no quieren ver a Loquillo tocando la bandurria. Y de pronto yo dije: y por qué no voy a tocar la bandurria. Además ese cambio es el sueño de muchos artistas. Recuerdo a Lou Reed en el Palacio de Congresos tocando 'Magic and Loss, un disco muy bonito hecho en homenaje a varios amigos suyos fallecidos. El hombre estaba dando un concierto que a mí me parecía maravilloso, y la gente le abucheaba. Y gritaban: ¡Sweet Jane!, ¡Sweet Jane! La gente había pagado su entrada para escuchar 'Walk on the wild side' y 'Sweet Jane'. Y hasta que el hombre no llegó al tercer bis y con una cara de mala hostia dijo, vale, 'Sweet Jane', y 'Walk on the …' , la gente no se fue contenta. Digamos que yo también asumí ese riesgo.

P. Un título como 'Rendición' en alguien que ha fraguado esa golosina de título que es 'Tokio ya no nos quiere' refleja un gran cambio. El Loriga de los 90 diría: qué aburrido.

R. No, diría: qué Coetzee.

P. Me ha sorprendido ver que en la solapa biográfica incluís que colaboraste en revistas como El europeo o El canto de la tripulación. Nadie sabe de qué hablas, Ray.

R. Bueno, hoy en una entrevista una chica muy joven, del Telva, me ha preguntado por El canto de la tripulación. Se ha hecho legendaria gracias a García-Alix. Pienso que de pronto hay gente joven buscando ejemplares de El canto de la tripulación para ser diferentes a otros que ya lo saben todo de ahora... Aunque reconozco que mencionarlas en la solapa puede ser un ejercicio de nostalgia.

P. De tu novela se ha subrayado incongruentemente la noción de “refugiado”. Y no tiene nada que ver con eso...

R. No, en absoluto. Desde luego no tiene nada que ver con Siria. Ni con refugiados. Tiene que ver con traslaciones personales.

P. La novela me ha gustado mucho, pero creo que si no figurara tu nombre en la cubierta nadie sabría que es tuya.

R. Eso probablemente lo he hecho con absoluta conciencia.

Que si no figurara mi nombre en la cubierta nadie sabría que es mía lo he hecho con absoluta conciencia

P. Me pregunto qué lecturas te han influido para escribirla, porque su estilo es extraordinariamente coloquial, al tiempo que poético. Muy español en frases sintácticamente tan deliciosas como esta: “También jugaban y cantaban y trepaban a los árboles, que los había y frondosos”.

R. He intentado que la voz fuese la propia para este narrador, no usurparle la voz, porque sólo concebía su diáspora mental desde una voz de esta índole. Si no, me parecía que enseguida se iba a teñir de cinismo, como sucede con 'Za Za', por ejemplo. Ese personaje que acepta porque piensa que es lo que debe hacer, pero algo en él le dice que no está en lugar adecuado, me llevaba a una voz de este tipo...

P. Me sonaba a Juan Rulfo, incluso a Camilo José Cela...

R. He leído mucho a Cela...

P. Cosa que hoy no conviene quizá decir...

R. Bueno, yo escribí un artículo en su centenario encantado y de mil amores porque es un escritor para mí muy importante. Independientemente de sus posicionamientos personales. Hay también un peso muy importante de literatura sudamericana, y el foco, sí, lo pondría en Juan Rulfo.

P. Sin embargo, cuando el protagonista llega a la Ciudad Transparente la cosa cambia y me ha recordado algunas novelas de J.G. Ballard. En conjunto Rendición me ha parecido una voz de Rulfo en una novela de Ballard.

R. Pues esa era en buena medida mi intención. Quería ver uno de esos mundos de Ballard desde una voz no preparada para ellos. Una voz de Rulfo que pasa del 'Llano en llamas' a un mundo ballardiano.

P.¿Cómo fue el proceso de escritura?

R. Fue un proceso muy largo. La empecé a escribir antes de 'Za za, emperador de Ibiza'. El tono era muy delicado y temía perderlo. Buscaba una fábula que estuviera construida con elementos realistas, lo que algunos llaman retro-ficción, futuros que no han sucedido, futuros que te puedes creer porque no es Alicia en el país de las maravillas.

P. Con todo, lo de kafkiana y orwelliana que dice el jurado del premio no me encaja mucho...

R. No me voy a quejar de lo que diga el jurado. Además, son dos escritores que me encantan.

P. Por acotar más el asunto Ballard: 'Rendición' me recuerda sobre todo a La isla de cemento.

R. Y hay otra novela sobre un edificio entero que se va pudriendo por partes... 'Rascacielos'. He leído tanto a Ballard que están en 'Rendición' varias de sus novelas. En cuanto a Kafka, lo cierto es que en su obra normalmente el individuo es una víctima de la sociedad, de la opresión. En ella asistimos al desconcierto de una persona superada por un núcleo social y normalmente victimizada por él; y en 'Rendición' hay un elemento que me interesaba mucho incluir, y es que quizá el propio personaje es un estorbo del futuro, un estorbo del progreso.

P. Es un personaje aborregado...

R. Claro. Convive muy bien con el mal que se hace hasta que se lo hacen a él, y probablemente es una piedra en el camino del progreso, y eso me interesaba contar.

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