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Nacho Vegas: "Algunos amigos entraron en política... y ahora toman ansiolíticos"

El músico asturiano publica libro de poemas y relatos

Foto: Nacho Vegas. (EFE)
Nacho Vegas. (EFE)
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El cantautor asturiano sigue habitando un territorio extraño. No escapa de la engorrosa etiqueta de “artista de culto”, pero crece en seguidores y en la intensidad con que sus fieles se sienten interpelados por sus discos. No acaba de conectar con el gran público, cuando su talento no tiene nada que envidiar a Leiva, Jorge Drexler y Quique González, entre otros. A la espera del salto, lo que nadie pone en duda es su potencia poética, expresada tanto en letras de canciones como en su primer libro, ‘Política de hechos consumados’ (2006), una colección de relatos, monólogos y poemas que descolocó a muchos.

Vegas (Gijón, 1974) invitaba allí a un paseo “por el lado más bestia de la vida”, plagado de drogas, chaperos y conflictos familiares descarnados. El nivel no decae con su nueva entrega, ‘Reanudación de las hostilidades’ (Espasa), centrado en batallas cotidianas solitarias contra una sociedad inhóspita. “Trato de reivindicarnos como seres interdependientes y necesitados de cuidados en un sistema que nos empuja al hiperindividualismo. Eso requiere hablar de nuestras confusiones, nuestras miserias y nuestras soledades, ser conscientes de ellas y abordarlas con dureza”, apunta.

Anestesiar la vida

No me interesa hablar de la parte lúdica de las drogas, prefiero hablar de la anestesiante

Las drogas, ya se sabe, pueden ser reveladoras o anuladoras. Te llevan de la mano a una realidad aumentada o amortiguan el dolor existencial (y de paso la vida misma). El rockero asturiano tiene clara su postura: “No me interesa hablar de la parte lúdica de las drogas, prefiero hablar de la anestesiante porque suele revelar una carencia afectiva. Vivimos en un mundo regido por un sistema que pretende desplazar las relaciones emocionales y sustituirlas por elementos más volátiles, como el dinero o las drogas de farmacia, por ejemplo. Escribo sobre las cosas que me preocupan, no sobre las que disfruto”, aclara, añadiendo que le gustaría dominar registros luminosos,por llamarlos de algún modo. “Para mí, escribir sobre la parte menos amable de la vida es una manera de enfrentarme a ella. Pero trato de no regocijarme nunca en la abyección. Al contrario, siempre intento encontrar en ella vislumbres de ternura, que los hay”.

De hecho, son evidentes en sus nuevos relatos y poemas. “Más tarde me dijiste que yo no te quería/ y que lo único que recordabas con verdadero cariño/ de aquellos días eran dos palabras/ las que pronuncié una mañana/ desde la cama: vuelve pronto”, escribe en ’18:23’.

Psicóticos y ansiolíticos

Portada
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Seguimos con las drogas. “Los hábitos han ido cambiando mucho en los últimos quince o veinte años. Ahora las más presentes son sin duda las de farmacia. Conozco gente que usa antidepresivos como sustitutos de las relaciones afectivas, otros que dependen de antipsicóticos para no enloquecer por completo y también amigos que trabajan en la política y como consecuencia han empezado a tomar ansiolíticos. Ahora es muy difícil encontrar cocaína con un mínimo de calidad, pero los bolsillos están llenos de benzodiacepinas”.

El libro no es un repliegue hacia el intimismo. Vegas lamenta la competitividad brutal que se ha impuesto, incluso en los partidos antieleitistas. “Los dramas de la izquierda siguen existiendo. En los últimos tiempos, he visto cómo gente que se quería desde hacía años se dejaba de hablar por cuestiones políticas, y no me refiero a gente de diferente signo. Así que tampoco tengo que mirar mucho más allá de la política para percibir desolación”, apunta.

Las miserias de la clase trabajadora

¿Algún motivo para la esperanza? “Pienso que una de las mejores cosas que ha traído el clima creado tras el 15M es la incorporación de la ética de los cuidados al discurso político. Eso no quiere decir que sea suficiente para cambiar nuestras vidas. Es necesario reconocer que somos seres imperfectos, llenos de conflictos y que hasta la persona más buena llega en ocasiones a comportarse de forma miserable. Por eso tenemos que persistir y tenemos que resistir”.


Justamente ahí encaja este libro, donde caben matices más allá de las consignas. “La literatura permite hablar de las complejidades de la vida, donde la política suele reducirlo todo a ecuaciones simples. Se me ocurre el ejemplo del cine de Mike Leigh y de Ken Loach. Ambos pertenecen a la misma generación, son de izquierdas y retratan la misma sociedad, pero el discurso de Ken Loach es más militante y consensual, y por eso me parece más simplista y menos emocionante. Mike Leigh sin embargo habla de la clase trabajadora sin ninguna complacencia y sin ningún miedo a exponer sus contradicciones y sus miserias. Por ello me resulta mucho más revelador”, afirma.

El valor social de la poesía

Lo mejor que trajo el 15M es la ética de los cuidados
¿Quizá no sea cuestión de elegir, sino de combinar? Hace un par de años, Jean-Luc Mèlenchon, candidato de Francia Insumisa, explicaba en una entrevista que leía poesía en los mítines “para recordar a los trabajadores que no somos bestias”. Una potente defensa de la función social de un poema. “Ahora es más necesario que nunca. El capitalismo se muestra cada vez más despiadado, por mucho que lo quieran maquillar. Uno de los autores que leo con más placer es Santiago Alba Rico, a quien cito al principio del libro. Sus escritos tienen una dimensión poética muy poco frecuente en los análisis políticos. Santi ha comprendido que para hablar de anticapitalismo es necesario reivindicar aquellas cosas que no puntúan en este sistema: la ternura, el consuelo, la amabilidad... Y la poesía habla de todo ello, o de la ausencia de ello, pero en cualquier caso al hacerlo señala su enorme importancia”.

Guste más o menos, no sobra una frase en ‘Reanudación de las hostilidades’, un libro breve pero contundente, enriquecido con las ilustraciones de Víctor Coyote. El próximo 27 de mayo, Nacho Vegas recita en el festival Poetas, que se celebra en el Matadero de Madrid.

Las tardes
Cae la tarde y sabe Dios que el esfuerzo ha sido enorme. 
Estoy solo pero el silencio es imposible, casi inverosímil. 
He apagado el móvil, el corazón late a cien por hora, 
sacude una y otra vez la cavidad torácica oprimida. 
Me meto en la boca un Alapryl, luego otro. 
¿Me lo he ganado a pulso? Te doy la razón;
sabía todo esto desde un principio. Y nada ha 
cambiado. 
Las cosas y las personas se esfuman, mueren, 
pero antes de eso difícilmente cambian. 
No puedo ver o hablar con nadie
sin acabar exhausto. Y lo sabía, claro que lo sabía. 
Me da miedo quererte, me da miedo no poder 
quererte. 
Incluso la idea de follar me aterra. 
Y ahora tú, razonablemente, te sientes idiota. 
Tendría que estar a gusto y seguro en la soledad de mi piso,
pero se me escapa la posibilidad de un mañana 
determinado. 
Y subo el volumen de mi televisor para amortiguar mis pensamientos.
Se ve que ha caído la tarde, mi amor, y el aire aquí 
es casi irrespirable.
Los números luminosos en el reloj digital, eso sí,
dan fe del fluir de los minutos y las horas.
Por ahora vivir es solo un dolor impreciso.

Cultura

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