Kendrick Lamar y 'Damn.': ¿el mejor disco del año será también el más vendido?
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600.000 copias y el aplauso de la crítica

Kendrick Lamar y 'Damn.': ¿el mejor disco del año será también el más vendido?

El rapero estadounidense, en la liga de U2 y Rihanna, retrata a Estados Unidos en tiempos de incertidumbre en su nuevo y gran trabajo que además arrasa en ventas

Foto: Kendrick Lamar en concierto. (Reuters)
Kendrick Lamar en concierto. (Reuters)

El rapero estadounidense Kendrick Lamar, educado en el gueto angelino de Compton, ha sacudido el panorama pop con su nuevo álbum. Se titula ‘Damn.’, así con punto final. En sus surcos colaboran dioses de las listas de ventas como U2 y Rihanna. Según informa el New York Times, ha sido la entrada más fuerte de 2017 en la lista de ventas estadounidense. Seiscientas treinta mil copias del tirón, según Nielsen. Sus nuevas canciones fueron escuchadas en streaming 341 millones de veces en la primera semana.

Foto: Asistentes al festival de Cocahella en abril de 2017. (Reuters)

El dato que más alegra a la industria es que 353.000 personas compraron el disco completo, dando esperanza a quienes consideran que una docena de canciones (aquí, catorce) es la manera ideal de plasmar de la visión musical de un artista. ¿Es posible que el álbum no haya muerto realmente? Lamar es la mejor esperanza para resucitar el formato que consagró a iconos negros como Curtis Mayfield, Marvin Gaye y Public Enemy, entre muchos otros.

Cien sobre cien

Más sorpresas: estamos ante uno de las escasas propuestas capaces de poner de acuerdo a crítica y público. Los periodistas musicales están rotos en pedazos con las nuevas canciones de Lamar. La web Metacritic, que hace media de las reseñas musicales en los principales medios del planeta, calcula que 'Damn.' recibió una puntuación de 96.4 sobre 100. Cabeceras tan prestigiosas como The Guardian, Entertaiment Weekly y The Quietus lo valoran con cien puntos sobre cien. Otras como Rolling Stone, Pitchfork y New York Times le ponen de noventa para arriba. “Más allá del crimen, las drogas o la ginecología, el asunto principal de las canciones es la grandeza”, afirma la periodista Kitty Empire en The Observer. Dentro de sus surcos hay ecos del funk psicodélico, flashes de la exuberancia de Prince y kilos de hip hop de la era dorada, léase los años ochenta y noventa. Lamar no inventa nada, pero conoce las dosis justas de cada ingrediente para llegar al gran público.

Lamar contra la derecha

Entre las letras del álbum, destacan los ataques a los raperos obsesionados con sus redes sociales, los versos de la Biblia aquí y allá y el ataque frontal a la cadena derechista Fox News. Lamar denuncia que este canal está distorsionando la relación del hip-hop con el sufrimiento de los guetos. En las dos primeras canciones, 'Blood' y 'DNA' samplea las feroces reacciones que los comentaristas de Rupert Murdoch dedicaron a su himno 'Alright'. Recordemos que fue el estribillo que cantaban en las calles muchos manifestantes del movimiento Black Lives Matter durante las protestas de Chicago, Cleveland y Nueva York, entre otras ciudades. Se llegó a calificar la canción como un 'No nos moverán' de los barrios negros del siglo XXI. Un poco de esperanza contra la violencia policial.

En 'Damn.' continúa la guerra de Lamar contra el presentador Geraldo Rivera, que llegó a decir que “el hip-hop es más dañino para la comunidad negra que el racismo”. En realidad, el debate es más interesante de lo que parece. “El hip-hop es un arma poética y poderosa que se está usando para que poner a las minorías (negros y latinos) en contra de los oficiales que han jurado protegerlos. Se apuesta por la mentalidad de nosotros contra ellos”, advierte Rivera, que considera a Lamar el mejor rapero vivo junto a Drake. Por supuesto,el veterano periodista tiene razón en denunciar que la agresividad contra la policía no lleva a ningún lugar deseable. Lo triste es que olvida incluir en la ecuación la facilidad de gatillo de los agentes blancos contra cualquier joven afroamericano que vista sudadera con capucha después de las seis de la tarde. Tampoco menciona un feroz sistema carcelario, perpetuado por Obama, que contribuye a que haya más jóvenes negros en la cárcel que en la universidad, según ha explicado en un exhaustivo estudio la jurista Michelle Alexander.

U2 y Rihanna

Los cortes más llamativos son los que cuentan con voces de Rihanna y Bono. El primero se titula 'Loyalty' y trata del combate interior de Lamar entre la necesidad de ser humilde y la aspiración a la grandeza artística. “Es muy duro ser modesto”, recita Rihanna en el estribillo. El título de la canción, traducible por lealtad, tiene que ver con la búsqueda de algo a lo que ser fiel. “¿El dinero? ¿La fama? ¿La maría?¿El alcohol?”, se pregunta el rapero. La colaboración con U2 ha levantado algunas cejas, por la escasa relación que puede intuirse entre un joven de gueto menor de treinta años y unos dinosaurios acostumbrados a los récords y las alfombras rojas. En realidad, ambos son artistas con mentalidad de la vieja escuela, convencidos del poder balsámico y político de la música. En tiempos donde mandan los estribillos de mover el culo, sobreviven los intentos de usarla como estímulo de la conciencia social. Dicho esto con con todos los reparos que podemos poner a los posicionamientos y prácticas económicas del grupo de Bono.

Persecución policial

La canción más comentada es 'Duckworth', que cierra el álbum. Allí se cuenta la historia, supuestamente real, de cómo hace años su padre y el jefe de su discográfica coincidieron por casualidad, antes de conocerse, en el Kentucky Fried Chichen donde trabajaba el primero. El ejecutivo discográfico, Anthony “Top Dawg” Tiffith, con antecedentes policiales, huía de unos agentes que querían detenerle. La cosa estuvo a punto de terminar a tiros, pero finalmente pudo evitarse la tragedia. Más que una historia, suena como un clavo ardiendo al que agarrarse en tiempos de incertidumbre política.

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