el columnista publica 'arden las redes'

Juan Soto Ivars: "la derecha va de punk pero es tan correcta como la izquierda"

El enfant terrible del periodismo español carga contra las cacerías de Twitter, el feminismo de zasca y la poscensura en su nuevo libro publicado por Debate

Foto: Juan Soto Ivars. (Andrea Palaudarias)
Juan Soto Ivars. (Andrea Palaudarias)

España es un país donde puedes ir a la cárcel por un tuit. También te arriesgas a perder un cargo, una beca o la cordura, muchas veces entre aplausos de miles de personas que teclean enfurecidas. Por eso suena sensato el título del nuevo libro de Juan Soto Ivars: ‘Arden las redes. La poscensura y el nuevo mundo virtual’ (Debate). El columnista más polémico de este diario, que cosecha admiradores y detractores, disecciona nuestras guerras culturales, especialmente intensas desde que llegaron al poder los llamados partidos del cambio.

Prado CamposPrado Campos

También señala otros factores clave, como la crisis económica de la prensa tradicional, endeudada con bancos y fondos de inversión. “Los medios muchas veces empeoran el problema al dar legitimidad a los linchamientos digitales. Lo ven como una forma barata de aumentar el número de clics. El odio en Twitter se extingue si no se aviva desde los titulares”, apunta. Soto Ivars denuncia el deterioro de la conversación pública, hasta el punto de que insultos como “machista”, “fascista” o “buenista” pasan por argumentos para zanjar un debate.

¿Qué es la poscensura?

La censura vertical, impedir que se publique o circule un contenido, se dirime hoy en los tribunales. La poscensura consiste en la justificación social de cualquier acto censor. ¿Un ejemplo? Ivars se muestra decepcionado por el rechazo de un sector del feminismo a aceptar las disculpas del humorista Jorge Cremades, dos días después de una demoledora entrevista, que llegó a trending topic. “Cuando el chico reconoce que se equivoca, que ‘la ha cagado’, a muchos les da igual. Yo me pongo a leer hasta el comentario quinientos y la respuesta dominante es ’borra todos tus putos vídeos’.

'Arden las redes'. (Debate)
'Arden las redes'. (Debate)

En España hay gente pidiendo más censura. De hecho, para un montón de personas, descubrir la libertad de expresión ha tenido el efecto de que comenzar a odiarla”, lamenta. ¿Qué nos jugamos en esta batalla? “Los votantes del PP que celebran las restricciones de libertad en el Código Penal no parecen ser conscientes de que puede llegar un gobierno de signo contrario y hacer lo mismo en favor de los suyos”, señala.

Feminismo de ‘zasca’.

Soto Ivars admite que apenas mira Twitter, ya que “no es un lugar para el debate, sino para las consignas”. Recuerda estar en Carne Cruda, el programa de radio de Javier Gallego, hablando con la feminista Barbijaputa, de quien pensó que no parecía la misma persona que en las redes. “Estoy seguro de que si nos sentamos a charlar en una mesa el tono sería totalmente distinto. Yo he aprendido cosas con los artículos de Barbijaputa, pero ya no la leo por cómo me insulta. Supongo que a ella le pasará algo parecido conmigo”. No duda de que los hombres tenemos privilegios, ni de que nuestra obligación sea cuestionarlos. Lo que encuentra improbable es que las cosas vayan a mejorar a golpe de “zasca” digital.

Llevamos 30 años de corrección política y es hora de admitir que no es eficaz para resolver el racismo, el machismo, ni otros problemas

Algo parecido ocurre en Estados Unidos: Hillary Clinton, candidata demócrata, hizo bandera del feminismo, pero perdió contra Trump. “Ella pensó que podrían beneficiarle aquellas declaraciones del millonario en las que animaba a coger del coño a cualquier putilla. El resultado es que el 53% de las mujeres blancas votaron a Trump”, recuerda. ¿Conclusión? “Llevamos treinta años de corrección política y va siendo hora de admitir que no es eficaz para resolver el racismo, el machismo, ni otros problemas importantes”, afirma.

Autocensura política

Como admirador de Orwell, también le espanta la existencia de empresas como Writing In The Margins, dedicada a limpiar manuscritos de expresiones potencialmente ofensivas para los lectores estadounidenses. “La autora de Harry Potter, J.K. Rowling, contrató este servicio para evitar escándalos. En la España actual puedes ir a la cárcel por una broma sobre Carrero Blanco. En una sociedad occidental, la libertad de expresión debería ser un diez, pero este tipo de cosas hacen que nos quedemos en un siete”, denuncia. Sin duda, sufrimos mecanismos de autocensura, hijos del refinamiento que ha ido desarrollando el poder. “Aquí conocemos bien esa lógica. Piensa en el cambio que se da con Manuel Fraga cuando era ministro de Franco. Decidió no prohibir previamente publicaciones, ya que era más eficaz el castigo del secuestro posterior, con sus costes económicos. Lo que se fomenta es el autocontrol y la autocensura”, apunta.

La derecha va de punk

Hagamos balance: ¿no tiene la impresión de que en España todas las batallas culturales las gana la derecha? “Sí, ahora van de punkis, pero es mentira que sean políticamente incorrectos, a pesar del bus de Hazte Oír. Lo incorrecto sería no ofenderse cuando cuestionan tus convicciones. Si te metes con la familia, la Biblia o la Semana Santa, van a por ti con los mismos recursos y con la misma saña que los izquierdistas más furibundos. Hazte Oír no son políticamente incorrectos, ya que luego están pidiendo a El Corte Inglés que retire los anuncios donde aparecen matrimonios gays. Ignacio Arsuaga es corrección política de manual”, señala.

Hazte Oír no son políticamente incorrectos, ya que luego piden a El Corte Inglés que retire los anuncios de matrimonios gays

Ivars subraya que, más que la frustración, el combustible de la situación actual es el miedo: “En 2007, el Banco de España y nuestro presidente decían que el sistema financiero era fiable. Luego nos fuimos todos a la mierda. Yo pasé cuatro años ganando doscientos euros al mes. Por si fuera poco, no sabemos parar el calentamiento global, Trump ha resucitado el peligro nuclear y te pueden atacar lo mismo por ser gay que por hacer un chiste contra los gays. Son tantas las amenazas que soportamos cada día que es comprensible que la gente se exprese de forma violenta. El miedo siempre es importante en las épocas de censura. Con la bonanza económica, había más libertad de expresión, más tolerancia”, recuerda.

Autocrítica sobre la huelga de FNAC

El día anterior a la entrevista, pido por Facebook preguntas de los lectores. Confirmo el enorme interés que despiertan los textos de Ivars. También encuentro un intenso malestar por los artículos que escribió contra la huelga de la FNAC en abril de 2014. ¿Qué piensa ahora de aquello? “Me arrepiento del tono del artículo porque tiene mucho que ver con el trato que recibí por parte del sindicato CGT. Se dirigían a mí como autor, para que no firmara en Sant Jordi, con mensajes presionando para que me uniera a la huelga. También me llamaban ‘puto esquirol’. Era un momento en el que yo tenía mil seguidores y ellos una posición de poder”, apunta.

Me arrepiento del tono del artículo contra la huelga en FNAC porque tiene mucho que ver con el trato que recibí. Me llamaban 'puto esquirol'

Resulta admirable escuchar a un columnista reconocer un error. “En el plano moral, creo que no debería haber escrito esos artículos. No soy quién, ya que no trabajo allí. Las condiciones de trabajo de la FNAC y de los centros comerciales en general me parecen un puto asco. En esa polémica, hubiera estado más guapo callado, la verdad”. ¿Por que no ha admitido esto en los últimos tres años? “A veces, me han pedido que me retracte, pero usaban un tono que…no sé… me han insultado mucho por esos textos. Tienen sus motivos para llamarme esquirol, ya que di más peso a la mayoría de trabajadores, que no secundaban la huelga, que a los tres que sí. Quizá hubo quien no se apuntó a la huelga por miedo. La cagué, soy partidario de la mejora de las condiciones, pero estaba muy influido por los ataques personales que estaba recibiendo”. Soto Ivars no solo predica, sino que se aplica el cuento.

‘Arden las redes. La poscensura y nuevo mundo virtual’ se presenta en Barcelona el 11 de mayo (La Central del Raval) y en Madrid el 18 (Tipos Infames).

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