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De Martes y Trece a las vanguardias: Javier Aguirre, el Jeckyll y Hyde del cine español

La filmografía del director de cine donostiarra es de lo más atípica: de codearse con Truffaut a dirigir al entonces trío cómico más popular de los 80

Foto: Javier Aguirre trabajando en su laboratorio en un fotograma del documental '(aguirre)'
Javier Aguirre trabajando en su laboratorio en un fotograma del documental '(aguirre)'

Pasa de los 81 años, pero sigue teniendo un espíritu punk. Es el abanderado del cine más radical, y eso que dirigió a Parchís y a Martes y Trece como "trabajo alimenticio" para financiar su verdadera vocación: el cine experimental. Creo una nueva corriente: "el anticine". Y su legado, de más de 80 películas, va desde el puro ensayo sobre el lenguaje cinematográfico hasta taquillazos como 'Una vez al año ser hippy no hace daño' (1969), con Tony Leblanc, Alfredo Landa y Concha Velasco, o 'Pierna creciente, falda menguante' (1970), con Laura Valenzuela y Fernando Fernán-Gómez. Ahora, por primera vez, pasa de ser sujeto agente tras la cámara a objeto frente a ella en el documental '(aguirre)', de Antonio Peláez Barceló, que se estrena en la vigésima edición del Festival de Málaga.

Javier Aguirre es uno de los directores más peculiares del cine español, pero hasta ahora nadie le había propuesto hacer un documental sobre su persona. Sabe que la subsistencia en el séptimo arte depende en gran parte actualidad: "yo no tengo la culpa de la falta de memoria de los demás", dice, cuando se le pregunta qué tal lleva el retiro profesional. Acompañó a Truffaut por las calles de San Sebastián y grabó a Orson Welles en uno de sus periplos españoles, pero también dirigió a María Jesús y su acordeón en un musical basado en 'Los pajaritos'. "Usted la ha bailado, usted la ha cantado, vea ahora la historia de 'Los pajaritos'", rezaba el anuncio en 1983. ¿Cómo puede ser el director más experimental del cine español, a la vez, el responsable de los musicales de la España más hortera?

De Martes y Trece a las vanguardias: Javier Aguirre, el Jeckyll y Hyde del cine español

Cuenta Esperanza Roy, su mujer y musa del cine de terror de los setenta, que en un rodaje estuvo a punto de acuchillarle por lo perfeccionista que era, aunque la sangre no llegó al río. Sigue siendo un inconformista y el cine español actual no le interesa demasiado, porque "no es lo suficientemente radical". Del 'enfant terrible' Albert Serra piensa que es demasiado "normal". "Me parece que no es tan revolucionario como las cosas que yo u otra gente hacemos", sentencia. Ahí es nada.

Aguirre y Truffaut juntos en el Festival de San Sebastián
Aguirre y Truffaut juntos en el Festival de San Sebastián

Fue en 1961 cuando, con 'Pasajes tres (lo viejo, lo nuevo y más)', Aguirre se hizo con la Concha de Oro a mejor cortometraje del Festival de Cine de San Sebastián. A partir de ahí, más de cinco décadas de trayectoria y 80 títulos en su filmografía. Y aunque no haya estrenado desde 2009, sigue saliendo a grabar habitualmente. "La primera película experimental que hice fue en el año 1960 y desde entonces hasta ahora ha llovido mucho, pero sigo rodando, puedo decir que continuamente, lo que pasa es que lo hago en mi casa con una moviola y una empalmadora", explica.

"Yo he hecho dos tipos de cine: uno que depende de la taquilla y otro que no. Cuando he hecho cine experimental lo he hecho sin importarme nada lo que digan los demás. Es mi receta: o el público, o hago lo que me da la gana". Por eso pronto dejó de interesarle lo que le gustaba a la mayoría, pero concibió su trabajo en la industria comercial como una herramienta para poder sacar adelante sus proyectos más personales. "Para mí hacer cine comercial era imprescindible, porque si las otras películas más experimentales no me las pagaba yo, no me las pagaba nadie", justifica.

De Martes y Trece a las vanguardias: Javier Aguirre, el Jeckyll y Hyde del cine español

Aguirre pasaba de dirigir a Fernando Esteso vestido de cura a, sin apenas transición, una vela consumiéndose durante más de una hora mientras Fernando Fernán-Gómez leía a Samuel Beckett. Los productores dejaron de financiarle películas comerciales, pero a él no le importó: "Cuando dejé de hacer cine convencional no tuve más remedio, aunque mi 'anticine' no tenía salida. Yo ya tenía una edad y dije: 'Voy a dejarme de tonterías y voy a hacer lo que me gusta... Ya no me interesa hacer ese otro tipo de cine más comercial'".

Javier Aguirre en un fotograma de '(aguirre)'
Javier Aguirre en un fotograma de '(aguirre)'

Porque lo que le interesa a Aguirre es la "subversión", que es la "naturaleza de este cine experimental”, y no le importa que "al ser una cosa tan radicalmente distinta provoque el rechazo de los espectadores". Para él, su cine tiene más sentido dentro de un museo que en unos multicines. "Ya existía el anti-arte -creo que fue Dalí el que lo llamó así en los años 20-, y por eso decidí llamar 'anticine' a mi trabajo". Como ejemplo, sus 'Variaciones 1/113' (2003) en la que reproduce 113 veces, una detrás de otra y con ligeros cambios, el mismo beso entre Inés Sastre y Javier Bardem con un poema de Borges de fondo.

En 'Variaciones 1/113' (2003) reproduce 113 veces, un beso entre Inés Sastre y Javier Bardem con un poema de Borges de fondo

Recuerda el director donostiarra cuando el franquismo censuraba su arte. "Algunos no me desaprobaban porque no se enteraban", se ríe. "Aunque alguna vez me llegó alguna carta del ministerio muy graciosa. Una, sobre una película que hice que no tenía nada, un 'sin film', una película transparente, que en principio me prohibieron. Me imagino que fue porque no la entendían y pensaban que iba a armar escándalo cuando se proyectase frente a un público normal. Yo les contesté con un par de hojas explicativas hablando del arte en general y, después de protestar, la autorizaron para todos los públicos".

Cartel de 'Martes y Trece, ni te cases ni te embarques'
Cartel de 'Martes y Trece, ni te cases ni te embarques'

Y aunque los tiempos de la censura política han pasado, para Aguirre el cine sigue sin ser del todo libre. "Ahora la censura es económica", critica. Además, "el espectador está acostumbrado a una cosa más facilona, más narrativa". Y la necesidad de ser rentable, para él, ha hecho que el cine más"explorativo" y menos "explicativo" haya casi desaparecido.

"Yo creo que las vanguardias ahora están en otras artes", lamenta. "Desde luego, en el cine, poco. Gente como Michael Snow o Jonas Mekas siguen haciendo algo que es 'anticine'. O Stan Brakhage, que ya se ha muerto. Pero en general somos pocos los que quedamos vivos. Éste es un cine para pensar, que te aporta una visión absolutamente contraria a la normal. Yo lo he definido a veces como un exceso de amor al cine, en el sentido de que uno quisiera que el cine estuviese a la altura de las demás artes, cosa que no ocurre".

"Yo creo que las vanguardias ahora están en otras artes. Desde luego, en el cine, poco", lamenta Aguirre

Como caso extraordinario, "'El perro andaluz' de Buñuel, rodada en el año 29, que es un caso claro de anticine en el sentido de que se aparta de todo lo que se hacía en la época. Es de las pocas veces que el cine ha estado a la altura del arte que se hacía en la época", afirma el cineasta.

Ahora, a sus más de 80 años, Aguirre se sigue sintiendo un revolucionario del séptimo arte. Un doctor Jeckyll y Mr. Hyde del celuloide. "Un francotirador", un caso único en la historia del cine español que no ha tenido apenas sucesores en las generaciones más jóvenes. Leyenda viva del 'anticine'.

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