la lucha de la fe y el placer carnal

Plácido Domingo devuelve la fe al Liceu

El cantante protagoniza una aclamada y aplaudida versión en concierto de 'Thaïs', de Massenet, en el coliseo catalán

Foto: Plácido Domingo y Nino Machaidze en el Liceo (Liceu)
Plácido Domingo y Nino Machaidze en el Liceo (Liceu)

Cuando 'Thaïs' encara el final, el fanático monje Athanël se retuerce y tortura por el amor carnal que ha combatido desde el principio. Confiesa que es preso de la pasión que siente por la pecadora y casquivana Thaïs, a la que ha convertido a la fe. Y Plácido Domingo, aunque fuera en una aclamada versión concierto de la ópera de Massenet, sabe desplegar sus dotes interpretativas y subir al escenario del Gran Teatre del Liceu de Barcelona la fuerza del conflicto que atormenta al religioso.

Decía el cantante madrileño la semana pasada que el compositor francés “es un pintor con la música”. En este cuadro la paleta camina entre el pecado y la redención, la condena y la salvación, el placer terrenal y la fe. Un juego de opuestos que dominan una de las óperas menos conocidas de Massenet, que se ha visto en el coliseo catalán bajo la batuta de Patrick Fournillier y con Domingo como estrella.

El público barcelonés es fiel a Plácido Domingo y se lo demuestra. Las dos funciones del concierto estaban llenas y en la del pasado sábado las intervenciones del cantante madrileño eran minuciosamente aplaudidas desde el primer cuadro del primer acto. El tenor consagrado a la interpretación de tonos baritonales sumó hace un lustro a su repertorio —nada menos que 147 roles— a este monje cenobita en una versión escenificada de la ópera que se estrenó en Valencia y destacó por la exigencia física y vocal del personaje.

En este recital incorpora sus cualidades dramáticas y consigue lanzar más allá a Athanël y desencorsetar el hieratismo de estas óperas en concierto. A sus 76 años Plácido Domingo sigue brillando y, sobre todo, es una atracción que llena plateas y palcos. El Liceu acabó en pie el sábado entre bravos, aplausos y lanzamientos de flores al escenario por parte de sus fieles.

Domingo protagoniza 'Thaïs' en su versión en concierto (Liceu)
Domingo protagoniza 'Thaïs' en su versión en concierto (Liceu)

Aunque asegura que ni remotamente piensa en dejar de cantar, lo cierto es combina las óperas con estas versiones escenificadas que le permiten descansar más frente a las agotadores sesiones de ensayos. “Ahora hay una tendencia a hacer las óperas en versión concierto, en parte por la poca disponibilidad de artistas para hacerlas en escena y porque es la forma de escuchar óperas de difícil producción”, añadía el cantante madrileño, para quien una de de las ventajas del concierto es la intensidad y la concentración que permite a los cantantes.

En su vuelta al Liceu (el año pasado celebró sus 50 años en este escenario con un alabado 'Simon Boccanegra') estuvo acompañado por la estupenda soprano georgiana Nino Machaidze. Más contenida pero precisa también en aportar los matices necesarios para una Thaïs consagrada a Venus y al pecado en Alejandría que acaba abrazando a Dios y muriendo en paz frente a un enamorado y roto Athanël. Massenet compuso esta preciosa partitura con la vista puesta en el lucimiento de la soprano, en concreto de la cantante californiana Sybil Sanderson, pero sobre todo se asienta sobre una preciosa música a caballo entre el orientalismo y tardorromanticismo que llega a su punto máximo con 'Méditation', un impresionante solo de violín que cierra la primera parte de la ópera.

Un estreno al desnudo...

'Thaïs' es un título fiel en el repertorio del Liceu. Hace una década también se hizo en versión concierto, pero desde que se estrenara en 1905 con la mítica Hariclea Darclée a la cabeza y no ha vuelto a verse en versión escenificada desde 1957. Ese montaje, dirigido por el maestro Gustave Cloëz, tuvo a unos correctos cantantes, según las crónicas de la época, pero pasó a la historia del coliseo barcelonés por otro motivo. En la última frase de primer acto, la soprano Michèle Le Bris se soltó la parte superior de su vestido en un inesperado striptease que no pasó desapercibido ni para la orquesta, que sin dejar de tocar se giraba para ver la improvisación de la diva.

Sin tanto revuelo pero con el mismo interés ha vuelto ahora el título al teatro barcelonés con un Plácido Domingo que no para de trabajar. En junio estará en Viena dando vida al marqués de Posa de 'Don Carlo'; prepara su vuelta a la Scala de Milán con 'Tarmelano', de Häendel, papel con el que también volverá a su registro de tenor, y antes, entre marzo y abril, pasará por Chicago, Tokio, Los Ángeles y Nueva York, donde llevará a la Metropolitan Opera 'La Traviata', 'Don Giovanni' y la celebración del medio siglo de su debut sobre ese escenario. En julio también visitará Madrid con la versión en concierto de 'Macbeth' en el Teatro Real.

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