primer disco

Paco Soto: "Cuando llegué a Madrid me daba vergüenza no ser gitano"

El guitarrista debuta con 'Vida', un álbum sentido y contagioso, que abarca desde lo íntimo hasta las matanzas en Siria

Foto: Paco Soto
Paco Soto

No soy crítico de flamenco, una tarea que exige dedicación vital exclusiva. Sí me considero interesado, categoría peso ligero, de los que acaba escuchando entre diez y quince discos al año, desde finales de los ochenta (incluyo aquí todas las posibles fusiones del género). Desde esta posición, puedo decir que he disfrutado mucho 'Vida', de Paco Soto (Águilas, Murcia, 1991), un álbum sencillo, fluido, contagioso, de esos que no cansan nunca. La quinta canción, titulada 'Paco', está dedicada a Paco de Lucía, lo que nos da una pista sobre los referentes del autor. "Es el único artista a quien escucho todos los días", explica Paco Soto.

A los diez años, cuando vivía en Tánger, le reglaron una guitarra flamenca que no soltado hasta ahora. Su afición le ha llevado lejos, desde Nueva York a Japón. Ahora busca hacerse un nombre propio en el flamenco, un género popular y colectivo, poco compatible con estos tiempos de ego, codicia y prisa.

PREGUNTA. ¿Qué es lo más importante que has aprendido de Paco de Lucía?

RESPUESTA. Al principio, de pequeño, quería cantar, me ponía la fregona en la cabeza y hacía mi 'Lluvia de estrellas'. Luego me interesé por la guitarra: mis padres me la compraron y a los dos meses mi hermano me regaló 'Fuente y caudal', de Paco de Lucía. Me tiré un día entero escuchando ese disco, pensando "guau, esto es lo que yo quiero hacer el resto de mi vida'. Para mí es como un padre, una presencia constante en mi vida. Primero fueron las cintas, luego los discos, luego los vídeos de Youtube…Solo le conocí en persona un día, en Marbella, en uno de sus últimos conciertos.

Paco de Lucía hoy es tan familiar, en cualquier país, como la melodía del Nokia. Tiene un mérito artístico y un impacto enorme

Su segundo guitarrista, Antonio, que es sobrino suyo, toca conmigo una bulería en este disco. Me propuso presentármelo. Yo estaba muy nervioso. Nos fuimos a cenar a un sitio donde estaba Andrés Pajares contando chistes. Todos nos reíamos, pero yo estaba temblando, mirándole a Paco la cabecica. Hablé muy poco con él, me daba mucha vergüenza. Me puse a jugar con su hijo, así que él se acercó a hacer una broma, diciéndole "qué haces tú con este, que tiene toda la cara de Vicente Amigo, con esos pelos…" Paco era muy perfeccionista y pensaba que el sonido de aquel concierto no había sido bueno, aunque a mí me pareció perfecto. Estuve bebiendo cubatas para calmarme y no lo conseguí. Le debemos mucho, tanto por sus grandes discos como la repercusión de 'Entre dos aguas', una canción que ha hecho que el flamenco se conozca en todo el mundo. Hoy es tan familiar, en cualquier país, como la melodía del Nokia. Tiene un mérito artístico y un impacto enorme.

P. ¿Tiene Paco de Lucía el reconocimiento que merece?

R. Diría que no. Debería estudiarse en los colegios. También encuentro triste que el gobierno tuviera su cadáver esperando tanto tiempo en el aeropuerto cuando murió. Fue por un cambio de aviones. Si hubiera sido una personalidad no flamenca, lo hubieran arreglado todo antes. Algún telediario, al dar la noticia del fallecimiento, dijeron que era cantante. Creo que merece más.

P. ¿Nunca te llamó cantar?

R. Claro, soy un cantaor frustrado. De pequeño vi que la voz no era lo mío. Mi cantaor me dice que tengo "voz de payo payo". También se ríe diciendo que tengo el eco de Rajoy. Mejor me quedo con la guitarra.

'Vida'
'Vida'


P. Antes se aprendía el flamenco en las fiestas familiares. Ahora escuchando Youtube y en los conservatorios. ¿Se pierde algo con el cambio?

R. Por supuesto. Yo me metí en un conservatorio y duré un mes. El profesor, nada más entrar, me dijo que tocara algo. Luego le pedí yo que hiciera una bulería. Respondió que no, que bulerías no sabía tocar. Sacó una partitura y tiró por 'sabicas'. Para mí eso no es flamenco, tocar con partitura. Es verdad que te hablo del primer año en que los conservatorios comenzaron a impartir flamenco. Creo que todavía no hay profesores a la altura. Es una pena, supongo que mejorará con el tiempo. Ahora, gracias a Internet, hay guitarristas suecos que tocan de muerte, pero para aprender flamenco hay que juntarse con los gitanos, son los mejores, unos máquinas. El mejor guitarrista de la historia es payo, pero tenía una familia flamenca, con un padre que volvía de fiesta a las siete de la mañana y acompañaba a los artistas donde les tuviera que acompañar. El flamenco es el estilo de vida de los gitanos, una forma de celebrar y amortiguar las tragedias. No es verdad que lo lleven en la sangre, es su forma de socializar.

El flamenco es la vida de los gitanos, una forma de celebrar y amortiguar las tragedias. No lo lleven en la sangre, es su forma de socializar

P. ¿Cómo es tu relación con la comunidad gitana?

R. Muy buena. Me siento muy querido. Al principio, cuando llegué a Madrid, me daba vergüenza no ser gitano. Vine solo, sin conocer a nadie, así que me sentía un poco solo en un ambiente donde todos eran gitanos. Lo que ellos aprecian es que seas como eres, que no intentes fingir. Al contrario de lo que suele decir, los gitanos no son nada racistas, por lo menos los gitanos flamencos. Conmigo nunca tuvieron un gesto de racismo. Yo les necesito: cuando compongo algo, tengo que tocarlo delante de ellos para ver si funciona o no. Si es algo que les da igual, sé que tengo que seguir trabajando. Necesito ese punto salvaje, que es lo que les llega.

P. En el disco has tirado por los grandes temas: infancia, deseo, guerras…

R. Sí, se me ocurrió la idea de que cada tema te llevara a una sensación. Lo normal es cada tema sea un palo, pero yo he preferido tirar por sensaciones. El flamenco es muy visceral, no sabes cuándo parar. De "Infancia" llevé compuestos treinta segundos y el resto lo saqué del tirón en el estudio. La bulería de Paco y la de 'Deseo' las compuse un mes antes de entrar a grabar. Tenía otro disco distinto en la cabeza y de repente me vino la inspiración. Me salieron cuatro temas de golpe. Es difícil detectar si algo es inspiración o un subidón del momento. Para lo que ha servido el disco es para lograr que los gitanos ensayen, algo complicado si no les pagan. Ellos, en principio, son muy reacios, pero grabar un disco es una excusa para convencerles. Ahora ya siento que he encontrado a mi gente.

P. ¿Hubo algo suceso concreto que te inspirase la canción sobre las masacres de Siria?

R: Aprendí a hablar árabe de pequeño. Mis mejores amigos de Tánger los conservo. Tengo mucha relación con el mundo árabe. Conozco a unas personas que pasan dinero todos los meses a una familia siria, pero no les dejan traerla para España. La pobre gente se está muriendo y nadie hace nada. Quise ofrecer el tema a una ONG, tocar gratis para los refugiados, recaudar dinero de alguna forma, pero ninguna me hizo caso, así que acabó metida en el álbum.

P. Has financiado tu disco con crowdfunding. Está desapareciendo el dinero público para cultura. ¿Ves futuro en dedicarte a esto?

R. En gran medida, es cuestión de suerte. Hay grandes nombres flamencos que también se autoeditan los discos porque las discográficas no pagan nada. Yo no noto tanta diferencia porque cuando empecé a tocar ya estaba la crisis y solo conozco los buenos tiempos de oídas. Está claro que han bajado bastante los cachés. Muchas salas grandes ya no los ofrecen, sino que van a porcentaje. Son veinte-ochenta o treinta-setenta para el artista. Te puede ir bien o te puedes estrellar. En un teatro es más bien sesenta-cuarenta. Se ha perdido seguridad. Yo tengo que tocar todos los jueves y viernes en un teatro, pero no sé si voy a poder pagar el alquiler. Una vez que te lo curras, todo es suerte y contactos. Hay mucho amiguisimo y servilismo, que es algo que no me va. Antes se apostaba por la gente nueva, ahora nadie quiere riesgos.

P. ¿Hasta qué punto se han autosaboteado los gitanos? Conozco programadores culturales que quieren contratar flamencos, pero no lo hacen porque muchos se niegan a hacerles una factura.

R. De eso hay bastante. Por temperamento y porque en los buenos tiempos se movía tanto dinero que siempre había alguien que te lo acababa haciendo. Recuerdo un viaje para ir a tocar a República Dominicana: en el avión, repartían los documentos para pasar la aduana y ya dices "traed, venga, que los relleno yo todos". Es algo normal: mi cantaor, que tiene 45 años, no ha ido apenas a la escuela. Vivía en una chabolilla, tuvo que ponerse a trabajar a los ocho o nueve años y cantar en los ratos libres. Ahora ya tiene dos nietos. Lo de la factura también me ha pasado a mí. El primer día que toque para un ayuntamiento me la pidieron y yo entendía nada. Quería que me dieran en mano el dinero que me debían. Acabé yendo a un papelería a pedir esos cuadernillos que tienen en los bares, donde apuntan lo que has pedido, porque recordaba que ponía "facturas" en la portada. Volví al ayuntamiento con eso escrito a boli y me preguntaron si era una broma. Tuve que llamar por teléfono y que me explicaran qué era una factura de verdad. Solo tenía diecinueve años.

El problema es que ahora ves yendo a todos al baño a meterse truja. En vez de desear seguir tocando, lo que tienes es ganas de meterte otra raya

P. Cuentan los periodistas especializados en flamenco que muchas veces los verdaderos conciertos tienen lugar después del recital oficial, cuando los músicos salen del auditorio y se ponen a tocar para ellos y su círculo hasta las seis de la mañana. ¿Sigue viva esa tradición?

R. Antes se sacaban unas sillas y una botella de whisky y se estaba tocando la noche entera. Eso sigue pasando en sitios como Casa Patas, pero la cosa ha ido cambiando, incluso en locales emblemáticos de Madrid, donde antes sí se hacía. El problema es que ahora ves yendo a todos al baño a meterse truja. En vez del deseo de seguir tocando, lo que tienes es ganas de meterte otra raya de aquí a un rato. La cocaína se está cargando el flamenco. Se pierde el arte porque el arte requiere tiempo. Hay que esperar el momento de inspiración, no estar con la cuenta atrás de cuándo te vas a meter otro tiro. Un cigarro o una copa los tienes en la mesa y los puedes disfrutar poco a poco, mientras escuchas tocar al resto. Irte al baño es otra cosa. El flamenco requiere conexión con las personas que te rodean, cuando te metes una raya la única conexión que queda es con la siguiente que te quieres meter.

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