la gran divergencia

La edad de la pólvora: cuando China se durmió y Occidente conquistó el mundo

El historiador y sinólogo estadounidense Tonio Andrade revoluciona en su último libro nuestros conocimientos acerca de cómo Europa logró, contra todo pronóstico, dominar el planeta

Foto: Edward Duncan - 'El buque británico Némesis destruyendo juncos chinos' (841)
Edward Duncan - 'El buque británico Némesis destruyendo juncos chinos' (841)

Occidente gobierna el mundo desde que los soldados de la reina Victoria saquearon el Palacio de Verano del emperador Xianfeng en 1860. Más o menos. Lo logró gracias a la Revolución Industrial, al carbón y al acero, a su dominio de los mares y a que, como glosó con escasa delicadeza el poeta anglofrancés Hilaire Beloc: “Pase lo que pase tenemos / la ametralladora Maxim y ellos no”. Pero, ¿de dónde procedían aquellas increíbles ventajas? ¿Por qué no fue la armada china la que se abrió paso a cañonazos por el Támesis?

"China es un león durmiente. Cuando despierte, el mundo se echará temblar". La predicción aventurada por Napoleón en 1816 parece hoy tan lúcida como exacta: no hay duda de que el león ya ha abierto los ojos. Pero entonces, ¿por qué estaba dormido? China fue durante la mayor parte de la historia el país más rico, poderoso y tecnológicamente avanzado del mundo hasta que algo misterioso ocurrió desencadenando una interminable decadencia que Europa supo aprovechar para tomar la delantera y someterla. El misterio ha alimentado en los últimos tiempos los más apasionados debates historiográficos centrados mayoritariamente en los asuntos económicos. Y sin embargo, según defiende el historiador y sinólogo estadounidense Tonio Andrade en su último y revolucionario libro, la clave habría que buscarla no tanto en la economía como en la historia militar. ¡Es la guerra, estúpidos!

'La edad de la pólvora' (Crítica)
'La edad de la pólvora' (Crítica)

En 'La edad de la pólvora. Las armas de fuego en la historia del mundo' (Crítica, 2017), Andrade aborda la llamada "Gran Divergencia" entre China y Occidente con la guerra como novedoso eje central, un milenio de historia en el que el fracaso oriental encuentra al fin su explicación: la guerra permanente interior y exterior a las fronteras del imperio. "La fragilidad de China", explica el autor "puede interpretarse de forma más adecuada no como un síntoma de falta de modernización, sino como la variación más reciente de un tema ancestral: la confusión generalizada por la transición dinástica que siempre estuvo acompañada de conflictos armados frecuentes e intensos, rebeldes de dentro e invasores de fuera".

Los Reinos Combatientes

El tópico afirma que los chinos inventaron la pólvora pero que, curiosamente, nunca la usaron con fines militares. Eso es falso. Tonio Andrade relata como, seiscientos años antes de que los europeos empezaran hacia 1480 a disparar sus armas ligeras y cañones, los chinos ya se mataban con pájaros de fuego y troncos de pólvora. Y al menos desde 1250, cuando la mezcla explosiva aún era desconocida en Occidente, forjaban los primeros y rudimentarios cañones. Pero la clave de la relación china con las armas de fuego -que sirve además para explicar el ulterior declive del imperio- es lo ocurrido durante el más extraordinario periodo de su historia, la dinastía Song de los Reinos Combatientes (960-1127), cuando el empleo de armas de fuego se generalizó en la guerra interminable entre los reinos.

De pronto, en los siglos XV y XVI pasa algo: los cañones chinos siguen siendo pequeños mientras que los europeos son cada vez más grandes

Un siglo después, los mongoles de Gengis Kan irrumpen en China con furia imparable hasta que Zhu Yuanzhang, el exmonje budista que fundó la dinastía Ming y pasó a la historia con el sobrenombre del 'emperador de la pólvora' logró expulsarlos a finales del siglo XIV. Para entonces China llevaba en guerra prácticamente ininterrumpida cuatro siglos, lo que, por otra parte, no le impedía mostrarse como la nación más poblada, avanzada y poderosa de la Tierra. Y así siguió. Pero, de pronto, en los siglos XV y XVI los registros detectan una peculiar divergencia: los cañones chinos seguían siendo pequeños mientras los europeos, mucho más recientes, eran cada vez más grandes. ¿Por qué? La clave podría estar en las desmesuradas fortificaciones asiáticas.

"¿Es posible que esas enormes barreras fueran uno de los principales motivos por los que los cañones se desarrollaron de forma distinta en China y en Europa?", se pregunta Andrade. Y prosigue: "Las murallas chinas eran tan gruesas, estaban construidas de manera tan magistral y eran tan preponderantes que los primeros cañones -incluso los grandes modelos europeos- habrían tenido enormes dificultades para atacarlas". Así, aquellos gigantescos muros orientales habrían servido de elemento disuasorio para el desarrollo de la artillería mientras al mismo tiempo, en Europa, el uso de este armamento se disparó. Se abría la primera brecha de la Gran Divergencia.

La Gran Divergencia

Sin embargo, durante algunos siglos más, las capacidades militares de Oriente y Occidente evolucionaron a la par. Hasta las guerras del opio. "Aunque las fuerzas europeas y las chinas estaban igualadas a principios del siglo XVIII, no cabe duda de que la Gran Divergencia Militar se agrandó en la centuria posterior. Cuando se libraron las guerras del opio entre 1839 y 1842, la divergencia era enorme, lo cual permitió a los británicos, que acusaban una grave inferioridad numérica y estaban lejos de casa, superar al ejército Quing en casi todas las batallas marítimas y terrestres", explica Andrade.

Los británicos, que acusaban una grave inferioridad numérica y estaban lejos de casa, superaron al ejército Quing en casi todas las batallas

Volvamos al principio. ¿Por qué no fue la armada china la que se abrió paso a cañonazos por el Támesis? Tonio Andrade cita en su libro la explicación más obvia y conocida: la industrialización y el avance de la ciencia militar que permitía, por ejemplo, a los barcos de vapor británicos aniquilar los endebles juncos militares chinos. Pero no cree que baste con eso. Existe otra razón para la Gran Divergencia Militar: la falta de práctica. Y es que "mientras los europeos progresaban rápidamente en la ciencia de la guerra, el poder militar chino se atrofiaba. Antes de que estallaran las hostilidades, en 1839, la China Quing vivía un largo periodo de paz relativa y sus fuerzas armadas, que en su día figuraban entre las mejores del mundo, se habían debilitado y eran ineficaces".

Así pues, después de una guerra ininterrumpida de casi un milenio, la paz repentina que se extendió a finales del XVIII había anquilosado al dragón asiático. Según relatan los viajeros occidentales, las espadas de la infantería china estaban tan oxidadas que sus soldados no eran capaces de desenvainarlas. China se durmió. Concluye Andrade: "Tal vez la dinastía Quing prosperó demasiado. Su hegemonía sin precedentes aniquiló el estímulo para la innovación militar. Durante la Gran Paz Quing, de 1760 a 1839, el Ejército chino se atrofió, y ese fue un periodo en que sus homólogos europeos estaban experimentando un crecimiento nunca antes visto en en envergadura, organización y sofisticación tecnológica. El resultado fue la Gran Divergencia Militar".

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