en la 67 edición de la berlinale

Sangre y fuego en Israel: el asesinato de Isaac Rabin

El director israelí Amos Gitai proyecta en la Berlinale 'The Law of the Pursuer' ('La ley del acosador'), su visión sobre el conflicto israelí-palestino a través del cine

Foto: Una mujer recuerda a Isaac Rabin en el 20 aniversario de su asesinato
Una mujer recuerda a Isaac Rabin en el 20 aniversario de su asesinato

"Nos desharemos de Isaac Rabin con sangre y fuego". Los gritos de la multitud resuenan en las paredes de un antiguo crematorio prusiano en el barrio de Wedding de Berlín. Benjamin Netanyahu, actual primer ministro de Israel -opositor a Rabin- arenga a una masa de gente que porta pancartas con la imagen de un Rabin caracterizado como Hitler. "La alternativa tiene un nombre, y se llama sionismo", gritan desde el balcón los líderes del bloque nacional. El 4 de noviembre de 1995, Rabin moría asesinado por Yigal Amir, un fanático de la derecha sionista. El motivo: la traición de Rabin, por no "proteger la tierra de Israel". Tras su muerte, se paralizaba la política de asentamientos del país.

El director Amos Gitai
El director Amos Gitai

Arranca la Berlinale y en su primer día proyecta 'The Law of the Pursuer' ('La ley del acosador'), una exposición audiovisual sobre la compleja visión del director israelí Amos Gitai del conflicto israelí-palestino. ¿Derecho divino o crimen contra la humanidad? Imágenes que predicen el magnicidio, masas enfurecidas de niños, de hombres, que gritan al unísono en contra de aquel que quiso traer a Arafat hasta Israel. Un tiro por la espalda. El bloque nacional busca una "verdadera paz", no "la falsa paz" que ofrece Rabin. Pero también imágenes de vallas y de edificaciones que dibujan el testimonio de Munio Weinraub, quien sufrió la persecución nazi y consiguió salvarse del Holocausto.

"La alternativa tiene un nombre, y se llama sionismo", gritan desde el balcón los líderes del bloque nacional

En 'The Law of the Pursuit', Gitai recrea la disputa jurídica y moral que siguió al asesinato del Premio Nobel de la Paz. Una crítica a la participación de los movimientos políticos de derecha y de radicalismo religioso en las protestas que precedieron la muerte de Rabin. Pero también una reflexión sobre un pueblo "de exiliados", "no de emigrantes", que ha sufrido una injusta persecución histórica que ha acabado con el pueblo palestino como otra víctima. "La derecha religiosa percibió la victoria de 1967 desde un punto de vista teológico", una justificación divina que legitimaba al gobierno judío a crear "un Gran Israel", critica uno de los personajes de 'El último día de Rabin', la última película estrenada de Gitai, integrada en este proyecto audiovisual. "La legitimación del robo ha llevado al 'hooliganismo'", apostilla, en referencia a los movimientos violentos que atravesaron la nación a mediados de los años 90, representativos de una corriente de impopularidad contra Rabin que mezcló el sentimiento de desprotección de un pueblo, las luchas y el rédito político.y el sentimiento nacionalista del país.

"Y es que los métodos de Israel fueron tres, muy concretos", prosigue. "El embargo de la tierra para propósitos militares, la declaración o el registro de terrenos como propiedad del Estado y la expropiación de suelo privado para uso público". Acompañan a esta declaración de intenciones las imágenes de grúas y camiones impregnados de tierra, esa tierra por la que se ha vertido tanta sangre. Colonos que con sus manos construyen casas, que dan los últimos retoques a golpe de martillo, dando gracias a Dios, "por haber hecho que llegue este día". Casas modestas para gente modesta, gente a la que han prometido incentivos, que ha llegado para buscar una vida mejor. Muchos de ellos armados, mientras contemplan al otro lado del valle la llamada a la oración.

En 1977, en Palestina había tan sólo tres asentamientos de poco más de 4.400 moradores. En 1992, el número de colonos había subido a más de 100.000, tan sólo en CisjordaniaEn 1977, en Palestina había tan sólo tres asentamientos de poco más de 4.400 moradores. En 1992, el número de colonos había subido a más de 100.000, tan sólo en Cisjordania. Por esa misma tierra muchos soldados israelíes han arrastrado a compañeros heridos, luchadores que han arriesgado -y perdido- su vida en un conflicto con la misión de "salvaguardar la seguridad y los derechos de los colonos". Pero en 'The Law of the Pursuer', Gitai se pregunta. "¿No constituyen los asentamientos una violación de los tratados internacionales y los derechos humanos del pueblo de Palestina?", "¿de la Cuarta convención de Ginebra de 1949?".

Por ejemplo, ¿cómo es que la ley judía permite que una persona a la que se le da el alto y no se detiene se la puede disparar? Gitai señala, pero su visión es más compleja, no unidireccional, pues también reivindica la necesidad de un pueblo condenado a vagar de encontrar una tierra. Un pueblo castigado, un pueblo exterminado en pleno siglo XX.

"En 1932 me insistieron en que no fuese a la universidad hasta la graduación, por mis raíces judías"

"Nací en 1909 y me crié en la lengua alemana". Gitai da voz a Weinraub, un represaliado del régimen nazi. Nacido en la Silesia polaca, comenzó a trabajar en la madera, hasta que en 1927 decidió trasladarse a Frankfurt am Main, Alemania, para estudiar la carrera de Arquitectura. "En 1932 me insistieron en que no fuese a la universidad hasta la graduación, por mis raíces judías". "En 1933 me enviaron a prisión, acusado de robar bocetos y trabajos de la escuela de Arquitectura". Cuando salió del encierro, tan sólo pudo pasar un momento por su domicilio a recogr sus pertenencias. Ya no le quedaba nada. Los nazis habían arrasado con todo. Weinraub acabó deportado. A Polonia. Porque quien no tuvo tierra, no pudo ser devuelto a ella.

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