Las profecías de un taquillazo clásico

Populistas contra encorbatados. Cómo 'La jungla de cristal' anticipó la era Trump

He aquí una de las teorías culturales más chocantes, pero a la vez más evidentes, sobre la capacidad de Hollywood para clavar profecías políticas

Foto: Samuel L. Jackson y Bruce Willis en 'Jungla de cristal. La venganza'
Samuel L. Jackson y Bruce Willis en 'Jungla de cristal. La venganza'

La serie de ‘La Jungla de cristal’ es "una anticipación de los antagonismos de los Estados Unidos actuales", según el director de cine Nacho Vigalondo. Atención, porque estamos ante uno de las teorías culturales más chocantes, pero a la vez más evidentes, sobre la capacidad de Hollywood para clavar profecías políticas: "Más que intuir el ascenso de Trump, las películas de ‘La jungla de cristal’ son una anticipación de los antagonismos en los que se ha apoyado la campaña de Trump. El protagonista, John McLane, se burla de tecnócratas con traje inmaculado y dobles intenciones, mientras se codea con inmediata complicidad con todo miembro de la clase trabajadora que se cruza en su camino, ya sean taxistas, azafatas u obreros de la construcción. Es la celebración maniquea del currante contra el encorbatado", resume. El populismo de derechas estaba en el aire y siempre hay un estudio de Hollywood dispuesto a capturarlo para transformarlo en dólares.

Racismo 3.0

La precisión llega a a ser escalofriante. Por ejemplo, hay chistes sobre Donald Trump y Hillary Clinton en la saga, incluso apuestas sobre si ella será la presidenta número cuarenta y dos o cuarenta y tres del país. En los primeros veinte minutos, cuando todavía no ha estallado la acción, el guión presenta todos los estereotipos demonizados que forman el esqueleto de la campaña de Trump, desde una 'chacha' mexicana, a un negro feliz de trabajar en el sector servicios interpretado por Chris Tucker, gays provenientes de California y un ejecutivo altanero y adicto a la cocaína. "No de cabe duda de que Bruce Willis es la versión posmoderna de John Wayne”, apunta el crítico cultural Casey Jaywork.

Populistas contra encorbatados. Cómo 'La jungla de cristal' anticipó la era Trump

La misma teoría desarrolla el crítico de cine Jake Cole en su blog, titulado 'Not Just Movies', donde articula la siguiente teoría: "Si la serie de ‘La jungla de cristal’ despliega alguna sustancia política es la siguiente: que las élites urbanas no tienen ni puta idea de cómo hacer las cosas y que se dedican a estrangular los esfuerzos de la clase trabajadora para que el país salga adelante", explica. El competidor amoroso de Bruce Willis es Hans Gruber, una caballero erudito y elegante, que representa la avaricia vestida con traje de diseño. "Su séquito está dominado por los alemanes, más cercanos a Karl Lagerfeld que a las Baader-Meinhof", apunta. La cinta no convence, pero sí seduce. Queda claro en este párrafo de Cole: "Sus varapalos a las figuras de autoridad y contra el egoísmo de la prensa son divertidas, pero no ciertas. Caricaturiza a la gente con poder y a los encargados de hacer circular la información como enemigos del ‘hombre común'. Por eso me parece un reflejo de los conflictos actuales, más que un eco tardío de la era Reagan", expone.

"No me toques los cojones"

Además de profética sobre el discurso del populismo de derechas, la tercera parte de la saga fue, según Vigalondo, innovadora y tremendamente eficaz. "Todas las secuencias entre Bruce Willis y Samuel L. Jackson son oro puro, una química tan perfecta que da pena que no hayan hecho comedia juntos más veces. Por escoger un momento, cuando se presentan a gritos en un taxi y Samuel L. Jackson dice "No me llamo Jesús, me llamo Zeus, como el padre de Apolo, el del monte Olimpo, el de no me toques los cojones que te meto un rayo por el culo", señala el director español.

Populistas contra encorbatados. Cómo 'La jungla de cristal' anticipó la era Trump

¿Qué novedades aportó al cine de su tiempo? "Es de mis películas de acción favoritas, y aunque el guión pierde pie en el último tercio, es un testamento de la altura técnica que podía llegar el espectáculo en la era predigital. Es el primer taquillazo que se atrevió a agitar la cámara como si la manejase un reportero nervioso (hoy por hoy es un recurso sobadísimo) y está dirigida con un carisma que hoy en día los estudios de cine dejan escapar con cuentagotas. Es una película a la vez extraña y avasalladora", reconoce Vigalondo. ¿Habrá que seguir atento a los taquillazos de hoy para adivinar los cambios políticos de mañana?

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