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Irving, Dickens, Tolkien... Los cuentos que inventaron la nostalgia navideña

Se publica por primera vez en España 'Vieja Navidad', la novela corta con la Irving inventó el concepto de nostalgia navideña y que inspiró a Dickens. Pero hay mucha más literatura navideña...

Foto: The wider image: what do you want for christmas?
The wider image: what do you want for christmas?

"De todas las antiguas fiestas, la de Navidad es, con mucho, la que nos despierta las asociaciones mentales más fuertes y sinceras. Hay un sentimiento de naturaleza solemne y sagrada que se funde con nuestra cordialidad, elevando el espíritu a un estado de gozo sublime y beatífico". Lo dice un narrador anónimo norteamericano que ha caído en estas fechas en la Inglaterra rural y va a acabar pasando las fiestas en una típica mansión de campo junto a la familia Bracebridge. Washington Irving enarboló la bandera de la tradición navideña en 'Vieja Navidad', un relato que inspiró el gran cuento de estas fechas por excelencia: 'Cuento de Navidad', de Charles Dickens.

'Vieja Navidad' es una pequeña novela que incluyó en 'The sketch book of Geoffrey Crayon', un volumen de ensayos y relatos que recogía dos de sus textos más célebres, 'La leyenda de Sleepy Hollow' y 'Rick Van Winkle'. Sin embargo, en aquel 1820 el cuento que más éxito le reportó en Europa fue 'Vieja Navidad'. Ahora la editorial El Paseo lo edita por primera vez en España, con traducción de Óscar Mariscal y casi doscientas ilustraciones de Randolph Caldecott, uno de los grandes dibujantes de la Inglaterra victoriana apodado 'el favorito de los niños', para recuperar el espíritu de esa Navidad sentimental repleta de tradiciones que no solo defendió sino grabó a fuego en el Viejo Continente el escritor estadounidense.

'Vieja Navidad', de Washington Irving (El Paseo)
'Vieja Navidad', de Washington Irving (El Paseo)

"En medio del llamamiento general a la felicidad, el bullicio de los espíritus y el despertar de los afectos, típicos de este periodo, ¿qué pecho puede permanecer insensible? Esta es, de hecho, la estación de los sentimientos regenerados: la ocasión para prender, no sólo el fuego de la hospitalidad en el hogar, también la afectuosa llama de la caridad en el corazón", añadía Irving en 'Vieja Navidad'. Y ese fue precisamente su gran valor. El escritor consiguió revitalizar la tradición navideña en Estados Unidos y construyó gran parte de la imaginería y el espíritu de las fiestas en la cultura occidental porque, como afirma David González Moreno, editor de El Paseo, Irving es "un inventor moderno de tradiciones". ¿Saben, por ejemplo, por qué se besan debajo del muérdago en Navidad? Además de la leyenda procedente de la mitología escandinava, fue Irving quien describió esta práctica como celebración natalicia y, 16 años después, Dickens escribió por primera vez sobre un beso bajo la planta como símbolo de buena suerte para los enamorados.

De este modo, Irving inventó el concepto de 'nostalgia' navideña y se erigió en muñidor de la tradición de estas fiestas como medio para, y gracias a esas estampas idílicas, restaurar la armonía social y el bienestar en un mundo cambiante e industrial. "Mas despojada como está, sin embargo, de sus honores antiguos y festivos, la Navidad es todavía un período de deliciosa emoción en Inglaterra. Estimula ver tan excitado ese amor al hogar y la vida en familia, que parece ocupa un lugar privilegiado en cada pecho inglés. Los preparativos que en todas partes se hacen para el gran acontecimiento social, que ha de reunir a los amigos y parientes; los presentes navideños -esas muestras de afecto y consideración, que inspiran amables sentimientos- cambiando de manos; las ramas de abeto expuestas en casas e iglesias, como emblemas de paz y alegría... todo ello tiene un notable efecto sobre los ánimos, provocando asociaciones de ideas cordiales y estimulando benevolentes simpatías", escribió.

De todas las antiguas fiestas, la de Navidad es, con mucho, la que nos despierta las asociaciones mentales más fuertes y sincerasLord Byron diría que se sabía este relato de memoria y Henry W. Longfellow escribió que "cada lector tiene su primer libro; un libro de entre todos que en la juventud primera fascina tu imaginación, y al mismo tiempo te excita y satisface", en alusión a esta obra. Pero donde más dejó sentir su influencia fue en el célebre 'Cuento de Navidad' (1843), de Dickens. Siempre se ha dicho que fue en este relato donde se inventó la Navidad tal y como la conocemos con su abeto decorado al milímetro, el pavo encima de la mesa, la música y los buenos sentimientos que afloran en estas fechas. En esta novela corta, el escritor inglés resaltó la visión seglar de la Navidad a partir de su propia infancia. De ahí nace la historia del miserable y mezquino Scrooge y sus fantasmas navideños para poner, igual que hizo Irving dos décadas antes, el acento en la situación social y hacer una feroz crítica a la desigualdad.

Otra de las obras navideñas por excelencia es 'El cascanueces' (1816), de Ernest Hoffman. Chaikovski se inspiró en este cuento y en el de Alejandro Dumas para crear uno de los ballets más célebre (que, por cierto, se puede ver el 27 de diciembre en el Teatro Lope de Vega y el 1 de enero en el Nuevo Apolo de Madrid), pero ambos se basan en 'El Cascanueces y el rey de los ratones', una comestible y edulcorada obra de Ernst Theodor Amadeus Hoffman. Tampoco pueden faltar entre los clásicos 'El soldadito de plomo' o 'La niña de los fósforos', de Andersen; 'Un árbol de Navidad y una boda', de Dostoevski; 'El gigante egoísta', de Oscar Wilde, o 'Cuento de Navidad', de Guy de Maupassant.

'La Navidad para un niño en Gales', de Dylan Thomas (Nórdica Libros)
'La Navidad para un niño en Gales', de Dylan Thomas (Nórdica Libros)

Acercándonos en el tiempo y huyendo de la idealización, Agatha Cristhie escribió dos relatos de asesinatos navideños protagonizados por Hércules Poirot en 'El pudding de Navidad' (1960) y 'Navidades trágicas' (1939). Dylan Thomas también describió su infancia en 'La conversación de Navidad' (1974). En 'La Navidad para un niño en Gales' (1952), publicado póstumamente, subraya esas Navidades de principio del siglo pasado mucho más puras y menos capitalistas aunque no del todo alejadas de las costumbres actuales que reúnen a la familia en torno a un árbol decorado y una mesa. Con su poética prosa, el escritor desgrana los recuerdos de una infancia ingenua y entrañable a través de una conversación entre un abuelo y su nieto rememorando las fiestas en un pueblo pesquero de Gales.

"Las Navidades fluyen como una luna fría e inquietante que avanza por el cielo que aboveda nuestra calle de camino al traicionero mar; y se detienen en el borde de las olas de aristas glaciales -verdaderos congeladores de peces-, y yo hundo las manos en la nieve y desentierro cualquier cosa que pueda encontrar", dice Thomas antes de describir lo que ocurrió una tarde de Nochebuena cuando estaba en el jardín de la señora Prothero.

También en 1952 apareció en la revista 'Esquire' 'El regalo', de Ray Bradbury, un breve y tierno relato de ciencia ficción que tiene lugar en un vuelo especial. Mientras una familia asciende en un cohete a Marte en el año 2052, los padres idean cómo hacer transmitir a su hijo la calidez del árbol iluminado y de estas fechas. Truman Capote también dejó un par de cuentos para la posteridad: 'Un recuerdo navideño' (1956) y 'Una Navidad' (1983). En ellos, da rienda suelta a sus recuerdos de infancia a través de Buddy, el protagonista, pero lo hace alejado del sentimentalismo y la ñoñería que colonizan la literatura de estas fiestas. En el primero habla de la amistad y el paso del tiempo a través de la historia de Buddy y una anciana en su últimas fiestas juntos mientras que en el segundo recrea autobiográficamente ese instante en el que nos hacemos adultos y descubrimos el gran 'spoiler' de la Navidad (y que aquí no vamos a reproducir por si acaso).

'Cartas para Papá Noel', J.R.R. Tolkien
'Cartas para Papá Noel', J.R.R. Tolkien

Otro libro curioso y muy destacable son las 'Cartas a Papá Noel', de J.R.R. Tolkien. Estas desconocidas e ilustradas cartas son las que el padre de 'El señor de los anillos' escribía para sus hijos cada año contándoles cómo vivía y trabajaba Papá Noel en el Polo Norte entre duendes, elfos, gnomos y su oso polar Karhu. Un tierno volumen que recopila las cartas que les mandó entre 1920 y 1943 y que tres años después de su muerte, en 1976, fueron editadas por Baillie Tolkien, la mujer de su hijo Christopher.

Un poco antes Francis Scott Fitzgerald publicó 'El deseo de Navidad de Pat Hobby' (1962) y en 1976 el padre de 'Lolita' hizo lo propio con 'Navidades'. En este relato Nabokov parte de algo tan poco festivo como un encuentro entre un crítico y un escritor para terminar construyendo un curioso relato navideño. Más cercanos son 'La estación del pavo' (1982), de Alice Munro, incluido en 'Las lunas de Júpiter', y 'El cuento de Navidad de Auggie Wren' (1990), de Paul Auster. Se publicó por primera vez en 'The New York Times' y narra cómo se gesta la amistad de dos hombres en una esquina de Brooklyn huyendo de los tópicos de Papá Noel, la nieve y las luces.

Dentro de las letras en español destacan 'Nochebuena' (1903), de Valle-Inclán; 'La estrella blanca' (1912), de Emilia Pardo Bazán; 'Lo que lleva el rey Gaspar', de Azorín; 'La mula y el buey', de Pérez Galdós ; 'Cuento de Nochebuena', de Rubén Darío, o 'Estas navidades siniestras', de Gabriel García Márquez. Este pequeño y desconocido cuento, publicado en 1980 en 'El País' o 'El Espectador', es un crudo relato contemporáneo sobre el sentido de estas fiestas.

No es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere "Uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran", escribe el Nobel en este relato con forma de columna, o viceversa, que se centra en la perversión social, moral y económica de estas fiestas. Y añade: "No es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones".

Sea desde el lado crítico, descreído y descarnado o desde el del apasionado navideño que adora las luces y los villancicos, estas historias están a nuestro alcance para recordarnos un diciembre más esos sentimientos hogareños e ingenuos que nos provocaba la Navidad de niños, esa época en la que, como decía James Barrie, pasa todo lo realmente relevante.

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