Nadie hablará de Dover cuando hayamos muerto. Adiós a los reyes del grunge cañí
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la retirada de un fenómeno musical NOVENTERO

Nadie hablará de Dover cuando hayamos muerto. Adiós a los reyes del grunge cañí

Dover: game over. Tiempo de analizar qué ha aportado el grupo de las hermanas Llanos, cuál es el valor musical de sus grabaciones y directos

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Dover (EFE)

Las bromas de algunos compañeros están siendo especialmente crueles con Dover. Por ejemplo, la página divinity.es, propiedad de Telecinco, titulaba esta semana “Dover seguía existiendo” y arrancaba así su texto: “Lo que más ha sorprendido a algunos del anuncio de la separación de Dover es que siguieran juntos.El grupo ha continuado publicando discos, pero la mayoría de sus fans iniciales ya hace años que les habían perdido la pista, así que tampoco ha resultado muy impactante”.

Sin duda, el contenido de estas líneas es cierto, pero también que este fenómeno ocurre con muchísimas bandas, independientemente de sus méritos artísticos. Lo que toca analizar ahora es qué ha aportado el grupo de las hermanas Llanos, cuál es el valor musical de sus grabaciones y el de sus directos.

¿Estás más gordita, no?

Aunque no lo parezca, Dover despertaron desprecio y admiración a partes iguales. Tuvieron un éxito arrollador, sobre todo en directo, llenando recintos como el Palacio de los Deportes de Madrid (doble fecha) o el Velódromo de Anoeta. “No veía tanta gente desde Mecano”, exclamó el promotor Iñigo Argomániz. También sufrieron el deprecio de muchos periodistas, incapaces de entender el motivo de su éxito. Recuerdo un momento especialmente cruel, en el prime time de Antena 3, en el que Máximo Pradera comenzó una entrevista preguntando a Cristina “¿Estás más gordita, no?”. Fue en el programa 'Maldita la hora', estrenado en 2001, que pretendía desbancar a 'Crónicas Marcianas', pero que descarriló por la falta de carisma y recursos de su presentador.

Dentro de la prensa musical de la época, yo incluido, mirábamos a Dover por encima del hombro. Pensamos que eran la versión descafeinada del grunge estadounidense. ¿Para qué escuchar a una chica gritona si teníamos los discos de Nirvana, Hole, L7, Melvins y Babes In Toyland? Personalmente, Dover no me dicen nada, pero es verdad que en esa época la mayoría de “enterados” no les dimos una oportunidad. Tampoco valoramos factores tan importantes como su profesionalidad, su entrega sobre un escenario o la aparición de dos figuras femeninas fuertes (Cristina y Amparo Llanos) en el siempre machista planeta rock español. Algo de misoginia había en nuestro juicio. También, como recuerda Mark Kitcatt, ejecutivo británico que editó el debut de Dover, “eran las que mejor cantaban en inglés con diferencia”.

¿Qué discos o canciones de Dover van a sobrevivir? Preguntamos a Eduardo Guillot, prestigioso periodista valenciano, autor del único libro sobre la banda, escrito en la cima del éxito de las Llanos. “¿El legado de Dover? Yo diría que al menos un par de generaciones seguirán reaccionando muy bien cuando en algún pub o en emisoras tipo Rock FM pongan 'Devil came to me', 'Loli Jackson' o 'Serenade'. La razón es que para mucha gente forman parte de una época clave de su vida. Y, por supuesto, que son buenas canciones. Les llovieron bofetadas por todos lados (que si vendidos, que si imitadores de Nirvana…), pero todo el que estuviera en el segundo escenario de Festimad 97 recordará el concierto que dieron. Sonaban como un cañón en una España indie que enarbolaba el amateurismo como bandera”, recuerda.

A mí su música me dice poco, pero añadiría que 'DJ' es un rodillo cuasi-metal. donde explican (creo) el miedo que les daba que la fiebre por la electrónica desbancase al rock.

Rechazo a las críticas

Guillot, además, les reconoce el mérito de intentar reinventarse. “Me han interesado menos cuando han regresado al refugio seguro del rock que cuando se han aventurado en otros territorios. 'Follow the City Lights' (giro electropop, que fue comparado con Madonna) fue una jugada muy inteligente, aunque los rockeros recalcitrantes echaran pestes de él. Y si bien es cierto que 'I Ka Kené' les salió rana, me pareció valiente que en lugar de seguir dando la brasa con el grunge se arriesgaran a explorar sonidos africanos, corriendo el peligro de perder a sus fieles, como de hecho ocurrió”, señala Guillot.

Les llovieron bofetadas por todos lados (que si vendidos, que si imitadores de Nirvana…), pero sonaban como un cañón en una España indie que enarbolaba el amateurismo

También preguntamos a Guillot por su anécdota preferida de Dover. “En 1998, en pleno subidón de la banda, la editorial La Máscara me encargó un libro sobre ellos. Les conocía desde el principio y aceptaron, pero cuando me reuní con la banda para hacer la larga entrevista que serviría de columna vertebral del texto, me sorprendieron poniendo una grabadora al lado de la mía. Habían crecido tanto y la situación era tan tensa (la “traición” del fichaje multinacional) que les habían recomendado tener copia de la conversación por si después había que rebatir algo de lo publicado”. El gesto habla a las claras de la paranoia y necesidad de control de las hermanas Llanos. ¿Cómo se tomaron el texto una vez publicado? “No discutieron ninguna de las transcripciones, pero no les acabó de gustar un capítulo donde pedí opinión sobre el grupo a numerosos periodistas, ya que algunos las cuestionaban. El más original fue Diego Manrique, que envió un texto en neerlandés como protesta porque Dover cantaran en inglés”.

Letras poco memorables

Veinticuatro años después de formarse, me siguen pareciendo un grupo soso y prescindible. Dicho esto, entiendo que millones de personas conectaran con la forma visceral de cantar de Cristina, aunque sus letras no digan gran cosa (los versos de 'Madrid', por ejemplo, carecen de cualquier alusión específica a la ciudad y parecen escritos en la servilleta de un Vips mientras esperas tu sándwich mixto). Cristina siempre fue mejor vocalista que letrista. Cantando solo tenía un truco, explotar su intensidad, pero lo aprovechaba al máximo. También creo que ofrecen canciones sólidas, bien desarrolladas y que siempre trataron con máximo respeto a su público.

Sobre su última etapa, me llama mucho la atención el giro radicalmente fashion que dieron a la imagen del grupo. Una conocida estilista, que prefiere no dar su nombre, lo describe así: “En un momento dado, no recuerdo qué año, se volvieron locas por la moda. Te las cruzabas por Malasaña luciendo bolsos de marca, carísimos, cogiendo las asas con el puño, al estilo de las señoras peperas. Dejaron de ir zarrapastrosas y empezaron a maquillarse. Fue un giro divertido, ya que se nota que lo pasan bomba luciendo modelitos. Creo que descubrieron lo divertido que es ser más femenina”, zanja.

'Let me out'

Grunge de Majadahonda

Resumiendo: Dover pasaron la etapa final de su carrera de pghotocall en photocall. Esta galería de la web Diario Femenino puede servir de ejemplo. ¿Cómo es posible que los máximos iconos del grunge hispano terminasen posando bajo logos de Kenzo, Swarovski y Ermenegildo Zegna? ¿Qué pintaban las Llanos en el front row de la pasarela Cibeles? ¿Y besando a Mario Vaquerizo mientras lucían bolsacos tipo Kelly de Hermés? Al final de su carrera, parecían tener menos que ver con Kurt Cobain que con señoronas tipo Esperanza Aguirre. Incluso participaron, en primavera de 2007, en una gira patrocinada por La Caixa, acompañando a Coti y La Oreja de Van Gogh. Verlas en las revistas fashion siempre me recordó a una maldad que suele decirse en barrios populares madrileños como Vallecas: “Los pijos vienen aquí cuando tienen veinte o treinta años, disfrutan su etapa de desfase y callejeo, pero luego son como los salmones, que remontan la carretera de la Coruña para desovar y tener críos con los suyos en Pozuelo”.

¿De dónde venía esa pasión por la moda pija? Probablemente del negocio familiar, las cinco tiendas de bolsos y zapatos que tenía su madre en zonas adineradas de Madrid. Ellas eran de Majadahonda, no de Seattle. Por eso no podían escribir letras sobre discriminación laboral, la experiencia de ser “basura blanca” o la opresión de interesarse por la contracultura en ambientes rurales reaccionarios de EEUU (asuntos habituales en el grunge). La rabia de Cristina siempre fue intimista, alérgica a la política y sin rastro de rechazo al sistema. No era rebeldía punk, sino desahogo emocional de chica bien. ¿De ahí el éxito arrollador del grupo?

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