Sexo, feminismo y aborto: 'Dirty Dancing' ya tiene su musical
  1. Cultura
del cine al teatro

Sexo, feminismo y aborto: 'Dirty Dancing' ya tiene su musical

La clásica y rompedora película de los ochenta escrita por Eleanor Bergstein llega a los escenarios españoles a partir de diciembre

Foto: 'Dirty Dancing' llega a Madrid convertido en un musical (Lighuen Desanto)
'Dirty Dancing' llega a Madrid convertido en un musical (Lighuen Desanto)

'Dirty Dancing' nos evoca irremediablemente ese sensual baile final con 'Time of my life' de fondo. También nos transporta a la escena del lago en la que Johnny y Baby ensayan el famoso salto de la película o a esos bailes picantes llenos de restregones entre el personal del hotel. Pero la película escrita por Eleanor Bergstein en realidad fue mucho más que una historia de amor, bailes y canciones. El filme, estrenado en 1987 en el Festival de Cannes y en Estados Unidos y un año después en España, representó –y sigue haciéndolo– un hito dentro de ese cine adolescente acompañado del subtítulo de 'para chicas'. Lo primero porque 'Dirty Dancing' fue una película arriesgada que rompió con los tabúes del sexo abordándolo desde el punto de vista de la mujer, enarboló la defensa del aborto legal sin tapujos y sutilmente trasladó un mensaje feminista a toda una generación. Sí. 'Dirty Dancing' es una película feminista y ahora, en plena oda nostálgica, vuelve a la actualidad convertida en un musical que se estrena el 1 de diciembre en el Nuevo Teatro Alcalá y llegará en febrero al Tívoli de Barcelona.

"Hay pocas películas tan infravaloradas e incomprendidas como 'Dirty Dancing'. La vi por primera vez cuando tenía diez años y me temo que no me di cuenta de que estaba ante una de las grandes películas feministas de todos los tiempos; el problema es que tenía tantas ganas de ver algo con la palabra 'dirty' en el título que me pasé toda la película esperando a que terminara para llamar a mi amiga Lauren y presumir de mi gran logro. (...) Durante años, no me di cuenta de que estaba ante uno de los mejores tratados feministas de los ochenta, al nivel del estudio de Susan Faludi, 'Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna', escribe Hadley Freeman en 'The time of my life' (Blackie Books).

El musical de 'Dirty Dancing'

El filme, dirigido por Emile Ardolino, llegó tras 'Flashdance' y 'Footloose'. Heredera de esa estela, se pensaba que era una típica historia romántica para adolescentes con bailes y canciones. Pocos fueron más allá de la capa más superficial. Varios estudios rechazaron el guion, que les llegaba siempre acompañado de una cinta con la banda sonora grabada por la guionista, y cuando por fin pudo rodarse y estrenarse, las críticas fueron a degüello contra la película. De hecho, relata Bergstein en el libro, antes del estreno un productor llegó a decir que lo mejor era quemar los negativos para cobrar el seguro y evitar así su estreno. "Dirty Dancing' es una película pensada totalmente para el público femenino y, sorpresa, sorpresa, los críticos varones le dieron muy malas críticas. Robert Ebert la tachó de 'terriblemente predecible' y Richard Schickel de la revista 'Time' se mostró igual de despectivo", explica.

Freeman da la clave de este rechazo: "Dirty Dancing' es una película sobre la sexualidad femenina". Habla del aborto, de una joven –interpretada por Jennifer Grey aunque inicialmente se pensó en Winona Rayder para el papel– que quiere acostarse con su profesor de baile –Patrick Swayze– y de su sexualidad. "No es de extrañar que a ninguno de los ejecutivos varones de MGM no les gustara el guion y que acabara produciéndola una mujer", escribe. "La cámara trata como un objeto al hombre y es la mujer quien se excita, algo que no volvió a verse hasta que Brad Pitt tontea con un secador para Geena Davis en 'Thelma y Louise' en 1991, y que apenas se ve en la actualidad". Esa es su diferencia: la mirada femenina.

Baby no solo quiere acostarse con Johnny sino que le encanta el sexo con él y "lo arriesga todo por la integridad y el amor y no paga por ello. La mayoría de las películas hacen que las chicas acaben pagando las consecuencias", añade. "Esta perogullada básica (a las adolescentes les gusta el sexo) es una lección que rara vez se saca de las películas actuales. Hoy en día, una chica en una película de adolescentes que practique el sexo (o simplemente muestre tener ganas) se arriesga a que su novio la destroce y a que un bebé vampiro la devore desde dentro (Bella en 'Crepúsculo')" o siempre lo hace en el marco de una comedia obscena o ridícula tipo 'American Pie' o 'Cosas que hacer ante de los 18'.

La otra gran revolución de 'Dirty Dancing' fue hablar del aborto sin tapujos ni moralinas y reinvidicar el aborto legal. "Sorprende la honestidad de la película en cuanto a la brutalidad de los abortos ilegales. Nos cuentan que Penny acudió a un 'hombre con un cuchillo sucio y una mesa plegable' y no parar de repetirnos que el procedimiento es 'ilegal', así que no puede acudir a un médico de verdad cuando la cosa sale mal y casi muere desangrada", describe Freeman. Lo llamativo es que inicialmente el tema del aborto pasó de puntillas entre la sociedad hasta que surgió la polémica cuando una empresa de cremas amenazó con retirar su publicidad de la película. Desde el estudio se sugirió que volvieran a rodar la película pero la guionista se negó rotundamente.

El aborto era indispensable en la trama porque era como los dos protagonistas se acercan y acaban en la cama. Y no solo por eso. En el filme no se critica a la mujer que aborta sino al que la deja embarazada y después se niega a ayudarla. Algo que no es una cuestión menor en un cine cada vez más conservador donde raramente se toca este tipo de temas. En 'The Time of my Life' Freeman recoge la opinión de Robert Thompson, director del Centro Bleier para la Televisión y la Cultura Popular de la Univerisad de Syracuse de Nueva York, quien afirma que "Hollywood lleva casi 20 años guardando un silencio prácticamente total sobre el asunto. Es el único tema polémico que no solo no ha avanzado, sino que ha desaparecido de la cultura popular. Nunca pensarías que el aborto constituye un problema tan importante en este país a juzgar por la televisión y el cine". De hecho, Bergstein añade: "Solía pensar que quizá 'Dirty Dancing' se había adelantado a su tiempo y que tal vez por eso tuve que hablar del aborto de forma encubierta. Pero si te fijas en lo que ha ocurrido desde entonces no es cierto".

Precisamente el aborto constituyó el principal escollo para hacer el remake de la película ya en este siglo. Las secuelas de películas como 'Fama' o 'Alfie' se habían cargado el tema de un plumazo. Fue cuando Bergstein decidió hacer un musical donde, además, amplió esa trama enfatizando los riesgos que supone al padre de Baby ayudar a Penny. El musical se estrenó en Australia en 2004 y ahora llega a España, producido por LetsGo y dirigido por Federico Bellone, tras hacer dos temporadas en el West End londinense y tres en París. "Prácticamente no hay diferencia con la película porque la autora es la misma –explica el director–. Algunos personajes se tocan con más profundidad, pero están todas las canciones conocidas y los bailes. Las diferencias son mínimas, las obvias de estar en un teatro".

El musical de 'Dirty Dancing' llega a Madrid en una gran producción con un elenco compuesto por 27 actores, cantantes y bailarines más cuatro músicos que tocan en directo. Las canciones se interpretan en inglés, no como pasa en otros muchos musicales en la que son traducidas, y está protagonizado por Amanda Digón en el papel de Baby y Christian Sánchez como Johnny. "Lo más complicado es la fluidez porque estamos en un escenario y es difícil que las escenas fluyan como un río porque se recrea cada escena de la película", subraya Bellone en el descanso de un ensayo. Llevan desde octubre montando el espectáculo en Coslada y acaban de recrear la llegada de la familia Houseman al hotel mientras va marcando cambios y posiciones en español, italiano e inglés. De hecho, como curiosidad, durante las algo más de dos horas que dura el musical hay 75 cambios de escenografía y Baby tiene 13 cambios de vestuario (500 trajes se lucen en la producción) solo en el primer acto.

"Dirty Dancing' es la típica historia clásica de los años ochenta que tocó el corazón de toda una generación. El público va a revivir la película y se va a marchar con esa energía y esa fuezra de esta historia que, al final, habla de motivación y de destruir barreras", agrega Iñaki Fernández, productor del espectáculo. Sánchez, por su parte, nació con el filme y asegura que recuerda vívidamente la primera vez que vio la película. "Fue algo muy diferente a todo lo que había visto por su sensualidad. Para el momento, era una película muy 'hot", dice. Bellone, a su lado, asiente y deja claro que ese erotismo sigue estando igual de presente encima del escenario. Para Digón "fue la primera película con danza que vi en mi vida. Me marcó muchísimo porque yo ya quería actuar de pequeña". Ambos aseguran que han visto la cinta pero no se han basado en ella para crear sus personajes para evitar las imitaciones. Y, por supuesto, el salto sigue siendo de lo más difícil. "Es lo que requiere más práctica y lo que da más miedo porque es lo que la gente viene a ver", dice la actriz. Aunque está vez el público lo verá en directo como un invitado más del lujoso hotel Catskill Mountains de Nueva York.

Musical Teatro Cine
El redactor recomienda