de la cárcel a las tablas

Isabel Pantoja, la coplera gánster

La folclórica consigue incorporar a su personaje el glamur de la cárcel, como los grandes raperos de gueto estadounidenses

Foto: Isabel Pantoja. Foto: Gtres
Isabel Pantoja. Foto: Gtres

Desayuno el jueves, viendo 'El programa de Ana Rosa'. La gran noticia, segunda en espacio tras la victoria de Donald Trump, es el concierto de regreso de Isabel Pantoja en un teatro de Aranjuez. No se trata de un retorno normal, sino del más esperado de la industria musical española en 2016. No solo por la popularidad del artista, ni porque trae bajo el brazo la obra póstuma del recientemente fallecido Juan Gabriel, sino porque ha pasado 16 meses en la cárcel. Y eso le inyecta al regreso interés, morbo y un extraño tipo de prestigio.

Las canciones de la cárcel

Contra todo pronóstico, en tiempos de crisis, ser cómplice en el saqueo de Marbella no ha mermado su popularidad, sino que la ha disparado. Más o menos como cuando estrellas del hip-hop tipo Snoop Dogg, Tupac Shakur y Jay-Z pasan por la cárcel por delitos de agresión, incidentes con armas o trapicheo de narcóticos. Su público no solo perdona, sino que parece agradecer estos incidentes que agrandan la leyenda. Luego demuestran su apoyo a muerte. Una de las noticias más comentadas durante el encierro de Pantoja fueron los privilegios y trato de favor por parte de altos funcionarios en el penal Alcalá de Guadaira, en Sevilla.

Isabel Pantoja, la coplera gánster

Delitos y faltas

Un dato clave: en Estados Unidos, los cantantes que flirtean con la criminalidad son los de los barrios bajos. Básicamente, los que lo necesitan es dinero para sobrevivir o acceder a una vida de clase media. En España, en cambio, se delinque por arriba, con superventas que recurren a bufetes de postín para pagar los menos impuestos posibles en nuestro territorio. Bertín Osborne se enfada cuando le recuerdan su implicación en los papeles de Panamá, Miami reúne la mayor concentración ibérica de evasores fiscales (con amplia colonia pop) y Marbella fue víctima de Cachuli, Jesús Gil y la blanqueadora Pantoja. Cada uno a su nivel, todos siguen siendo considerados entrañables figuras pop, no delincuentes sociales. ¿Es hora de cambiar de enfoque?

Estrategia de distracción

Durante la crisis financiera de 2008, se dijo que los bancos de Wall Street eran “demasiado grandes para caer”. Traducido al mundo de la canción melódica, ese es el estatus de Isabel Pantoja, una leyenda popular que permea nuestra cultura hasta extremos insospechados. ¿Un ejemplo? Mientras ella daba su sonado concierto en Aranjuez, el artista experimental El Niño de Elche cantaba estos versos en la sala Joy Eslava de Madrid: “Mira la Pantojas y los pieles rojas/ mira la pantalla de televisión”. La pieza se titula 'Estrategias de distracción' y trata sobre cómo el sistema usa los culebrones de las vidas de celebridades para dejar de hablar sobre necesidades materiales urgentes de la población. Muchas veces da la impresión de que Mediaset necesita más a la Pantoja de lo que ella necesita a Paolo Vasile, a quien la familia y allegados recurren como a un cajero automático cuando le van mal las cosas. 

Isabel Pantoja, la coplera gánster

Los bandazos de la copla

Hablemos claro: va siendo tiempo de discutir si Isabel Pantoja es una figura musical tan potente como Rocío Jurado, María Jiménez o Rocío Dúrcal. Siendo malicioso, podemos decir que ella se ha beneficiado de una falta de competencia sin precedentes en el género. Además, hay otro factor clave: la copla es un estilo distorsionado por su utilización política: primero daba mal rollo, por el uso intensivo que hizo el franquismo. Luego hubo un necesario trabajo de recuperación gracias a tótems culturales rojos o progres como Manuel Vázquez Montalbán, Martirio y Terenci Moix. Recordemos también que fue Víctor Manuel quien financió ‘Yo soy esa’ (1990), el taquillero debut en cines de Isabel Pantoja. Ni antes todos los copleros eran malos, ni ahora a todos son recomendables. 

¿Tan buena es Isabel?

A la mayoría de españoles le costará poner sobre un papel el nombre de cinco de sus canciones. La más popular es 'Marinero de luces', escrita por José Luis Perales, pero su arrase comercial no tuvo tanto que ver con el gancho musical de la canción, sino con la muerte de el ruedo de su marido, el torero Francisco Rivera. El país entró en 'shock' y las niñas jugaban al entierro de Paquirri en los parques y patios de colegio. Las otras dos que saldrán en la mayoría de listas son  'Se me enamora el alma' y 'Hoy quiero confesarme', que sí son himnos de alto voltaje capaces de incendiar una noche coplera. Por otro lado, Pantoja es cualquier cosa menos tonta. Por eso encargó su nuevo disco al mexicano Juan Gabriel, seguramente el mejor compositor de música sentimental latina de nuestro tiempo, un cruce imposible entre Roberto Carlos y Morrissey, reforzado por mariachis o por orquestas sinfónicas. Por supuesto, Pantoja le dedicó el concierto a su madre y al divo de Juárez, sin duda el compositor que le ha dado mejor munición para justificar su leyenda, cada vez más mediática y menos artística.

Cuando murió Francisco Rivera el país entró en 'shock' y las niñas jugaban al entierro de Paquirri en los parques y patios de colegio

El disco tiene un nivel alto, ya desde la canción que da título, 'Hasta que se ponga el sol', donde hay amplios guiños al clásico de Juan Gabriel 'Se me olvidó otra vez'. Sin duda ahora que trae el repertorio del mexicano es un buen momento para acercarse a verla en directo. Por cierto, ya hay tres fechas confirmadas para 2017: Madrid (11 de febrero), Barcelona (18 de febrero) y Sevilla (24 de junio). También lo tendrá complicado para encontrar un repertorio mejor que el que maneja esta temporada. 

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