una muestra de culto

La catedral del terror gamberro, bienvenidos al festival más loco de España

El Festival de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián mantiene su original esencia cachonda 27 años después

Foto: Coreografía inquietante en la fachada del Teatro Principal
Coreografía inquietante en la fachada del Teatro Principal

Los distribuidores de ‘Paranormal Activity’ se fueron asustados del Teatro Principal con el estreno de la película en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián. Y no precisamente de miedo. Se anunciaba una sesión con espectadores en tensión, agarrados a las butacas por la sucesión de sobresaltos y la proyección se convirtió en un rosario de carcajadas que denigró la esencia de una película que llegó a convertirse en un fenómeno de taquilla. Pero aquí el único asombro tuvo lugar fuera del patio de butacas. "Están locos", cuenta la leyenda que dijeron los responsables de esta producción.

Es cierto que al despiporre general contribuyó el director del Festival de Sitges, Ángel Sala, un gran amigo de la Semana de Terror donostiarra, a la que acude con asiduidad entre los cariñosos piropos que le dedica el patio de butacas cuando sube al escenario. Sus coloridas camisas dan mucho juego al personal. “Os vais a morir de miedo”, retó al público. Y claro, la respuesta fue la que fue. Pero más allá de la influencia que tuvo Sala en el resultado, lo ocurrido esa noche en la proyección es una de las decenas de evidencias de que estamos ante el festival de terror más gamberro de España.

Hay quien ha abandonado la sala malhumorado por la actitud del público y hay quien ha salido fascinado con lo visto ahí dentroY el festival no quiere desprenderse de este carácter. Es su esencia, su alma, su ser. El mismo que le ha acompañado desde que José Luis Rebordinos, el ahora director del gigante del Zinemaldia, juntara hace 27 años a un pequeño “grupo de frikis” para disfrutar de esas películas casposas de terror que nutrían la época. Años después, su éxito descansa en gran parte en ese carácter gamberro que no le ha abandonado. Con este espíritu, los directores/actores lo temen o lo adoran. Lo aman o lo odian. No parece haber término medio. Hay quien ha abandonado la sala malhumorado por la actitud del público y hay quien ha salido fascinado con lo visto en la sala. Muchos, incluso, no dudan en sumergirse en esta borrachera festiva.

Tirarle cervezas al público

Es el caso por ejemplo de Guillermo del Toro, que presentó en 1999 una noche de cine psicotrónico mexicano que incluía la proyección de cuatro filmes, entre ellos su aclamada ‘Cronos’. Entre película y película, el realizador salía al escenario con una bolsa de basura repleta de latas de cervezas que iba tirando al público, llegando incluso hasta el anfiteatro, porque, según defendía, “había que estar muy borrachos” para ver esas cintas. Incluso, a principios de los 90 el autor de la trilogía ‘El señor de los anillos’, el entonces desconocido Peter Jackson, se quedó fascinado con el ambiente en el teatro con la proyección de su gore ‘Braindead’. Y la lista de ahora directores reputados en el género que han dado el ‘si quiero’ a San Sebastián es larga. “Hay muchos directores predispuestos a este ambiente pero otros no han entrado y entendemos que no les guste este ambiente”, señala su actual director, Josemi Beltrán.

Guillermo del Toro durante una visita a la muestra
Guillermo del Toro durante una visita a la muestra

 

El festival subió el telón este sábado a una edición dedicada al cine japonés que, más allá de las numerosas proyecciones niponas, incluye para abrir boca una marcha por la  ciudad bautizada como ‘KonitxiWalk’ inspirada en los mitos y leyendas de este país en la que no faltarán las sorpresas. Es más, el propio cartel es una sorpresa. Al festival se le ha ocurrido la idea de convertir a Oscar Reyes, el sumiso camarero maltratado por su jefe en la serie 'Aida', en un sangriento samurai que no deja títere con cabeza. “Esto sí que es terror”, bromean los fans.

Porque fans hay muchos. Se puede decir sin miedo a equivocarse que más del 60% de la sala son “seguidores de toda la vida”. Hay fieles de Salamanca, de Valencia, de Sitges… hasta dos miembros de la embajada española en Ghana han sido asiduos al certamen. Y es que se conservan muchos seguidores iniciales. De hecho, llegan a pasar hasta una o dos noches a las puertas del Teatro Principal para conseguir no el abono sino una butaca concreta. Y el festival agradece este esfuerzo con un desayuno gratuito a primera hora de la mañana a base de café y bollos. Muchos de estos fans eran en sus inicios adolescentes. Hoy son padres que ven cómo sus hijos van a verles a la cola  para darles ánimos tras horas y horas a la intemperie en la fría noche donostiarra.

“Ha habido parejas que se han gestado en el patio de butacas”, pone en valor Josemi Bettrán, que lleva seis años al frente del certamen tras el salto de Rebordinos al Zinemaldia. Su primer contacto con el festival fue a mediados de los años 90. En 1992 había fundado en Vitoria el cineclub Orhum, dependiente de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), y ocasionalmente acudía a San Sebastián para ver algunas sesiones que luego imitaba en su espacio, “aunque a menor escala”. Sus primeras vivencias fueron con ‘La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos’, protagonizada por Manuel Manquilla y toda una troupe gallega (“se lió bastante”, recuerda) y los cortos de Santiago Segura o Juanma Bajo Ulloa, dos incondicionales del certamen.

Herencia canalla

Beltrán (y el público) ha querido conservar esta “herencia canalla, golfa, de nacimiento”. El género no transita ya por este camino (“el fantástico ha cambiado mucho en estos años”, sostiene), pero el director de la Semana de Terror se afana en ser fiel a los orígenes, en mantener un nexo de unión con ese espíritu joven. Es la fórmula del éxito. “Convertir las proyecciones en un punto de un encuentro, en una experiencia divertida le da sentido al festival más allá de ver una película  buena”, afirma. Él está expuesto a los espectadores. Y le encanta que se metan con sus pantalones de colores o pidan a gritos su dimisión ante películas infumables. “Hasta me da un cierto placer morboso provocar al público”, asegura. Y lo admite: “Sí, soy un friki. Y estoy orgulloso de serlo”.

Escenificación cinéfila en la muestra
Escenificación cinéfila en la muestra

 

Ha habido muchas anécdotas locas y desternillantes. Como cuando Gabe Bartalos protagonizó una guerra de platos con el público con motivo de la proyección de su película ‘Skinned Deep’ que convertía un simple plato en un arma tremendamente asesina. O cómo cuando el Principal se llenó de balones de Nivea durante el pase de ‘Dark Star’, del maestro John Carpenter, con unos alienígenas que presentaban un gran parecido con estos míticos hinchables. Sin olvidar las garrapatas que se descolgaban por el teatro salidas del filme ‘Infested’, en el que participaba Alfonso Ribeiro, el mítico Carlton Banks de ‘El príncipe de Bel-Air’. Pero si hay un momento que ha pasado a la historia y que todos los fans recuerdan es la caída del escenario de Jocántaro, el monstruo de ‘Karate a muerte en Torremolinos’. En la presentación de la película de Pedro Temboury este engendro mitad centollo mitad pulpo se despeñó entre las carcajadas del público. La escena fue recogida en los extras del posterior DVD del filme.

A nadie le debe sorprender que en plena proyección se escuche “Subtítulos”, “desnúdate”, “teléfono” o “nunca más”. Son gritos que, por una u otra razón, se han instalado en el patio de butacas y sobreviven al paso del tiempo. Y no es algo propio. Algo similar suceder en el Festival de Bruselas, donde “hay códigos que el público recita cada vez que pasa algo concreto”. Lo que sí es made in San Sebastián es imitar a Chiquito de la Calzada. Lo inició de motu propio el director Jaume Balaguero y ahora es una tradición que, en cierto modo, se reclama a los invitados cuando suben al escenario. No hay más que ver el intento que llevo a cabo el pasado año el artista finlandés Malakias.

Organizadores y público del festival en 1993; entre ellos, José Luis Rebordinos
Organizadores y público del festival en 1993; entre ellos, José Luis Rebordinos

 

Pero no sólo hay risas, cachondeo e iniciativas desternillantes del tipo ‘Monster Chef’, el particular cine gastronómico que inventó la Semana de Terror, o el concurso de disfraces cada noche de Halloween.  También hay buen cine. Y este año se ha logrado “la mejor programación en muchos años”. Por dos factores. Porque la cosecha anual del género ha sido “muy buena”, con cosas diferentes en todos los subgéneros, y porque “nos han dado todo lo que hemos pedido”, se sorprenden desde la dirección. En total se proyectarán 22 filmes dentro de la Sección Oficial del certamen, que se inauguró este sábado con ‘Shin Godzilla’, una nueva entrega del popular monstruo japonés, dentro de una ceremonia a la que asistió Oscar Reyes. Que prepare la katana porque va a haber mucha sangre.

La clausura llegará el 4 de noviembre con la inclasificable ‘Swiss Army Man’, ganadora en el pasado Festival de Sitges y distinguida con el premio a la mejor dirección en Sundance. Será una película, augura el certamen, que calará en la gran familia del festival. Porque el festival es una gran familia. Sólo así se explica que medio centenar de sus integrantes, entre fans, miembros de la dirección o personal técnico, se juntaran para homenajear con cortometraje a José Luis Rebordinos y la ‘número 2’, Lucía Olaciregui, con motivo de su salida del certamen para poner rumbo al Zinemaldia. Ahora, Beltrán es objeto de crueles asesinatos en cortometrajes que le han llegado a sacar los ojos. Acabar con él en la pantalla se ha convertido en una especie de costumbre. “Me he convertido en el Kenny de South Park”, bromea.

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