Publica 'Piel de lobo

Espinas y ataduras de dos hermanas, Lara Moreno regresa a la novela

La escritora sevillana confirma en su segunda novela una voz propia para dar cuenta de dos hermanas enfrentadas a su pasado

Foto: Lara Moreno. Foto: FNAC / EFE
Lara Moreno. Foto: FNAC / EFE
Autor
Tags
Tiempo de lectura9 min

Es un misterio. Los hermanos gemelos únicos, auténticos clones naturales, se parecen como dos gotas de agua, les unen aficiones y gustos y, sin embargo, son drásticamente diferentes. Comparten genes, familia y entorno pero no es suficiente. No hay nadie más parecido entre sí que dos hermanos, no hay nadie más diferente y las más avanzadas ciencias del cerebro actuales aún no han aislado la razón pese a intentos imaginativos y prometedores como los de Judith Rich Harris. Pero la literatura tiene razones que la ciencia no conoce y la escritora Lara Moreno (Sevilla, 1978) se vale de ellas para darle otra vuelta de tuerca a las relaciones fraternales en 'Piel de lobo' (Lumen, 2016), su segunda novela.

'Piel de lobo'
'Piel de lobo'

Moreno se metió a la crítica en el bolsillo con 'Por si se va la luz' (Lumen, 2013), una ópera prima distópica y rural en torno a la supervivencia de una pareja que fue saludada con aplausos por la crítica. Con 'Piel de lobo' firma ahora una segunda novela que sirve a un tiempo de confirmación y cierre íntimo. Dos hermanas, la  extenuada y frágil Sofía y la dura y resuelta Rita, se enfrentan en los primeros compases del verano a un pasado familiar materializado en la casa vacía herencia de su padre fallecido. Sofía acarrea una separación y un niño pequeño, Rita un carácter difícil y una deuda, y ambas un duro secreto cuyo hilo de Ariadna irán persiguiendo en una convivencia inopinada. Al fondo brilla la trama de sentimientos familiares hilada con una prosa exacta y embriagadora.

PREGUNTA. Pública ahora, tres años después de ‘Por si se va la luz’, que fue muy bien recibida por la crítica, Su segunda novela, ‘Piel de lobo’. ¿Qué es más difícil? ¿Escribir la primera novela o la segunda?

RESPUESTA. Creo que es más difícil escribir la primera, pero da más miedo escribir la segunda. La primera al fin y al cabo tiene todo ese reto de montaña rusa, de ¿lo conseguiré?, ¿conseguiré acabarla? Y el trabajo es intenso. La segunda, sin embargo, cuenta con la ligereza de lo ya recorrido (en cuanto a espacio de trabajo), pero da más miedo, creo: no ser un principiante requiere de cierta responsabilidad. 

Es más difícil escribir tu primera novela, pero da más miedo escribir la segunda, no ser un principiante exige responsabilidad

P. ¿Cómo prendió en su cabeza la historia de 'Piel de lobo'?

R. En 'Piel de lobo' quise acercarme de lleno a un ámbito que no había tocado nunca en profundidad: ni en mis relatos ni en mi novela anterior. Siempre he despojado a mis personajes de familia. Me parece un tema tan arduo y complejo, absorbente en sí mismo, que había preferido evitarlo por ahora. 'Piel de lobo' es mi primera incursión en el tema familiar. Quería reconstruir una familia, especialmente la relación entre dos hermanas, sus ataduras y sus espinas, y reconstruirla además a partir de un puñado de recuerdos que conformaran su infancia, en qué atmósfera vivieron, y qué parte de esa atmósfera las marcó, las construyó, aunque fuera a partir de una destrucción. Además de eso, 'Piel de lobo' también es la historia de una separación, de un desarraigo. 

P. Dos hermanas, Sofía y Rita, se enfrentan a su herencia, la casa de su padre muerto. Y se parecen tanto que no se parecen en nada. ¿No hay dos personas más distintas entre sí que dos hermanos?

R. Es muy curioso lo de los hermanos. Y precisamente eso también quería reflejarlo en la novela. Cómo a pesar de la genética y del alimento compartido, del ambiente, el amor y las normas, crecen personas completamente diferentes. En el fondo nunca se trata igual a dos personas, es imposible, y es bastante natural no hacerlo. Pero a veces unas diferencias son más insalvables que otras. Como simbolismo extremo a todo esto, en la novela aparece la figura de Marina Tsvietáieva y la historia de sus dos hijas. 

A pesar de la genética y del alimento compartido, del ambiente, el amor y las normas, crecen personas completamente diferentes

P. Sofía arrastra un pasado reciente de desamor y un niño pequeño, Leo. Y contra toda la mitología de la madre, en muchos momentos quiere escapar de él. No es exactamente una madre arrepentida, concepto ahora de actualidad, aunque sí algo desesperada. ¿Arroja a una madre a los leones para comprobar cómo resiste el vínculo maternal?

R. Jamás me lo había planteado en esos términos. Sobre el concepto este de moda de la madre arrepentida... Sé que hay muchos tabúes con respecto a la maternidad, en ambos lados, pero precisamente el cartel de madre arrepentida, así tal cual, me resulta una etiqueta, más que un lugar donde de verdad pueda reunirse a gente. Aunque te confieso que no he indagado sobre el tema todavía. Y no, en la novela no arrojo a la madre a ningún lugar. Ella está perdida de sí misma, arrojada en todo caso a su propia búsqueda. Sí he querido tratar el tema de la culpabilidad en la maternidad, y no solo en la maternidad, sino por ejemplo también en los hermanos mayores, o, si se quiere, en cualquiera que deba velar por el cuidado de un menor. Ahí hay exigencia, y errores, y conciencia, e inconsciencia, y a veces, un desbordamiento que llena de culpa, cualesquiera que sean las consecuencias. Sofía no es una madre arrepentida, es una madre que ansía una vida que tampoco es capaz de construir, y, al mismo tiempo, se siente culpable por no estar bien, por que su malestar afecte a su hijo, por no ser capaz de estar con él de verdad, no solo acompañarlo o limitarse a cuidarlo. Se siente culpable por no ser feliz.   

P. ¿Y Rita? Es un elemento más de alteración para Sofía que no ayuda precisamente. ¿Cuál es su papel?

R. Rita es la otra parte. La hermana, el espejo, lo común, la diferencia. Esa persona a la que también debió cuidar un día, aunque fueran pequeñas las dos. Es el símbolo perfecto para mí de familia, un hermano, un igual, alguien de quien no te puedes desprender jamás, alguien a quien puedes amar hasta los límites (o no, claro), pero que en la jerarquía familiar se encuentra a tu lado: ni arriba, ni abajo. Las relaciones entre hermanos me parecen muy jugosas, muy simbólicas, muy llenas de sentido. Rita es un elemento cercano, siamés, que le da calma, pero es a la vez un elemento desestabilizador, por ella misma, por su carácter, por su condición, pero también porque representa lo que ambas son, lo que ambas son juntas: de dónde vienen, qué han vivido. Rita es elemento que vendrá a apaciguar una crisis con la explosión de la suya propia.  

Las relaciones entre hermanos me parecen muy jugosas, muy simbólicas, muy llenas de sentido

P. El otro día Jenn Díaz escribía un artículo en el que denunciaba con mucha gracia que cuando un periodista entrevista a una escritora se permite comentarios acerca de su aspecto que nunca se permite de un hombre. ¿Le ha ocurrido a usted? ¿Cree que la prensa, la crítica, etc. se va por las ramas y pierde de vista lo estrictamente literario cuando el autor es una mujer?

R. Claro que ocurre. No tengo en mi memoria muchos ejemplos personales de ello ahora, más allá de los comentarios que hubo en el blog de La Medicina de Tongoy cuando me hizo la crítica de la primera novela. Es fácil imaginar el tono de la crítica y el de los comentarios. Pero sí, claramente ocurre, y de hecho hace muy poco ha habido un debate en redes sociales bastante intenso por un reportaje en el que participé para Mujer Hoy, junto a otras siete escritoras, donde nos habían maquillado, vestido y subido en unos tacones para la foto de conjunto. La entrevista que acompañaba al reportaje era una entrevista interesante con preguntas sobre nuestra carrera literaria y el papel de la mujer y etc. Sin embargo, rápidamente en redes corrió la "decepción" porque algunas escritoras se hubieran prestado a ello, y se dijo también que las mujeres escritoras debíamos preocuparnos por el estilo y no por el estilismo. Así, resumiendo.

P. Por cierto que inaugura ahora su etapa como editora itinerante de Caballo de Troya. ¿Qué le apetece hacer con esas riendas?

R. Es una experiencia fascinante, la verdad. Creo que la parte de la búsqueda de manuscritos ha sido más dura, siempre andas con un poco de zozobra, pero ahora que ya tengo el catálogo cerrado y empiezo a trabajar con los autores, a editar los libros, a sugerir y a que sugieran, a hacernos preguntas... Es fascinante. Llevo muchos años editando libros como correctora free lance, pero el contacto directo con el autor es un lujo, y es lo que no había experimentado todavía, de esta forma propia. Así que pretendo disfrutar, y que ellos disfruten, y los lectores, y sacar a la luz seis libros, seis autores, que me han emocionado, en un sentido o en otro.  

P. El otro día charlando con el editor que te precede, Alberto Olmos, le pregunté si estaba escribiendo algo. Me dijo que no y, bastante desmoralizado, me confesó que no tiene mucho sentido trabajar tanto para un libro que en las condiciones actuales del sector, nadie va a leer. ¿Usted es más optimista?

R. Yo soy más optimista porque lo veo desde otro punto: las condiciones actuales del sector no son buenas, eso es evidente, pero eso afecta a la publicación y la repercusión de un libro, no a la escritura. Yo escribía antes de que me publicaran, y supongo que seguiré escribiendo cuando ya no me publiquen. Yo ahora no estoy escribiendo por falta de tiempo, para empezar, pero también por descanso: esta novela la terminé a principios de este año, es pronto para abordar otra cosa, la tengo todavía muy cerca. 

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios