TRABAS Y MULTAS

Así maltrata España a sus músicos

El documental 'Kids used to sing'' revela la intolerancia musical de nuestro país

Foto: Fotograma del documental
Fotograma del documental
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El metraje comienza fuerte. Antonio Arias, de Lagartija Nick, pieza clave en el mítico disco 'Omega', habla claro como el agua: "España es un estado policial donde se persigue a los músicos, las salas y la música". De entrada, suena a exageración victimista. Luego el documental 'Kids used to sing' (2016) lo confirma con datos, imágenes y testimonios.

Su director es Alejandro Jiménez, que usa el nombre artístico Alex Fisherman. Intentó vivir de la música en España, pero no le fue posible, así que decidió mudarse a EEUU. Para no quedarse con la duda, dedicó año y medio a descubrir por qué resulta tan complicado vivir de hacer y tocar canciones en nuestro país. El resultado es una cinta espléndida, realista y rigurosa. Se proyecta en el festival El Ojo Cojo (Madrid) el próximo 17 de noviembre.

España es un estado policial donde se persigue a los músicos, las salas y la música

¿Qué opina Fisherman de la frase lapidaria de Antonio Arias? "Algo ocurre desde el momento en el que se multa y se requisan instrumentos a músicos callejeros, se prohiben conciertos por motivos políticos y religiosos, se cierran y multan bares y locales de ensayo que cuentan con permisos, se prohíbe tocar con instrumentos amplificados en bares pero, en cambio, sí que se deja poner la música grabada a todo volumen. No somos una Corea del Norte, pero está claro que tampoco estamos a la altura de los países que nos rodean en cuanto al respeto y valor que merece la cultura", responde.

Los aficionados a la música popular estamos acostumbrados a documentales mitómanos que rinden culto a estrellas consagradas, pero este abre debates sobre los grandes conflictos que necesitamos afrontar para que mejore nuestro ecosistema cultural. Entre ellos, la función de la música en los espacios públicos y la mejora de la educación musical, pasando por cómo se reparte el dinero en el sector (spoiler: quienes componen e interpretan se llevan la peor parte). Seguimos sufriendo lógicas dictatoriales: artistas como Def Con Dos, Los Chikos del Maíz, Fermin Muguruza, Soziedad Alkohólika y Negu Gorriak, entre otros, fueron víctimas de prohibiciones y censuras, luego desacreditadas por vía judicial.

Así maltrata España a sus músicos

 

Pasividad política

El documental, en resumen, es una llamada a organizarse y rebelarse. Se explica que los músicos de Nueva Orleans consiguieron frenar un ley desfavorable a sus intereses protestando con un concierto en la recepción del ayuntamiento. "Es un gesto que me impresionó. Allí están empezando a sufrir, en mucha menor medida que nosotros, presiones que afectan a los músicos y, sin embargo, la respuesta es masiva, organizada e inmediata. No esperan a que el daño esté hecho", apunta con entusiasmo.

Somos muy buenos criticando, pero nos cuesta pasar a la acción

¿La comunidad musical es más apática en España? "Creo que se debe a una cuestión cultural, a una forma de ser más pasiva, de más resignación... Como explica el documental, uno de los músicos estadounidenses afincados en España opina que 'el mundo latino es un sálvese quien pueda' Somos muy buenos criticando, pero nos cuesta pasar a la acción. Me gustaría tener una respuesta más detallada, pero no soy sociólogo y no sé realmente si hay otros motivos". Una de las virtudes de 'Kids used to sing' es que no ofrece soluciones mágicas, sino que se limita a señalar los problemas que impiden que la música circule con naturalidad en las calles, bares y locales españoles. Mejorar pasa por una lucha social colectiva que responda a recortes y prohibiciones.

Música en la calle, bulto sospechoso

Desde hace unos años, se ha convertido en norma que las salas cobren a los músicos un alquiler para permitirles dar un concierto. Resumiendo: el sector cultural copia lógicas del negocio inmobiliario y hostelero. Los músicos estadounidenses entrevistados en la cinta no dan crédito ante esta situación. Recuerdan que ciudades como Nashville, Chicago y Nueva Orleans construyeron sus legendarias escenas dando todo tipo de facilidades a los intérpretes. En las antípodas de esto, España es tiene un mercado musical tipo el-ganador-se-lo-lleva todo. "Si no das acceso a una cultura musical variada sólo tienes público que se traga lo que le pongan en los medios. Y el resto de estilos se vuelven invisibles", lamenta Fisherman.

Entiendo que el turismo da dinero, pero tenemos cosas que ofrecer aparte de sol, sangría y paella

Los mayores palos se los lleva Barcelona, descrita como una "ciudad escaparate", con "piel de Barbie", especialmente hostil hacia los músicos callejeros. Hace años que se realiza un casting para dar los permisos para tocar en la calle. "Entiendo que el turismo da dinero, pero tenemos cosas que ofrecer aparte de sol, sangría y paella. No se puede cuidar tanto la hostelería y maltratar la cultura", apunta . El documental ofrece distintos testimonios de arrestos, multas y decomiso de instrumentos a músicos callejeros en la ciudad condal.

Ante este abuso institucional, Fisherman llama a músicos, oyentes y familias a defender la música que aprecian y a exigir una mejora en la educación, olvidando los ejercicios estériles de flauta en favor de unos programas escolares que nos enseñen a apreciar la tradición y el valor de la música, tanto como conector intergeneracional como por el placer que genera.

El problema no es el IVA

'Kids used to sing' derriba muchos mitos. El primero: que el IVA del 21% es el problema principal del sector musical. ¿No hace mucho más daño el inmenso poder de la SGAE, un sindicato vertical diseñado para favorecer a grandes discográficas y a estrellones millonarios como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y Alejandro Sanz? Hablamos de un búnker cultural alérgico a la transparencia. "Fui a verles para una entrevista. Se mostraron muy amables y me dieron el contacto de la persona que participaría. El problema es que nunca me contestó. ¿Es esa la actitud deseable en una organización que supuestamente se preocupa por todos los autores? Están muy pendientes de recaudar, pero hay un montón de música que suena y no se registra, cuyos derechos se reparten entre los autores que más generan. Es un gran negocio para ellos", apunta Fisherman.

Además, la industria musical vive en modo zombi, negándose a aceptar nuevas realidades. "Muchas empresas tradicionales del sector están anticuadas. Aún no han superado la idea de que ya no se venden discos compactos. Se intenta ordeñar la vaca cuando ya no hay leche. Falta adaptarse a los nuevos tiempos de forma colectiva: artistas y empresas del sector. Si no hay unión real y sincera, va a ser muy difícil. Por eso es tan importante empezar una revolución de los artistas". Se trata de un colectivo individualista y desmovilizado, que hace poco empezó a despertar con la creación de su propio sindicato. 'Kids used to sing', un documental necesario, es otra llamada a la acción.

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