Entrevista con Héctor Alterio

"El teatro me sigue dando el dinero para vivir y me permite saber que sirvo para algo"

El actor argentino protagoniza a sus 87 años 'El padre', una obra que aborda un tema inusual sobre las tablas como es la vejez y el alzheimer

Foto: Héctor Alterio presenta en Madrid 'El Padre' (Efe)
Héctor Alterio presenta en Madrid 'El Padre' (Efe)

"Es como si fuese perdiendo todas mis hojas, una tras otra (...) Y las ramas... y es el viento". Ese viento es el mismo que desprende cada día del calendario y que, de repente, hiela la espalda. Ese viento del que habla Andrés es la (in)esperada edad. Y en su caso, además, el alzheimer. Andres tiene 80 años y el mundo cambia cada día para él ante su desconcierto y su sorpresa. Con el mismo asombro y la misma rapidez que se pestañea. Su historia protagoniza 'El padre', una obra de teatro dirigida por José Carlos Plaza, que habla de algo tan inusual en los teatros o el cine actual como es la vejez y sus consecuencias.

A sus 87 años Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929) se mete en la piel del entrañable Andrés, y lo hace a través de una propuesta novedosa a la hora de hablar del alzheimer: desde el punto de vista del propio enfermo. La función se convierte en una especie de puzzle espacio-temporal y de personajes a veces con olor a thriller y otras con un regusto costumbrista. Esto provoca que esta 'farsa trágica', como la califica su autor, el dramaturgo galo Florian Zeller, camine por situaciones hilarantes, absurdas, tiernas y tristes con la misma facilidad y maestría que despliega el actor argentino sobre el escenario. Junto a él, comparten cartel Ana Labordeta, Luis Rallo, Miguel Hermoso, Zaira Montes y María González

Para Alterio, 'El padre' tiene algo especial: conmueve dentro y fuera del escenario, reconoce mientras apura los últimos días de función en el Teatro Romea de Barcelona y antes de llegar al Bellas Artes de Madrid (20 de octubre a 27 de noviembre). Eso sí, a él la edad no le baja del escenario, el lugar donde, dice con una sonrisa que llega hasta sus hipnóticos ojos azules, se siente útil.

P: ¿Qué significó que le ofrecieran un papel como este, que habla de la vejez, a sus 87 años?

R: Yo estaba trabajando y Jesús Cimarro recibió está propuesta con una versión bastante apurada y ligera de la obra de Zeller. Cuando la leía, a pesar de esos defectos, me enganchó mucho. Inmediatamente apareció en la oferta José Carlos Plaza, que la tradujo del francés, la adaptó y la cosa tomó un giro realmente atractivo. Me sentí muy atraído por el personaje porque es de esos personajes que uno lee y se divierte, y significó que, de pronto, esa oferta, que a veces uno la recibe como una rutina de trabajo, fue tomando un cariz mucho más profundo a medida que fueron avanzando los ensayos. Y ahora, con 40 funciones en mi haber, se corrobora con la reacción del público. Mientras tanto, todo son intentos y equivocaciones, marchas atrás y adelante, correcciones, memorizar el texto -que cada vez me cuesta más-, equivocarse y titubear. Todos esos elementos son lo que ha significado este papel.

"El teatro me sigue dando el dinero para vivir y me permite saber que sirvo para algo"

P: Andrés es un personaje entrañable que nos muestra una realidad, en primer lugar la vejez y, después, el alzheimer, desde su punto de vista. Esa es precisamente la clave de la función y una mirada poco habitual.

R: Esta es una enfermedad que sufren los que están alrededor, no el enfermo. El enfermo no tiene nada. Está en su mundo, en un mundo desconocido para todos, incluso para aquellos que están obligados a la indagación de esta enfermedad. Es un pozo negro interminable e inasible que no se sabe ni dónde empieza ni dónde termina. Nada. No se sabe nada. Lo que se puede intuir es lo que dicen y sus actitudes, con todas las variantes del ser humano, a veces con humor, otras enojado, otras coherente o incoherente fundamentalmente, y nada más. Y desde ahí lo que uno pueda imaginar. Lo que se imaginó Zeller, que hizo una cosa extraordinaria, es personificar sus pensamientos. Cuando Zeller saca del enfermo a personajes inesperados para el espectador -¿esta es mi hija? ¿esta no es mi hija? ¿quién es esta? ¿qué hace usted aquí?-, todas esas cosas pueden ser. Coloca ahí la incógnita porque todas esas cosas pueden ser: todo puede ser verdad o mentira. Y eso es lo que me motivó y me produce un interés permanente en esta función.

P: ¿Qué es lo que más le sorprende de la función?

R: En las 40 que llevamos -pocas todavía-, la reacción del público, que es exactamente igual: llorando de pie y aplaudiendo, y esperándome porque yo represento al familiar -su padre, su tío, su abuelo- que les ha afectado. Entonces, se abrazan a mi como si fuera yo el personaje. Y yo tengo que responder… y, claro, no quiero mentir ni repetirme. Lucho con eso, pero después de la función viene otra representación y no quiero que se transforme en otra representación. Tengo que agradecer, pero ahí está el que tiene el padre o el tío. Un espectador me dijo podría representar este personaje y decir las mismas palabras que yo. Otra chica el otro día no podía salir de la butaca, estaba sola conmocionada que no tenía ni fuerza para levantarse y tuvieron que ayudarla. Pasan cosas como estas porque estamos frente a una oferta que nos va a provocar a nosotros muchas situaciones parecidas y que tiene toda la pinta de ser un éxito, en el mejor sentido de la palabra.

Alterio en el papel de Andrés, en 'El padre'
Alterio en el papel de Andrés, en 'El padre'

P: Aun así, el alzheimer no es un tema nuevo para usted. Lo ha tocado en dos películas: 'Amanecer de un sueño' y la más conocida 'El hijo de la novia'.

R: Sí. En esta era mi mujer, Norma Leandro. Antes del rodaje fuimos a ver la madre de Campanella, que tenía alzheimer, para que tuviera un conocimiento de la enfermedad y fue conmocionante. Creo que fue la primera vez que estaba de cerca con alguien con alzheimer. En este caso, con el agregado de que Campanella posibilitó que saliéramos los tres a la calle. Dimos una vuelta a la manzana alrededor de la residencia tomados del brazo de ella. De repente, se para la madre, nos hace parar a nosotros y tuvo una reacción de miedo y de susto porque vio a su padre, o creyó ver a su padre, y dijo 'si me viera mi papá', en el sentido de que iba con dos hombres tomados del brazo. Se puso a llorar llena de vergüenza y cuando llegamos a la puerta de la residencia, la miró y dijo que ahí no entraba, que no. Estuvo muy firme en sus convicciones. Ese tipo de cosas ilógicas, inesperadas y extrañas… Sufre mucho más el que está al lado. Pero no ha sido la única vez. Ahora me viene a la mente cómo descubrió otro amigo que la madre o la hermana tenía alzheimer. Estaba mirando la televisión y vio a una actriz, por decir una Florinda Chico, y dijo 'mira, Florinda Chico', y estaba en la pantalla. A los tres minutos volvió a decir 'mira, Florinda Chico' y así 40 veces con la misma intención, la misma sorpresa y la misma energía. Eso te provoca un miedo y una inquietud muy fuerte porque para ella no había nadie alrededor mirando. 

La edad no asusta porque sino no podría vivir. Qué sé yo lo que me puede pasar cuando salga de aquí. ¿Por qué me voy a preocupar entonces? P: ¿Y cómo se trabaja un mundo tan desconocido como este para llevarlo al escenario?

R: Eso es la vida y el texto. Yo tengo el texto, la ayuda del director y de mis compañeros. Los ensayos son también extraños porque ofertas cosas a un patio vacío y a una pared, pero cuando se llena el teatro y el público recibe, ahí recién 'empezás' a trabajar en profundidad. Eso es habitual con mayor o menor compromiso y con mayor o menor suerte, pero en general es eso.

P: 'El padre', a su vez, es una obra que habla del paso del tiempo y la edad. ¿Es jodido ir haciéndose mayor? ¿Asusta el paso de tiempo?

R: No, para nada (risas). Yo espero que siga así (risas). La edad no asusta porque sino no podría vivir. Qué sé yo lo que me puede pasar cuando salga de aquí. Y si alguien me toca y me dice que a mi casa se va por la derecha en vez de por la izquierda. No lo sé. ¿Por qué me voy a preocupar entonces? No. Esto me lo vienen diciendo desde hace 20 o 30 años. Tengo 87 y oye...

P: Pues sus 87 son para pillarlos...

R: Que los pillen y se lo lleven (risas).

Héctor Alterio protagoniza 'El padre'
Héctor Alterio protagoniza 'El padre'

P: ¿Qué es lo peor del paso de la edad?

R: Hombre, muchas cosas. Sobre todo que hay cosas que las tomo con mucha reflexión. Aunque en realidad nada que pueda ser trascendente cambia. Eso sí, veo las estupideces que se hacen por televisión y me canso inmediatamente. Antes me quedaba un poco más y ahora no.

P: También es poco habitual, y una queja muy oída dentro de la profesión, que veamos a actores de cierta edad en los teatros o las películas (no digamos como protagonistas). ¿Por qué cree que pasa eso?

R: Hay abuelos, padres, madres, tíos, hijos… Sí hay personajes mayores, que no se hagan por razones de economía es otra cosa. Antes se hacían espectáculos con 10 o 12 actores. Ahora una función con 6 ya es una cantidad bastante numerosa, y si pueden ser dos, mejor. Pero no se hacen como consecuencia de la situación económica. Yo creo que los papeles son siempre igual: una familia tiene abuelo, padre, madre, tío o hijo. No es que haya pocos papeles para mayores sino que se hacen pocos papeles para reducir gastos. Nada más.

P: ¿Qué le sigue dando el teatro a Héctor Alterio para que a sus 87 años siga subido a las tablas?

R: El teatro me sigue dando el dinero para vivir (risas) y me permite viajar, que me gusta mucho, en las giras, es entretenido, y saber que sirvo para algo.

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