recopilatorio final del divo

Por qué Camilo Sesto no es un mono de feria y merece un respeto

Se apaga una generación de artistas populares de leyenda y se abre el debate sobre si tienen herederos a su altura

Foto: Camilo Sesto en la presentación de 'Camilo 70' (EFE)
Camilo Sesto en la presentación de 'Camilo 70' (EFE)
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Camilo Sesto cumple setenta años. Los periodistas solo le preguntan por cirugía estética y por su vida en Torrelodones, intrigados por si es tranquila o le sigue yendo la marcha. Inspira escaso respeto. Más que un mito de la canción popular española, parece que estemos ante un freak televisivo. ¿Es correcta esta percepción?

"Camilo Sesto es una figura capital que en España, a diferencia de Latinoamérica, sigue sin gozar del inmenso reconocimiento que merece. Fue uno de los grandes, tanto por el lado compositivo como por el de la interpretación”, explica Luis Troquel, periodista musical y compositor ocasional. “Canciones como ‘Algo de mí’ o ‘Vivir así es morir de amor’ son cimas de nuestra canción popular”, añade. Sesto ha vendido cien millones de discos a lo largo de su carrera, resumidos en el doble recopilatorio ‘Camilo 70’ (2016).

Patricia Godes, prestigiosa periodista musical, aporta una analogía muy útil. “Camilo fue una especie de Lluís Llach para todos los públicos. Comparten muchas cosas, desde el aspecto físico hasta la afición por el rebétiko griego. Sesto es uno de los grandes de la canción popular melodramática, que es un género muy elaborado, con arreglos sofisticados que requieren grandes tesituras vocales. Sabe tocar varios instrumentos y domina todos los recursos de ese tipo de canción atormentada, declamatoria, que tiene mucho que ver con la tradición italiana o latina, digamos las producciones de Tito Puente para Shopy. Le falta riqueza verbal y poética, pero compensa con la fuerza de la voz y los arreglos, que hacen que parezca que dice más de lo que dice”, apunta.   

Por qué Camilo Sesto no es un mono de feria y merece un respeto

 

El estigma setentero

¿Tiene Sesto alguna culpa de su falta de prestigio? “Bueno, en la segunda parte de su carrera no compuso tantas buenas canciones como en la primera. Tuvo una decadencia muy larga. Seguramente debería haberse retirado hacia 1979 ó 1980, cuando cambió el gusto y la sociedad. Pero fue la mejor banda sonora de la apertura y el destape, con esas canciones más subidas de tono, con algún doble sentido”, opina Godes.

Otro factor que hundió su carisma tiene que ver con su armario ropero.  "Es cierto que vestía fatal. O, mejor dicho, la moda de los setenta era de muy mal gusto y poco favorecedora, con ropa ajustada, colores vivos y americanas entalladas. Dicho esto, la calidad musical se impone, ya que nadie que haya sido fan de Camilo Sesto dejó de serlo por la ridiculización mediática". Además, añade que su interpretación de 'Jesucristo Superstar' es superior a la de los cantantes anglosajones.


El crepúsculo de Sesto coincide con el de otros titanes como Julio Iglesias y Rapahel, que siguen arrasando en los escenarios pero ya han dicho todo lo que tenían que decir. "Muchos pensaban que el rock terminaría barriendo a los baladistas sentimentales y el tiempo ha demostrado que no es así. El mundo de la cultura siempre ha maltratado a este tipo de artistas; los ningunean hasta que pasan a ser vintage y se revalorizan. En realidad, pocos géneros envejecen tan bien como la canción melódica”, señala Troquel.  

La dictadura macho ’progre’

Fue la mejor banda sonora de la apertura y el destape
En todo caso, Godes apunta diferencias esenciales. “Son tres escuelas distintas. Raphael viene de Mario Lanza y Lucho Gatica. Julio Iglesias comenzó de cantautor, una versión de pueblo, con canciones costumbristas tipo 'El viejo Pablo'. Julio Iglesias imita a Serrat y consiguió convertirse en una versión a medida de los sectores más reaccionarios y derechistas, con himnos como 'La vida sigue igual'. Camilo forma escuela con Nino Bravo, Juan Bau y Pablo Abraira, en la estela de italianos como Riccardo Cocciante”.

Godes conoce a fondo la música pop de los ochenta, que vivió en primera fila.  Por eso tiene claros los motivos que dejaron a Camilo Sesto fuera de juego: “Ese tipo de “cantautor sensible” ha desaparecido, queda el ‘progre’ reconvertido en rockero, tipo  Joaquín Sabina. En parte, la industria discográfica prefiere el rock a los baladistas románticos porque sale más barato, ya que el rock exige menos músicos sobre el escenario. También tiene que ver con el desprecio a las mujeres, ya que el rock es más macho”, apunta.

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Posibles herederos

Muchos pensaban que el rock terminaría barriendo a los baladistas sentimentales y el tiempo ha demostrado que no es así
El debate que se abre ahora es si tenemos reemplazos de garantías. “En prácticamente todos los estilos (o sus equivalentes) no se puede comparar la producción de aquellas décadas a la de ahora. Ni el pop ni la canción melódica están a semejante altura, aunque ahora se publique alguna cosa buena. En lo que a baladistas clásicos se refiere, sin duda uno de los mejores es David Bustamante. Recoge, como ningún otro, tanto la herencia de la escuela levantina setentera como de la latina más reciente”, opina Troquel. Además, recomienda especialmente su último álbum, ‘Amor de los dos’ (2016).

Godes se muestra más escéptica. "Bisbal y Bustamante son grandes cantantes sin un repertorio a su nivel. Todos estos artistas salidos de las academias de los realities han hecho discos muy cutres, precisamente por prejuicios machistas del sistema. La industria les considera suproductos para “marujas” o adolescentes histéricas. Por eso no les buscan arreglos ni canciones de calidad. Piensan que las mujeres no tenemos criterio musical, así que todo vale. Es horrible, porque muchas amas de casa saben tocar el piano o el violín, pero la mayoría de los críticos y ejecutivos masculinos son tipos con síndrome de Diógenes y manchas de vino en el jersey, que no saben absolutamente nada de música, por muy auténticos que quieran creerse”, denuncia. “No hay peor insulto para ninguna canción que decir que le gustaría a tu madre, un prejuicio machista como otro cualquiera”.

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Echando la vista atrás, Godes lamenta la muerte de la gran tradición de música popular culta europea, con representantes como Leo Ferré, Jaques Brel, Mina, Paolo Conte, Salvatore Adamo y Lucio Battisti. "Se ha perdido la complejidad. Ya no se hacen canciones como 'Vecchio Frack', de Domenico Modugno, sobre un dandi que se suicida. O como 'Tout Le Long Du Mekong', de Adamo, sobre una madre que vende sexualmente a su hija. Ahora tenemos forma sin fondo”.

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