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'Los siete magníficos': el grupo salvaje que se enfrentó a Dios

En el 'remake' de 'Los siete magníficos' a cargo de Antoine Fuqua, el mensaje político desprende más fuerza que la acción pistolera

Foto: Fotograma de 'Los siete magníficos'.
Fotograma de 'Los siete magníficos'.

Comentaba Yul Brynner que con 'Los siete samuráis', Akira Kurosawa había rodado uno de los mejores 'westerns' de la historia... con la particularidad de que estaba situado en el contexto japonés. La película, estrenada en 1954, representó un hito para la recepción del cine oriental en Occidente. Kurosawa llevó a cabo un gran fresco épico que bebía a su manera de algunos clásicos norteamericanos del cine del Oeste. El sentido de la acción, el combate de los guerreros contra los bandoleros que tienen sometido a un pueblo abandonado por los gobernantes y el compañerismo entre los protagonistas masculinos fueron elementos muy fáciles de trasplantar a las polvorientas tierras de los Estados Unidos de hace un siglo. Así lo demostró con mucho éxito John Sturges en 1960 con el remake 'Los siete magníficos'. La influencia recíproca entre el cine de género norteamericano y el japonés no había hecho más que empezar.

'Los siete magníficos': el grupo salvaje que se enfrentó a Dios

'Los siete magníficos' no solo alineó en el reparto al 'dream team' de los chicos duros de los sesenta, entre ellos Yul Brynner, Steve McQueen y Charles Bronson. También consiguió combinar la visión fronteriza y desmitificadora del género típica de la época con un sentido del entretenimiento que encontraba en el compadreo entre los personajes del título su mejor baza. Y al mismo tiempo no dejaba de englobar un mensaje con cierto componente político: los forajidos se redimen como protectores de un pueblo explotado por un villano sin escrúpulos que se queda con el fruto de su trabajo. Este argumento ha inspirado títulos posteriores como 'Bichos', lo más próximo que ha estado Pixar de rodar una película soviética.

Bogue declara: "Con la democracia llega el capitalismo. Con el capitalismo viene Dios. Estáis interfiriendo en el camino de Dios"

La nueva versión que ha firmado esta vez Antoine Fuqua define al malvado desde su arranque. Bartholomew Bogue (un viscoso Peter Sarsgaard en uno de esos papeles a los que dedica poco esfuerzo y muchos tics) es un hombre de negocios que quiere quedarse con las tierras de los esforzados campesinos para su propio beneficio. Bogue entra en la iglesia donde se han congregado todos los lugareños, atemorizados por el régimen de terror al que los somete, y suelta toda una declaración de intenciones: "Con la democracia llega el capitalismo. Con el capitalismo viene Dios. Estáis interfiriendo en el camino de Dios". Una frase que no sonaría extraña en boca de cualquier adalid del capitalismo feroz con excusa religiosa estilo Donald Trump. Aunque el político probablemente no remacharía el asunto quemando la iglesia y disparando a modo de aviso a unos cuantos paisanos.

'Los siete magníficos' se arrastra más que avanza en su primera hora de metraje

Frente a la actitud depredadora de Bogue, el cazarrecompensas Sam Chilsom (Denzel Washington) acepta el encargo de la joven y aguerrida viuda Emma Cullen (Haley Bennett) de defender al pueblo a cambio de una pequeña cantidad de dinero. Chilsom sabe apreciar la relatividad del asunto: aunque parezca una suma discreta, esa gente le está pagando con todo lo que tiene. Y así reúne a su equipo de magníficos de procedencias muy diversas: un tahúr de origen irlandés, Josh Farraday (Chris Pratt); un tirador legendario, Goodnight Robicheaux (Ethan Hawke), y su amigo inseparable Billy Rocks (Lee Byung-hun), todo un fiera con las armas blancas; un fuera de la ley chicano, Vasquez (Manuel Garcia-Rulgo); un joven comanche, Cosecha roja (Martin Sensmeier), y un veterano rastreador, Jack Jorne (el siempre grande Vincent D'Onofrio). Una representación de la diversidad multicultural de Estados Unidos dispuesta a enfrentarse al tirano explotador e integrista.

Cartel de 'Los siete magníficos'.
Cartel de 'Los siete magníficos'.

Como en las otras versiones, la película se toma su tiempo para presentar a todos y cada uno de los integrantes del grupo salvaje. Sin embargo, Fuqua no consigue imprimir el suficiente carisma a sus personajes, excepto en el caso del pícaro de Farraday y de ese rastreador de voz aflautada al que Vincent D'Onofrio otorga su imponente presencia. La concepción democrática del filme obliga a que la cámara se detenga en todos y cada uno de los personajes cada vez que reaccionan a algo, lo que lastra el ritmo de la narración.

Así, 'Los siete magníficos' se arrastra más que avanza en su primera hora de metraje. Y se echa en falta mucho más juego y chanza entre los siete tipos, más allá de dos o tres pullas que se meten. La película debería funcionar como un 'western' divertido, gamberro y vibrante, pero Fuqua no consigue sintonizar este registro. Cuando, por fin, estalla el tiroteo final en el pueblo, la película recobra vida e intensidad.

Se nota que el director se encuentra más cómodo en la acción, como había dejado claro en filmes tan poderosos como 'Training Day', donde ya coincidían Washington y Hawke. De acuerdo que la lectura política de 'Los siete magníficos' es potente y el filme queda como muestra de la normalización de la multiculturalidad en el género de fundación nacional por excelencia. Pero con cumplir el expediente de la diversidad no basta.

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