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"¿Despilfarramos en cultura? Alemania dedica el 3% y España solo el 0,7%"
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entrevista a salvador sunyer

"¿Despilfarramos en cultura? Alemania dedica el 3% y España solo el 0,7%"

El festival Temporada Alta celebra sus 25 años con una programación impresionante: Peter Brook, Lupa, Ostemeier, Rau en lo teatral o Rufus Wainwright en lo musical

Foto: Salvador Sunyer, director del Temporada Alta (Martí E. Berenguer)
Salvador Sunyer, director del Temporada Alta (Martí E. Berenguer)

La programación que ha preparado el festival Temporada Alta de Girona y Salt para celebrar su 25 aniversario es una auténtica joya. De esas que te hacen rabiar por no poder irte a vivir dos meses y medio a una de las butacas de los teatros que la van a acoger. Además de lo mejor de la dramaturgia catalana contemporánea, por este festival, que se ha consolidado en este primer cuarto de siglo como el más potente y vanguardista del sur de Europa, pasarán nombres como Peter Brook, Krystian Lupa, Thomas Ostemeier, Milo Rau, Oskaras Korsunovas o Fabrice Murgia. Esto en lo teatral porque dentro de la programación musical estarán nombres como Rufus Wainwright presentando su disco inspirado en los 'Sonetos' de Shakespeare, Paul Fuster, Jorge Drexler o Manel, así como Alain Platel, Israel Galván o La Veronal en danza.

Temporada Alta (30 de septiembre a 14 de diciembre) arranca con Lluìs Pasqual con 'In Memoriam. La quinta del biberó', una obra basada en testimonios de algunos de los supervivientes de la Batalla del Ebro que analiza cómo vivió esa columna de jóvenes soldados republicanos de 17 y 18 años que fueron obligados a ir a la guerra sin apenas preparación. El festival cuenta este año con un presupuesto de 3 millones de euros, financiado a través del propio festival, las coproducciones, patrocinadores y aportaciones públicas de los ayuntamientos de Salt y Girona, la Diputación de Girona, la Generalitat y el INAEM (en total suman 1,5 millones de euros). A finales de la semana pasada ya tenía más de 14.200 entradas vendidas de las 39.938 disponibles.

El teatro viaja siempre con dificultades, pero creo que entre Madrid y Barcelona estas dificultades o no existen o no justifican este poco contacto

"El trabajo básico de un festival es poner en contacto los artistas con el resto de los ciudadanos. Por ello, cuando programamos el festival lo hacemos con la pretensión de que cualquier ciudadano, de nuestro país y de fuera, pueda encontrar – entre los 100 espectáculos que incluye- al menos 4 o 5 espectáculos de su gusto, tanto si el ciudadano es un niño de 3 semanas como si es un especialista en danza contemporánea, un aficionado a la comedia o un inmigrante acabado de llegar. Creemos que no hay dos personas iguales y nuestra voluntad es programar para todas", garantiza a este periódico Salvador Sunyer, director de Temporada Alta.

P: Lupa, Brook, Ostemeier, Rau, Cassiers, Korsunovas... La programación es un bombón que, permítame, da mucha envidia vista desde la distancia. ¿Por qué es tan difícil concitar lo mejor de la escena europea y por qué cree que apenas se ven en España tal cantidad de espectáculos internacionales de esta categoría?

R: Reunir lo mejor de la escena europea no es especialmente difícil, requiere tener un cierto presupuesto y un buen conocimiento de la escena internacional, pero el teatro no tiene ningún sentido sin el público y en nuestro caso lo más importante ha sido haberlo hecho progresivamente de manera que los espectadores cada vez deseen en cada edición descubrir cosas nuevas y más interesantes, adquiriendo cada vez un público más amplio. La cultura en un país como el nuestro no tiene sentido si no está en constante contacto con la evolución de la escena internacional. Un festival de primera línea tiene que ser el punto de encuentro entre la escena de un país y la mejor escena extranjera. Al cabo de unos años de trabajar en esta línea de programación, el festival tiene voz propia en este sentido.

'The Pleasure Island'

P: ¿Qué ha conseguido Temporada Alta en este primer cuarto de siglo? ¿Cuál cree que es su mayor aportación?

R: Temporada Alta empezó en 1992 con una programación muy pequeña, solo cuatro espectáculos -¡4 espectáculos divertidísimos!- y, durante estos 25 años, ha ido creciendo orgánicamente poco a poco, con la escena del país y también con el público. Temporada Alta tiene un modelo propio, gestionado por una empresa con importantes ayudas de las administraciones públicas y con también una muy importante aportación de las empresas privadas. Esto es otra de las cosas que ha permitido al festival enraizarse en este último cuarto de siglo. Temporada Alta es también un punto de encuentro entre la escena del país y la internacional, pero sobre todo ha pasado a ser, en los últimos años, la puerta de entrada del teatro latinoamericano en Europa y viceversa. Actualmente, el festival tiene pequeñas ediciones en Buenos Aires, Lima y Montevideo.

P: ¿Cuál sería el eje o la mirada que aporta este año el festival?

Aquí se olvida que la cultura es el alma de un país y que es uno de los pocos cohesionantes que puede tener un país en estos momentos

R; Temporada Alta tiene dos grandes ejes: en primer lugar ser la puerta de entrada y salida de la escena internacional al país y, en segundo, ser motor de creación escénica. En este sentido, el festival no solo programa sino que produce y coproduce un número considerable de espectáculos, con teatros públicos, teatros privados, compañías o productoras, como, por ejemplo: 'In memoriam', dirigido por Lluís Pasqual o 'Ante la jubilación', dirigido por el polaco Kryistan Lupa, los dos coproducidos con el Teatre Lliure de Barcelona; 'Who is me. Passolini', de Alex Rigola coproducido con Teatros del Canal y el Teatro Central de Sevilla o la coproducción internacional de 'De Welwillenden (Las Benignas)', dirigida por Guy Cassiers y coproducida con algunos de los festivales y teatros europeos más prestigiosos como las Scènes Nationaux de Valenciennes, el festival italiano RomaEuropa, el alemán Theaterformen o el belga Toonelhuis.

placeholder 'Cleansed (Purificados', dirigido por Oskaras Korsunovas
'Cleansed (Purificados', dirigido por Oskaras Korsunovas

P: El presupuesto de este año son poco más de 3 millones de euros, un montante nada desdeñable para un festival en España. He leído en unas declaraciones suyas en las que decía que eso es lo que cuesta solo la apertura de Aviñón. ¿Por qué cree que aún tenemos que comparar y justificar estos gastos en cultura en este país?

R: En concreto, y déjame matizar, dije que toda la programación del festival (los cachés de los 100 espectáculos) es menos de lo que cuesta programar uno de los grandes espectáculos europeos como por ejemplo el espectáculo inaugural de Aviñón. En cuanto a por qué se tienen que comparar y justificar los gastos de cultura en este país, cabe decir que solo se pueden valorar las cosas por comparación, no hay otra forma. En Europa, Francia por ejemplo, dedica el 2,9% del presupuesto a cultura. Alemania un poco más del 3% y España dedica a la cultura solo el 0,7% de su presupuesto. ¿Imaginan lo que pasaría si estas proporciones se dieran en sanidad, educación u obra pública, año tras año? Aquí, como en otros países del sur de Europa, se ha instalado en los últimos años la idea de que la cultura es algo prescindible, quizás inútil, considerada muchas veces como un despilfarro en momentos de dificultades económicas. De este modo, se olvida que la cultura es el alma de un país, que la cultura es uno de los pocos cohesionantes que puede tener un país en estos momentos y que, además, la cultura es un sector económico que da muchos puestos de trabajo que no son externalizables sino que ayudan a crecer el país. Quizás es un tópico decir que la cultura es una inversión, pero es verdad.

P: Otra de las claves que veo del éxito del festival es que consigue hacer atractivo al público propuestas nada comerciales (al menos en nuestro país y a no ser que estés dentro del circuito). ¿Cómo se hace eso y se consigue que el público lo considere atractivo y no elitista?

placeholder 'La moutte', versión de Thomas Ostemeires de 'La Gaviota' de Chejov
'La moutte', versión de Thomas Ostemeires de 'La Gaviota' de Chejov

R: Creemos que considerar la cultura como algo elitista es un error no provocado por la ignorancia sino por una cierta mala intención. Un buen espectáculo, aunque sea de estética súper contemporánea, puede tocar y gustar a cualquier ciudadano. La única condición es que este ciudadano haya podido acercarse al lenguaje que le proponen. En estos 25 años, Temporada Alta ha ido creciendo poco a poco con su público, por ello en este momento se programan espectáculos en polaco, inglés, alemán, lituano o flamenco en todas sus versiones y hay un 30% de espectáculos de creación contemporánea y están prácticamente todos llenos. El año pasado, por ejemplo, el festival que tiene la sede el área de Girona, una ciudad de poco mas de 100.000 habitantes, tuvo ocupación superior al 90 % y 78.922 espectadores. Creemos que es un error menospreciar la capacidad de los ciudadanos y creer que todos quieren solo entretenimiento fácil. Se consigue que la ciudadanía, el público, acceda a todos tipos de cultura no dando por hecho que no lo entenderá sino proponiéndole cosas excitantes y después dando pistas y ayudándole para que cada día acceda a algo que le llegue más.

P: Temporada Alta también se sustenta en la creación local y el fomento de la dramaturgia catalana. ¿Qué salud considera que tiene? Y, sabemos que hay dos grandes temporadas paralelas en Madrid y Barcelona, ¿por qué sigue costando que se muevan más las obras?

R: Temporada Alta es un festival internacional y pretende que sus ramas lleguen cuanto más lejos, mejor, pero para que ello tenga sentido creemos que el festival tiene que estar profundamente enraizado en el sitio donde se hace. Por ello, en Temporada Alta tiene un especial importancia tanto la creación local como la dramaturgia catalana. Creo que la dramaturgia catalana es un enfermo crónico y tiene, por lo tanto, una mala salud de hierro. Es cierto que hay dos grandes temporadas teatrales paralela en España, Madrid y Barcelona, y en general, y esto no pasa solamente en el mundo del teatro, hay poco trasvase o poca comunicación entre la una y la otra. El teatro viaja siempre con dificultades tanto físicas como a veces, en el teatro internacional, lingüísticas pero creo que entre Madrid y Barcelona estas dificultades o no existen o no justifican este poco contacto.

La programación que ha preparado el festival Temporada Alta de Girona y Salt para celebrar su 25 aniversario es una auténtica joya. De esas que te hacen rabiar por no poder irte a vivir dos meses y medio a una de las butacas de los teatros que la van a acoger. Además de lo mejor de la dramaturgia catalana contemporánea, por este festival, que se ha consolidado en este primer cuarto de siglo como el más potente y vanguardista del sur de Europa, pasarán nombres como Peter Brook, Krystian Lupa, Thomas Ostemeier, Milo Rau, Oskaras Korsunovas o Fabrice Murgia. Esto en lo teatral porque dentro de la programación musical estarán nombres como Rufus Wainwright presentando su disco inspirado en los 'Sonetos' de Shakespeare, Paul Fuster, Jorge Drexler o Manel, así como Alain Platel, Israel Galván o La Veronal en danza.

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