polémica cultural

Franco, festivales y fosas comunes. Bailar pop sobre un campo de concentración

Dos festivales de música en el Cantábrico se celebran sobre fosas comunes y campos de concentración de la dictadura

Foto: Localización del Santander Music Festival, junto a la campa de la Magdalena
Localización del Santander Music Festival, junto a la campa de la Magdalena
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El municipio de Castrillón, en Asturias, ha vivido una dura disputa a causa el festival Songs For an Ewan day, que se celebró el pasado 12 y 13 de agosto en el Pinar de Salinas. Las asociaciones de Memoria Histórica pidieron al ayuntamiento de Izquierda Unida que trasladase los conciertos a otro lugar que no fuera objeto de estudio para la búsqueda de restos de represaliados por la Falange. Después de una fuerte resistencia inicial, el consistorio ha cedido y la alcaldesa promete que no volverá a programar el encuentro en la zona hasta que se pueda determinar qué espacios no contienen restos humanos.

El pinar alberga una fosa común catalogada en el Registro de Fosas Comunes del Principado de Asturias. Las asociaciones de Memoria Histórica presionaron para su cambio porque consideraban que una actividad festiva atentaba contra la dignidad de las víctimas.

Serrano Suñer en Dachau

No es un caso único. Algo similar ocurre con el Santander Music Festival, que tiene lugar en agosto sobre lo que fue el campo de concentración de La Magdalena. “Desde allí se gestionó el modelo de reclusión que utilizó el bando nacional. La idea vino de Serrano Suñer, tras visitar Dachau en 1936. Al año siguiente ya hay una orden del Boletín Oficial del Estado permitiendo los campos y se nombra a Martín Pinillos como inspector jefe de campos. En la Magdalena también se cuenta -no tenemos documentos oficiales, sólo testimonios- que los que morían los dejaban a la orilla del mar para que la corriente se los llevase”, explica el filósofo Alberto Santamaría, que está realizando un trabajo sobre este siniestro episodio histórico.

Desde allí se gestionó el modelo de reclusión que utilizó el bando nacional. La idea vino de Serrano Suñer, tras visitar Dachau en 1936

Saltarse la Convención de Ginebra

El principal problema, como en Castrillón, reside en que no se sabe el destino exacto de muchos de los que murieron allí. “Se supone que algunos fueron a la fosa común de Ciriego, un cementerio junto al mar, donde a día de hoy hay unos 1.200 cadáveres junto a la tapia. La campa de La Magdalena fue el campo de concentración con mayor saturación de la guerra, con un 266% de ocupación. No sabemos con certeza de fosas comunes, pero todo indica que han de existir, por la alta mortalidad”, responde Santamaría a nuestras preguntas.

“Estos campos servían para saltarse a la torera la Convención de Ginebra. Los documentos e imágenes que he encontrado son muy clarificadores del horror”, añade.

Presión de los historiadores

El historiador asturiano Pablo Martínez Corral sostiene una posición parecida. Así se dirigía a la alcaldesa de Castrillón cuando se negaba a trasladar el festival. “Pensaba yo que Izquierda Unida, partido que apostó por la memoria histórica, velaría por su respeto. Ya veo que esto no fue así, ni con su predecesora ni con usted. Es más, parece que está siguiendo las directrices del antiguo régimen: esto mejor olvidar, mejor no tocar. Gobernando IU desde hace años, se ha desentendido del problema. Mejor colocar un monolito donde caiga para ponernos las medallas una vez al año, sobre todo el 14 de abril. Allí usted declarará el esfuerzo de las víctimas por la democracia, hablará de memoria, de olvido, incluso puede que acabe con esas palabras de justicia, verdad y reparación”.

Pensaba yo que Izquierda Unida, partido que apostó por la memoria histórica, velaría por su respeto. Ya veo que esto no fue así

Son reflexiones del artículo “Y bailaré sobre tu tumba”, publicado en 'La Nueva España'. Réplicas como esta esta llevaron al consistorio a rectificar y dar las gracias a las asociaciones de Memoria Histórica.

Banalizar el fascismo

Estas dos polémicas se pueden enmarcar en un debate más amplio sobre el tratamiento cultural de la Guerra Civil, que según varios expertos se ha dulcificado hasta la banalización. Es la tesis del ensayo ‘La Guerra Civil como moda literaria’ (2015), de David Becerra Mayor. “Las novelas de la Guerra Civil deberían hablar de las tensiones políticas y sociales que determinaron el conflicto, no plantear temas abstractos o bellas historias de amor con la Guerra Civil de fondo. Aunque una novela con una cubierta con fotografía en blanco y negro y ambientada en 1936 venda, la Guerra Civil no puede ser un reclamo publicitario”, apuntó en un texto contundente para este periódico.

El tratamiento cultural de la Guerra Civil, que según varios expertos se ha dulcificado hasta la banalización

En su libro ‘La estética como ideología’ (1990), el profesor de teoría literaria Terry Eagleton explica por qué “El Guernica” ha terminado adornando las salas de los consejos de administración de entidades bancarias. Cuando una obra revolucionaria termina exhibida en los centros de poder es porque no está suficientemente enraizada en movimientos sociales o porque representa una batalla ganada por el sistema. “La única cosa que la burguesía no puede incorporar es su propia derrota política”, explica Eagleton. Actualmente, el cuadro de Picasso sirve para todo, incluso como reclamo para marisquerías de gama alta en la costa cantábrica

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