su nueva obra parece una autoparodia

M.I.A. es ya el gran bluff pop del siglo XXI

La cantante británica, que explotó globalmente en 2005, se ha ido deshinchado año tras año.

Foto: M.I.A.
M.I.A.

Verano de 2008. 'Paper planes' se convierte en una de las canciones del año, gracias a su estribillo adictivo, que mezcla el sonido de una caja registradora con el de unos disparos. Ayuda comercialmente que sea el tema principal de la comedia ‘Pineaple Express’. Alcanza el top veinte en Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Bélgica y Dinamarca. M.I.A termina actuando en los Grammy 2009, embarazada y acompañada por Jay-Z y Kanye West. Cuatro años antes, la cantante británica había enamorado a la prensa musical con su explosivo debut ‘Arular’ (2005), un cruce de los mensajes políticos de The Clash con los ritmos dominantes en los guetos del tercer mundo, desde las favelas de Rio hasta el reguetón de Puerto Rico, pasando por el hip-hop más macarra.

No es solo una cantante de moda, sino que contagia su carisma global de alto voltaje, a la altura de Madonna o Bob Marley. Por si fuera poco, tiene una historia personal vibrante, con un padre enrrolado en la guerrilla de Sri Lanka, que le confiere pedigrí activista. En ese momento, nadie duda que está destinada a dominar el planeta pop hasta que a ella le dé la gana. 

M.I.A. es ya el gran bluff pop del siglo XXI

Explosiones y pateras

¿Dónde estamos ocho años después? M.I.A acaba de estrenar su nueva canción 'Go off', coproducida por Skrillex, estrella de la eléctronica de estadio. Suena inofensiva, como una parodia de sí misma, con un vídeo lleno de explosiones, de esos que atrapan tu atención del principio a fin, pero no aporta absolutamente nada. Es obra de su amigo Romain Gavras, hijo del mítico director griego Costa-Gavras, que se ha especializado en utilizar conflictos políticos serios para obtener imágenes de impacto, a medida de la audiencia de cadenas juveniles como MTV y Vice (como aquel clip de Justice donde se retrataba la violencia de los chicos de banlieue como pura destrucción sin motivos).

Lo último de M.I.A. suena como una parodia de sí misma, con un vídeo lleno de explosiones que atrapa tu atención pero no aporta nada

En su favor, decir que M.I.A es la única estrella que ha hecho una canción sobre los refugiados. El problema es que 'Borders', donde aparece rapeando sobre migrantes amontonados en una patera, no contiene nada que no diga el telediario cada día. Por supuesto, el clip no ha molestado a nadie. Otro de los últimos trabajos de la cantante es ser imagen de la semana global del reciclado de ropa de la marca H&M. ¿Se puede ser rebelde y mujer anuncio?

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Expulsada de un festival

M.I.A es adicta a la polémica y su última ocurrencia ha sido esta declaración:  “Es interesante como en Estados Unidos el problema sobre el que te dejan hablar es el movimiento Black Lives Matter. No se trata de algo nuevo, es lo mismo que denunciaba Lauryn Hill en los noventa o Public Enemy en los ochenta. ¿Se atreverían Beyoncé o Kendrick Lamar a decir que las vidas de los musulmanes importan? ¿O que las vidas de Siria importan?¿O qué un niño en Paquistán importa? Para mí son preguntas más interesantes, que no puedes formular en una canción que se vende en Apple o que suena en un programa de televisión estadounidense. No va a ser un tag popular en Twitter, ni Michelle Obama va a apoyar tu campaña”.

Puro estilo M.I.A: aunque tenga parte de razón, su papel en la escena pop consiste en decir algo más controvertido que la competencia, dejando claro que no están a su altura. Para una vez que estrellas como Beyoncé se politizan, allí está ella para recordarles que les lleva varios años de ventaja. Este verano el festival londinense Afropunk expulsó a M.I.A de su cartel por la falta de respeto a Black Lives Matter, un movimiento que despierta mucha hostilidad en Estados Unidos, desde policía de Miami hasta la cadena derechista Fox News, que arremetieron contra Beyoncé por su apoyo a las protestas. 

M.I.A. es ya el gran bluff pop del siglo XXI

Hablar sin saber

Otro problema con M.I.A es que no parece muy informada. Sus posturas radicales, cercanas al “chic terrorista”, parecen más pendientes del impacto mediático que de la precisión política. Quedó claro en una entrevista de 2010 con New York Times Magazine. Allí la periodista Lynn Hirschberg comparaba las opiniones de la cantante con datos de un especialista. Por ejemplo, M.I.A hablaba con respeto de los tigres tamiles, un grupo armado a quienes presentaba como defensores de una minoría oprimida. En vez de eso, son solo uno de los bandos en un conflicto por el poder.

Sus posturas radicales, cercanas al “chic terrorista”, parecen más pendientes del impacto mediático que de la precisión política

“Usaban tácticas mafiosas y reclutaban niños como soldados. El padre de M.I.A no estuvo con ellos. Siempre se mantuvo a distancia”, explicaba Ahilan Kadirgamar, del Foro Democrático de Sri Lanka. “M.I.A presentó una explicación simplista del la lucha entre tamiles y cingaleses. No es justo culpar del conflicto a una de las partes. Los tigres matan civiles y el gobierno también”, resume Kadirgamar. Otra cuestión espinosa es que M.I.A defendía sus posturas radicales charlando en un restaurante pijo de Los Ángeles, mientras comía patatas con sabor a trufa, recién llegada de su mansión cercana a Beverly Hills. 

M.I.A. es ya el gran bluff pop del siglo XXI

Glamurizar el terrorismo

El discjockey millonario Diplo, su novio durante el primer disco y colaborador después, terminó coincidiendo con los detractores: “No es fácil criticarla porque es progresista, muy a la izquierda, además de mujer. Pero cuando llegamos al terreno de los datos sus conocimientos son cero. Nada. Al comienzo del tercer disco, le dije que dejara de hablar de política. No se puede glamurizar el terrorismo. No te puedes esconder detrás de esa mierda”, dijo en la web WWD en 2011. En la pieza de New York Times, MIA soltó frases como “quizá llame ’Nano’ a mipróximo disco porque las nanobombas molan”. También dijo que “estoy harta de estrellas pop diciendo que hay que darle una oportunidad a la paz, yo digo que hay que darle una oportunidad a la guerra”.

"Estoy harta de estrellas pop diciendo que hay que darle una oportunidad a la paz, yo digo que hay que darle una oportunidad a la guerra"

En realidad, como se ha dicho muchas veces, desde la periodista Lynn Hirschberg al crítico Simon Reynolds, el problema es que MIA lo quiere todo: ser la estrella pop global y el icono punk, estar con los oprimidos sin renunciar a la gala del MET, ser la más famosa y la vez la más buscada por la CIA. Un ejemplo evidente: en 2012 aceptó actuar en la Superbowl junto a Madonna, pero acabó haciendo una peineta a la millonaria audiencia de la final. La liga la demandó por más de dieciséis millones de dólares, aunque acabaron alcanzando un acuerdo extrajudicial. La realidad es que su música ha ido perdiendo fuelle desde su espléndido primer disco.

Sin ánimo de idealizar la pobreza, ese fue el único álbum que grabó mientras mantenía contacto con la calle, cuando vivía en una casa de protección oficial en Londres. A medida que se ha ido metiendo en el mundo de la moda, los ricos y los famosos, su música fue perdiendo sustancia y pegada. Nada que no les haya pasado antes a la inmensa mayoría de los raperos surgidos del gueto. El próximo álbum de M.I.A. se publica el 9 de septiembre, pero tiene poca pinta de remontar.   

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