Lord Byron, Dickens, Wilde, Henry James...

De Londinium al Gran Londres: guía literaria definitiva de la capital inglesa

Los londinenses votaron mayoritariamente a favor de quedarse en Europa... y perdieron. Un libro rinde homenaje a la fiel metrópoli de la mano de los grandes escritores que la cantaron

Foto: Panorámica de Londres
Panorámica de Londres

Lávate pronto y temprano. No te revuelques en las hierba de los parques si no quieres mancharte el vestido. Nunca comas bollos o bígaros en el autobús o molestarás a los demás pasajeros. Nunca detengas un autobús con el pie, no es una pelota de cricket. No intentes llevarte cuadros de la National Gallery: se darán cuenta. Evita trasnochar, los cruces abarrotados y el salmón encurtido. Sé amable con los policías: nunca sabes cuando podrías acabar detenida...

'Guía literaria de Londres'
'Guía literaria de Londres'

Tales son las siete entrañables reglas para vivir en la capital inglesa que Rudyard Kipling le escribió a su hija pequeña Elsie y que recoge la 'Guía literaria de Londres' que publica Ático de los Libros. Una antología de textos reunidos por Joan Eloi Roca y firmados por los grandes nombres de la literatura universal, no sólo ingleses: Tácito, Snorri Sturluson, Washington Irving, John Evelyn, Daniel Defoe, James Boswell, Lord Byron, Jane Austen, Edmundo de Amicis, Charles Dickens, Charlotte Brontë, Fiódor Dostoyevski, Oscar Wilde, Henry James, Mark Twain, Jack London,  Natsume Soseki, G.K. Chesterton o Rudyard Kipling.

Eloi Roca cuenta en el prólogo que en Londres viven más franceses (400.000) que en Burdeos, que uno de cada tres londinenses ha nacido en el extranjero, que en la ciudad se hablan más de 300 idiomas diferentes y que la habitan 50 comunidades étnicas distintas formadas por más de 10.000 miembros. Para comprender -y querer- a la Babilonia que votó masivamente en contra de salir de la Unión Europea a diferencia del resto de sus compatriotas, nada mejor que viajar por la ciudad que ya no existe, congelada en la pluma de los mejores escritores. Esta insólita guía de viajes es también un gozoso viaje en el tiempo. Del Londinium romano al Gran Londres del siglo XXI. Seleccionamos cinco pasajes.

La abadía de Westminster - Washington Irving

"Los últimos rayos de sol penetraban tenuemente por las multicolores vidrieras de las altas bóbedas. La parte más baja de la abadía ya estaba envuelta en la oscuridad crepuscular. La luz se retiró poco a poco de las capillas y las naves. Las figuras de los reyes se sumergieron en las sombras y las estatuas de mármol de las tumbas asumieron formas extrañas en la dudosa luz; la brisa de la tarde corría por las naves como el frío aliento del ultramundo e incluso los lejanos pasos de un sacristán pasando por el Rincón de los Poetas tenían algo de extraño y amenazador. Rehíce lentamente mis pasos y, al salir por el portal del claustro, la puerta, que se cerró a mis espaldas con un sonido desgarrador, llenó de ecos el edificio entero".

Washington Irving (1783-1859) fue el primer escritor norteamericano, quizás junto a Fenimore Cooper, en alcanzar fama universal". Ejerció de embajador en España y dejó crónicas de sus múltiples viajes en su 'Libro de Apuntes'. A este último pertenece el extracto sobre la Abadía de Westminster, uno de los lugares más visitados de Inglaterra que permanece prácticamente igual desde que lo visitó el escritor, hace dos siglos".

Abadía de Westminster. Grabado de J.P. Neale (1828)
Abadía de Westminster. Grabado de J.P. Neale (1828)

El gran incendio de Londres - John Evelyn

"Puesto que el fuego continuó toda la noche (si es que puede llamarse noche a algo tan claro como el día en diez millas a la redonda, iluminado con una luz horrible), conspirando con un fuerte viento de levante y la extrema sequedad de la estación, fui a pie al mismo lugar y vi que todo el sur de la ciudad ardía desde Cheapside hasta el Támesis y a lo largo de Cornhill (pues el incendio también viajaba en dirección opuesta al viento, además de a su favor), las calles Tower, Fenchurch y Gracious, y así hasta Baynard's Castle, y ahora estaba llegando a la iglesia de San Pablo, lugar en el que los andamios contibuyeron a avivarlo. El incendio fue tan universal y la gente estaba tan atónita que, desde el principio, no sé por qué abatimiento o resignación, les costó apremiarse a sofocarlo de modo que no se oía ni se veía nada más que gritos y lamentos, y corrían como criaturas sin propósito, sin intentar siquiera poner a salvo sus bienes; tanta era la consternación que se había apoderado de ellos. Y el fuego ardía a lo largo y ancho, engullendo iglesias, edificios públicos, la bolsa, hospitales, monumentos y atracciones; saltando de forma prodigiosa de casa en casa y de calle en calle, a gran distancia unas de otras".

El incendio de Londres de 1666 destruyó trece mil edificios y desvaneció en humo el Londres medieval sobre cuyas cenizas se levantaría la ciudad moderna. El escritor inglés John Evelyn (Wotton, Surrey, 1620 - Londres, 1706) dejó testimonio de los hechos en sus célebres 'Diarios'.

Gran incendio de Londres de 1666. Grabado de Robert Chambers
Gran incendio de Londres de 1666. Grabado de Robert Chambers

Visión de la ciudad - Lord Byron

"Una enorme masa de ladrillo, de humo y de navíos,

sucia y sombría, pero que se extiende

hsta donde la vista alcanza; aquí y allá se agita una vela

y luego desaparece en un bosque de mástiles;

una jungla de campanarios

que rompe el dosel de humo de carbón.

Una inmensa cúpula parda, como un sombrero de papel

coronando a un bufón: ¡eso es la ciudad de Londres!"

Al poeta Lord Byron (1788-1824) le disgustaban el ruido y el humo de una ciudad en plena Revolución Industrial. La capital, sin embargo, siempre lo adoró y, tras su muerte, una multitud acudió durante dos días a su capilla ardiente. Estos versos sobre Londres figuran en el Canto X de 'Don Juan'.

Prostitutas en Haymarket - Fiódor Dostoyevski

"Todo el que haya visitado Londres tiene que haber paseado por Haymarket de noche al menos una vez. Es un distrito que de noche frecuentan las prostituas a millares. Las calles están alumbradas por farolas de gas, algo desconocido en nuestro país. A cada paso hay magníficas casas públicas y burdeles, con espejos y oropeles. (...) La calle apenas puede contener el espeso río de gente sudorosa. La masa no cabe en las aceras y ocupa todo el pavimento. Ese montón de humanidad ansía carne y se arroja contra el recién llegado con desvergonzado cinismo. Ropas deslumbrantes y caras y harapos, jóvenes y ancianos: todas las diferencias están aquí. Una vagabunda borracha arrastrada por el gentío se codea con los ricos y la aristocracias. Se oyen maldiciones, juramentos, peleas, súplicas y la invitación susurrada, discreta, de alguna belleza que aún conserva el pudor. ¡Y qué hermosas son a veces con sus rostros imborrables!".

El gran novelista ruso Fiodor Dostoyevski (1821-1881) viajó por Europa entre los años 1862 y 1863 y reflejó sus impresiones en el libro 'Notas de Invierno sobre impresiones de verano' (18639. Se estima que en la época en que pasó por Haymarket había unas ochenta mil prostitutas en Londres.

Grabado de Haymarket a medianoche que muestra la abundancia de prostitutas.
Grabado de Haymarket a medianoche que muestra la abundancia de prostitutas.

Charlatanes en Hyde Park - Natsume Soseki

"Es imposible salir a dar una vuelta por Hyde Park el domingo sin cruzarse con gente pronunciando discursos en medio de los paseos. He aquí la voz ronca del Profesor Amén, que anuncia la llegada de Jesucristo, y unos pocos metros más allá se oyen las vituperaciones de un incrédulo: '¿El infierno? ¿Qué es el infierno? Si los que no creen en Dios van al Infierno, entonces Voltaire seguro que estará allí, y también Ingersoll. ¡Decididamente, el infierno debe estar lleno de genios, y es muy preferible a un Cielo en el que se arratran un montón de imbéciles!' Eso sí, es una declaración rotunda y de tono convincente, mucho más que mis vacilantes intentos discursivos. No hay adjetivo que pueda expresar con justicia la fuerza persuasiva que exuda la cascada estentórea del hombre que habla en Hyde Park. Frente al librepensador, otro hombre enarbola la bandera de la filantropía y se toma por Auguste Comte. A su lado, otro aún se opone furiosamente a las teorías de Huxley..."

El gran novelista japonés del periodo Meiji, Natsume Soseki (1867-1916) es muy conocido por sus novelas, pero pocos saben que era experto en literatura inglesa y que, por ello, el gobierno japonés lo envió en 1901 a estudiar al Reino Unido, donde permaneció hasta 1903. Acuciado por las estrecheces económicas, así describiría más tarde la estancia: "los dos años que pasé en Londres fueron los menos gratos de mi vida. Entre los ingleses viví en la miseria, como un perro pobre que se hubiera perdido entre una manada de lobos".

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