homenaje

José Luis García Sánchez, humor con bicarbonato

Llega 'Humor con bicarbonato' un libro escrito por Javier de la Torre que nos introduce en la vida y obra de uno de los más queridos y geniales españoles vivos, José Luis García Sánchez

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José Luis García Sánchez
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Se acaba de publicar 'Humor con bicarbonato' (Notorious Ediciones, 2016),  un libro escrito por Javier de la Torre que nos introduce en la vida y obra de uno de los más queridos y geniales españoles vivos. José Luis García Sánchez, guionista y director de cine, pese a haber superado la edad de jubilación, sigue siendo uno de los más activos cineastas del momento.

'Humor con bicarbonato' (Notorious, 2016)
'Humor con bicarbonato' (Notorious, 2016)

A diferencia de otros nombres de nuestro cine, José Luís García no es partidario de la solemnidad. Por eso podemos afirmar sin rubor que su figura no se agiganta con el paso del tiempo. Es la que es. Pero como el buen vino envejece de perlas y despide un aroma inconfundible, también necesario. A estas alturas pocos directores españoles pueden competir con su trayectoria. Ha filmado docenas de películas; ha firmado una treintena de guiones en compañía de tipos como Rafael Azcona, Manuel Gutiérrez Aragón o Fernando Fernán Gómez; ha adaptado a la gran pantalla  textos tan difíciles como los de Valle Inclán y dirigido filmes como 'El Love Feroz', 'La Corte de Faraón', 'El Vuelo de la Paloma', 'Divinas Palabras', 'El Tranvía de la Malvarrosa', 'La Noche más Larga'…. 

Ha trabajado con los mejores actores y actrices, los mejores productores, los mejores cámaras, y ha ganado algunos premios, entre ellos el de Mejor Película, por 'Las Truchas', en el Festival de Berlín. Con la mitad de este currículum, muchos de nuestros “genios” se pasearían levitando por la Gran Vía de Madrid. Él no. Si le preguntáramos qué es lo mejor del cine, quizá nos diría que es la facilidad para hacer amigos.

Siempre a la vuelta de la esquina

Pero no nos engañemos. Eso no le pasa a cualquiera. Eso le pasa a José Luis, porque es honrado, directo y buena gente; también le pasa por ser humilde, por ser divertido y porque piensa en los demás. Si los otros no están bien, él no se siente a gusto, y su primer empeño es hacer que recobren la alegría o al menos la tranquilidad. A veces lo consigue con su cine, otras con la palabra o el afecto. Pero siempre está allí, aquí cerca, a la vuelta de la esquina. Algún día alguien elaborará la larga lista de sus beneficiados, aquellos a los que ha ayudado en lo íntimo o en lo profesional. Entretanto hay algo seguro: él ni se acuerda y le parecería una idea disparatada. Todo lo que él hace es por abundancia del corazón y porque creció en una época muy áspera donde había que arrimar el hombro, el hombre. Sólo así se comprende su cine marginal y clandestino, su implicación en causas nobles que hoy parecen perdidas, su interés por el pasado, el patrimonio cinematográfico y también por esa vida que corre con todo su pulso y su poder.

García Sánchez pertenece a una época que aún creía en la palabra “compromiso”, con las ideas, con las personas

José Luis García Sánchez pertenece a una época que aún creía en la palabra “compromiso”, con las ideas, con las personas; también es suya la época de la coherencia personal, de la clara diferencia entre lo falso y lo verdadero, sin aditivos ni colorantes. En esa época aún se escribían canciones memorables, como 'Te recuerdo Amanda', por ejemplo, donde alguien le recordaba al mundo que la vida es eterna en cinco minutos. Partiendo de Víctor Jara, también podemos decir que el cine de García Sánchez es eterno en cinco minutos. Sus películas están pobladas de fragmentos de alta inspiración, de logros que irrumpen en la historia, la alumbran a fuego, y luego de algún modo se desvanecen o dan paso a la normalidad. Quién sabe si eso no responde a la manera de ser del propio director, la de un tipo corriente, que de pronto se vuelve extraordinario, deja un impacto hondo en el corazón, y luego recobra cierto anonimato donde prosigue su camino moderadamente feliz. Quizá él no ha cambiado, pero nosotros sí. De algún modo enigmático el trato con García Sánchez nos hace mejores, mientras que el roce gozoso de su cine, más hondos y a la vez más abiertos. ¡Qué cosa tan extraña y loca es la vida cuando la vemos con sus ojos!

Pócima infalible

Si hablamos de este pesimista alegre, nada de solemnidades. Lo suyo es un poco de humor como bicarbonato. Es la pócima infalible de un iconoclasta benigno que corta cabezas y vuelve a coronarlas para que siga la función. ¿Y qué hay de sus películas? Muy simple. Desde los hermanos Lumiére, la pantalla es cuadrada o rectangular, nunca redonda. No busquemos, pues, en la obra de García Sánchez la pulcra línea de la esfera. Muchas de sus películas son buenas, pero no redondas, porque la misma superficie donde se proyectan invita a fragmentos de tiempo fílmico que se miden por la cuadratura. El tiempo es cuadrado, la pantalla es cuadrada, los logros suyos respetan esa regla de geometría. En otras manos quizá eso sería un inconveniente, en las suyas es una ventaja y hasta un triunfo. Ocurre con ciertos toreros, con ciertos jugadores de fútbol. Conocen el oficio, asumen riesgos, reivindican una manera personalísima de entender el arte, pero sin florituras ni aspavientos. Durante años acuden puntuales a la cita, a menudo lejos de los focos, y van cuajando una buena faena tras otra. Nada más, nada menos.

En América esta gente alcanza la gloria: un Billy Wilder, por ejemplo, que lo rodaba todo y todo lo rodaba bien. Pero España es tierra de estruendos

En América esta gente alcanza la gloria: un Billy Wilder, por ejemplo, que lo rodaba todo y todo lo rodaba bien. Pero España es tierra de estruendos. Y para un tipo como García Sánchez nada sería más incómodo y desproporcionado que salir a hombros por la puerta grande. El hecho de que algunas faenas suyas lo merezcan y hayan quedado en nuestra memoria, no le ha hecho olvidar aquella sabia sentencia de Antonio Machado: “El arte es un juguete y además no importa”. Porque da la casualidad de que los juguetes de José Luis nos alegran la vida y nos importan mucho. Casi tanto como él. Y ya es decir.  Gracias Pepe, por tus películas y sobre todo por estar con nosotros.

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