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O latin lover o psicópata. ¿Qué pintan Bardem, Cruz y Banderas en Hollywood?
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'the last face' se estampa en cannes

O latin lover o psicópata. ¿Qué pintan Bardem, Cruz y Banderas en Hollywood?

Una reflexión sobre la errática carrera en EEUU de nuestros intérpretes más célebres. ¿Es posible escapar al encasillamiento?

Foto: Penélope Cruz y Javier Bardem en Barcelona en un concierto de U2 (Instagram U2)
Penélope Cruz y Javier Bardem en Barcelona en un concierto de U2 (Instagram U2)

El gran fracaso del último Festival de Cannes ha sido la película norteamericana 'The Last Face'. Alguna tendría que ser, y le ha tocado este año a la obra de Sean Penn, pero lo que casi todo el mundo ignora es que este ha sido durante años el proyecto adorado por Javier Bardem. Solo él ha hecho posible que esta película se realizara y a saber si no habrá tenido, para conseguirlo, que acostarse -metafóricamente- con Sean Penn ó Charlize Theron, e incluso con los dos al tiempo.

Nada de particular, una anécdota, y no la contamos con regodeo malsano. La reflexión que queremos poner hoy sobre la mesa es otra, pensando en Javier Bardem, La pregunta, quizá casi tan vieja como el cine, es ésta: ¿Qué posibilidades reales tienen nuestros actores de triunfar en el extranjero?

Si nos centramos en aquellos que gozan de mayor fama internacional (Antonio Banderas, Penélope Cruz, Javier Bardem) el balance, aunque es bueno, no invita al ciego optimismo. Es cierto que se han ganado un nombre y una imagen de glamour que otros actores anhelan hasta la envidia cochina. Pero si lo analizamos en términos artísticos objetivos, el resultado es dudoso.

Tráiler de 'The Last Face'

Normalmente el actor que trabaja fuera de su país, y sobre todo en el cine americano, se mueve bajo unas cláusulas de mercado muy escritas. Se les suele encasillar en un rol determinado y rara vez se le permite explotar la vena de la versatilidad. Es el caso de Antonio Banderas, que casi siempre interpreta al macho latino, con perfil de seductor un poco tonto y aventurero. Los personajes de Penélope están relacionados más o menos cercanamente con los conflictos amorosos. Y a Javier Bardem, que se mueve como pocos creando personajes de patologías inquietantes, nos gustaría descubrirle sus facetas humorísticas. Por ejemplo.

Detrás de estas actuaciones no hay otra cosa que una industria que los necesita y los pone a su servicio, pero que en el fondo no los conoce. Rara vez se busca un guionista que escriba un papel específico para ellos. Tampoco hay demasiados grandes directores que los tengan en sus agendas. Les separan demasiadas diferencias culturales, de idioma e incluso de concepto cinematográfico e interpretativo. Por eso, al final los repartos los elaboran los directores de ‘casting’, en contacto con muchos ‘managers’ y pactando con los departamentos de ‘marketing’. El ‘merchandising’, la pasta.

Tráiler de 'No es país para viejos'

El resultado salta a la vista. Pese a su gran entrega profesional, lo cierto es que nuestros actores no se han convertido en mitos. Ni Antonio Banderas ha sido el nuevo Rodolfo Valentino, ni Penélope Cruz la heredera de Sofía Loren; tampoco Javier Bardem ha alcanzado las excelencias de un Anthony Hopkins. De hecho, ni siquiera pudo competir con Russell Crowe en las grandes producciones de la época. Aunque Bardem casi no tiene rival en materia de personajes pérfidos, a la larga el público prefiere al héroe noble y rudo de 'Gladiator' o de 'Master and Commander'. Y él lo sabe. No olvidaremos nunca su papel de asesino implacable en 'No es un país para viejos', por ejemplo, o de psicópata vengativo en 'Skyfall', de la serie James Bond.

Son puntos álgidos. Pero, ¿y el resto? ¿Cuántas películas flojas e intrascendentes ha ido dejando en el camino? Muchas, demasiadas. Son películas de consumo que apenas nadie recuerda, películas que ensombrecen su nombre en lugar de engrandecerlo. Porque el prestigio de un artista no se consigue a base de repetición o acumulación, sino de creatividad meditada y serena. Y ese no es el cultivo que se cosecha en Hollywood, donde, ya lo advirtió Billy Wilder “ninguna obra de arte queda sin castigo”.

Por mucho que nuestros actores hayan medrado allí, no están dejando una obra verdaderamente perdurable

Por mucho que nuestros actores hayan medrado allí, no están dejando una obra verdaderamente perdurable. A veces han podido ser ellos, que ya es mucho, pero aún no han dado lo mejor de su talento.

Llegados a este punto, es difícil evitar las conjeturas. ¿Cómo se habría desarrollado su carrera en España? ¿Mejor o peor? No lo sabemos. Pero algo es seguro: habrían ganado mucho menos dinero, habrían sido menos conocidos en la meca del cine y habrían rodado películas más acordes con su forma de ser.

De nuevo nos topamos con el viejo dilema calidad versus comercialidad, o mejor, jugar en casa o jugar fuera. Conscientes de los riesgos del actor en la edad madura, los tres se hallan ahora en una situación delicada. De ahí que algunos estén trabajando en la dirección como un modo casi “in extremis” de mantener el prestigio en el tramo final de su carrera. Sin embargo el reciente fracaso en Cannes del proyecto de Bardem nos recuerda la dificultad de la aventura.

¿Cuántas películas flojas e intrascendentes ha ido dejando en el camino?

La historia de estos tres actores plantea, pues, ciertas reflexiones de interés general. Para un joven actor con proyección, el dilema de quedarse en España o intentar triunfar en el extranjero sigue abierto. La decisión no es nada fácil, porque de algún modo las opciones son excluyentes. Abrirse camino fuera exige demasiado esfuerzo como para que el actor joven pueda permitirse el lujo de volver a España en verano a rodar una película. Esta posibilidad sería muy beneficiosa para todos, sin duda, pero el cine no es el fútbol o el baloncesto. En el cine no podemos tener a un Pau Gasol, por ejemplo, jugando en la NBA durante la temporada regular, y luego contar con él para las grandes ocasiones, como un campeonato del mundo. En el cine, o te vas o te quedas. Y si te vas, sólo regresas a casa por Navidad- como en el anuncio-, o para algún certamen europeo. En el fondo es un premio bastante pobre para unos actores de talento que comenzaron con todas las ilusiones del mundo.

Habría que preguntarles si han gestionado bien sus denarios, moviéndose lejos de nuestro país. Atravesar el Atlántico ha de ser una aventura apasionante, pero a veces la travesía concluye en medio del charco, sin cubrir todas las expectativas.

Y eso no es bueno para nuestro cine. Ni para los actores. Se vayan o se queden. Un consejo, eso sí, para todos los que empiezan: que aprendan a interpretar fluidamente en inglés. Por si acaso.

El gran fracaso del último Festival de Cannes ha sido la película norteamericana 'The Last Face'. Alguna tendría que ser, y le ha tocado este año a la obra de Sean Penn, pero lo que casi todo el mundo ignora es que este ha sido durante años el proyecto adorado por Javier Bardem. Solo él ha hecho posible que esta película se realizara y a saber si no habrá tenido, para conseguirlo, que acostarse -metafóricamente- con Sean Penn ó Charlize Theron, e incluso con los dos al tiempo.

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