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De Robin Hood a Braveheart: las diez mayores mentiras históricas en el cine

La historiadora Alex von Tunzelmann desvela los anacronismos e imprecisiones de las películas de Hollywood en su libro 'La loca, loca, loca historia del mundo según el cine'

Foto: Raquel Welch como Loana en 'Hace un millón de años' (1966)
Raquel Welch como Loana en 'Hace un millón de años' (1966)
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'La loca, loca, loca historia del mundo según el cine'

'La loca, loca, loca historia del mundo según el cine'
'La loca, loca, loca historia del mundo según el cine'

"Romani ite domum" (Romanos, marchaos a casa). "Romanes" no, que no es vocativo plural. ¿Y el plural de ir es...? "Eunt". Pero el imperativo es "ite". ¿Y cómo se dice marchaos en acusativo? Domum. "Romani ite domum". Con esta lección magistral del centurión romano de 'La vida de Brian' (1979) varias generaciones cinéfilas aprendieron a declinar en latín de forma precisa. Para sobresaliente. Pero no todo lo que sale en las películas es verdad y el cine nos ha regalado las reinterpretaciones y los errores históricos más flagrantes. La historiadora Alex von Tunzelmann, columnista del diario 'The Guardian' ha decidido sacarle los colores a Hollywood y examinar la precisión histórica de sus películas en el libro 'La loca, loca, loca historia del mundo según el cine', de la editorial T&B. 

 

 

 

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'Hace un millón de años' (1966)

Raquel Welch como Loana en 'Hace un millón de años' (1966)
Raquel Welch como Loana en 'Hace un millón de años' (1966)

Hubo un tiempo en el que Raquel Welch no anunciaba pelucas y postizos en las peluquerías de Lavapiés pero sí llevaba cardados arquitectónicamente imposibles. El mismo tiempo en que los seres humanos y los dinosaurios coexistían sobre la faz de la Tierra y los monstruos voraces estaban hechos de plastilina. Y todo esto no ocurrió hace un millón de años, pero sí medio siglo atrás. Pestañas postizas y bisutería jipi son 'peccata minuta' en comparación con los grandes pecados históricos de esta película, a la que Von Tunzelmann califica como "fallida" a nivel de precisión histórica. Y además aburrida, según su criterio. Aunque los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años, el director Don Chaffey no dudó en sacarlos de paseo de la mano del artista 'stop-motion' Ray Harryhausen, junto a  iguanas gigantes, tarántulas gigantes, tortugas gigantes y cualquier bestia más o menos agraciada en su versión gigante. Pero los cavernícolas de esta historia -con hache minúscula- no solo tienen tiempo para enfrentarse a alosaurios y 'rhamphorhynchus', sino que diseñan bikinis de piel, bordados y trompetas de caracola, actividades que compaginan con sus talleres de pinturas rupestres. 

 

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'Salomón y la reina de Saba' (1959)

Gina Lollobrigida y Yul Brynner en 'Salomón y la reina de Saba'
Gina Lollobrigida y Yul Brynner en 'Salomón y la reina de Saba'

En esta película protagonizada por los icónicos Yul Brynner y Gina Lollobrigida, las imprecisiones históricas comienzan con la propia premisa. Si todavía no hay acuerdo sobre la existencia del rey Salomón, este es menor respecto a la posibilidad de que hubiera una reina de Saba. La película arranca con un pacto contra Israel entre el Reino de Saba -el cual se cree que existió en los territorios del actual Yemen, Etiopía, Eritrea o Nubia- y el Gobierno egipcio. Un acuerdo que, en el siglo X antes de Cristo -cuando se cree que vivió Salomón-, no tiene sentido. "Ni las escrituras ni ningún hallazgo arqueológico alguno indican que Saba fuera aliada de Egipto", corrige Von Tunzelmann. Pero la verdadera fiesta llega con la caracterización de los personajes. Egipcios pálidos y de ojos azulados, más ingleses que el Mr. Bates de 'Downtown Abbey', una reina de Saba "vestida de Bettie Page, con un corsé tan preciso que uno deduce que Saba estaba viviendo una revolución industrial" y un ataque de unos ninjas son algunas de las licencias que se permitió King Vidor para asegurarse la taquilla.  

 

 

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'300' (2006) y '300: El origen de un imperio' (2014)

Fotograma de '300'
Fotograma de '300'

Que los espartanos fueran un pueblo defensor de la libertad es harto discutible, sobre todo teniendo en cuenta que "Esparta era una ciudad que preservaba una sociedad basada en la desigualdad de clases y la explotación de los ilotas -esclavos- manteniéndose en estado de guerra permanente". Así que para Von Tunzelmann, en '300' Hollywood y Frank Miller confundieron probablemente Esparta con la democrática Atenas. Si bien es cierto que en la sociedad griega las relaciones homosexuales eran el pan de cada día, en el filme de Zack Snyder Jerjes parece salido de la Love Parade y los torsos depilados al milímetro de Leónidas y compañía son muy poco espartanos -en cualquier acepción del término-. Por otro lado, el imperio aqueménida de Jerjes se extendía en el año 480 a.C. desde la actual Turquía hasta el río Indo. Pero en la película, cuando el emperador envía ejércitos "desde el rincón más oscuro de su imperio", se le unen mongoles, elefantes indios, subsaharianos y rinocerontes en una especie de 'rave' anacrónica y totalmente arbitraria. 

 

 

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'Robin Hood, el príncipe de los ladrones' (1991)

Fotograma de 'Robin Hood, príncipe de los ladrones' (1991)
Fotograma de 'Robin Hood, príncipe de los ladrones' (1991)

Cuatro años antes de descalabrarse con la -infravalorada y excesivamente vapuleada- 'Waterworld', Kevin Costner ponía a prueba sus habilidades hípicas y su puntería con el arco y la flecha como Robin de Loxley en esta superproducción 'hollywoodiense'. La tradición inglesa sitúa el personaje legendario de Robin a finales de siglo XII o principios del XIII, durante los reinados de Ricardo I o Juan. Sin embargo, "los gazapos empiezan con el primer rótulo de la película, que dice que Ricardo Corazón de León encabezó la Tercera Cruzada para recuperar Tierra Santa de manos de los turcos. Pues habría llegado un poco tarde, porque los turcos se fueron casi un siglo antes", explica Von Tunzelmann. A estos anacronismos hay que añadir la aparición de un telescopio -que se inventó en Holanda en 1608- y que si, como afirman en la película, Robin hubiese sustraído entre tres y cuatro millones de libras, "teniendo en cuenta que en 1194 el Tesoro inglés recaudó 25.000 libras en todo el país, la cifra sería realmente impresionante". 

 

 

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'Braveheart' (1995)

'Braveheart' (1995)
'Braveheart' (1995)

La palma de la inexactitud histórica se la lleva, indiscutiblemente, Mel Gibson. Aunque 'Braveheart' ganó cinco Oscar -también el de mejor película-, a los historiadores se les cae el birrete con cada metedura de pata del joven William Wallace. La trama comienza en 1280 con la muerte del rey Alejandro III de Escocia -que en realidad murió seis años más tarde- y con un joven Wallace arrastrándose por los fangos de West Highland -cuando en realidad era hijo privilegiado de un noble hacendado de Renfrewshire-. El rey Eduardo I decide subir los impuestos de los ricos e implantar el derecho a pernada -"la norma [ficticia] que permite a los nobles ingleses interrumpir las bodas escocesas y beneficiarse a la novia"-. Luchas con nunchakus, dentaduras perfectas en boca de campesinos iletrados del siglo XIII, banderas y escudos anacrónicos y la invasión de Inglaterra por parte de Wallace no son más que "una sarta de mentiras".

 

 

7 de

'Apocalypto' (2006)

'Apocalypto' (2006)
'Apocalypto' (2006)

La historiadora vuelve a suspender a Mel Gibson y aprovecha, también, para echar un rapapolvo a los españoles. O al menos a nuestros antepasados. "La verdadera razón de que los españoles conquistaran América fue que trajeron armas y sífilis, algo contra lo que los pueblos indígenas solo tenían palos y ningún anticuerpo". Hasta el año 1520, el pueblo maya imperó en la península del Yucatán gracias a sus amplios conocimientos científicos, políticos y lingüísticos. Pero a Mel Gibson eso le da igual y retrata la civilización maya como "maligna y repugnante" y, además, cuando presenta los ritos sacrificiales tira de la iconografía y las costumbres más macabras aztecas. "Solo hay un problema: que los mayas no eran aztecas". En el aspecto cronológico, el director estadounidense tampoco se aclara demasiado bien con las fechas y entremezcla hechos datados en el siglo IX, cuando España no existía más allá del emirato de Córdoba y los reinos del norte de la península, con la llegada de los conquistadores a América, seis siglos después. "La película se equivoca de pueblo y de época. Un gran fracaso". 

 

8 de

'El patriota' (2000)

'El patriota' (2000)
'El patriota' (2000)
La trilogía de despropósitos 'historicidas' perpetrados por Mel Gibson -ya sea como director o como actor- se cierra con este drama épico ambientado en la Carolina del Sur de 1780. La película presenta una sociedad en la que los esclavos son pocos y bien avenidos, a pesar de que "para acabar con el esclavismo en Norteamérica hizo falta una guerra civil que se libró casi un siglo después de la época de 'El patriota'. Y en esa guerra Carolina del Sur estuvo del lado de los negreros". Además, el guionista Robert Rodat se adueña de una masacre ejecutada por los nazis en el pueblo francés de Oradour-sur-Glane y se la 'encasqueta' falazmente al coronel británico Tavington. Y frente a las atrocidades bélicas de Tavington, el personaje de Gibson hace un llamamiento al cumplimiento de las "reglas de la guerra", cuando la primera legislación oficial al respecto se aprobó en 1864, casi 84 años después de la época en la que se ambienta la película de Roland Emmerich. El veredicto de la historiadora: "La verdad es la primera víctima de Mel Gibson, dueño y señor –por encima de Emmerich– de este espectáculo atronador".

 

9 de

'Desde el infierno' (2001)

'Desde el infierno' (2001)
'Desde el infierno' (2001)

Partiendo de que 'Desde el infierno' se basa en la novela gráfica homónima de Alan Moore con bastante fantasía y muchos enigmas paranormales, esperar rigor histórico de la película habría pecado de ingenuidad. Todavía hoy no se sabe la identidad del asesino de Whitechapel a quien los periodistas bautizaron como Jack el Destripador, ni siquiera el número exacto de víctimas, pero la película respalda una teoría conspiranoica en torno a la familia real británica. Supuestamente, el príncipe Albert Victor, primogénito del príncipe de Gales y segundo en la línea sucesoria- se habría enamorado y habría dejado embarazada a la prostituta Annie Crook. Y la reina Victoria, desde luego, no puede permitirlo. Y es cuando entra en juego Jack el Destripador, que empieza sajar prostitutas a diestro y siniestro como si no hubiera un mañana, en teoría, por orden de la reina. Y si a eso se le añaden estrellas de cinco puntas y mucho opio, el resultado es una fabulación muy alejada de los hechos que la historia ha probado. Para Von Tunzelmann el misterio, en esta película, está resuelto: "¡El asesino es el Monstruo de las Galletas!". 

 

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'U-571' (2000)

Fotograma de 'U-571' (2000)
Fotograma de 'U-571' (2000)

Este filme se aleja tanto de los hechos acontecidos que hasta el Parlamento británico la consideró una ofensa para los verdaderos protagonistas. En la película, en el año 1942 el submarino alemán U-571 intenta ser apresado por un submarino estadounidense para hacerse con una máquina Enigma, diseñada para descifrar las comunicaciones del ejército nazi. "En primer lugar, en la vida real el submarino U-571 nunca fue capturado, aunque sí fue hundido por un avión australiano en 1944, frente a la costa de Irlanda. En segundo lugar, en 1942 el espionaje aliado ya tenía varias máquinas Enigma", explica la historiadora. Y, además, los aliados ya habían descifrado el código Enigma en 1941. Siete meses antes de que Estados Unidos entrara en guerra. Con lo que la premisa del filme se desploma como un castillo de naipes. "Y además está protagonizada por Jon Bon Jovi".

 

 

11 de

'JFK' (1991)

JFK (1991)
JFK (1991)

Para Von Tunzelmann, la aclamada película de Oliver Stone es "una de las tergiversaciones de la historia más clamorosas que se han visto". Stone utiliza un lenguaje propio del documental para inducir al espectador a pensar que lo que está viendo es verdad. Nada nuevo bajo el sol. Primero, Kennedy es presentado como "un radical de izquierdas que revolucionó el orden establecido", una lectura "muy discutible" según la historiadora. Después, Stone elabora un complot en el que están involucradas las élites militares e industriales sobre las que se cimenta el país. Personajes inventados o tergiversados, datos basados en el libro 'The Report from Iron Mountain', "que se publicó en 1967 y que, según reveló su autor en 1972, era un infundio" y una bala acrobática que supuestamente cambia la trayectoria y de cuya lectura Stone extrae que hubo más de un involucrado son méritos suficientes para que Von Tunzelmann no le dé, siquiera, un aprobado raspado

 

 

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