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Las tentaciones del Bosco
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del 31 de mayo al 11 de septiembre

Las tentaciones del Bosco

El Museo del Prado inaugura el martes la mayor retrospectiva del pintor holandés con 53 obras, entre las que destacan 25 de las 21 pinturas que se conservan del artista y ocho de sus dibujos

El Bosco pintaba como un dibujante y dibujaba como un pintor. Así han definido muchos expertos a uno de los pintores más enigmáticos y estudiados de la historia del arte y probablemente sea una de las pocas certezas en torno a su figura. Pocas cosas se conocen con exactitud de su obra. Se sabe que pintaba de abajo a arriba, que su ciudad natal, s'Hertogenbosch (también conocida como Den Bosch), le dio el nombre y la inspiración pero, con muchos de sus cuadros desaparecidos y otros batallando por su atribución, todos se esfuerzan por desentrañar el misterio que envuelve a una de las mentes más originales de la pintura.

[500 años locos por el Boco: las obras de la gran exposición del Prado]

Cinco siglos después de su muerte, las preguntas siguen vigentes y esos seres demoníacos y fascinantes, esos hombres fundidos con animales y objetos, esas ninfas desnudas y esos grotescos monstruos que saltan entre sus tablas no dejan de plantear incógnitas. El Museo del Prado conmemora el V centenario de su fallecimiento con la exposición más ambiciosa hecha hasta la fecha sobre El Bosco. Reúne 53 obras, entre ellas 21 de las 25 pinturas que se conservan del artista holandés junto a ocho dibujos originales de los 21 que pintó -es decir, el 75% de la producción conocida del Bosco-, además de obras de su taller y sus seguidores.

[Tras los pasos del Bosco en s'Hertogenbosch]

Una muestra, que se podrá ver desde el 31 de mayo al 11 de septiembre, en la que sus orejas cortadas por los célebres cuchillos de su ciudad, sus cósmicas ninfas o sus hombres árboles siguen inquietando y despertando porqués en quienes se detienen ante ellos. "Es una oportunidad de conocer de una forma inédita al Bosco", asegura el director del Prado, Miguel Zugaza, sobre esta exposición que, además, servirá para "tratar de comprender mejor a un artista que todavía sigue siendo un enigma".

El Bosco, un género en sí mismo

El Bosco es un género en sí mismo plagado de paradojas. Lo es por la convivencia de sus seres fantásticos con las figuras religiosas. Lo es por su original e innovadora representación de los pasajes bíblicos, porque no pontifica, pero en sus obras hay un mensaje moralista con el que pretende enseñar el camino de la salvación, porque usa el imaginario del pueblo a la par que desprecia la cultura popular o porque rechaza el hedonismo y la locura pero está más que patente en sus figuras. Esa colección de contradicciones, inherentes a su obra, es la que le ha otorgado una doble lectura y una ambigüedad que hoy sigue siendo objeto de interpretación y atracción. Justamente por eso 'El Bosco. La exposición del V Centenario' está llamada a convertirse en una de las grandes exposiciones realizadas en nuestro país.

En el extraordinario montaje de la muestra -mucho más luminosa y cercana al espectador que la que tuvo lugar hace pocos meses en el Museo de Brabante del Norte- surgen estas infinitas lecturas no solo por la cantidad de interpretaciones que se han hecho de sus fantasmagóricos personajes sino también físicamente. El discurso expositivo permite perderse en las traseras y las puertas de los trípticos de cerca y descubrir nuevas visiones del perturbador y atractivo universo bosquiano. Una cara B donde seguir celebrando el imaginario bosquiano con sorpresas como bisagras originales de hace 500 años. "La exposición hará que los visitantes se encuentren un Bosco al que quizá no estén acostumbrados. El Bosco no son solo demonios ni solo es 'El jardin de las delicias' sino también santos o pinturas más tradicionales. Se podrá ver aquí un nuevo Bosco", garantiza la comisaria Pilar Silva, jefa del Departamento de Pintura española y Pintura flamenca y Escuelas del norte de la pinacoteca.

Para Miguel Falomir, director adjunto de Conservación e Investigación del Prado, esta exposición, de la que dice "no solo es magnífica sino también necesaria", era una deuda histórica que tenía el Prado con su pintor más atractivo y solicitado. "El Bosco es en cierto modo español. Si, de alguna manera, es lo que es hoy en la historia del arte, lo es por el interés que despertó en los coleccionistas españoles del siglo XVI -el principal fue Felipe II-, lo que generó un flujo extraordinario de sus obras hacia España. Había una deuda con El Bosco", asegura.

Un trabajo de dos décadas

El BoscoGracias al interés que mostró Felipe II por él, España conserva el mayor conjunto de originales del pintor. Seis de ellos son los del Prado, además de el 'Camino del Calvario', de Patrimonio Nacional, y 'San Juan Bautista', de la Fundación Lázaro Galdiano. A estas ocho pinturas se suman los préstamos procedentes de museos como el Louvre, el Albertina vienés, el Metropolitan, la Gallerie dell'Academia, el Museo de Arte Antiga de Lisboa o el Staatliche Museum de Berlín.

Ordenada temáticamente, 'El jardín de las delicias' es el centro y la obra capital de esta muestra que, como recuerda Falomir, no nace a "golpe de efeméride" sino que lleva gestándose dos décadas. En concreto, desde que se inició la restauración de las seis obras que atesora el Prado del pintor holandés y que ha concluido con la de 'Las tentaciones de San Antonio' y 'La adoración de los Magos'. Esta última es "la piedra roseta bosquiana porque es la obra que está en mejor estado de conservación y es una de las pocas que ofrece un asidero cronológico para la datación".

Junto a estas obras, destacan 'El carro del heno' y 'Las tentaciones de San Antonio Abad', en las que El Bosco expresa por primera vez su idea de que, más que hacer el bien, hay que evitar el mal. En ellas, además, comienza a dejar clara su capacidad para crear demonios y criaturas fantásticas. De hecho, era conocido como el pintor de los demonios. "En el Bosco hay algo más que demonios. Es un pintor original que cambia la técnica y la iconografía y que es capaz de crear una obra y transformarla hasta el punto de que no nos hemos dado cuenta de que lo ha hecho", explica Silva.

El BoscoLas 'Visiones del más alla', donde son especialmente simbólicas las dos tablas del paraíso con ese túnel de ascenso al cielo que nunca antes había sido representado de ese modo; el 'Tríptico de santa Wilgefortis', una de las primeras mártires que se presenta crucificada y con una sutil barba; el desconcertante 'Tríptico del Juicio Final'; los fragmentos del 'Tríptico del camino de la vida', una obra desmantelada de la que se pueden ver cuatro obras; o la trasera del 'Niño Jesús jugando', en una de las escasas representaciones de Cristo en su infancia, son algunas de las obras más desconocidas y llamativas que se pueden ver en la muestra.

De igual modo, por extraños, poco vistos y minuciosos, los dibujos son otros de los tesoros de esta exposición. Hay ocho de los 21 atribuidos al Bosco (en la exposición de s'Hertogenbosch se pudieron ver 19, pero no han podido venir todos a Madrid por motivos de conservación). Son bocetos precisos y profusos en detalles donde el pintor iba perfilando sus criaturas fantásticas. Pequeñas joyas como 'Cabeza andante grotesca y pequeño monstruo sapo', 'El hombre-árbol' o 'Escena burlesca con un hombre en un canasto' dejan claro cómo se gestaba el universo más fascinante y misterioso del arte y siguen planteándonos los mismos misterios.

El Prado zanja la polémica: sus obras son del Bosco

"No es un artículo de fe. Los argumentos están ahí". Con estas aplaudidas declaraciones ha zanjado el Museo del Prado la polémica en torno a las atribuciones de tres de sus obras del Bosco: 'La mesa de los pecados capitales', 'Las tentaciones de san Antonio Abad' y 'La extracción de la piedra de la locura'. 

Cuando s'Hertogenbosch celebró la exposición dedicada al pintor de su ciudad se constituyó un comité de expertos, el Proyecto de Investigación de Conservación del Bosco (BRCP en sus siglas en ingles), que dictaminó que no eran obras autógrafas del pintor, con la consiguiente bronca entre el Museo de Brabante del Norte y el Prado. La pinacoteca española ha dejado claro que no hay dudas y que sus tres obras son del Bosco.

"Son de la mano del Bosco", dijo categórica la comisaria de la exposición, Pilar Silva. Su afirmación se basa en investigaciones científicas, argumentales y documentales. En primer lugar, las tres obras tienen una datación correspondiente con la época del Bosco según las pruebas de dedroncronología (sistema para fechar las obras pintadas en madera de roble en función del estudio de los anillos) y el análisis de los pigmentos de la pintura. 

'La mesa de los pecados capitales' es una excepción dentro de la producción de El Bosco. No fue concebida para ser colgada sino que, hecha de madera de chopo en vez de roble para facilitar su manipulación, se cree que fue un tablero de mesa o un plafón del techo, pero de lo que no hay duda, subrayó Silva, es que estaba en los aposentos de Felipe II, en concreto junto a sus libros.

Además, añadió, el estilo, la indumentaria de sus personajes, la imprimación o la escena de la muerte tienen muchos puntos en común con otras de sus obras como 'El carro del heno' o 'El tríptico del camino de la vida'. "No hay nada que nos indique que esta obra no es del Bosco. La técnica en superficie no deja lugar a dudas. Nadie que no fuera el Bosco hubiera sido capaz de hacer una composición, una creación, como esta sobre una escena que hasta entonces se representaba de forma muy distinta".

Respecto a 'Las tentaciones de san Antonio Abad', Silva explicó que la obra fue manipulada en torno al año 1540 debido a los problemas de conservación. Fue cuando se poblaron las copas de los árboles en la parte superior de la pintura y se retocó la figura del santo. No acabó ahí porque cuando el cuadro llegó al Prado, en 1839, esta obra rematada en un semicírculo se convirtió en rectangular con nuevos añadidos en las esquinas superiores. Ahora se exhibe con su formato original gracias a un marco que esconde esta intervención y que recupera, de este modo, su punto de fuga central.

De todos modos, añadió Silva, no han querido eliminar las hojas de los árboles "porque no sabemos lo que nos podemos encontrar" y, argumentó, los cuadros tienen su propia vida y aunque tenga estos añadidos, "sigue siendo Bosco". 

Por último, sobre 'La extracción de la piedra de la locura' se puso en cuestión el paisaje superior -"demasiado esfumado"-, pero si algo ha dejado patente El Bosco en toda su obra es su originalidad y la búsqueda de la novedad y la libertad. A pesar de que es la obra, de las del Prado, que se conserva en peor estado, para Silva "no hay nada aquí que no sea Bosco". "Si algo le gustaba al Bosco era no repetirse. La originalidad es la norma, el leit motiv de su forma de trabajar", aseguró dando por cerrado el debate.

El Bosco pintaba como un dibujante y dibujaba como un pintor. Así han definido muchos expertos a uno de los pintores más enigmáticos y estudiados de la historia del arte y probablemente sea una de las pocas certezas en torno a su figura. Pocas cosas se conocen con exactitud de su obra. Se sabe que pintaba de abajo a arriba, que su ciudad natal, s'Hertogenbosch (también conocida como Den Bosch), le dio el nombre y la inspiración pero, con muchos de sus cuadros desaparecidos y otros batallando por su atribución, todos se esfuerzan por desentrañar el misterio que envuelve a una de las mentes más originales de la pintura.

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