Moisés, Aarón y un semental de 1.500 kilos
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hasta el 17 de junio

Moisés, Aarón y un semental de 1.500 kilos

Easy Rider, un enorme toro charolés, se ha convertido en la gran atracción de la nueva y espectacular ópera de Schönberg que se estrenó anoche el Teatro Real

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'Moisés y Aaron' se estrena en el Teatro Real (Javier del Real)

Podemos decir que 'Moisés y Aarón' es una de las producciones más espectaculares que van a pasar por el escenario del Teatro Real en la conmemoración de su Bicentenario. Que es la primera vez que se veen Madridesta ópera inacabada de Schönberg contra el antisemitismo, que esel debut de Romeo Castellucci en Madrid o que en el coro está Sonsoles Espinosa, la mujer del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, pero lo que de verdad está despertando todas las miradas ycopando titulares y controversia es Easy Rider. Este gran toro charolés de 1.500 kilos es la atracción involuntaria de la ópera que se estrenó ayer en el coliseo madrileño.

Y no es para menos porque este descomunal semental que representa al becerro de oro en esta ópera inspirada en el Éxodovienedirectamente de Francia, tras participar en el estreno internacional de esta coproducción del Real con la Opera House de París, rodeado de polémica. Lo primero que uno piensa la ver a Easy Rider sobre el escenario es cuál es la logística que conlleva que cada día pueda pasearse por las tablas del Real. El toro está en las cuadras de Patrimonio Nacional, muy cerca del coliseo, y cada día es transportado allí en una urna. Antes, cada mañana, se le saca a pasear durante una hora, se le lava mientras se limpia su box, desayuna y se cambia el heno y el agua. Tiene a su disposición 600 kilos de paja y 1.000 de heno. Y su caché, por los 15 minutos que aparece en la función, es de 22.000 euros. Eso sí, asegura Castellucci, "no es algo decorativo, su presencia es esencial en la obra. Tiene un peso dramatúrgico".

Easy Rider aguarda minutos antes del estreno tranquilo en un urna de cristal en el escenario acompañado, comosiempre,por dos cuidadores y un veterinario. Así aparece al inicio y más tarde, ya en el segundo acto, paseando por las tablas.Es la estrella de la noche le gusteo no. Se conoce a la perfección lasdifíciles notas dodecafónicas de Schönberg porque lleva desde noviembre preparándose a diario para su papel. El objetivo era no estresar al animal y que fuera conociendo la partitura. De hecho,aseguran fuentes del coliseo madrileño, la única precaución que han pedido sus dueños es que no haya vacas cerca de su cuadra porque su actividad, además de la actuación, es la de semental de pro.

La aparición de Easy Rider no solo ha despertado el interés dentro del escenario -muy comentados han sido sus monumentales atributos-sino que llega a España como decimos envuelta en polémica. EnFranciaya hubo sonoras protestas por parte de los animalistas y aquíuna petición de change.orgsuma casi 50.000 firmas pidiendo al ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, y la alcadesa de Madrid, Manuela Carmena,que prohíban su utilización en el espectáculo así como"la cancelación de la obra o la utilización de una estatua en lugar de un ser vivo, como viene siendo representado el becerro desde la creación de la obra en 1932". Castellucci y la dirección del Real han desmentido categóricamente estos días las acusaciones de que el toro aparece está sedado. "No está drogado, ni sedado, ni medicado", garantizan. Es más, añade el director, si no quiere pasear un día, simplemente no lo hace. Al igual que si quiere aliviarse, lo hace, como ocurrió el pasado sábado en el ensayo general. Para limpiar rápidamente sus excrementos hay tres figurinistas.

Pero la presencia de Easy Rider en 'Moisés y Aarón' no deja de ser una mera anécdota. Lo verdaderamente interesante es la magna producción que ha levantado Castellucci, uno de los directores de escena más vanguardistas y aplaudidos de Europa,para una ópera extremadamente difícil -para artistas y público-de esas que desafían las reglas de la lírica y la voz. Esta monumental pieza inacabada deSchönbergnaciócomo un grito contra la persecución antisemita, de la que él mismo fue víctima, y refleja el dilema entre la fe y la razón, entre el ideal y su practicidad, no solo desde el plano más espiritual sino también político y social.

Schönberg quiso enfrentar ambas ideas ya desde la propia partitura de su única ópera. Creó para ella el dodecafonismo,que rompela jerarquía y la tonalidad del sistema convencional con escalas dando alas 12 notas un tratamiento serial y equitativo, lo que confiere a 'Moisés y Aarón' una extremada dificultad para la orquesta y el coro. La música es, por tanto, el principal vehículode esta dualidad. No en vano, esa oposición ya la representanMoisés (John Graham-Hall),el hombre dodecafónicoque no termina de cantar ni de recitar en eso llamado 'canto hablado', y Aarón (un soberbio Albert Dohmen), en suescala tradicional.

A partir del pasaje bíblico de lahuida del pueblo hebreo de Egipto y la revelación de los Mandamientos, esta ópera ahonda en la esencia de la fe a través de Moisés, el hombre idealista ypuro, y Aarón, el hombre práctico y acción, su portavoz encargado de convertir en algo tangible las creencias de su hermano aunque acabatraicionando unos ideales que, irremediablemente, atormentan y hacen dudar a Moisés. El dilema filosófico se plantea en el primer acto. Es el más abstractoy necesario, pero también esta parte más espiritual es laque exige más del espectador. Un escenario en bruma, totalmente inmaculado y desfigurado por un velo blanquecino, introduce la conceptualidad de la obraentre el significado y su representación, entre Moisés y una revelación divina que es imposible de transmutar en palabras -representada por unmagnetófono de cinta abiertaque se enmarañay enreda haciendo imposible transmitir la voz de Dios- y Aarón, el líder que pone palabras a su visión.

'Moisés y Aarón' estará hasta el 17 de junio en el Real (Javier del Real)El desnudo, la anarquía, el sexo, la practicidad y la supervivencia hacen su aparición en el segundo tramo de la ópera. ¿Es posible creer sin una representación tangible? Los 40 días de ausencia de Moisés acaban con un pueblo rebelado por necesidad mientras vaga por el desierto, dado al hedonismo y al culto a sus dioses paganos, a esa mujer desnuda y ese becerro de oro en suma. Es cuando llega el negro, y la nitidez y la realidad se acaban comiendo a un Aarón oportunista, humano y vencido. No solo el negro cubre el escenario sino quetiñe a los cantantes y bailarines a chorros que manan de latasque bien podrían ser de petróleo o chapapote y deuna piscina sin fin donde se empaña esa supuesta pureza revelada.

Es aquí dondeCastellucciha subrayadoel dilema filosófico y político de 'Moisés y Aarón'. Por un lado, emerge en el éxodo de un pueblo que tristementeno puede estar de más actualidad. Por otro, en esaoposición entre el idealismo y la deformación de la democracia, pero también en la materializacióndela tiranía de un mundo como el actual movido por los hilos del mercado, que bien podría representar ese otro oro negro que tiñe el escenario, o los tecnológicos,con un llamativo cohete del que desciende con el cayado de Moisés.

Junto a las interpretaciones de los solistas, sobresale el papel imprescindible delcoro. Esta ópera es probablemente una de las más difíciles que se han escrito nunca para un coro, incluso llegaa ir contra la propia anatomía vocal. El coro del Real lleva un año ensayando bajo las órdenes de Andrés Másperoy el reto lo superan con creces tanto en las partes cantadas al unísono como en los tempos discordantes o en los pequeños grupos.Lo mismo pasa con la partitura y al impecable dirección de Lothar Koenings, quien ha conseguido sacar todo de la perversa y poco escuchadapartitura de Schönberg.

Rematan la espectacularidad las más de 400 personas implicadas en la producción:17 solistas, 80 cantantes del coro, 48 bailarines, 6 especialistas en alpinismo y tres submarinistas, entre otros.No en vano, el director artístico del Real, Joan Matabosch, ya definió 'Moisés y Aarón' como"un acontecimiento mayúsculo, de los más grandes que ha vivido esta casa en su historia".Pero a pesar de todo lo dicho y de la grandiosa y bellapuesta en escena, 'Moisés y Aarón' es una ópera compleja para el espectador no mentalizado ni conocedor del compositor austriaco, abstracta,poética ycasi utópica desde su concepción, como nos recuerda ese final con Moisés derrotado: "Oh, tú, palabra que me falta". Y también había un toro.

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