Guitarrista de Springsteen, Soprano y el último rockero: una tarde con Little Steven
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DE LA E STREET BAND A ESTRELLA TELEVISIVA

Guitarrista de Springsteen, Soprano y el último rockero: una tarde con Little Steven

Es mucho más que la mano derecha del Jefe: músico rebelde, productor de fino oído, icono de la tele por cable y, sobre todo, historiador incansable del mejor rock and roll

Foto: El músico, el pasado domingo 22 de mayo en Madrid. (Fotografía: Roncesvalles Alzueta)
El músico, el pasado domingo 22 de mayo en Madrid. (Fotografía: Roncesvalles Alzueta)

El 3 de noviembre de 1967, un chaval de 18 años llamado Bruce Springsteen y que tocaba en un grupo llamado The Castiles conoció a un tal Steven Van Zandt, un italoamericano escuchimizado de apenas 16, en un bar de Middletown (Nueva Jersey). Flash-forward: es la madrugada del 23 de mayo de 2016 y esos dos chavales acaban de tocar en el Santiago Bernabéu durante más de tres horas ante 55.000 personas entregadas. Entre medias, cinco décadas de música (rock'n'roll), televisión (Steven interpretó a Silvio Dante en Los Soprano), política, radio y una inacabable labor de difusión de la música que ama. Sin embargo, por mucho que los tiempos hayan cambiado, esa primigenia sensación no ha cambiado.

“Nunca te acostumbras”, explica Van Zandt a El Confidencial en la terraza del Hard Rock Café madrileño, a apenas unos metros de la Plaza de Colón, mientras a su alrededor se arremolinan fans, curiosos y el equipo del programa Underground Garage, emitido en España por Rock FM y que va a presentar esa noche desde la capital española. “Es excitante cada vez que sales al escenario. Nunca sabes qué va a pasar cuando vuelves a un país dos o tres años después. Puede ser que hayas pasado de moda, aunque es algo que nunca nos ha ocurrido a nosotros en Europa. Al revés, somos cada vez más grandes”.

El público confía en nosotros y nosotros confiamos en ellos; no hay muchas cosas en este mundo de las que puedas decir lo mismo

Es evidente: las entradas para los conciertos españoles de Bruce Springsteen & the E Street Band se vendieron a la velocidad que permitía el sistema informático, y de haber programado otras tantas fechas, las habrían agotado sin esfuerzo. “Tienes que ser muy coherente, mantener siempre el listón alto y dar buenos conciertos”, explica. “El público puede confiar en nosotros y nosotros podemos confiar en ellos; no hay muchas cosas en este mundo de las que puedas decir lo mismo”. Quizá ese sea el quid de la cuestión. En un mundo de incertidumbres y decepciones, las viejas canciones seguirán sonando igual, o mejor.

La presente gira le ha traído a España con motivo de la publicación de “The River”, el disco de Springsteen en el que más peso tuvo Van Zandt: lo produjo y aportó su toque canalla y soulero al puñado de canciones más directas que su amigo jamás ha registrado. Entre ellas se encuentran algunas de las favoritas del propio Steven, como “Restless Nights” o “I Wanna Be With You”, que sin embargo raramente suenan en directo. “Lo sé, lo sé, lo sé”, responde Van Zandt con una risa nerviosa. “También son mis canciones favoritas, pero entiendo que Bruce hace lo que le apetece. Le gusta ser libre, le gusta ser espontáneo, poder leer al público y responder en consecuencia. Pero cada noche es distinta, así que nunca se sabe”.

El hombre que combatió a Reagan y el 'apartheid'

“Empecemos por aquí”, propongo a Van Zandt, y dejo sobre la mesa del restaurante una copia de 'Born Again Savage', su último disco en solitario, publicado en 1999, un tratado de hard-rock y psicodelia macarra que no ha tenido continuación. “¡Es un buen sitio para empezar!”, responde entre risas, con su contagiosa afabilidad. La misma que, como ocurre con su Jefe, le impide decir que no a una firma o a una foto aunque ello le haga llegar apurado al programa, la que le ha llevado a convertirse en uno de los grandes embajadores del rock del siglo XXI.

17 años han pasado desde aquel disco, y parece que serán muchos más. “No sé cuándo habrá otro, quizá nunca”, anuncia sin pena. “Amo el trabajo que he hecho durante los últimos cinco o seis años para la banda sonora de 'Lilyhammer'”. Se trata de la serie que produjo, escribió y creó para Netflix (la primera producida por la plataforma), una comedia en la que interpretaba a un mafioso desterrado en Noruega en el programa de protección de testigos. “No veo ninguna razón para grabar otro disco, así que quizá este sea el último”.

No siempre ha sido así. En 1982 abandonó la E Street Band para centrarse en su carrera en solitario. Primero con ese sensacional disco de soul que era “Men Without Women” y más tarde con “Voice of America”, todo un bofetón en la cara de la política exterior de Ronald Reagan, y con el proyecto anti-apartheid “Sun City”, que le convirtieron en un elemento incómodo dentro del 'mainstream' rockero. Una deriva política a la que ha achacado en no pocas ocasiones el fracaso comercial de su carrera en solitario. Pero si Donald Trump llega a la Casa Blanca, ¿no es entonces buen momento para registrar otro disco político?

No hay que prestar mucha atención a Trump, hay cosas más importantes por las que preocuparse

Van Zandt suela una sonora carcajada: “Ha sido un año muy loco, ¿verdad? Veremos qué pasa. Lo más probable es que nunca llegue a la Casa Blanca, pero si es así, va a ser mucho más moderado de lo que parece ahora”, explica. “No hay demasiado por lo que preocuparse, hay asuntos más importantes que tratar”. Así que nada de miedo: “Sé que puede asustar visto desde lejos, pero una vez la gente llega al cargo, está obligada a moderarse”. Él lo sabe bien, ya que aunque afirmaba que no le importaría que Obama fuese su presidente para siempre, reconocía que no había hecho nada durante su primera legislatura.

El rock no es lo que era

La trayectoria vital de Van Zandt es un buen resumen de los cambios que ha experimentado el rock and roll desde su nacimiento hasta nuestros días, en los que ha terminado enseñándose en los colegios. Uno de los proyectos que el músico se trae entre manos es el desarrollo del currículo del rock and roll para escuelas a través de la Rock and Roll Forever Foundation, destinado a niños de entornos desfavorecidos como una herramienta de motivación. Pero ¿podía haberse imaginado que el rock terminaría siendo enseñado en el colegio? “¡En aquella época ni siquiera podías escuchar una guitarra en un anuncio!”, rememora.

“El rock and roll dominó la cultura durante muchos años como la principal manera de comunicación”, sigue explicando. “Y aún creo que la música popular es la mejor manera que tienen los jóvenes de comunicarse entre ellos. Incluso los no tan jóvenes”. Una de las paradojas de las giras multitudinarias de artistas como Springsteen es esa: el increíble valor comercial del rock en un momento en el que ha perdido su relevancia social. “Siempre estará ahí, quizá un poco más pequeño, como una especie de secta 'underground'. Quizá es donde siempre ha debido estar, quizá nunca le correspondió ser otra cosa: se trata solo de una pequeña anomalía. 30 años entre 10.000”.

Se refiere a los años comprendidos “entre que Bob Dylan grabó 'Like a Rolling Stone' y Kurt Cobain se suicidó”, la que a su juicio es el equivalente rockero al Renacimiento, “una época que será estudiada durante cientos de años”. “La era del rock and roll, como todas, se acabó. Fue un parpadeo en la Historia”, prosigue. “Pensábamos que iba a durar para siempre, pero no lo hizo”. No cabe duda de que Steve es un superviviente: después de que su carrera en solitario agonizase a finales de los ochenta, se recicló reivindicando el punk antes de que se volviese a poner de moda produciendo a bandas como Demolition 23, antes de que Springsteen volviese a llamarle para la reunión de la E Street Band de 1999.

Por primera vez en mi vida, la industria del entretenimiento por completo está en manos de contables y abogados

En el restaurante se encuentra también Kurt Baker, músico americano residente en Madrid y cuyo “Play It Cool” fue seleccionado como uno de los discos del año por Van Zandt en su programa de radio. Este se ríe cuando le explico que, como ellos en los años setenta, Baker toca igual delante de 200 personas que de cinco, con la diferencia de que nunca podrá alcanzar la categoría mastodóntica de la E Street Band. “Sí, es un poco triste, hago todo lo que puedo para continuar esa tradición y conseguir que la buena música que se hace por todo el mundo esté disponible”, responde el también conocido como Miami Steve.

“Intento sobre todo mejorar la infraestructura, que había desaparecido, y volverla a poner en su sitio. Por eso animo a organizaciones como Hard Rock a que creen redes para que las nuevas bandas puedan tocar”. Además, recuerda que su programa llega a miles de oyentes, y que no hace falta “tener un gran abogado, mánager o compañía para aparecer en él, si haces un buen disco lo vamos a poner”. Aunque nadie los vaya a comprar: “¡Ojalá lo hiciesen!”, se ríe, “pero al menos les da la oportunidad de ser escuchados y tocar en un festival”. Pero lo tiene claro: la época del rock de estadio se acabó… menos para ellos, que seguirán llenando pabellones gigantescos hasta que el cuerpo aguante. O la ilusión de aquellos chavales que imitaban a los Stones, Redding y Cream en la costa de Jersey.

El 'consigliere' de la nueva televisión

Es 1997 y Steve van Zandt está presentando a The Rascals en el Rock and Roll Hall of Fame. Nada de formalidades: frente a los consabidos discursos solemnes, Little Steven se marca un 'speech' divertido y fresco. Al otro lado del televisor, David Chase, creador de 'Los Soprano', lo tiene claro: puede ser el actor perfecto para interpretar a Silvio Dante, la mano derecha de Tony Soprano en la serie de la HBO que cambiaría la historia.

Aunque nunca quiso dedicarse a la actuación, el gusanillo de la interpretación le picó y en 2011, Steve Van Zandt consiguió convertirse en el creador de la primera serie original de Netflix con 'Lilyhammer', que tras tres temporadas fue cancelada el pasado año. “Por primera vez en mi vida, la industria del entretenimiento por completo está en manos de contables y abogados”, se queja. “Así que sacar adelante algo es un milagro. Pero si por mí fuese, haría televisión”, añade, mucho más ilusionado que ante la perspectiva de grabar un nuevo disco.

“Me encanta pensar un programa de televisión, idearlo, escribirlo… es donde pongo mi atención”. Además, explica, ponerse detrás de la cámara le permite explotar sus cualidades musicales, como ocurrió cuando grabó la banda sonora de la serie de televisión. “Te da la oportunidad de combinar formas artísticas, así que, ¿por qué no?” Y nos dedica una última reflexión: “Me gusta vivir con un objetivo, escribir con un objetivo y crear con un objetivo, y este es en parte ser visto. Así me crié: en una época en la que el mejor arte era muy comercial. ¡Probablemente ya no sea así, pero no voy a cambiar! Siempre pensaré que si haces algo bueno, va a vender mucho, y me iré a la tumba pensando que eso es verdad”. Como epitafio, no está mal, le recuerdo. Y vuelve a soltar una carcajada.

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