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Ryan Gosling y Russell Crowe: superdetectives en el Cannes más porno

Los dos actores destapan su vena más divertida en 'Dos buenos tipos', la hilarante comedia de Shane Black que se ha presentado en el festival francés fuera de concurso

Foto: Crowe y Gosling en Cannes durante el pase de 'Dos buenos tipos'. Foto: G. Horcajuelo/Efe
Crowe y Gosling en Cannes durante el pase de 'Dos buenos tipos'. Foto: G. Horcajuelo/Efe

Ryan Gosling resulta gracioso. Muy divertido. Desternillante, de hecho. Aunque 'Dos buenos tipos' no es la primera comedia que protagoniza, el actor canadiense no se prodiga mucho es este género. Y su rostro se asocia sobre todo a dos populares personajes románticos de diferente talante: el sobrio, taciturno y violento conductor de 'Drive' de Nicolas Winding Refn y el más clásico e impetuoso enamorado de 'El diario de Noa' de Nick Casavettes. Así que había cierta expectación para ver cómo se las arreglaba en una película de humor gamberro como ésta que firma Shane Black. Y, Cannes es testigo, Gosling es un grandísimo comediante.

El también responsable de 'Iron Man 3' se dio a conocer como director en el Festival de Cannes de 2005 con 'Kiss Kiss Bang Bang', pero ya había firmado el guion de buddy movies tan conocidas como 'Arma letal'. En su primer largometraje aprovechó su conocimiento de los mecanismos de las películas de acción con protagonismo compartido entre dos colegas para firmar una trepidante y jocosa incursión postmoderna en el cine hardboiled donde ya brillaba la faceta cómica del dúo formado por Val Kilmer y Robert Downey Jr.

Ryan Gosling y Russell Crowe: superdetectives en el Cannes más porno

El cine porno como telón de fondo

'Dos buenos tipos'
'Dos buenos tipos'

'Dos buenos tipos' podría considerarse una variante de 'Kiss Kiss Bang Bang' dirigida a un público más familiar. Como en aquella, estamos ante una intriga policial con el mundo del cine como telón de fondo, del cine porno para ser exactos, y una pareja masculina como protagonistas. Blake sitúa su film en la década de los setenta, tan de moda en el cine estadounidense actual, con sus fiestas suntuosas, su música funk y disco, sus militancias políticas radicales y su proliferación de cine erótico. Dos detectives muy diferentes, el más bien desastroso Holland (Gosling), que además ha perdido su olfato, literalmente, y el más profesional y melancólico Healy (Russell Crowe) aúnan fuerzas para investigar el misterioso caso de la desaparición de una muchacha después de la muerte no tan accidental de una famosa actriz de cine erótico. A sus pesquisas se suma la hija adolescente de Holland, Holly (Angourie Rice), cuyo excesivo protagonismo otorga este tono más blanco a la película, como si sus responsables quisieran así ampliar el espectro de público a quien va dirigida.

Una buena comedia no tiene que justificarse más allá. No hace falta reprocharle a 'Dos buenos tipos' que no ahonde más en el lado más oscuro de los 70

Desde una de las primeras escenas del film, que pilla a Holland en el retrete, Gosling demuestra su gran faceta vitriólica. Sobre todo como actor de slapstick capaz de que su cuerpo devenga una máquina de gestualidad humorística y presente una peligrosa tendencia a caer al vacío constantemente. A su lado, Russell Crowe encarna un detective más irónico y melancólico, también con un control total sobre el registro. La química entre ambos resulta explosiva y 'Dos buenos tipos' funciona en buena parte gracias a su alquimia y a la capacidad que ya había demostrado Blake para fusionar comedia gamberra y acción.

Una buena comedia no tiene que justificarse más allá. Así que no hace falta reprocharle a 'Dos buenos tipos' que no ahonde más en su mirada al lado más oscuro de los setenta (la trama de corrupción que descubren los protagonistas tiene más de recurso narrativo propio del cine negro que de discurso sobre ese momento de la historia de Estados Unidos) o que haya aparcado en buena parte la autoconsciencia sobre el género, el mundo del cine y la época que sí presentaba 'Kiss Kiss Bang Bang'. Se disfruta tanto viendo a la pareja de superdetectives en el Los Ángeles de los setenta que forman Gosling y Crowe que tampoco le haríamos asco a una secuela.

Directoras a competición

En la misma jornada que Ryan Gosling y Russell Crowe acaparan miradas y risas en Cannes, dos mujeres cineastas han presentado sus respectivos trabajos a competición.En 'Mal de pierres' de Nicole Garcia, adaptación de la novela 'Mal de Piedras' de la escritora sarda Milena Agus, Marion Cotillard encarna a Gabrielle, una joven provenzal apasionada a quien su familia obliga a casarse con un temporero de confianza, José, un catalán republicano exiliado al que da vida Àlex Brendemühl. Aquejada de una enfermedad renal, la muchacha pasa una temporada en un balneario y se enamora allí de un militar enfermo. Gabrielle se entrega a esta pasión sin futuro ajena a los esfuerzos de su marido para que lleven una vida feliz. Drama romántico que Garcia filma desde una correcta sobriedad, 'Mal de pierres' no consigue transmitir la fuerza de un personaje femenino que decide amar por encima de lo que dictan las convenciones de la época. Para más inri, un giro final más propio de cierto cine de terror poco imaginativo, convierte a la protagonista en una mujer cuyos sentimientos fuera de la norma se consideran una enfermedad a curar.

Marion Cotillard en Cannes durante el pase de 'Mal de piedras'. Foto: E. Gaillard/Reuters
Marion Cotillard en Cannes durante el pase de 'Mal de piedras'. Foto: E. Gaillard/Reuters

Aupada por el Festival de Cannes donde presentó sus títulos anteriores 'Red Road' y 'Fish Tank', la británica Andrea Arnold lleva a cabo su primera incursión en el cine estadounidense con 'American Honey', una road movie protagonizada por una joven, Star, que huya de su familia disfuncional para unirse a un grupo de jóvenes en viaje por el país para vender suscripciones de revistas. Arnold tiene talento para retratar de forma a la vez magnética y natural a sus protagonistas femeninas y la relación con su entorno. La directora es consciente de ello y apenas aparta la cámara de la debutante Sasha Lane, además de introducir incontables escenas del personaje y sus compañeros bailando o escuchando música. 'American Honey' no pretende llegar a ninguna parte en concreto, lo que no es necesariamente malo en una road movie. Pero su viaje de casi tres horas por la cara menos evidente de Estados Unidos cae demasiado en la redundancia de situaciones y adolece de la poca entidad dramática de la historia de amor que se desarrolla entre Star y otro de los vendedores, a quien da vida Shia LaBeouf.

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