Un gigante llamado Spielberg parte Cannes en dos
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Un gigante llamado Spielberg parte Cannes en dos

El cineasta estadounidense presenta fuera de concurso 'Mi amigo el gigante', adaptación de 'El gran gigante bonachón' de Roald Dahl que ha sido acogida con división de opiniones

placeholder Foto: Spielberg durante la presentación en Cannes de 'Mi amigo el gigante'. Foto: Eric Gaillard/Reuters
Spielberg durante la presentación en Cannes de 'Mi amigo el gigante'. Foto: Eric Gaillard/Reuters

'El gran gigante bonachón', una de las novelas infantiles más populares de Roald Dahl, se publicó por primera vez en 1982, el mismo año que Steven Spielberg estrenaba 'E.T.'. El director y sus productores habituales Frank Marshall y Kathleen Kennedy querían adaptar la obra desde hacía años, pero los retos técnicos que suponía llevar a la pantalla con intérpretes de carne y hueso la historia de amistad entre una huérfana y un gigante seis veces mayor que ella le obligaron a ir posponiendo el proyecto. Cuando al fin arrancaron, Spielberg encargó el guion a la malograda Melissa Mathison, responsable también del de 'E.T.'

La alianza cobra todo el sentido tras ver el estreno mundial en Cannes de una película que nos devuelve al Spielberg para toda la familia y que ha partido en dos a la crítica.

Tráiler de 'Mi amigo el gigante'

Como 'E.T.', 'Mi amigo el gigante' relata una hermosa historia de amistad infantil entre dos seres solitarios que pertenecen a universos diferentes. Sophie (la debutante Ruby Barnhill) es una huérfana avispada y devoradora de libros que entretiene sus horas de insomnio atisbando aquello que se esconde entre las sombras de la noche durante la hora bruja. Así descubre, entre los edificios de Londres, a un gigante (Mark Rylance, repitiendo con Spielberg después de llevarse el Oscar por su papel de espía soviético en 'El puente de los espías') que se siente obligado a llevársela a su país para que no le delate. Afortunadamente, el coloso es de talante bonachón, al contrario del resto de habitantes de esta isla, rudos gigantes aficionados a comer carne humana.

Entre Sophie y este ser fantástico que habla una jerga propia se desarrolla una relación de protección y apoyo mutuo. Él la salvaguarda de los monstruos y le enseña sus técnicas para capturar los sueños de los niños. Ella conseguirá ayuda en las altas esferas para librarle de los otros gigantes que siempre le atosigan.

El encanto del desajuste

La química entre Sophie y su enorme amigo funciona sobre todo gracias a la una vez más sorprendente interpretación de Mark Rylance, que consigue otorgarle una humanidad entrañable a una figura en gran parte generada por ordenador. En el arranque de la película, Sophie se queda observando durante unos segundo la encantadora casa de muñecas que tienen en el orfanato donde vive y en su rostro se trasluce su pensamiento: ¿cómo sería vivir allí? La película transmite en cierta manera cómo este sueño se hace realidad. Tanto Sophie como su amigo se ven obligados a habitar en nuevos espacios donde el tamaño de los objetos se sitúa en una escala desproporcionada para ellos.

Spielberg saca el máximo provecho de este desajuste, de donde se genera buena parte del encanto del film. Resulta todo un gozo ver a Sophie explorando esa pequeña habitación que el gigante habilitó para su anterior amigo humano en una cueva llena de rincones fascinantes o contemplar el montaje que llevan a cabo en el palacio real para que el gigante desayune a gusto.

Este tono reposado en una de los obras para toda la familia de Spielberg con menos aventuras puede espantar a más de un espectador

Los últimos avances tecnológicos han permitido a Spielberg llevar a cabo una película de aliento clásico, algo muy cercano a lo que probablemente le hubiera gustado lograr cuando adaptó 'Peter Pan'. 'Mi amigo el gigante' mantiene la magia de un cuento fantástico rodado con intérpretes de carne y hueso sin que el despliegue de efectos especiales apabulle o cobre más protagonismo del necesario. La película también resulta más recogida que, por ejemplo, su trepidante incursión en el universo de Tintín. Por otro lado, estamos ante una de las obras de Dahl más amables: no resulta tan oscura como 'Charlie y la fábrica de chocolate' ni tan gamberra como 'Matilda'.

Este tono reposado en una de los obras para toda la familia de Spielberg donde menos aventuras corren los personajes puede espantar a más de un espectador acostumbrado a las historias fantásticas sobrecargadas de efectos y acción propias de esta era digital. Y es cierto que en algún momento, a la película, que ha sido acogida en el festival con división de opinones le falta un poco de excitación. Pero una de las mejores escenas del film es también la más luminosa y divertida: el desayuno en el palacio de la reina en que esa especie de champán verde que burbujea al revés destilado por el gigante provoca una traca de pedos en torno a la monarca.

Cannes se divierte

En pocas ediciones del Festival de Cannes, el concurso arrancó con películas de tan alto nivel y al mismo tiempo tan divertidas. A las comedias heterodoxas de Bruno Dumont y Cristi Puiu se suma ahora la alemana 'Toni Erdmann' donde la directora Maren Ade desarrolla una relación paterno-filial marcada por la distancia entre generaciones y por dos formas diferentes de entender el mundo. Mientras la joven Ines se gana la vida como ejecutiva de una empresa en Rumanía, su padre decide visitarla para gastarle una serie de bromas y así reintroducir el humor en su rutina. Su actitud provoca que Ines se sienta avergonzada en alguna situaciones: Ade explota la vena melodramática del desencuentro entre una hija y el padre, animador infantil y simpatizante de Los Verdes, del que se ha distanciado profesional e ideológicamente, en un mundo que vira a marchas forzadas hacia un capitalismo cada vez más salvaje y rígido.

En pocas ediciones del Festival de Cannes, el concurso arrancó con películas de tan alto nivel y al mismo tiempo tan divertidas

Aunque a veces no queda claro si también estamos viendo el drama de un padre que no es capaz de tomarse en serio el trabajo de su hija como a ella le gustaría. El desarrollo melodramático de 'Toni Erdmann' culmina en una de las escenas más aplaudidas del festival hasta ahora, que tiene a Whitney Houston como protagonista. Y va seguida de una inesperada secuencia humorística que se ha convertido desde ya en uno de los momentos más divertidos de la historia del cine alemán.

Menos excitante ha resultado 'The Handmaiden', la adaptación de la novela 'Falsa identidad' de Sarah Water que ha llevado a cabo Park Chan-wook donde se traslada una propuesta propia del cine de estafadores estafados al cine de época asiático y se le añade una historia de amor queer y unos toques de bibliofilia erotónoma. El resultado resulta fastuoso en lo visual y pone de manifiesto la habilidad en la puesta en escena del director de 'Oldboy', pero también carece del alma y la capacidad de perturbación que una historia de este tipo requería.

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