Y EL CÓMIC SE HIZO merchandising

El Batman de Schrödinger: los superhéroes cumplen 30 años ni vivos ni muertos

Hace treinta años, Alan Moore mató a los superhéroes. Y hace treinta años, Frank Miller los resucitó. Analizamos el estado del género en el inicio del Salón del Cómic de Barcelona

Foto: Batman VS Búho Nocturno (Watchmen)
Batman VS Búho Nocturno (Watchmen)

En una de las muchas lecturas posibles de 'Watchmen', Alan Moore critica el género superheroico por absurdo y pueril. Los vigilantes de su obra, realistas y sin poderes, son brutos psicópatas, violentos y con tendencias fascistas. Deben serlo: nadie en su sano juicio saldría disfrazado como un búho a darse de tortas contra el hampa. Símbolos clásicos como la capa son ridiculizados como un complemento inútil y peligroso, responsable de la muerte de uno de los personajes.

Moore da el golpe de gracia a cualquier intento de insuflar realismo a este género cuando entra en escena el único superhéroe 'de verdad'. El Doctor Manhattan, único personaje con poderes del cómic, muestra qué sucedería en un mundo en el que hubiera una sola persona con habilidades extraordinarias. Nada volvería a ser igual, la historia se reescribiría. Por mucho que se empeñe Marvel, Nueva York no puede ser Nueva York si hay trescientos semidioses zurrándose por las calles.

'Watchmen'
'Watchmen'

Nuestra sociedad daría un inimaginable giro de 180º si existiera un solo Spiderman. La tecnología de los Cuatro Fantásticos llevaría a la Humanidad directa hasta el siglo XXIII y una gota de la sangre de Lobezno podría curar todas las enfermedades. La única forma de que este panorama no se cumpliera… sería que los superhéroes fueran en realidad supervillanos que ocultan adrede estos dones al resto de seres humanos.

Este oscuro paisaje lo explora con gran acierto Warren Ellis en su obra maestra 'Planetary', donde una versión corrupta de los Cuatro Fantásticos impide de forma activa que el resto de la Humanidad avance trescientos años de golpe gracias a estas maravillas de ciencia ficción.

Miller defiende la tesis opuesta a la de Moore: el género de superhéroes tiene sentido, puede ser realista, no somos demasiado mayores para soñar

Frente a esta tesis, Frank Miller defiende lo opuesto en 'El regreso del caballero oscuro': el género tiene sentido, puede ser realista, no somos demasiado mayores para soñar. En este cómic, un Batman que se acerca a los sesenta y ya ha colgado la capa puede darle una paliza al listillo de Superman antes de volver a ser vigilante nocturno. Los superhéroes son necesarios.

Mientras que 'El regreso del caballero' oscuro se empeña en demostrar con personajes más complejos -¿es ético que Batman no mate al Joker por principios si eso provoca la muerte de miles de personas a la larga?- que los superhéroes pueden ser realistas, 'Watchmen' es realista justo porque nos restriega por la cara la falta de realismo del género.

'Batman: El regreso del caballero oscuro'
'Batman: El regreso del caballero oscuro'

 

Ni Miller ni Moore: Netflix tiene razón

Treinta años después, ¿tenía razón Frank Miller o Alan Moore? Ninguno. O los dos, según se mire.

Como género, los superhéroes de cómic llevan años estancados, esclavos de esa lacra llamada continuidad que cambia cada vez con más frecuencia a través de eventos-campañas de marketing. Desde hace décadas, Spiderman pierde sus poderes y los recupera, el Capitán América muere y resucita, los Vengadores se separan y vuelven a juntar. Como el Ragnarok de Thor, todo es un ciclo eterno de muerte y renacimiento.

Los superhéroes de cómic llevan años estancados, esclavos de la lacra de la continuidad que el marketing cambia cada vez con más frecuencia

Pero los héroes no han muerto. No hay capas en Daredevil y los superpoderes se cuentan con cuentagotas en 'Jessica Jones'. Netflix es el mejor ejemplo de cómo se puede tratar con realismo el género sin echar de menos las coloridas capas. El cine y la televisión han sabido dar realismo y dignidad a unas historias que hacía tiempo que los habían perdido. En Marvel y DC lo saben y han convertido el cómic en un mero merchandising, un accesorio con el que aprovechar el filón de las pantallas.

Al final, buscar realismo en las historias de superhéroes se parece mucho a buscar sentido filosófico a una receta de cocina: no vas a conseguirlo y encima quemarás el pollo.

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