el hidalgo sufría psicosis reactiva

"Si Don Quijote viviera hoy, estaría encerrado en un manicomio"

¿Quiso escribir Cervantes una obra simbólica que los expertos a un trufado luego de patologías o era su intención tratar con fascinante realismo un cuadro psiquiátrico?

Foto: 'El hombre que mató a Don Quijote', de Terry Gilliam. (2017)
'El hombre que mató a Don Quijote', de Terry Gilliam. (2017)

Se enfrentó a molinos a los que creía gigantes, convirtió a un vecino en su escudero (Sancho Panza) y le cedió la Ínsula Barataria, y se embarcó en enloquecidas aventuras para probar su amor a una dama brumosa (Dulcinea del Toboso) que sólo existía en su cabeza. El caballero de la triste figura, Don Quijote de la Mancha y el pobre hombre a quien domina, Alonso Quijano, han hecho correr ríos de tinta médica sobre las diferentes patologías que podían haberle aquejado, y que, a menudo equivocadamente, se tiende a confundir con locura. Sobre ello coinciden algunos de los médicos que han diseccionado con escalpelo y buen juicio la obra más emblemátoca de la literatura española para llegar a la conclusión de que sí, necesitó una camisa de fuerza más que una armadura, pero su enfermedad mental pudieron ser múltiples y su autor, Miguel de Cervantes, mucho mejor conocedor de los trastornos mentales de lo que se había creído.

La última teoría al respecto la expone el doctor Tiburcio Angosto Saura, psiquiatra del Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima, quien, tras estudiar la obra, está convencido de que Alonso Quijano sufría una psicosis reactiva que explicaría su mágica curación final. Si bien, añade, si hoy en día Quijano viviera, nadie lo libraría de dar con sus huesos en la Unidad de Psiquiatría de Agudos de un hospital, atiborrado de neurolépticos y a la espera de su curación.

En el siglo XVI las Casas de Orates estaban en boga, pero Cervantes no quiso que su personaje acabase en un psiquiátrico; buscaba una curación final

Delirios de grandeza y erotomaníacos ('Oh, dulcísima Dulcinea del Toboso, soberana y alta señora"), episodios depresivos, psicosis… ¿Quiso escribir Cervantes una obra simbólica que los expertos han trufado luego de patologías, o era su intención tratar con fascinante realismo un cuadro psiquiátrico? De acuerdo al doctor Angosto, Miguel de Cervantes pudo haber conocido algunos casos clínicos de la mano de su padre, Rodrigo de Cervantes, que era médico, y los plasmó no sólo en este libro, sino también en otras obras: “es una colección de casos que relata como buen observador de la vida que era; ya no sólo en este libro; en sus 'Novelas ejemplares' cuenta, entre otras, la historia del Licenciado Vidriera, donde describe a un catatónico que se creía de cristal”, explica.

Y lo hizo con singular precisión. Así, por ejemplo, la creencia de que los molinos que el hidalgo pensó gigantes era una alucinación no sería correcta, ya que, de acuerdo al psiquiatra, Don Quijote "no vio lo que no hay", sino que simplemente confundió la realidad; y lo mismo sucede con el episodio en el que ataca los odres de vino, gigantes igualmente en su delirio. Pero hay muchas más claves que a menudo se han interpretado erróneamente...

Leer en demasía no enloquece

Nadie ha perdido nunca el juicio por su pasión por las novelas de caballería, de eso dan fe los fans del género. Lo que Quijote, o Quijano, buscaba era hallar un sentido a esas historias (¿y a la vida?) y eso lo convierte en paradigma del hombre contemporáneo, o lo que éste debería ser. “Desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para solo ello”, escribe en el primer capítulo. Pero, además, Cervantes apunta que Don Quijote tenía como sus favoritos los libros de Feliciano Silva, “porque la claridad de su prosa y aquella intrincadas razones suyas, le parecían de perlas frente a otros textos, en los que leía que “la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura”.

Y como todo aquello que nos fascina, siempre corremos el peligro de que se convierta en obsesión.

'Don Quijote', Célestin Nanteuil.
'Don Quijote', Célestin Nanteuil.

La era dorada de los manicomios

Si uno piensa en cómo trataban en el pasado a aquellas personas aquejadas de enfermedades mentales, emerge la imagen de un capellán bañándolos en agua bendita, como si fueran endemoniados; pero no fue así en el siglo XVI, aunque en las centurias venideras hubiera un amargo retroceso.

“Hacia el 1500 existía en España una importante tradición de cuidados para las personas perturbadas, probablemente influenciada por la cultura árabe, que hizo que nuestro país fuera un avanzado en la creación de Casas de Orates”, señala Tiburcio Angosto, quien añade que, entre ellas, “las de Zaragoza y Toledo mantenían una especie de terapia ocupacional agrícola muy avanzada para la época y precisamente es el Hospital del Nuncio de Toledo, también llamado de la Visitación, de Inocentes o de Dementes (1483) donde El Quijote de Avellaneda acaba ingresado”.

Obra de Robert Fleury, 1795.
Obra de Robert Fleury, 1795.

Habiendo no menos de ocho centros psiquiátricos en la España del momento, ¿por qué entonces no ingresar al bueno de Don Quijote en un manicomio? Mientras que el Don Qujote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda sí colocó la camisa del fuerza al hidalgo en su historia, Cervantes decide dejarlo morir en paz, en su casa, insólitamente lúcido y sereno. Un final, afirma el doctor Angosto, con el que el escritor quería poner punto y final a las segundas partes (de Avellaneda), que nunca fueron buenas, además de dar cierta coherencia al proceso de curación.

Y, sin embargo, dicen, más vale ser un loco feliz que un cuerdo desgraciado. Para Alonso Quijano, “al no existir el delirio, el mundo real ya no importa, y al no poder estar en el mundo de Don Quijote es mejor deparecer”, concluye el psiquiatra.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios